Piedra de Luna (Capitulo VII)

Piedra de Luna (Capitulo VII) 

— ¿Esperanza, estás bien? —preguntó Thantor— ¿Te duele algo? 

—Estoy bien —dije, haciéndome la fuerte, pues sentía un dolor inmenso en la mano—, ¿qué ocurrió? —

Tocaste la piedra y saliste volando por los aires—explicó Thantor, mientras señalaba la piedra de luna. 

— ¿Y Panchito? —pregunté cuando vi que la araña no estaba en mi hombro. 

Comencé a buscarlo por toda la sala; me había advertido acerca de la piedra y yo no le hice caso.  

—¿Panchito, Panchito? —gritaba sin recibir respuesta— ¿dónde estas? 

Y lo vi, su cuerpo yacía en el piso, cerca de la cabeza de una de las serpientes que custodiaban la piedra.

—¿Te sientes bien Panchito? 

—No me queda mucho tiempo —dijo con un dejo de tristeza en tu voz—, fue un placer conocerte, pero ahora debes concentrarte en reunir la piedra lunar. 

—Perdóname Panchito —clamé—, fue mi culpa por no haberte hecho caso. 

—Ni los peros ni los perdones cambiaran el futuro —sentenció Panchito—, ahora debes tomar la piedra, pero para poder hacerlo debes empapar tus manos con agua primero y luego tomarla, de esa forma anularas el hechizo que hay en ella. 

Rápidamente me levanté y empapé mis manos con agua. Miré a Panchito y sus ojos brillaban animándome a tomar la piedra. Decididamente di un paso al frente y tomé la piedra, esta vez no hubo problemas ni salí volando por los aires. Guardé la piedra en mi mochila y me dirijí a donde Panchito.

—Bien hecho mujer —dijo la araña mientras sonreía—, tienes las cualidades para salvar al mundo de la maldad que lo corroe. 

—Gracias Panchito, pero ahora qué debo hacer. 

—Debes dirigirte a la tierra de fuego conocida como Surglar —me explicó Panchito—, a la tierra donde habita el calor, donde es feliz el sol y donde la arena vuela libremente. Una vez allí déjate guiar por la piedra que ya tienes, y encontraras la piedra que yace en el sur.

—Graci… 

—Pero debes tener cuidado mujer —interrumpió él—, las criaturas del mundo sienten tu presencia, y de pocas puedes fiarte. Y confía más en ti, tienes un poder muy grande, ahora debes aprender a usarlo; y lo más importante es que te dejes llevar por tus instintos, nuestros antepasados decían que el amor al que es amado a amar le obliga, recuérdalo. 

—El amor al que es amado a amar le obliga —repetí— ¿qué quiere decir? 

Pero Panchito ya había cerrado sus ojos, y no los volvería a abrir, nunca más. Me senté, y medité. Thantor preparo un poco de comida, pero no fue capaz de dirigirme la palabra durante un buen rato. Llegado el atardecer decidimos irnos de allí, la torre no era un lugar seguro. 

—Espera Thantor, debo comprobar una cosa. 

Tomé a Panchito en mis manos y rápidamente subí a la cima de la torre y contemplé el paisaje helado y la llanura conocida como Nozghur que yacía a mis pies; el reino maldito del norte ya no era motivo de preocupación. A lo lejos vi el inicio del desierto, el reino maligno del sur era el único objetivo que tenia en mi mente, o eso creía, pero me descubrí pensando en Thantor, y eso no me gustaba.

Unas pocas palabras de agradecimiento sirvieron como despedida para Panchito, ése furtivo compañero de batalla. Lo lancé al cielo y lo vi irse al ritmo del aire.Volví a bajar al cuarto y tomé mis cosas, decidida a continuar la misión que me había sido encomendada. Thantor sonrió. 

—Haz empezado a confiar en ti —dijo Thantor con voz firme—, tus pasos ya no son dubitativos ni miedosos, y eso hará que nuestro viaje sea más fácil. Pero no dejes que la confianza te domine, siempre debes estar alerta. 

—Gracias Thantor —dije, y empecé a caminar sintiendo como mis mejillas se sonrojaban—, sin ti no habría llegado tan lejos.

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El capítulo VIII próximamente se podrá leer en el blog de Shaiyia.

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