Relato basado en el universo Fallout 3

Buenas amig@s, hace tiempo me animé a escribir un relato basado en el universo de Fallout 3. De vez en cuando me gusta escribir algo basado en el universo de mis juegos favoritos. Hasta ahora no me he atrevido a compartirlos con nadie, pero mi amigo y meriforero Neko_Gantz me ha animado a ello. A él le ha gustado, espero que a vosotros también os guste. Un saludo.

El viento que se llevó el tren

     Las 11 y media de la noche, espero sentado cerca del andén número 8, tren con destino… qué importa a donde vaya, mi destino siempre será el mismo. Miro el reloj de pared apenas ha pasado 1 minuto. No conforme miro mi reloj de muñeca, vaya parece que se ha vuelto a atrasar… No importa, total para lo que me costó. Lo encontré en un lugar donde no tenía mucha utilidad, tampoco es que tenga mucha utilidad ahora. La estación rebosa de una exagerada calma, un inquietante silencio testigo mudo de lo acontecido. Tras un tiempo, oigo un silbido, parece que viene el tren, miro hacia el oscuro túnel pero de él sólo sale una bocanada de viento y polvo, un polvo ennegrecido, carbonizado. Lo veo pasar delante de mí perdiéndose poco a poco en la lejanía junto a las vías, unas vías totalmente oxidadas, llenas de herrumbre. De repente el viento se arremolina y se eleva hacia el techo de la estación lleno de agujeros por todas partes que dejan entrever un cielo nublado que a duras penas permite pasar la luz de la luna.    

     Ha pasado media hora según ese gran reloj de pared, sin embargo el tiempo parece no haber pasado aquí, nada ni nadie se ha movido, todo permanece en su lugar, hasta las agujas de mi reloj de muñeca han decidido detenerse marcando finalmente las 11 menos cuarto. Miro a mi alrededor, todo sigue en penumbra y más allá de ella las sombras que ocultan la noche. Hablando de sombras, tengo una justo a mi lado, sentada en el banco, es evidente que no es la mía. Paso mi mano sobre ella, el polvo y la ceniza certifican mis sospechas.    

     Aburrido por la espera, utilizo un dispositivo que tengo equipado en mi antebrazo derecho. El dispositivo, pese a su aspecto clásico, reviste de una gran tecnología científica y multimedia permitiéndome, entre otras cosas, grabar mi propia voz:     “19 de Abril del año 2277, apenas hace unos días que escapé del refugio 117. Lo único que he encontrado fuera ha sido un yermo desolado, lleno de ruinas y de escombros polvorientos de lo que antes supongo habría sido una gran ciudad. Me hallo en una estación con la esperanza baldía de coger un tren que me lleve a ninguna parte aún a sabiendas de que ese tren nunca vendrá, porque ya está ahí enfrente de mí descarrilado, oxidado, y con la mayor parte de su fuselaje derretido, como si hubiera sido víctima de un desproporcionado calor. Y así hubo de ser porque hace ya 200 años que las bombas cayeron por toda la faz de La Tierra.”

     Presiono un botón de mi dispositivo para que se detenga la grabación. Observo ahora la pantalla para evaluar la radioactividad ambiental, no me hará mucho bien quedarme sentado aquí por mucho más tiempo, o eso parece por lo que marca el indicador. De modo que aún sin tren tendré que caminar por las vías destino… Y qué importa a qué destino me lleve, mi destino siempre será el mismo. Será aquél que me conducirá hacia el mismo lugar al que fueron aquellos que hace 200 años esperaron su tren, pero que nunca pudieron cogerlo y jamás regresaron para contarlo.

Puedes ver todos los relatos en el Índice.