Los juegos Fan-Made: ¿Tributos o falta de talento?

A menudo suelo mantener posturas abiertamente ilógicas ante cuestiones y temas polémicos e incompatibles. No negaré que muchas veces lo hago por simple diversión, pero en el fondo se debe a cierto resquemor por la ausencia de fundamentos sólidos para creer en algo a pies juntillas -sea lo que sea.

Así, me divierto desentrañando las razones por las cuáles una persona cree firmemente en algo, para acto seguido compararlas con las contrarias. Si merece la pena, y estoy de humor -y por supuesto, el individuo en cuestión me parece lo bastante sensato-, los siguiente es seguir el rastro de esos pensamientos verbalmente para mostrar a la otra persona que lo que defiende, en el fondo, no se sostiene por ningún lado. Por supuesto, esto no sirve para convencer a todo el mundo, y muchas veces mis propios argumentos son conscientemente engañosos, pero en cualquier caso es bastante gratificante. Y además cabrea mucho al personal ^^

Esto, sin embargo, tiene la contrapartida de que mis opiniones suelen estar más vacías que la vida social de Meg Griffin. Nunca tomo partido cabal por nada que requiera cierto grado de reflexión, y termino dejándome llevar por mis sensaciones.

Por eso, en lo que se refiere a este pequeño submundo de la creación independiente, nunca he tenido una opinión definida. Sólo prejuicios.

¡Aaayy! ¡Pillines pilluelos! ¡Cuán descabellados fan-mades pasan por vuestras mentes calenturientas!
¿Qué es un juego fan-made? Pues probablemente ya lo habréis adivinado: un juego que utiliza como base personajes, músicas, sonidos y esquemas jugables de grandes clásicos -o simplemente de juegos ya hechos- para crear otro juego distinto. Digamos que el creador de un fan-made reconstruye un juego que adora a su imagen y semejanza.

Los que me leéis con regularidad sabréis que muchas veces ironizo sobre la razón de ser de los “homenajes” tanto en los videojuegos como en el cine. El mundillo indi está plagado de juegos que son meras copias de los grandes clásicos de la industria, y saber llevar esta fascinación a la hora de plasmar un videojuego es francamente complicado. Por lo tanto, no me importa afirmar que existe una gran cantidad de juegos independientes que se pierden en su intención halagadora -vamos, que por querer rendir un tributo a un juego terminan convirtiéndose en simples clones sin carisma de lo que tanto “aman”-.

El portal 2d ha llegado a tener casi tanto éxito como el original. Sus niveles se trasladaron al mundo tridimensional.
Cuando me acerqué a esta clase de videojuegos lo hice porque estaba bastante quemado de las mismas fórmulas de siempre, por lo que la lógica detrás de los fan-made simplemente me “repelía”. ¿Para qué iba a jugar a una versión más cutre de lo que precisamente quería evitar? A pesar de ello, probé unos cuantos fan-made de Mario y Sonic -el grueso de esta clase de juegos está formado casi al 100% por estos dos ilustres personajillos de los 90-. Y lo cierto es que me causaron una impresión tan mala, que mi cerebro debió activar alguna clase de interruptor mágico que me impidió, a partir de ese momento, volver a bajarme ningún homenaje de esta clase. Sencillamente lo tomaba como una falta de originalidad e incapacidad para crear algo genuino.

Pero estaba muy equivocado. Gracias a un artículo que nuestro querido blogero Ellolo me pasó hace un par de días, he estado indagando un poco sobre el tema y me he llevado unas cuantas sorpresas. Sorpresas agradables. A partir de ahora, prestaré más atención a este tipo de proyectos. En un futuro muy cercano, La Ciudad Olvidada mostrará mi primera experiencia seria con un fan-made de calidad. ¡Estad atentos!

El ansiado Metroid SR388, que con cada nueva imagen hace sudar las lenguas de todos los nintenderos.
Sin embargo, lo que hoy me interesa es darle rosca al tema en sí. Voy a enseñaros un extracto del artículo de marras que me parece sumamente interesante -la traducción es mía, por lo que puede tener ciertas carencias, si lo preferís, podéis leer el original aquí-:

"Antes de seguir, quiero dirigirme al pequeño grupo de detractores de los juegos fan-made. Muchos de nosotros aplaudimos los gigantescos y  ambiciosos proyectos-homenaje como el Metroid: SR388 y Mushroom Kingdom Fusion, pero siempre te encontrarás a una o dos nenazas que deciden fijar su atención ante semejantes “manidas” y “ofensivas” pérdidas de espacio en disco (son sus palabras, no las mías). Obviamente, los equipos detrás de los juegos mencionados anteriormente son bastante capaces de tomar un camino menos agresivo con el copyright, pero es que esta forma de pensar está ignorando lo realmente importante.        

En la escuela elemental, mientras las páginas de los otros estudiantes estaban llenas de garabatos de perros, casas y camiones de bomberos, las mías estaban plagadas de las leyendas de mis videojuegos favoritos, enfrentándose a los retos que había construido para ellos. (…) Incluso llegué a elaborar guías para dos juegos inexistentes, la secuela de Double Dragon y un monstruoso y brutal dieciseisavo jefe del Megaman. Lo que yo habría dado por ver en la televisión estos mundos, ser capaz de ver a mis héroes enfrentándose cara a cara con mis maquiavélicas maquinaciones…"

Estos dos párrafos me han tocado la fibra sensible. De golpe y porrazo, me han abierto un poco la mente frente a la filosofía de los fan-made. Por supuesto, si los juegos que se encumbran en el artículo no tuvieran un mínimo de calidad, esto no habría cuajado. Pero no es el caso…aunque eso ya lo dejaremos para futuras entradas-análisis.

Cuando era un renacuajo cuyo mundo ya había sido “mancillado” con los videojuegos (sobre este particular, podéis leer mi lacrimógena introducción a esta entrada), llenaba libretas con las mismas maquinaciones del autor de este artículo. Mi más sonada creación era una juego compuesto por tropocientas fases -todos jefes- protagonizado por Mario y Sonic. Ojalá no la hubiera tirado a la basura en la mudanza… ¡os habríais partido la caja a base de bien!

Imagen inédita de mi primera película: "Mario loves coffee and Sonic gets anorexia"

El caso es que yo también deseaba dar forma a esos juegos inventados, a esas combinaciones imposibles que convertían a ese jueguecillo que admirabas en el súmmum de la creatividad humana. Por supuesto, todo se esfumó con las primeras experiencias frente a un lenguaje de programación. Y es que ser más de letras que el asiento Ñ de la RAE y al mismo tiempo estar fascinado por el mundo del ocio electrónico es más frustrante que vivir en una película de Hollywood y no gustarte las rubias/rubios despampanantes. Vamos, que te limitas a ser juez de silla y abres un blog sobre cosas que nunca podrás hacer.

Por otra parte, está el lado contrario. El artículo dice que es un grupo reducido de personas, pero yo no lo tengo tan claro. Yo mismo podría categorizarme -al menos hace tres días- como un detractor de los fan-made. Hacer un juego con la base gráfica y jugable de lo que ya está hecho es un tanto decepcionante. Si quieres hacer algo, ¿por qué no buscas tu propio universo? Si te gustan las películas de serie B y las peleas de chinos, pues ruedas una orgía de sangre y destrucción como Kill Bill, no te limitas calcar “La novia del monstruo” con sutiles diferencias. Porque a pesar de ser fruto de tu fascinación y tener la posibilidad de ser técnicamente brillante, su fundamento en lo que a calidad se refiere descansará en el éxito ya obtenido de la saga que homenajea.

Busca las 9 diferencias. No vale decir que los de arriba son parientes de los Simpsons.

Es más, poniéndonos exigentes, hasta los homenajes que utilizan un envoltorio distinto son deleznables, porque se esconden tras la innovación cuando en realidad están llevando a cabo exactamente lo mismo que sus ídolos.

Pero, ¿realmente es así? ¿Merecía el sonado fan-made-remake de Chrono Trigger ser cancelado por las mentes salpicadas de beatífica inteligencia de Square-enix? ¿Es Metroid SR388 un juego deleznable por su base alquilada?

¡Cagontóloquesemenea! ¡Y cómo vi a invocá a Lavos ahora!  ¡Tendré que dedicarme a ser ídolo de jóvenes pregóticos!
Me pregunto… ¿no requiere incluso más esfuerzo reinterpretar a los grandes ídolos? Porque a pesar del fanboyismo imperante, cualquier jugador con dos dedos de frente será mínimamente exigente con los productos protagonizados por sus héroes. Y es ahí donde, creo yo, reside el punto de inflexión. Lo importante es que la calidad resultante esté a la altura. ¿Qué más da si sus personajes son prestados? En muchos casos el resultado jugable es impecable. Y además, dentro de su contexto, incluso original. Que se le pregunten sino al bueno de Metool, el enemigo más carismático de Megaman -consternado me he quedado con este fan-made; es sencillamente acojonante-.
¡Hoy…tú eres el protagonista!
En fin, no me voy a enrollar más. De momento, y a falta de un motivo mejor, voy a dedicarle más tiempo a este mundo. Por lo menos mientras siga disponiendo de una buena fuente de juegos de calidad.

Pero… ¿Qué os parece a vosotros? ¿Creéis que los fan-made tienen sitio en el desarrollo de juegos independientes? ¿Os atrae la idea de ver a vuestros héroes de la infancia -o no tan infancia- protagonizando aventuras alternativas?