Jill Valentine, The True Story. Capítulo IV: ¿Traición?. Por fabrimuch.

¡Saludos!

Como cada semana, hoy posteamos un capítulo más de la apasionante historia que fabrimuch nos brinda y sirve en esas pequeñas dosis que tanto nos gustan. Soberbias y rápidas de leer, su autor hace que esperemos impacientes para presenciar cómo desembocará esta tremenda historia… El final promete ser impresionante. 

Jill deberá tomar una dificil decisión que echa por tierra todo por lo que había luchado. Chris, Spencer y un misterioso personaje tratarán de convencerla para colabore ante el peligro representado por Wesker


Capítulo IV

¿Traición?

    Jill despertó en una pequeña habitación. Junto a ella se encontraban Chris, Spencer, y un hombre de edad similar a la del segundo, pero rubio platinado. Intentó levantarse para terminar lo que había empezado horas atrás, pero no pudo moverse, estaba atada a una mesa, sin duda algo improvisado. Así se encontraba ella, inmovilizada e indefensa entre traidores y villanos. Por fin, Spencer le habló:

-Bueno días señorita, espero que esté cómoda.

-¿Qué han hecho? –les preguntó Jill, llena de odio-.

-En cuanto nuestra agente la dejó inconsciente nosotros la entramos y la atamos a ésta mesa, despertamos as su ex compañero Chris y luego usted despertó –le explicó calmadamente el hombre rubio-.

-¿Quién es la mujer de rojo? –preguntó Jill-.

-¿Ada Wong? –preguntó el hombre rubio-. Es una de nuestras mejores agentes, aunque tuvo que partir hace algunas horas. Dice que lamenta no poder estar en éste momento aquí.

-¿Quién demonios eres? –preguntó Jill, estaba cansada de hablar con ese sujeto y ni siquiera saber quién era-.

-Yo soy el fundador y líder de la B.S.A.A. –le respondió el hombre rubio-. Lamento que tengamos que conocernos de ésta forma, esperaba más bien una charla tranquila y calma, una entrevista de trabajo normal, como la de tu amigo Chris.

-Chris… –dijo Jill- ¿cómo pudiste traicionarnos?

-Jill, yo no…

-Déjame a mí, Chris –lo interrumpió Spencer-. Verás, cuando hablábamos allí afuera intentaba explicarte que hay cosas peores que Umbrella…

-Exacto –siguió el líder de la B.S.A.A.-, Chris, a diferencia de ti, ya sabía del regreso de Wesker. Verás, Wesker no sólo es una persona peligrosa, tiene muestras de todos los virus existentes creados por Umbrella…

-Al igual que él –dijo señalando con la cabeza a Spencer-.

–continuó Spencer-, pero con una diferencia. Yo soy sólo soy un hombre, pero él… bueno… es más que eso.

-Poderes sobrehumanos, Jill –dijo Chris-. Él especial, tiene poderes Jill, puede moverse tan rápido que podría esquivar balas sin ninguna complicación, tiene tanta fuerza que podría destruir esa pared con una sola mano –dijo señalando una pared de acero reforzado-. Lo sé, yo mismo lo he visto.

Tu palabra perdió su valor hace tiempo, Chris –le dijo Jill-.

-En realidad no, él sólo está aquí hace tres meses –la contradijo el hombre rubio-.

-No nos vayamos de tema –dijo Spencer-. Jill, en éste momento sólo hay una persona que pudo infringirle daño a Wesker en todo éste tiempo, tu amigo Chris le quemó la cara, pero ahora está en perfecto estado.

-¿Y eso qué? –lo desafió Jill-.

-No entiendes –continuó el hombre de rubio-, Wesker es poco menos que imparable. Nosotros nos hemos reunido con un solo propósito, acabar con Wesker.

Chris y yo acabamos con Umbrella solos, creo que somos capaces de detenerlo sin su ayuda –dijo Jill-.

No, Jill –dijo Chris-. Umbrella no cayó por nosotros, Wesker estaba allí, él acabó con Sergei Vladimir, y robó los datos de la reina roja. Sin él, Umbrella todavía sería una potencia imparable.

-¿Pero por qué necesitan a Spencer? –dijo Jill

-Porque Wesker ha estado bajo mi mando por mucho tiempo –le respondió Spencer-, y sé cómo detenerlo.

-¿Qué dices Jill? –preguntó el hombre rubio- ¿Estás con nosotros o contra nosotros? ¿Evitarás la llegada de Wesker, o al contrario, intentarás matar a Spencer a pesar de que sin Umbrella sea totalmente inofensivo?

-Él mató a miles de personas

-Wesker podría triplicar esa cifra sin siquiera esforzarse –le dijo Chris-. Jill sé razonable, por favor.

-Yo…

-¿Está con nosotros señorita Valentine o no? –preguntó el hombre rubio-.

-Yo… –dudó Jill-. Yo los ayudaré. Hay que evitar que vuelva Wesker.

-Ha hecho usted lo correcto –le dijo el hombre rubio-, señorita Valentine

Pero algo la inquietaba todavía, iba a evitar que Wesker hiciera de las suyas, sí, pero, ¿y luego? ¿Qué le decía que Spencer no volvería al poder? ¿Había hecho realmente lo correcto? ¿Cómo haría ver a Chris lo que la inquietaba? Sólo el tiempo lo diría, hasta entonces, debía seguir a Chris, y confiar ciegamente en sus instintos…

 


Fin del cuarto capítulo…

Para variar, fabrimuch nos deja con la miel en los labios. Jill ha cedido y colaborará con la B.S.A.A… ¿Qué ocurrirá en el próximo capítulo? Cada vez es más difícil confiar en alguien…

Jill Valentine, The True Story cuenta con su propio bloque latera, dónde su Índice es acualizado cada semana.

Gracias a fabrimuch, una vez más.

¿Quieres saber más? ¡Hasta la próxima semana!

Baalard, Relatos de Suburbia .

La Despedida de un Amigo, Desmodius’ Devil May Cry.

¡Bienvenidos!

Dante está de vuelta…

Tras el trágico final del primer capítulo, El Dolor de la Muerte, una inesperada sorpresa que hará tambalear los sentimientos del cazador de demonios se revelará en esta esperada segunda parte. Además un personaje clave aparecerá para enredar aún más la estupenda trama que Desmodius, su autor, está tejiendo de forma magistral. Aún hay muchos asuntos que resolver…

¡Adelante y que disfrutéis!


 

 

El Legado de un Héroe –

 

Capítulo II

La despedida de un amigo
“Bendición o maldición, usaré mi poder contra lo demonios.”

    El combate que Dante y sus enemigos libraban era extraordinario, el cazademonios era capaz de hacerle frente a media docena de fornidos y ágiles demonios, quienes se hallaban atónitos ante el poderío y la destreza de su adversario. Estocada tras estocada, Dante evadía sin dificultades los ataques de sus enemigos, quienes resguardaban al ruin asesino de Trish: Abadral.

Dante esquivó ágilmente un diestro espadazo dirigido directamente a su cuello, con lo que logró traspasar a dos demonios y atravesarle el abdomen al demonio que había intentado decapitarlo; sujetó firmemente su espada y usó al demonio inmovilizado en ella para dispersar a sus demás oponentes.

Mientras estos se hallaban en el aire, Dante tomó velozmente sus pistolas gemelas y, sin piedad, aniquiló hasta el último rastro de su ser. El camino para enfrentar a Abadral estaba libre, era tiempo de tomar venganza por la muerte de su amada… pero una inesperada y fría sensación en el pecho se lo impidió.

-¿Acaso crees que esos inútiles demonios eran todo lo que quedaba, Dante?- preguntó con cierto desdén Abadral- Ahora sabrás de lo que realmente son capaces los cazadores.

Dante notó que una nueva horda de demonios se hallaba rodeándolo, pero estas criaturas tenían un aspecto más intimidante que los que él acababa de derrotar. El cazademonios se giró rápidamente, empuñó su espada y le cercenó la cabeza a su oponente sin darle mayores oportunidades de reaccionar. Tomó la espada que tenía atravesada, se la desenterró sin dar muestras de dolor y se la arrojó impetuosamente a uno de los cazadores más próximos a él.


Antes de que los cuerpos de sus dos víctimas más recientes cayeran al piso, Dante corrió velozmente hacia el cazador que tenía más cerca de sí y lo tomó por una pierna, para arrojarlo contra otro cazador seguido de una intensa ráfaga de disparos por parte de sus pistolas gemelas. Había asesinado a 4 cazadores, pero le restaban otros 4 y éstos parecían haber desaparecido de la habitación.

En medio de la incertidumbre, Dante recibió cuatro potentes golpes en el rostro, la espalda, el abdomen y un costado; el cazademonios logró sujetar a uno de los cazadores que lo había atacado y, con un ágil movimiento, le cercenó el brazo con el que lo había atrapado. El demonio aulló de dolor, pero contraatacó de una forma totalmente sorpresiva para Dante: se abalanzó sobre él y lo sujetó con las piernas y el único brazo que le quedaba, para explotar sobre su adversario y causarle un daño devastador.

-Tonto, un cazador sólo debe utilizar ese ataque como última opción; era algo totalmente innecesario teniendo en cuenta que Dante caerá muerto muy pronto, a manos de los demás cazadores- dijo Abadral, quien seguía contemplando, a una distancia prudente, el combate de Dante y los cazadores.

El ataque que Dante había recibido le había causado un daño significativo, pero nada podría impedirle que aniquilara al mezquino monstruo que había causado la muerte de su amada Trish; el cazademonios recuperó su postura y, tomando velozmente sus pistolas, apuntó hacia el vacío de la habitación y comenzó a disparar despiadadas ráfagas.

Al terminar con su ataque, Dante pudo contemplar los cuerpos de 2 cazadores más en el suelo, aniquilados por sus certeros disparos. En aquella habitación, sólo un demonio se interponía entre Dante y su venganza; el último cazador vivo poseía una velocidad impresionante y una agilidad inigualable. El cazademonios tomó su espada e hizo un diestro movimiento hacia su costado izquierdo, donde un demonio de aspecto feroz y complexión delgada le detuvo el ataque con una delgada espada roja.

-Dante, te enfrentas a uno de los más poderosos demonios del Inframundo: Evastiel, el antiguo demonio que logró evadir a Sparda cuando éste venció a Alastor– dijo maliciosamente Abadral, quien permanecía apartado de Dante y su oponente -¡Evastiel, acaba con él de inmediato…!

Evastiel realizó un ágil movimiento para librarse de la espada de Dante y lo rodeó dándole múltiples estocadas en todo el cuerpo; pronto, el cazademonios cayó arrodillado ante las diversas y graves heridas que su enemigo le había ocasionado. El veloz y ágil demonio le arrebató la espada Rebellion a Dante y se la enterró ferozmente en el pecho.

De inmediato, el veneno que seguía impregnado en la hoja de la espada hizo efecto en Dante… todo se tornaba oscuro, el ruido de su alrededor se desvanecía lentamente, el dolor desaparecía de todo cu cuerpo. Dante cerró los ojos, se reuniría de nuevo con su amada, ya no importaba su venganza, sólo importaba Trish.


Dante se hallaba sentado tras el escritorio de su agencia, el ventilador giraba lentamente sobre él, había una caja de pizza vacía frente a él. Dante se incorporó rápidamente y abrió las puertas del edificio, afuera lo esperaba su amada, quien estaba conversando tranquilamente con Nero, un cazademonios buen amigo suyo.

-¡Trish…! ¡Trish…! ¿Estás viva?

-Claro que lo estoy, ¿de qué estás hablando…?

-Tú moriste… Abadral te asesinó… él…

-No, Dante… Abadral te engañó, ¿no lo recuerdas? Te hizo creer que yo había muerto, pero lograste vencerlo después de que estuvo al borde de asesinarte. Después llegó Nero para ayudarnos y descubrió que yo aún seguía viva.

-Así es, Dante… creo que tu mente sigue confundida– dijo jovialmente Nero.

Dante respiró profundamente por un momento… ¿todo lo que recordaba había sido una mentira…? ¿Trish estaba viva realmente? Eso no importaba, el cazademonios sólo corrió hacia Trish y la abrazó con fuerza.

-¿Realmente lo harías?

-¿De qué hablas?

-¿Realmente renunciarías a la vida por regresar con tu amada y olvidar esto?

-¿Acaso esto no es real?

-No, sólo es el umbral entre la vida y la muerte.

Dante contempló a Trish un efímero segundo antes de que ésta se desvaneciera como arena entre sus brazos junto con Nero y todo cuanto tenía alrededor. El paisaje era nuevamente oscuro, silencioso y desconcertante.

-¡No, no… NO!

-Ella no era real, Dante.

-¿Por qué…? ¡Estoy muerto, merezco volver a su lado!

-¿Realmente estarías dispuesto a renunciar a tu vida y el mundo para regresar con ella?

-¡Sí… SÍ!

-Lo lamento, Dante; pero tu misión en la vida es demasiado importante como para dejarte morir ahora.

Dante abrió los ojos, estaba nuevamente en la oficina donde se hallaban Abadral y Evastiel, pero algo había cambiado, alguien más se hallaba combatiendo a Evastiel: Nero. El joven cazademonios utilizaba su brazo demoníaco para repeler los veloces ataques del demonio que había derrotado a Dante.


-¡Dante, pensé lo peor! Acudí a tu oficina, pero estaba vacía, así que decidí buscarte y el caos de los alrededores me condujo a este edificio– aclaró Nero, quien sostenía un arduo combate con Evastiel.

Dante, malherido y furioso por afrontar nuevamente la pérdida de su amada, recuperó su forma demoníaca; tomó su espada, cuya hoja se había tornado nuevamente plateada, y se abalanzó contra Evastiel; realizó un ataque a una velocidad sorprende y partió por la mitad al veloz demonio, quien no tuvo tiempo de reaccionar.

Nero quedó atónito ante la destreza que Dante había demostrado, pero comprendió que éste tenía una poderosa razón para tener la firma intención de aniquilar a los demonios presentes en aquella habitación, cuyo número se había reducido a uno: Abadral.

-¡Imposible, Evastiel es invencible…!
-Tú, saco de porquería del Inframundo, ¡pagarás por lo que le hiciste a Trish!

Dante se arrojó sobre el demonio y, con un diestro movimiento de su espada Rebellion, la cabeza de Abadral cayó al suelo, despojada del resto de su cuerpo. “Él regresará pronto y vendrá por ti” es lo último que la cabeza de Abadral logró pronunciar antes de ser aniquilada por la espada de Dante.

Nero y Dante descendieron por el edificio, eliminando a algunos demonios poco poderosos que aun seguían ocultos en las sombras. Ambos tomaron el cuerpo de Trish y lo llevaron a un lugar lejano, un pequeño prado a las afueras de la ciudad. Dante la sepultó ahí y derramó algunas lágrimas sobre su tumba.

-Lo lamento, Dante; no tengo idea de cómo reaccionaría si perdiera a Kyrie– dijo Nero suavemente.

-Gracias, Nero…

Aunque no sea el mejor momento para decírtelo, Dante, fui a buscarte a tu oficina para despedirme. Hace un par de días tuve noticias de que aún hay algunos miembros de La Orden que están intentando abrir una puerta al Inframundo en un lugar bastante lejano, así que debo ir para detenerlos. Usaré mi brazo para beneficio de la humanidad, bendición o maldición, usaré mi poder contra lo demonios.

-Lo comprendo, Nero; te deseo suerte en tu misión y espero que Kyrie esté a tu lado este tiempo.

-Muchas gracias, amigo. Debo partir… y, créeme, la muerte de Trish no quedó impune; la vengaste e hiciste justicia.

Nero se perdió entre la niebla que cubría los primeros rayos de sol en aquel triste día… el día en que Dante había perdido toda razón para seguir adelante, para combatir a los demonios, para seguir viviendo. Dante contempló por un momento su espada y sus pistolas… ¿qué caso tenía combatir a los demonios si éstos siempre terminarían arrebatándole a la humanidad lo más preciado que tuvieran?

Contemplando la sencilla sepultura de su amada, Dante sólo pudo tener un pensamiento claro en su confusa mente: “los demonios nunca lloran”.


Hasta aquí el segundo capítulo, La Despedida de un Amigo.

Recuerda que El Legado de un Héroe, de Desmodius, tiene su propio bloque lateral.

Dante vuelve con más fuerza que nunca, dejándonos un nuevo capítulo extremadamente intenso e inmersivo. Desmodius nos demuestra que lo suyo es escribir… y bien contentos que estamos de ello.

¡Atentos a los próximos capítulos!

Baalard, Relatos de Suburbia.

(AMIGO INVISIBLE- Gamefilia) LesterKnight, el Tejedor de Sueños. ¡Felicidades!

– 

    Las compuertas se abrieron violentamente provocando que los pistones se quebraran como pequeñas ramas de cerezo. Una figura delgada y oscura entró silenciosamente. La temperatura de la sala descendió considerablemente y Jerome observó cómo su cálido aliento se hacía visible al contacto con el exterior helado. El ente se adelantó hasta colocarse a unos pasos del sargento. Clavó sus ojos en el soldado mientras ladeaba la cabeza observando a su presa. Aquellos ojos eran azul celeste, tan fríos y vacíos como la tundra que les rodeaba. El Cazador habló, pero sus labios se mantuvieron sellados esbozando una perversa sonrisa…

Antes de que aprietes el gatillo, Jerome, déjame hacerte una pregunta…

 

Axis Démeter. Azul celeste.

Dieciséis horas antes.

     El sargento Matheus Jerome abrió los ojos lentamente, apesadumbrado, y observó el techo de la estancia durante unos apacibles minutos.

Un silencio sepulcral inundaba el barracón imperial. Alguien tosió levemente. El aire estaba viciado. Aquel era el olor rancio y cargado de decenas de soldados durmiendo en el mismo lugar. Se incorporó lentamente y su espalda y extremidades entumecidas se hicieron notar como cada mañana.

El primero de los dos soles de Axis Démeter, una estrella enana y de un color apagado, comenzabá a desgarrar la azulada oscuridad que envolvía la base durante cada noche. El destacamento de infantería ligera Indomitus había sido enviado a aquella colonía minera en clave de escolta y protección. La zona corría riesgo de ser asaltada por piratas y contrabandístas, y había demasiados intereses económicos tras la estracción del preciado mineral, conocido como sironita, como para dejar tan preciada inversión desprotegida. A miles de kilómetros de cualquier zona mínimamente habitada, la colosal mina, una amalgama de estructuras que mordían el hielo y penetraban a kilómetros de profundidad, permanecía inamovíble entre la escarcha, el polvo helado y las brutales tormentas de hielo.

Los días eran cada vez más largos y tediosos en aquella tundra moribunda y cercana a ninguna parte. Al menos, los meses anteriores habían sido productivos mientras montaban el campamento al rededor de la zona de extracción, ajustaban las defensas y conectaban los túneles de abatecimiento con las estaciones cercanas. Ahora la actividad de la Indomitus se había reducido a realizar largas e interminables marchas por la tundra, explorándo el terreno y colocando balizas de señalización y antenas de comunicación.

Pero aquel día era especial, diferente. Hoy recibirían la visita del embajador Selennus Bramm, Alto Enviado del Imperio y supervisor de las actividades en aquel recondido y prácticamente deshabitado planeta. Era una visita meramente rutinaria que recibían cada tres meses pero que provocaba que toda la base explotara en actividad.

Jerome se puse en pie y se dispuso a comenzar el día. Al igual que los demás sargentos, y siguiendo órdenes del comandante a cargo de la Indomitus, puso en pie a sus hombres y pasó revista cuando estos estuvieron preparados y vestidos con el traje de gala. Jerome se aseguró de que todos los miembros de su escuadra lucían perfectos, ropas impecabes y rifles relucientes, pues habían sido asignados como guías y apoyo de la escolta del mandatario.

A las 12:00 hora estándar, la fragata de combate que tranportaba al embajador aterrizó en el hangar de la colonia minera. Selennus Bramm, un tipo entrado en años y con aires altaneros, descendió de la nave escoltado por más de veinte soldados de elite imperiales. A las 13:35, el embajador tenía concertada una comida con los científicos de la zona de estracción, los asesores de productividad y el comandante de la Indomitus juntos con sus ordenanzas. A las 16:00 harían una visita a la extracción y discutirían sobre posibles cambios y novedades en los procesos de producción. De nuevo, simple rutina.

Fue en la primera noche tras la llegada del embajador cuando toda aquella rutina y programación se vio sumamente alterada. Fue en esa primera noche cuando Matheous Jerome supo que iba a morir.

A lo largo de la madrugada, y al igual que una serpiente en la madriguera del conejo, un número desconocido de intrusos esquivaron las férreas defensas y comenzaron a eliminar uno por uno a todos los componentes del destacamento Indomitus.

Alguien dio la alarma. La base se iluminó con rapidez y sirenas y gritos rompieron el silencio nocturno. Las vidas de la mayor parte de los soldados habían sido sesgadas en apenas unas horas de oscuridad. Sin ruidos, sin errores, con una precisión cirujana. Cerca de noventa soldados.

En las salas de los hangares de la base, la escuadra de Jerome, compuesta por soldados superados por la confusión del momento, guiaba a los últimos soldados de elite que quedaban con vida hacia la fragata del embajador. Claramente, la fuerza atacante buscaba secuestrar o asesinar a Selennus Bramm.

Las sirenas se habían convertido en un monótono y estruendoso hilo musical, pero, aparte de eso, la base parecía muerta. Las transmisiones mentales de los soldados y las comunicaciones "físicas" eran frenéticas. Todos avanzaban con los sentidos alerta, peinando cada estancia y cubriendo cada esquina a medida que avanzaban.

Horrorizado, Jerome comprobó poco a poco que todos y cada uno de los soldados a los que había guiado fueron desapareciendo en la oscuridad de los angostos pasillos, iluminados de forma intermitente por el rojo de las luces de emergencia. No podía estar pasando… Aquello simplemente no podía estar pasando. Sólo quedaban él, dos soldados y el embajador. ¿Cómo era posible? Todos aquellos hombres y mujeres estaban tras él, gritándo órdenes y desplegándose, y sencillamente habían desaparecido.

Una sombra se deslizó por el pasillo tras los pocos supervivientes como una exhalación. Jerome alcanzó a distinguir una forma humanoide, una constitución que se asemejaba a la de un ser humano corriente. Pero aquellos movimientos… Ni siquiera las drogas potenciadoras que él conocía provocarían que alguien se moviese de aquella forma. Y derrepente, nada. La quietud más terrible que había podido presenciar. Sin bajar los rifles, y con el embajador protegido en todo momento, entraron en la antecámara que conectaba con las puertas de acceso a la fragata.

Más luces rojas y sirenas.

-¡Cierrad las compuertas! ¡Proteged al embajador con vuestra vida!- aulló Jerome

Los dos soldados restantes se desplegaron dentro de la sala, de espaldas al embajador y manteniendo el pasillo en la línea de tiro mientras los mecanismos de control hacían chirriar los pistónes y activaban el cierre magnético de la estancia. Los transmisores de muñeca de emitieron varios pitidos inconfundibles.

Señor, recibo una transmisión! –confirmó uno de los soldados.

-¿Origen?

-Desconocido, señor… no… entiendo… -la voz del soldado se perdió poco a poco, confuso.

-Adelante, dele paso… -afirmó el sargento.

Primero hubo estática. Después pudieron distinguir algo.

Retrasais lo inevitable… -la señal era casi inaudible.

-¿Qué demón…? ¡Identifícate!-inquiríó Jerome

"Soy el miedo. La oscuridad que inunda vuestros corazones. Soy la maldición de la Humanidad. La venganza hecha carne. Poseeo tantos nombres como muertes se han cobrado estas manos. Abre las puertas, Jerome, pues el invitado desea entrar"

Los soldados se miraron atónitos. La voz surgió fría y serpenteante directa desde el transmisor e invadió toda la sala provocando que los presentes se estremecieran. El embajador sólo pudo gemir mientras se orinaba encima. La voz, distorsionada y oscura, continúo hablando.

-Mi cuerpo no puede entrar. Quizás tú me quieras ayudar… Matheus. Es sencillo. Es algo que llevas haciendo durante años. Matar.

-Basta… S-sal de mi cabeza…-susurró el sargento.

Jerome sintió una punzada fría y desgarradora en las sienes. El poder psiquico de aquel ente era simplemente asolador. Intentó desviar las garras que se aferraban sinuosas a su cerebro con una honda mental, pero su capacidad cerebral era demasiado débil para resistirse a aquella fuerza arrasadora y gélida que entumecía su córtex y perforaba su psique. Simplemente… se rindió.

Desenfundó la pistola con la velocidad adquirida tas años de servicio y de un disparo limpio volatilizó parte de la cabeza del embajador, pulverizando el cráneo y esparciendo su contenido por la pared a su espalda. El cuerpo tardó unos segundos en asimilar que había sido desprovisto de vida. Las manos aún temblaban cuando el cadáver cayó contra el suelo produciendo un ruido seco

Jerome giró en seco y ejecutó a los dos soldados a sangre fría con dos disparos certeros. El primero murió al instante, con la cabeza destrozada. El segundo cayó de rodillas con un proyectil alojado en la garganta. Sus manos se aferraban desesperadas al cuello intentando frenar la abundante salida de sangre a medida que su vida se apagaba.

Durante unos segundos que parecieron eones, el sargento Matheus Jerome volvió en sí. Aún sostenía el arma en alto, la cual escupía una serpenteante columna de humo provocado tras las tres detonaciones. Al tiempo que sus ojos se abrían como platos contemplando la terrible escena un fino y caliente reguero se sangre descendió desde su nariz, producto de la violación mental a la que se había visto sometido. Observó los cadáveres, boqueando de forma patética como un pez que se asfixia sin posibilidad alguna de salvación. No era posible… Había matado a sus propios compañeros, también al embajador… Había cometido traición y asesinato. Sentía que la cabeza iba a implosionar. Un dolor palpitante y agónico le recorrió cada uno de los centímetros de la piel. Traición y asesinato. No podía seguir con vida después de aquello.

Alzó el cañón del arma y se lo colocó bajo la barbilla dispuesto a volarse la cabeza. La boquilla aún ardía tras los disparos efectuados.

Las compuertas se abrieron violentamente provocando que los pistones se quebraran como pequeñas ramas de cerezo. Una figura delgada y oscura entró silenciosamente, como un susurro. La temperatura de la sala descendió considerablemente y Jerome observó cómo su cálido aliento se hacía visible al contacto con el exterior helado. El ente se adelantó hasta colocarse a unos pasos del sargento. Clavó sus ojos en el soldado mientras ladeaba la cabeza observando a su presa. Aquellos ojos eran azul celeste, tan fríos y vacíos como la tundra que les rodeaba. El Cazador habló, pero sus labios se mantuvieron sellados esbozando una perversa sonrisa.

-Antes de que aprietes el gatillo, Jerome, déjame hacerte una pregunta…

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Días antes…

Transmisión entrante… Espere…

"Saludos, Gran Señor. Es de mi encomendación informarle de toda actividad que nos haga sospechar de traición hacia el Imperio y hacia su propia seguridad. He aquí el motivo de este mensaje.

Nuestros agentes nos han informado acerca de uno de nuestros embajadores en Axis Démeter, planeta destinado a la extracción de la sironita. El sujeto en cuestión se llama Selennus Bramm y tenemos pruebas irrefutables de que busca atentar contra su vida, mi Señor. Es mi obligación sugerirle ciertos métodos para eliminar esta amenaza. Nos apena profundamente que un miembro reconocido del Imperio como Bramm se aleje de nuestro seno y busque dañar nuestra estructura.

De los métodos sugeridos más arriba, sólo uno de ellos nos aseguraría la muerte de este despreciable traidor. Sólo necesitamos su aprobación. El nombre en clave de este método es "Cazador".

Que la luz de su presencia nos inunde por muchos años.

Ivhan Cornelius"


Saludos, Lester.

Esta entrada va dirgida a tí y sólo a tí.

Debería disculparme por haber tomado "prestado" a tu personaje más preciado y carismático, pero deseaba sorprenderte de una manera original y a la vez dentro de la línea que caracteríza a tu blog, ese gran baluarte de la literatura en Gamefilia.

Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo y todos mis mejores deseos para tí en estos días, compañero. Espero que tu regalo haya sido de tu agrado y que no te ofenda tal "intrusión" en la leyenda que has creado con Falkenberg, El Cazador. He intentado documentarme lo máximo posibe, tanto de su historia como de todos los acontecimientos narrados en Endimión Tau, la etapa en la academia de Mentalistas y demás partes de su vida.

Había pensado en diversos regalos, como nombrar a una estrella real y bautizarla como Mundo Destierro. Lamentablemente se salía de mi presupuesto, aunque habría sido perfecto. También quería obsequiarte con un dibujo de Falkenberg, pero he tenido problemas con el scanner.

En fin, que mejor manera que un relato para regalarte a tí, que sabes apreciarlos más que ninguno otro. No habría imaginado mejor "amigo" invisible que tú, ya que tengo muchas cosas que agradecerte. Desde el primer momento me has apoyado con Relatos de Suburbia y aprovecho esta oportunidad para hacerte saber lo muy agradecido que estoy.

Sólo deseo que sigamos en contacto y pueda disfrutar de más historias relacionadas con Mundo Destierro. Estoy seguro de que sí.

Un abrazo, compañero. ¡Felicidades y deseo que te guste!

Baalard, Relatos de Suburbia.

Jill Valentine, The True Story. Capítulo III: Traición. Por fabrimuch

¡Bienvenidos a una entrega más de Jill Valentine, The True Story!

Desde Relatos de Suburbia os pedimos las más sinceras disculpas por la tardanza, pero unos no muy simpáticos 39/40º de fiebre que me han visitado estos últimos días me han tenido bastante separado del odenador…

Se acabo la espera, aquí está el tercer capítulo, Traición

Jill busca respuestas desesperadamente mientras todo parece cada vez más confuso… ¿Qué es lo que pretende Chris? ¿Cuales son las intenciones de Spencer? Delante de ella se hallaba el responsable de todas sus desgracias. Todo se acabaría tan rápido si apretara el gatillo…

Fabrimuch nos acerca aún más al impactante final con cada uno de los capítuos. Cortos pero muy, muy intensos…


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Capítulo III

Traición

    Jill estaba allí parada, en medio de una calle desierta, ni una sola alma transitaba por aquel lugar. Frente a ella se encontraba el hombre que había causado la muerte de sus compañeros de S.T.A.R.S., el hombre que había borrado a Raccoon City del mapa, el hombre al que había intentado dar caza durante todos éstos años para hacerle pagar todas las desgracias que causó al mundo. Y su amigo y compañero, Chris, estaba con él, la B.S.A.A. había unido fuerzas con Spencer.

¿Es que acaso ya había olvidado todas las cosas terribles que había hecho Spencer? ¿Todas las vidas que arrebató Umbrella con sus experimentos? ¿Cómo pudo haberla traicionado de esa forma? ¿Y además invitarla a formar parte de ésa organización?

Jill no podía entender todo eso, simplemente no podía soportarlo. Sin dudarlo tomó su arma y apuntó al viejo rostro de Spencer. El viejo ni siquiera se inmutó, pero Chris reaccionó inmediatamente;

-¿Qué estas haciendo? –le gritó desesperadamente-.

Voy a asesinarlo –le respondió Jill-, ¿has olvidado acaso todas las pesadillas que nos ha causado?

Jill, tú no entiendes –le respondió Chris-.

Sí lo entiendo –le respondió fríamente-, nos has traicionado a todos, incluso a ti mismo.

Esto no es lo que crees, Jill –intentó tranquilizarla Chris-.

-¡¡¡¡Cállate, Chris!!!! –gritó furiosa Jill-.

Y de un rápido movimiento, dejó de apuntarle a Spencer, se acercó a Chris y lo golpeó con el mango de la pistola en su nuca. Chris calló desmayado al instante. Hecho esto volvió a apuntar a Spencer.

– le dijo fríamente Jill-. Tú hiciste todo esto, ¿verdad?

No entiendo –le respondió Spencer-, ¿qué he hecho yo?

Además de causar la muerte de millones de personas y hacer que Chris se pase al bando contrario, nada –le respondió irónicamente Jill-.

Jill, Jill, Jill… –dijo Spencer- tú no entiendes nada de lo que está pasando…

-¿Qué es lo que no entiendo?

No fui yo quien fue a por Chris –le dijo calmadamente Spencer-, fue Chris quien vino a nuestra organización.

-¿La organización de quiénes? –dijo Jill-, ¿quién más está detrás de ésta organización?

Lo que tú no entiendes es que hay peligros allí afuera, mucho peores que Umbrella…

No haz contestado a mi pregunta –lo interrumpió Jill-.

-…Umbrella es tan sólo un mal menor de muchos otros que podrían venir –continuó Spencer-…

-¡Contesta mi maldita pregunta!

-…Tu amigo Chris ya entendió esto, querida –siguió Spencer, haciendo caso omiso de su pregunta-, ¿por qué tú no?

Porque nada peor que Umbrella podría surgir en éstos momentos

Jill, me decepcionas mucho.

-¡¡Se acabó, voy a disparar!! –gritó Jill, harta-.

No lo harás –dijo alguien por detrás-.

Jill sintió que alguien la inmovilizaba por detrás, le arrebataba su arma y le daba un certero golpe en la parte de atrás de su cabeza. Ella cayó pesadamente al suelo, y mientras perdía la conciencia, vio como un mujer de rojo se acercaba a Spencer…


¿Quieres saber más?

Fabrimuch tiene las respuestas…

Recuerda que Jill Valentine, The True Story tiene su propio bloque lateral, dónde el Índice queda actualizado cada semana. Los días de publicación siguen siendo los Lunes, a pesar de el pequeño contratiempo de esta semana…

De nuevo, mil gracias a su autor, fabrimuch, por brindarnos una historia tan apasionante y, sobre todo, por elegir este blog para publicarla.

Baalard, Relatos de Suburbia.

Atentos a la próxima entrada… Vuelve Dante

Jill Valentine, The True Story. Capítulo II: B.S.A.A. Por fabrimuch

¡Bienvenidos!

Lo prometido es deuda, y fabrimuch nos trae el segundo capítulo de Jill Valentine:The True Story. Una vez más, fabrimuch sigue sorprendiendo con la siguiente entrega de esta serie de capítulos cortos pero muy intensos. Cada semana iremos publicando los siguientes episodios hasta descubrir el sorprendente y vertiginoso final al que nos vemos conducidos palabra tras palabra.

A medida que ciertas repuestas son reveladas, Jill comienza a desconfiar incluso de sus mejores amigos…

Adelante y disfrutad.


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Capítulo II

B.S.A.A.

    Jill y Chris se dirigieron hacia el auto que los esperaba en la salida. Habían unas letras inscriptas en el vehículo: B.S.A.A. Ambos subieron en él, y en cuanto lo hicieron se puso en marcha. No hizo falta que le dieran instrucciones al conductor, ya sabía lo que debía hacer.

– ¿Qué significa? –preguntó Jill

– ¿Qué cosa?

– Las siglas, B.S.A.A.

-Es una nueva organización que combate a las armas biológicas.

-No respondiste mi pregunta.

-Puedes llamarla… la organización.

Chris no parecía muy cómodo al hablando del tema, era como si hubiera algo malo tras la organización. Jill decidió no hablar más sobre el tema, después de todo, de nada le servía que Chris estuviese enojado con ella.

-Chris, ¿cómo sabes que Wesker está detrás de la muerte de los demás S.T.A.R.S.?

-B.S.A.A.´s

-¿Perdón?

-Barry y Rebecca, ellos eran miembros de la B.S.A.A.

-Ya veo…

¿Barry y Rebecca, B.S.A.A.´s? ¿Y por qué se lo habían ocultado? ¿Es que no confiaban en ella? ¿Y por qué Chris se mostraba tan secretista cuando hablaban de la organización?

Todas éstas preguntas se formulaban sobre la cabeza de Jill, no lograba entender cómo sus amigos, con los que había pasado por tantas dificultades, aquellos en los que siempre había confiado no le hubieran dicho nada acerca de eso, y mucho menos podía explicarse por qué Chris se sentía tan incómodo hablando del tema, después de todo él había ido a buscarla a ella, no ella a él.

Pero aún no has respondido mi pregunta –insistió Jill-, ¿cómo sabes que Wesker está detrás de todo esto y no cualquier otra persona?

Tenemos pruebas –le espetó Chris-, por ejemplo, sólo él podría haber desparecido de la escena del crimen tan rápido, y sin dejar pruebas. Sólo él podría hacer desparecer a una persona en el medio de una multitud sin que nadie se entere. Sólo él…

Espera –lo interrumpió Jill-. ¿Acabas de decir que Wesker es quien ha asesinado a Barry y Rebecca?

Si Jill, él ha hecho todas esas cosas y más, cosas que jamás te imaginarías.

Entonces, si lo sabías, si lo sabían Barry y Rebecca, ¿por qué nunca me lo dijeron? ¿Es que no confían en mí?

No, no es eso Jill. Nosotros… –Chris se veía muy nervioso, se podría decir que incluso avergonzado de lo que iba a decir- nosotros tratábamos de protegerte.
 

-¿Protegerme de qué? –Jill parecía muy furiosa, estaba gritando- ¿Es que acaso soy una niña pequeña? ¿El hecho de haber escapado viva tres veces de los zombis no te dice nada?

Jill…

Pero no dudaste un sólo segundo cuando fuimos a terminar con Umbrella, ¿verdad?
 

-No es por eso Jill… –Chris no sabía como decírselo- sabemos que eres lo suficientemente fuerte, pero… esto es algo que no podrías soportar…

-Pues entonces no deberías haberme ido a buscar a mi hogar.
 

-Jill, espera.

Adiós Chris, me largo de aquí.

Señores –dijo el chofer-, hemos llegado.

Jill se bajó del auto inmediatamente. No quería volver a hablar con Chris. Sin embargo, al bajar se encontró con algo totalmente inesperado. Esperándolos, en la puerta del edificio, estaba él.

 -Te lo dije… –le dijo Chris, acercándose a ella-.

Con una sonrisa poco amigable, los esperaba Spencer.


Menudo final… ¿Cual será la reacción de Jill? ¿Qué es lo que pretende la tan misteriosa Organización?. Hasta aquí el capítulo de esta semana.

Recordad que Jill Valentine: The True Story tiene su propio índice y bloque lateral.

De nuevo, gracias a su autor, fabrimuch, por entetenernos una semana más con esta apasionante historia. Con colaboraciones como esta el propósito de Relatos de Suburbia crece más y más cada día. Mil gracias, fabrimuch.

¿Qué ocurrirá en el próximo capítulo? ¡Atentos a la semana que viene!

Baalard, Relatos de Suburbia

La siguiente entrada romperá un poco los moldes de este blog ya que hablaremos sobre una de las películas que más me ha impactado en los últimos años. ¡Permanced atentos!

El Árbol de Maná. Por ErikAdams

 

 

El Árbol de Maná

Por ErikAdams

– 

 

….Las hojas del “Árbol de Mana” caían lentamente, como una lluvia de plata sobre la hierba de aquel bello santuario en lo mas alto del mundo. El brillo que emitía era una muestra inequívoca de que su latente poder seguía alimentando al mundo, mientras millares de seres de todo tipo vagaban inconscientes de que la fuente de toda vida estaba apunto de sufrir el ataque de un antiguo mal olvidado muchos siglos atrás.

 

Julius atravesó el umbral del portal y contemplo maravillado la imponente figura de aquel símbolo de poder, mientras notaba como su cuerpo era golpeado por oleadas de energía vital. Una suave brisa hizo ondear sus oscuros cabellos, mientras por su mente comenzaron a desfilar antiguos recuerdos. Recuerdos de una historia de horror que apunto estuvo de acabar con toda existencia en aquel lugar de ensueño. Una historia que se remontaba a tiempos inmemorables, en la que los designios del destino, hicieron que un héroe echara al traste todos los planes de conquista y poder de un pueblo cruel y orgulloso: El imperio Glaive.

 

Las historias que le habían contado, relataban como los miembros de aquel pueblo habían aniquilado a casi todos los elegidos para mantener el legado del “Árbol de Mana”, y como se habían alzado hasta el mismo lugar que el ahora pisaba con la intención de absorber toda la energía vital. En aquella ocasión los planes habían fracasado por la incursión de un héroe que llevaba en sus manos un arma mágica que no habían tenido en cuenta. Un arma que ahora yacía oxidada en algún lugar en las profundidades del mar. “La Espada de Mana”, que acabo sin ningún problema con las ansias de poder de aquel pueblo maldito. Un arma que ahora no podría hacer nada para salvar el destino del planeta, por que el era Julius, el ultimo descendiente del imperio Glaive y su objetivo estaba a solo unos pasos de distancia.

 

 

Caminó lentamente, mientras saboreaba las mieles del triunfo, y sus labios se tornaron en una maléfica sonrisa cuando al extender sus brazos sintió la rugosidad de la corteza y la fuerza que emanaba desde lo más profundo de sus entrañas. Rió con todas sus fuerzas cuando comenzó a absorber todo aquel poder y su cuerpo comenzó a emitir oscuras e impenetrables sombras. Lo había logrado, había triunfado donde otros mucho tiempo atrás habían fracasado. Ahora tenía el poder de crear y destruir a su antojo, y lo primero que haría cuando el árbol no fuera más que una carcasa sin vida seria

 

 

Un fuerte ruido a sus espaldas le saco de un plomazo de sus sueños de grandeza, y sin apartar las manos del grueso tronco del árbol giro su cabeza, para observar como corriendo irrumpían en el santuario dos personajes. Una chica ataviada con una tunica blanca como la nieve, y un joven vestido con una pesada armadura y en sus manos una vieja espada oxidada. ¿Cómo era posible? Realmente daba igual, por que el “Árbol de Mana” ya no era mas que un tronco sin vida, y el, Julius era ahora el ser mas poderoso del universo…

 

“¡Niñatos insolentes! ¿Qué habéis venido ha hacer aquí? ¿Creéis que esa patética arma es capaz de hacer mella en un ser divino como yo? Habéis llegado tarde, pero tenéis suerte… Por que vais a contemplar de primera mano lo que soy capaz de hacer ahora… ¡Morid!”

 

Su cuerpo comenzó a hincharse, y sus extremidades comenzaron a deformarse hasta tomar la forma de unas masas amorfas y palpitantes. Su imagen se transformo en una criatura de pesadilla que observaba a los dos jóvenes con cientos de ojos inyectados en sangre, mientras hileras de afilados colmillos goteaban algún tipo de viscoso fluido que quemaba la hierba al contacto. Aquel demonio se elevó en el aire, y de sus cientos de bocas comenzaron a salir gorgoteantes sonidos en alguna lengua horrible y desconocida. La muerte pendía sobre los dos héroes, los cuales poco podían hacer para detener el inminente ataque de aquel enemigo que superaba todas sus expectativas…

 

En ese instante la espada comenzó a brillar con tanta intensidad como el mismísimo sol, apartando las oscuras nubes que dominaban aquel lugar… Tal vez existía una oportunidad de hacer frente a ese “Ser”. Tal vez la fuerza vital podría ser devuelta a su estado original. Tal vez este enfrentamiento no acabaría tan mal. Tal vez tu imaginación te haga imaginar como acabo toda esta historia, cuyo final ha sido olvidado por la brumas del tiempo.

– 


¡Bienvenidos!

Basado en FF Mystic Quest, ErikAdams nos se conforma con brindarnos un texto perfectamente relatado, además nos mantiene pegados a la pantalla con una facilidad pasmosa hasta que leemos las últimas palabras…

Es un placer para mí presentar una nueva colaboración en Relatos de Suburbia, más aún cuando dicha colaboración desborda calidad por los cuatro costados.

Un misterioso y oscuro personaje está a punto de conseguir lo que su linaje lleva años persiguiendo, el poder del Árbol de Maná. En el último momento se ve interrumpido por dos extaños héroes…

El Árbol de Maná queda añadido a los bloques laterales.

¡Mil gacias a su autor, ErikAdams! Sólo me queda decirle que esperamos descubrir pronto que ocurrirá con el Árbol de Mana y los dos misteriosos personajes dispuestos a frenar los pervesos planes de los Glaive.

¿Habrá continuación? Todo parece indicar que sí…

Baalard, Relatos de Suburbia.

Jill Valentine, The True Story. Capítulo I: El Reencuentro. Por fabrimuch

¡Bienvenidos!

Como ya adelantamos en su Índice, aquí está la primera parte de Jill Valentine, The True Story.

Dispuesta a desvelar las incognitas que rodean a la desaparición de los S.T.A.R.S., Jill descubrirá, con la ayuda de un viejo conocido, que el responsable es más peligroso de lo que podría imaginar…

Descubre la verdad tras el velo de la mano de fabrimuch. Rápidos de leer y muy bien escritos, los diferentes capítulos se nos pasarán en un suspiro.

Adelante y disfrutad.


Capítulo I.
El Reencuentro
    Jill estaba sentada en su habitación, pensativa. Umbrella ya no era una amenaza, ella y Chris la habían destruido hacía cuatro años, sin embargo, el accidente de aquel aeropuerto no la dejaba dormir. ¿Cómo era posible que aquel vuelo hubiera sido invadido por el virus-T?

Todas éstas preguntas invadían su mente. No lograba entender cómo había vuelto el virus-T, Umbrella estaba acabada, Spencer era el hombre más buscado del FBI, y T.A.L.O.S. había sido destruido. Ni si quiera la reina roja había quedado intacta. ¿Entonces por qué? ¿Qué habían hecho mal?

Miró a su alrededor, había insignias de reconocimiento en la pared. Sus antiguos compañeros de S.T.A.R.S. la miraban desde la fotografía que colgaba sobre la pared. Todos ellos habían muerto, excepto ella y Chris. Rebecca había muerto meses atrás, fue un francotirador experimentado. Nunca encontraron al responsable. Y Barry desapareció un día. Nunca más volvió a aparecer. Ella pensó que simplemente quería dejar todo atrás, pero al hablar con su familia… ellos tampoco sabían nada acerca de su paradero, estaban muy asustados. Y luego el incidente del aeropuerto, que cobró muchas vidas inocentes. ¿Quién estaba haciendo esto? ¿Y por qué? De nada serviría intentar silenciar a los S.T.A.R.S., los crímenes de Umbrella ya eran conocidos en todo el mundo, la misma Umbrella ya no existía.

El sonido del timbre la sacó de sus pensamientos. Tomó su arma y se acercó a la puerta. No podía arriesgarse a dejar pasar a quien fiera, no después de lo que le ocurrió a sus compañeros. Puso su mano sobre el picaporte y lentamente lo giró. En un rápido movimiento abrió la puerta y puso su arma sobre la cabeza del hombre.

 -Jill, cálmate, soy yo Chris. 
 –

Chris, lo siento –se disculpó- es que, luego de lo que ocurrió con Barry y Rebecca, no puedo ignorar que hay alguien
tras nosotros. 
– 
Jill, entiendo lo que te está pasando –le respondió Chris intentando tranquilizarla-, ¿cómo se puede explicar el accidente de aquel aeropuerto? ¿Crees que no me siento intranquilo luego de lo que le ocurrió a mi hermanita Claire? 
 –Te entiendo Chris, no debe ser fácil saber que tu hermana ha pasado por todo eso… 
– 
No es por eso que he venido Jill –la interrumpió Chris-. Es algo mucho más serio. Es Wesker, él ha vuelto. 
 -Pero… eso es imposible… él está… 
– 
-¿Muerto? –la interrumpió- No. Jill, no te lo había dicho antes para protegerte, pero él no está muerto. Aquel día en la mansión Spencer, Wesker, de alguna forma, logró inyectarse un virus en su sangre, eso le permitió escapar antes de que todo explotase, y ahora ha vuelto, hay algo que está buscando, y de nosotros depende detenerlo. 
 -¿Qué? ¿Te has vuelto loco? ¿Por qué nunca me lo habías dicho? –le gritó furiosa- ¿Es que crees que soy débil y no podría con esto?
– 
No, no es eso…
Ya es demasiado tarde para disculpas, Chris –le respondió Jill-. Ahora, si me disculpas, hay que averiguar qué es lo que quiere Wesker de nosotros.

Se levantaron y se dirigieron hacia la puerta. Debían terminar con esto de una vez por todas, antes de que fuera demasiado tarde.


Recuerda que Jill Valentine: The True Story tiene su propio bloque lateral. Cada semana iremos publicando un nuevo y apasionante capítulo. Si quereis saber la verdad sobre Jill Valentine sólo tienes que leer. fabrimuch parece tener la respuesta… ¡Atentos a la semana que viene!

Baalard, Relatos de Suburbia.

Jill Valentine: The True Story. Por fabrimuch. ÍNDICE.

¡Bienvenidos a una nueva y apasionante colaboración en Relatos de Suburbia!

En un texto directamente salido de la mano de fabrimuch nos pondremos en la piel de uno de los personajes más interesantes y enigmáticos de la saga Resident Evil (Biohazard): Jill Valentine.

Es un verdadero honor presentar aquí esta magnífica historia. Ye he tenido la oportunidad de leerla al completo y a lo largo de sus nueve intensos capítulos, escritos con dedicación y mucha calidad, se desvelan una trama apasianante y un oscuro secreto.

Los S.T.A.R.S. parecen estar siendo anulados por un viejo enemigo… Mientras, ciertas organizaciones aparecen con oscuras y no muy claras intenciones. Nuevos y antiguos conocidos surgen tras el velo de los hechos acontecidos previamente y Jill deberá lidiar consigo misma y decidir qué es lo mejor para detener todo lo que está apunto de ocurrir. ¿Te estás preguntando qué es lo que va a suceder?

No esperes más, fabrimuch, directo desde el Inframundo, te trae la sorprendente y oscura respuesta…


 

ÍNDICE. 

I. El reencuentro 

II. B.S.A.A. 

III. Traición 

IV. ¿Traición? 

V. La primera misión 

VI. Descubriendo la verdad 

VII. Un Viejo enemigo 

VIII. Lo que realmente ocurrió 

IX. Decisiones


Este Índice es provisional y está sujeto a posibles cambios por parte de su autor, fabrimuch. Podéis encontrar todo lo relacionado con Jill Valentine: The True Story en los bloques laterales. 

En las próximas horas publicaremos el primer capítulo: El Reencuentro.

¡No os lo perdáis!

Baalard, Relatos de Suburbia

Kobayashi. Humo y Balas

 

– 

 –¿Tienes un pitillo?

    Kobayashi ignoró fríamente la pregunta.

Se encontraba tirado en el suelo, apuntando firmemente hacia la puerta con ambas manos. Mientras apretaba los dientes intentando mitigar el punzante dolor que le surgia de hombro y pierna, el asesino hizo un pequeño repaso de la situación: Había eliminado a Takeshi Makato, así como a su posible descendencia, y hasta ahí todo era estupéndo y maravilloso si no fuese porque se encontraba acorralado en el despacho del propietario de la casa de citas apunto de recibir una desagradable nube de plomo desde el pasillo contiguo. Fuera, un número indeterminado de matones de los Makato, ansiosos como perros en celo, parecían profundamente interesados en entrar y reclamar la cabeza del asesino.

El despacho de los Makato era una sala amplia, forrado con una cara moqueta granate y repleto de muebles de caóba oscura. Una cristalera enorme, cubierta por una elegante gasa de color magenta, dejaba ver el exterior, una iluminada calle de los barrios bajos de Shinjuku. Sabía que su única vía de escape estaba representada por aquel ventanal, pero no le hacía demasiada gracia saltar al vacío. El era un asesino, no un paracaidista.

Sentado aún en el voluminoso sillón de cuero negro, con un minúsculuo agujero en la frente, el señor Makato se incorporó y carraspeó para aclarar la voz.

-Te he hecho una pregunta. ¿Tienes un pitillo sí o no?

Kobayashi, sin dejar de apuntar hacia la puerta, echó la cabeza hacia atrás en dirección a la voz, de manera que el difunto Makato parecía colgar del techo, sentado en ese precioso sillón que ya le había llamado la atención en cuanto entró por la puerta, justo antes de empezar a matar a todos aquellos hijos de mala madre.

-¿Qué? -dijo incrédulo. Le parecía una falta de respeto que le pidieran algo en aquella situación.

-Nada, déjalo -inquirió el cadaver sacudiendo la mano y quitándole miga al asunto -Oye, yo lo tengo jodido, estoy muerto y todo eso, pero me da la sensación de que debería sacar tu culo de esta habitación sea como sea. Llámalo una "puta corazonada".

Kobayashi guardó silencio por unos momentos. El muerto parecía tener razón. En el pasillo sus matones se comenzaban a arremolinar, gritando y maldiciendo, apunto de irrumpir en la habitación llenándola de plomo de arriba a abajo.

-Vaya… ¿Y usted que aconseja? Por que parece estar muy agusto ahí sentado en ese magnífico sillón… Por cierto, ¿dónde lo ha conseguido?

Verás… -el señor Makato se pasó una mano por la frente, distraído, limpiando inutilmente el fino reguero de sangre que no cesaba de manar del agujero en la frente –Noto cierto tono de molestia en tu voz, y me parece una falta de respeto ya que lo único que quiero es ayudarte…

-Joder, lo siento. Me duele el hombro y la pierna. Y la cabeza esta a punto de estallarme. Me he dejado las pastillas en el coche y ahora no diferenciaría a mi madre de un perro… -giró la cabeza repentinamente para mirar de nuevo a la puerta y al bullicio que surgia tras ella. -¡Callaos, joder! -gritó con fuerza.- Ya nadie respeta una conversación… -dijo rascándose la sien con el canto de la mano.

-Préstame atención, pequeño hijo de puta. -el señor Makato alzó la voz, nervioso. -Saltar no es una opción. Ya sabes, esto no es una película. Te romperías la cadera, las rodillas o los tobillos. Incluso el fémur, y me han dicho que eso duele bastante.

El asesino frunció el ceño. Romperse los huesos no le gustaba demasiado.

-Coge la automática de mi contable. Lo tienes justo al lado, manchándome la moqueta con su sangre.

Kobayashi miró al contable, que le devolvió la mirada y le guiñó un ojo.

-… ¿Y después? -quiso saber interesado sin apenas parpadear.

-Oye… -el señor Makato pareció molestarse de nuevo. –Tengo el cerebro destrozado, y no me hagas recordarte por culpa de quién… No me pidas más. -acto seguido se volvió a desplomar sobre el respaldo del magnífico sillón, con la mirada vacía y sin ni si quiera haber comentado dónde lo había comprado.

Kobayashi fijó de nuevo su mirada en la puerta, sopesando las posibilidades mientras sentía como su respiración aumentaba de velocidad por momentos. Al otro lado se habían agrupado unos seis u ocho hombres más de Makato que no iban a desistir hasta conseguir la cabeza y cada uno de los dedos del intruso.

Aquellos descerebrados ni si quiera sabían cómo abordar la situación. Llevaban más de seis minutos planenado cómo entrar en la habitación y estaba claro que sabían que el primero en entrar iba a recibir como respuesta un balazo en el estómago.

Kobayashi, con una mueca de dolor, resoplando y cabreado, se arrastró lentamente hacia el voluminoso escritorio desde donde Makato le había lanzado aquellos útiles consejos. Pensó que se había vuelto muy simpático después de muerto, pero también le vinieron a la mente sus pastillas. Sin éstas todo el mundo parecía jodidamente simpático, vivo o muerto.

Antes de dirigirse hacia allí se arrimó despacio y sin hacer ruido hasta el cuerpo del contable, que yacía en el suelo con los ojos entornados hacia arriba devolviendo al mundo una mirada desprovista de vida. Mientras recogía la autómatica junto al cadaver rezó por que ninguno de aquellos idiotas tuviera una granada y, por extensión, supiera usarla.

Lentamente comprobó el cargador y retiró el seguro. Disfruto del peso del arma en la mano y no tardó en compararla con su preciada 9mm. La automática del contable era de bastante menos calidad y aquello tenía su lógica. Si eres un asesino tus armas tienen que ser de lo mejor, es decir, puedes matar con una caja de choco-cereales, pero no está de más ir bien equipado. Sin embargo, un contable se dedicaba a contar, o al menos eso tenía entendido Kobayashi, asique su necesidad de ir armado, y por consiguiente poseer una buena automática, no era la misma que la de él, asesino de profesión.

Mientras miraba el arma que había adquirido y aún inmerso en sus profundas conclusiones, el asesino terminó por llegar a la parte posterior de la robusta mesa de oficina.

Se sentía importante.

Tras la mesa, ahí tirado y casi desangrándose, era como la chica mona del pub que ocho idiotas intentaban ligarse y no sabían cómo. Nunca se había parado a pensarlo, pero parecía que sacar a una persona de una habitación era más difícil de lo en un principio cabría esperar. Tras la efímera seguridad del grueso escritorio, Kobayashi se colocó de cuclillas gimiendo de dolor. No eran las heridas, de esas había tenido unas cuantas y era cuestión de acostumbrarse. Era esa terrible punzada en la base del cráneo que parecía consumirle una a una sus muy precidas neuronas, y pensaba una y otra vez que desaparecería de forma casi automática si se pudiese tomar una, dos o tres de sus preciadas píldora. Sí, tres de esas preciosidades frenarían aquella agonía.

Un de los hombres de Makato cruzó chillándo de un lado a otro de la puerta mientras descargaba una ráfaga con una pequeña parabellum. Por lo visto, su inteligencia y su puntería estaban al mismo nivel, nulos. Los cuatros disparos que tuvo tiempo de efectuar antes de desaparecer tras la pared destrozaron el ventanal tras el escritorio de la oficina. Las gasas serpentearon silenciosas y el ruido del exterior invadió la sala.

Kobayashi sacó medio cuerpo por encima de la cobertura. Entrecerró los ojos, escondió los labios y disparó dos veces su arma, dos golpes secos que retumbaron con fuerza y de una forma esquisítamente familiar en sus oídos. Las dos trayectorias, lejos de dirigirse al hueco de la puerta, fueron a impactar en la pared, perforando el fino material de la misma y atravesándola limpiamente. El matón que había cruzado la puerta momentos antes se desplomó bajo el marco con dos tiros alojados en la espalda. Unos fuertes estertóres acompañaron a los desagradables gorgoteos que genera aquel al que han partido la espina dorsal. Kobayashi alzó las cejas sorprendido mientras se ocultaba de nuevo tras su cobertura improvisada. Ni en un millón de años habría conseguido esa diana si se lo hubiese propuesto.

Fuera, el resto de hombres de Makato pareció enojarse aún más. Varios disparos entraron en la habitación como respuesta, desprovistos de precisión alguna y realizados desde el marco de la puerta y sin mirar. Uno de ellos fue a dar en el cuerpo sin vida del hijo de los Makato, sentado en el suelo y apoyado en la pared lateral, con la parte posterior de la cabeza destrozada por el agujero de salida del tiro de gracia. El resto destrozaron aún más el ventanal y los bonitos muebles.

En la calle parecía formarse un expectánte ajetreo. Unas sirenas de policía comenzaron a aparecer en la lejanía. La presencia de las poco amigables autoridades no era algo que se podía permitir. Vete a saber que cosas les habría explicado sin antes haberse tomado sus pastillas, pensó.

Ya había perdido demasiado tiempo.

Kobayashi se alzó repentinamente con las dos armas dispuestas a escupir plomo. Saltó costosamente la mesa de madera y comenzó a disparar de forma continuada hacia la pared junto a la puerta mientras andaba casi cojeando y profiriendo maldiciones que habrían hecho suicidarse a un monje. Sintió el poderoso retroceso con cada uno de los veintidós disparos realizados contra la pared, esa sensación que recorría la mano, la muñeca y el brazo cuando el estallido producido en el interior del arma impulsaba con una fuerza brutal la cabeza de la bala a través del cañón. En manos inexpertas los proyectiles habrían volado en todas las direcciones menos la deseada, pero no en las de aquel curtido asesino. Los casquillos escupidos golpearon el suelo produciendo una música adorablemente reconfortante mientras aún humeaban.

Al llegar junto a la puerta, Kobayashi se agachó y pegó la espalda contra la pared. Ya no le dolía ninguna de las heridas pero sentía que el craneo se le iba a pulverizar si no conseguía llegar su bote de pastillas. En esos momentos siempre las echaba de menos.

Calculó que aún le quedaban unas seis balas en las dos automáticas, contándo las que ya había gastado tras la mesa del despacho. Guardó silencio durante unos segundos. El olor a pólvora y carne cauterizada inundaba la habitación, que ahora estaba cubierta por una nube de partículas, astillas y humo. La pared se había convertido en un auténtico colador por el que entraban ligeros haces de luz que provenían del pasillo. Varios gemidos apagados y exclamaciones agónicas no tardaron en hacerse escuchar. Eso era bueno, pensó. Jodídamente bueno.

Kobayashi se desplazó sin despegar la espalda de la pared hasta colocarse junto al marco de la puerta, del cual apenas quedaba un recuerdo de lo que había sido minutos antes. Las sirenas de policía parecían sumanente cercanas, y sus siguientes movimientos fueron algo arriesgados debido a las prisas. Se asomó de forma precipitada al pasillo.

Una detonación rompió el silencio y volatilizó parte del marco a tres centímetros de la cabeza de Kobayashi. Atónito, éste alzó las automáticas en busca del origen del disparo. La escena era adorablemente dantesca. Tirados en el suelo, en múltiples y cómicas posiciones, siete hombres yacían muertos o apunto de ello. Uno de ellos había consegido reunir la últimas y agonizantes fuerzas para alzar el arma y disparar al asesino, pero el tiro erró y, aún sorprendido, Kobayashi andó entre los cuerpos en dirección al atacante mientras efectuaba dos disparos que le desfiguraron cara y cuello.

Mientras se rascaba a cabeza con una mueca agria, se aseguró de que ninguno volviá a molestarle comprobando que todos habían fallecido. No quería perder más tiempo. Guardó las dos armas bajo la chaqueta larga, se despidió de la chica del póster y comenzó a descender por las escaleras.

_________

    La casa de citas de los Makato, que hasta hace unos minutos bullía de actividad, ahora estaba vacía, con mesas y sillas derribadas debido a la estampida de los clientes y las mujeres al oir el tiroteo. Kobayashi bajó las escaleras tambaleándose mientras su cerebro se esforzaba por identificar y separar imágenes, sonidos y demás sensaciones. Las piernas comenzaban a flojearle y sintió cómo un fino reguero de sangre caliente le emanaba de la nariz. La presión en las sienes se volvió prácticamente insoportable. Las sirenas parecían más cercanas aún.

Tres manzanas más al sur, Kobayashi entró en su coche, un viejo y poco llamativo toyota. Mientras colocaba una mano en la base del cráneo como si aquello hiciera desaparecer el dolor, buscó frenético y jadeante su bote de pastillas. Palpó la guantera nervioso y casi sin poder contener los espasmos.

Ahí estaba.

El bote le sonrió amablemente mientras le guiñaba un ojo. Aquel condenado cabrón lleno de pequeñas y adorables pastillas blancas era como ese mejor amigo en el que te apoyas en los momentos difíciles. Lo volcó sonriente sobre la mano y, sin contar el número de pildoras, se las metió en la boca. Mástico un par de veces y tragó complacido.

Encendió la radio. Ya no habían sirenas. No había dolor ni muertos parlantes. Ahora volvía a sonar aquella canción que no conocía pero que le estaba empezando a gustar. La Corporación Kaizen Suru [ ????] pronto se pondría en contacto con él para entregarle lo acordado.

Recordó que debía comprar más pastillas.


"Kobayashi tiene clase, es profesional y está loco. ¿Quieres saber más?"

Bienvenidos a un relato más de este curioso individuo. La sangre, la pólvora y las balas son las hermanas de este letal asesino con una filosofía de vida de los más peculiar. Como su anterior capítulo, The Miso Soup Killer, ésta entrada queda añadida a los bloques laterales.

¡Saludos y permaneced atentos a siguientes entregas!

Baalard, Relatos de Suburbia