Relato basado en el universo Fallout 3 – Parte 4

Misión y persecución 

 

El sol pegaba cada vez más cuando por fin alcancé la entrada de aquel asentamiento. Una especie de robot centinela parecía vigilar y recibir a los viajeros que se acercaban por las inmediaciones. Por suerte fue bastante amable conmigo y me dejó pasar sin más. Es extraño, es como si me estuviesen esperando ¿Pero cómo podrían si nunca me han visto? No saben quien soy, ni de donde vengo, aunque tampoco parece que les importe mucho. Nada más entrar me recibe un tipo un tanto extraño. Lleva un extraño sombrero y una estrella plateada cerca de su pecho. El hombre no tarda en presentarse como un tal Lucas Simms, el Sheriff de Megatón.

 

– Tú debes de ser el tipo del que nos habló la hermandad.

– ¿La hermandad? ¿Qué hermandad?

– Todo el mundo en el yermo conoce a la Hermandad del Acero, a no ser claro está que acabes de salir de alguno de los refugios. Pero eso es algo que ni sé ni me importa. Me dijeron que cuando llegaras te diera un lugar de alojamiento en el que descansar y así poder recuperarte de las heridas y eso es lo que haré.

– ¿Cómo sabes que soy yo y no cualquier otro? ¿Y cómo se supone que sabes todo esto?

– ¿Estás sordo o qué te pasa? Está bien, seré más claro. La Hermandad del Acero te rescató y enviaron una partida hacia aquí para que tuviera todo listo a tu llegada. Me dieron datos concretos con tu descripción y lo que había ocurrido. No sé quien coño eres, tampoco es que quiera saberlo, pero la hermandad ya ha pagado por adelantado, y si lo han hecho es porque debe de valer la pena. De modo que mueve tu culo de una vez. Hay una caseta abandonada arriba del todo. Quedate ahí por ahora y descansa. Ya seguiremos esta conversación más tarde.

– De acuerdo. Pero luego quiero respuestas.

– Tendrás tus respuestas… A su debido tiempo. Ahora largo. Esta conversación ha terminado.

No parecía muy amigable el Sheriff que digamos a simple vista, pero tenía irremediablemente razón. Necesitaba guardar algo de reposo y eso fue lo que hice. Subí por unos pasillos metálicos. La pendiente era realmente empinada, aún estaba herido y me costaba horrores subir. Tras unos minutos que me parecieron eternos llegué a la casa abandonada. Realmente hacía bastante tiempo que alguien había puesto su pie ahí por última vez. La capa de polvo apenas dejaba entrever la pared metálica exterior. Abrí la puerta y un chirrido agudo me entró como una bala en los oídos. La penumbra dominaba lo que parecía una especie de salón si es que se le puede llamar así. A la derecha había unas escaleras que daba al piso superior. Las subí tan pronto como mis piernas me permitieron. Al fondo logré atisbar un par de habitaciones en la que en una de ellas había una cama. Avancé hacia ella, los ojos se me nublaban por momentos mientras una gran sensación de somnolencia me invadía de repente. Cuando ya creía que iba a caerme logré recostarme a tiempo e ipso facto me dormí. No recuerdo nada más.

Pasaron varios días desde entonces y al despertar me volví a encontrar con él allí sentado al lado de mi cama. Era aquel extraño doctor que me atendió en mitad de la estepa.

– Me alegra ver que al fin despiertas. Puede que me pasara un poco con el suero que te administré, pero llegaste a tiempo. Las heridas han cicatrizado bien y estás bastante mejor. Pronto podrás seguir tu camino, pero antes quisiera comentarte una cosa.

– ¿Una cosa? ¿Qué cosa?

– Sé algunas cosas de ti como que no hace mucho escapaste del refugio 117. En el refugio 101 las cosas no son muy distintas. Es una larga historia pero ahora mismo acabo de salir de allí no sin levantar algo de revuelo. Me están buscando como cazador que persigue a su presa. No me gustaría que mi hijo se involucrara en esto y por eso le pedí que se quedara en el refugio, pero no lo hará. El yermo es peligroso, como tú ya has podido comprobar. De todas formas se las sabrá arreglar solo, siempre ha sido un chico bastante listo. No es esto lo que realmente me preocupa. Lo que me preocupa es que el proyecto Pureza corra peligro.

– ¿Proyecto Pureza? ¿Que es eso doctor?

– Ahora no hay tiempo para hablar de ello me tengo que ir ya mismo. Escucha me dijiste que podrías ayudar ¿Verdad?

– Sí, es lo menos que podría hacer por haberme salvado la vida.

– Quiero que lleves esta Holocinta a Three Dog, es muy importante. Él sabrá lo que tiene que hacer.

– Pero ¿Quien es Three Dog? ¿Cómo le encuentro?

– Es el tipo de Radio Galaxia, apuesto a que seguro ya lo has escuchado. Te marcaré su localización en el mapa. Y ahora lo siento pero me tengo que ir. Si por casualidad te tropezaras a mi hijo, tú y yo no nos hemos visto nunca y no me conoces de nada ¿De acuerdo?

– Cuenta conmigo.

– Gracias. Te deseo suerte.

Tras estas palabras el doctor se marchó corriendo como si le llevaran los demonios. Yo también debería de irme de este lugar, no me gustaría tener que tropezarme con su hijo o con sus perseguidores. Cuanto antes entregue esta holocinta mejor. De modo que esa misma noche me dispuse a abandonar Megatón. La ciudad me esperaba. Maldita sea, otra vez la ciudad.

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