La Atlántida, ¿mito o realidad?

Muy buenas a todos otra vez, después de dedicar mi primer blog al cine, cambio totalmente de registro y hoy voy a hablaros de un tema que durante siglos y hasta el día de hoy ha estado cubierto por un halo de misterio y fascinación: el continente perdido de la Atlántida.

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La primera referencia que tenemos de tan mítico lugar se encuentra en los Diálogos de Platón, concretamente en el Timeo y el Critias. En ellos, el filósofo nos cuenta con todo lujo de detalles las dimensiones y características del continente, además de informarnos de su trágico final y de cómo aquella brillante sociedad donde imperaban la justicia y la virtud acabó degenerando en un pueblo arrogante y soberbio con ansias de conquista, razón por la cual los dioses decidieron castigarles provocando su hundimiento bajo las aguas. El mismo Platón explica que la historia le fue contada por su abuelo, que había recibido la información de un legislador ateniense llamado Solón, que a su vez había escuchado el relato de unos sacerdotes egipcios.

Platón

 

Recreación de la Atlántida siguiendo las descripciones de Platón

Llama poderosamente la atención que Platón insista reiteradamente en presentarnos la historia de la Atlántida como un hecho histórico y no como una mera ficción, algo bastante sorprendente si tenemos en cuenta que muchos de los datos que aporta sobre la isla son poco menos que inverosímiles. Estas son algunas de las imposibilidades que presenta el relato:

– Platón situa la existencia del continente en el tiempo unos 11.000 años respecto al momento presente en el que nos encontramos, algo imposible si tenemos en cuenta que por aquel entonces ni siquera existían las ciudades y el hombre apenas se agrupaba en tribus de cazadores recoletores que ni siquiera habían iniciado la domesticación de los animales.

– La teoría de la Deriva Continental nos ha demostrado que en el pasado los continentes formaban uno solo al que llamamos Pangea, antes de que el movimiento tectónico de las placas lo fuera dividiendo hasta llegar a la situación actual. Esto imposibilita la existencia de un continente de las dimensiones que cita Platón, ya que si "juntamos las piezas" con ayuda de un mapa, veremos que encajan perfectamente, lo que descarta automáticamente la existencia de otro continente, y menos de semejante tamaño.

 

Pangea

 

– Otro punto al que se agarran los partidarios de la existencia real de la Atlántida es la similitud de las pirámides egipcias y las aztecas, lo que indicaría que hubo un intercambio cultural imposible de establecer si no fuera por medio de una inmensa isla que comunicara ambos continentes. Pero esas similitudes son más estéticas que funcionales, ya que mientras las pirámides egipcias eran monumentos funerarios, las aztecas eran templos donde llevar a cabo prácticas rituales, sacrificios, etc.

Pirámide azteca

 

Todo ello sumado al amplio conocimiento que hoy tenemos de los fondos marinos (algo imprescindible para el desarrollo del tendido de cables telefónicos y telegráficos) prácticamente han dejado sin argumentos a los que hoy en día siguen insistiendo en la historia de la Atlántida como un hecho histórico.

Probablemente, a través del ejemplo de los atlantes, Platón lo único que pretendía era aleccionarnos acerca de lo que ocurriría si los hombres se apartaran de las leyes de los dioses y del modelo social defendido por el propio filósofo en La República. 

Sea como sea, el mito de la Atlántida nos ha fascinado durante siglos, y su utópica sociedad basada en el orden y el conocimiento seguirá inspirándonos a lo largo y ancho de nuestra historia.