Irisu syndrome

¿Por dónde empezar? Quizá por eso de que hay cosas que no son lo que aparentan o, tal vez, por lo de que hay cosas que albergan muchísimas posibilidades inexploradas. Sí, acerca de eso voy a hablar: acerca de un juego que no es, en absoluto, lo que en un principio parece y que, a la vez, se mete en terrenos extraños a su normal proceder.

¿Qué es lo que nos encontramos una vez iniciamos el programa? Muy simple: una linda chica vestida de una forma que nunca veríamos por la calle, tres opciones en japonés y una música melancólica. Aparte del botón de comienzo, rankings y galería, poco hay que añadir. Todo es simple y efectivo y sin muchas complicaciones.

Una vez le damos al botón de comienzo, nos encontramos con decenas de figuras geométricas de colores que, de una manera u otra, habremos de eliminar como mandan los cánones del género de puzzles. Gráficos simplistas en su mayoría, probablemente generados mediante fórmulas matemáticas y un fondo extraño, negro, poblado de símbolos y dibujitos así como con un detalle que llama la atención: la sombra de la jovencita que hemos visto en la pantalla de inicio. En general, todo esto no llama especialmente la atención si no fuese por el detalle de que gráficos, fondo, jugabilidad y esa imparable melodía melancólica van de la mano de forma extrañamente natural.

El objetivo del juego es fácilmente deducible tras un poco de ensayo y error. En las primeras partidas acabaréis perdiendo casi en seguida para, luego, dominar tanto el juego que realizaréis rebotes y movimientos cada vez más osados para lograr eliminar formas y así, conseguir aún mayores puntuaciones. Aún así, el juego es calmado cual su música y simplista cual sus dibujos. ¿Cuál es su gracia?

Lo que realmente llama la atención de este juego es su bien desarrollada historia. Ya veo que me estáis mirando con caras raras. Sí, este juego tiene historia, una que tiene mucho que ver con la joven Iris, la niña que domina la pantalla de inicio. Pero no seré yo quien os hable de ella, así como no os hará demasiada falta comprender los kanji que la relatan: Irisu Syndrome utiliza otros recursos para arrancar las reacciones de miedo e inquietud que, estoy seguro, lograrán despertar en vosotros. La simplicidad aparente de este juego es tal que, al mínimo cambio, cuando apreciamos algo que antes no habíamos visto, pasa a producir desde un escalofrío a una tensión que no se asocia a primera vista con la inocencia y melancolía que vemos al principio. Pasan cosas, se cuenta una historia, vemos detalles que nos hacen tragar saliva, continuamos observando, nos damos cuenta de detalles más allá del mismo juego y, al final, acabamos por hallar finales contados de la manera más inquietante imaginable al más puro estilo “Twilight Zone” (NdD: “Su aparato de televisión no está estropeado, no toque el dial…”).

El autor, Katatema, ha logrado con algo tan inocente como un puzzle que nos mantengamos en tensión, esperando que ocurra algo y, a la vez, queriendo que lo que ocurra no nos pille por sorpresa, cosa un poco complicada dado el tranquilo ritmo de juego. Tarde o temprano, acabaremos por perder y entonces veremos cosas que, de una manera u otra, nos cogerán por completo desprevenidos gracias a una muy hábil combinación de las virtudes reseñadas anteriormente, así como con una buena cantidad de pequeños huevos de Pascua.

O tal vez no tan pequeños: el juego de la niña que ama a los conejos y odia a los gatos no termina en el modo de juego principal sino que, con el tiempo, Katatema sacó un “pequeño” añadido al juego que derivó en un nuevo sistema de juego con mejores gráficos, basado en el original pero más complejo así como con un hilo argumental que profundiza en las razones de los sucesos de la historia principal. El modo de desbloquearlo os lo dejo a vosotros… en este juego es harto mejor descubrir por uno mismo lo que tiene para ofrecernos que ir de faq en faq para destripar lo que esta pequeña joya contiene. Todo poco a poco, paso a paso, cada vez trayendo más luz o, quizá, introduciéndonos más aún en la oscuridad… todo ello, sin dejar de sentir miedo o emoción ante lo que nos pueda esperar.

En resumen, un juego un tanto lento pero que tiene valor más allá de su pausado sistema de juego y que emplea trucos y ardides con maestría para darnos algo mucho más profundo que ese cúmulo de figuras geométricas. Una desgracia que tengamos que recurrir a faqs para entender la historia que se nos cuenta pues carece de versión en inglés…

Hasta más leer.

P.D.: Durante la escritura de este artículo no ha sido dañado ningún conejito ni ningún gatito. Pero no se puede decir lo mismo de mi lengua a causa de las veces que he tenido que mordérmela para no revelar más detalles acerca de la historia de los que debería…

(necesitaréis una aplicación como Applocale para hacerlo funcionar)


¡Otra gran colaboración de Jeshua Morbus! Muchísimas gracias , otra vez, por colaborar en La Ciudad ^^
Si no lo habéis hecho ya, os aconsejo (también) que os bajéis Irisu Syndrome por muy reticentes que os mostréis ante los experimentos japoneses. La barrera del idioma no es, en efecto, problema alguno. Una expriencia realmente extraña. Y un tanto perturbadora. 
Jeshua Morbus tiene un blog de relatos que podéis visitar pinchando en este link, o desde el bloque lateral correspondiente. En él encontraréis varias series de escritos, así como textos sueltos que ponen de manifiesto por qué sus entradas en este blog se celebran con cava del bueno (aka cerveza). Incluso os daréis de bruces con alguna que otra colaboración del menda.