El Guardián – Capitulo VIII

Capítulo VIII

La historia del traidor y del héroe.

Era de noche y el Guardián se encontraba sentado, mientras observaba vagamente una pequeña hoguera que ardía al ritmo del viento; meditaba queriendo encontrar respuestas a las preguntas que su mente le planteaba. La sabiduría que le habían otorgado los dioses no era suficiente para lo que estaba afrontando. Y los recuerdos del primer encuentro con Lezith invadían su mente, y lo que más le preocupaba era lo que había sentido al tocarle, al tocar su mano desnuda. El guardián sabía que sólo podía significar una cosa, pero aún así no quería aceptarlo.
El grupo, liderado por Lezith se adentró con paso firme al bosque de los dragones, pero conforme avanzaban se daban cuenta de que los peligros que esperaban afrontar y a los que de una u otra manera tanto temían, ya habían sido derrotados. En ese preciso momento se encontraban en una llanura, en la cual yacía un enorme dragón con una herida mortal en el ojo, y todo el camino que ya habían recorrido era un mar de sangre y huesos, pero ningún enemigo.

– Parece que el trabajo sucio ya está hecho – dijo Syok, intentando sonreír a pesar de que la enfermedad que sufría lo tenía cada vez peor.

– No me parece que eso sea un motivo de alegría, Syok – respondió Lezith – no hay duda de que alguien nos está facilitando el viaje, pero no estaría seguro de que sea con buenas intenciones.

– Probablemente haya sido el mago blanco, – añadió Nihls – parece una buena persona, además atacó al guardián cuando peleamos en la cueva.

– Sí – dijo Lezith dubitativamente – es probable.

Pero Lezith no estaba tan seguro. Se preguntaba las razones por las que el mago necesitaba de él, cuando fácilmente podía venir solo y acabar por sus propios medios con el guardián. ¿Qué tenía él que el mago no poseía? ¿Cuál era su conexión con el guardián? ¿Qué es eso tan importante que sólo Lezith posee; algo tan importante que el mago arriesga su vida para mantenerlo a salvo? Y lo que más lo inquietaba: ¿Por qué el guardián había decidido salvarlo, cuando de antemano sabía que la intención de Lezith era matarlo?

– ¿Continuamos? – preguntó Crom, sacando a Lezith de su letargo.

– Sí – respondió Lezith – no perdamos más tiempo.

Y así continuaron su camino. En silencio atravesaron el bosque de los dragones, Lezith buscando en su mente una respuesta lógica a sus preguntas, Syok preocupado por el estado cada vez más avanzado de la maldición que habitaba en su interior, Crom pensando en la felicidad que le esperaba si conseguían cumplir su misión, y el pequeño y misterioso Nihls aguardando con ansia el próximo encuentro con el mago blanco, que sin ellos saberlo, sería más pronto de lo que esperaban.

¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho? ¿POR QUÉ LO HAS HECHO?

El Guardián se levantó sobresaltado. La cara ensangrentada de Lezith invadía sus sueños, mientras repetía las palabras que le había dicho en la cueva: ¿Por qué lo has hecho?

El lado más humano del Guardián salía a flote, y él estaba decidido a enfrentar sus temores, su destino y a Lezith, y debía hacerlo pronto, o al menos antes de que Hilar apareciera de nuevo; y esta vez el Guardián estaba decidido a no titubear como lo hizo en la cueva.

Mucho más pronto de lo que esperaban habían atravesado el temido bosque de los dragones, y se encontraban al frente de los reinos de la noche eterna, un lugar habitado hoy en día por algunos magos oscuros que intentaban en vano encontrar al Guardián para robarle sus poderes.

– Creo que es hora de descansar – sentenció Syok, cuya cara estaba cada vez más pálida.

Los demás asintieron. Extenuados por la larga caminata, y envueltos en un silencio sepulcral prepararon un improvisado campamento. Crom sugirió no encender ningún fuego, para no llamar la atención, y así, cobijados por el manto de la noche, descansaron, cada uno inmerso en sus propios pensamientos.

– ¿Quién eres? – Gritó Syok al abrir los ojos y ver a un anciano que los observaba – ¡Identifícate!

– Tranquilo Syok, mi rostro debe serte familiar.

– Guardián – susurró suavemente Lezith, quien se acababa de levantar debido a los gritos de Syok.

– Así es – dijo el guardián tratando de parecer calmado.

– ¿Qué haces acá? – preguntó Lezith tomando la espada en sus manos.

– Tranquilo Lezith, no necesitas tu arma, al menos no para usarla contra mí, pues yo soy la menor de tus preocupaciones. – Añadió el guardián – Pero respondiendo a tu pregunta, estoy acá para responder a tus preguntas o al menos a las que deben ser respondidas. Te han traído hasta aquí con engaños, y ha sido la misma persona que trato de engañarme a mí hace quinientos años, usando a tu madre como excusa.

– ¿Tú conociste a mi madre? – preguntó Lezith con la mirada perdida.

– Yo soy tu padre Lezith, es por eso que te salve en la cueva, y es por eso que estoy aquí… – los ojos del guardián brillaron, y añadió: junto a ti.
– Patético, realmente patético – dijo Hilar con un tono sarcástico – no sé cómo los dioses pudieron darle sus poderes a un ser tan detestable.

La aparición del mal llamado mago blanco le había dado un giro inesperado a la escena, todos se levantaron y se pusieron en guardia, a excepción de Nihls, quien permaneció sentado, al parecer en un estado de trance.

– Así que nos encontramos de nuevo, Hilar – dijo con sorna el Guardián – más de quinientos años han pasado desde aquella primera vez, y aún sigues obsesionado por un poder que no comprendes.

– Lo comprendo mejor que tú – respondió Hilar – no te das cuenta que la guerra, la muerte y la desolación que invaden al mundo son tu culpa.

– Sólo el hombre es culpable de su destino, y cuando la humanidad quiera en verdad cambiar su destino, allí estaré yo para ayudarles.

– Padre, perdóname – dijo Lezith, mirándolo fijamente a los ojos – no había comprendido tu poder, y me deje convencer por las patrañas de un mago que sólo buscaba su propio beneficio.

Pero Hilar no entendía de perdones y en un idioma desconocido comenzó a conjurar un hechizo. Lezith, dándose cuenta de lo que sucedía enfundo su espada, y corrió hacía el mago, sin darse cuenta del escudo protector creado por…

– ¡Nihls, maldito traidor! – gritó Syok al darse cuenta de que era él quien mantenía a Hilar protegido.

– El amo es bueno, el amo es noble, el dio poder a Nihls y Nihls protege a su amo.

En un abrir y cerrar de ojos Hilar terminó de convocar su hechizo y un rayo rojo atravesó el viento, y un grito de dolor invadió el ambiente. Lezith, aún aturdido por el golpe recibido al estrellarse contra el escudo protector, miró hacía donde estaba el guardián, quien observaba aterrado la escena. A pocos metros de él, el cuerpo moribundo de Syok aún mostraba señas de dolor por el golpe recibido, y sus ojos se cerraban, y la poca vida que quedaba en él se diluía con el viento y se esfumaba hacía lugares desconocidos por el hombre.

– Nadie más morirá por mi culpa – sentenció el guardián, quien miraba con asco a Hilar y a su ayudante Nihls.

– Yo no estaría tan seguro. – Refutó Hilar, empuñando su espada y corriendo hacia el lugar donde se encontraba Lezith – ¡Muereeeeeeeeeeee!

Pero algo extraño sucedió: justo cuando el mago se disponía a atravesar el cuerpo de Lezith una energía sin igual proveniente del colgante de Isal creo un escudo protector alrededor de él, que al hacer contacto con la espada del mago lo mando a volar por los aires.

Lezith sintió como si le hubieran quitado un peso de encima, todo el cansancio de la batalla cayó sobre sus hombros, y lentamente se desplomó, mientras oía la voz de Isal en su cabeza diciéndole: Aún estoy contigo.  

Lezith se despertó en un lugar desconocido, pero su miedo desapareció al ver a su padre junto a él.

– ¿Dónde estoy padre? – preguntó Lezith con voz cansada.

– En mi casa, al menos provisionalmente – respondió el Guardián, alegre de ver a su hijo despierto.

– ¿Y qué sucedió con Hilar?

– Terminó herido, y escapó. Pero debemos prepararnos, porque volverá.


Eso es todo por hoy, espero que les haya gustado, la verdad es que es bastante largo, y sucede de todo, y la verdad es que la historia a dado un giro bastante inesperado, pero sé que el próximo sabrá darle un rumbo genial a la historía. Y si quieren leer los demás capítulos, o participar en la historia no se olviden de visitar el indice de capítulos.
Saludos!