Valeria Victrix I. Legio XX

 

Capítulo I.

Legio XX

   El centurión recorrió con paso firme la línea de legionarios por última vez, pisando con contundencia la hierba húmeda y ajustando la inquieta formación de jóvenes soldados que permanecían firmes frente a él.

 –Hijos de una perra enferma…- susurró entre dientes, mientras oteaba los rostros que tenía delante. – ¡Os quiero tan atentos como la primera vez que os chuparon la verga!- comenzó a bramar.-¡Cuando estemos allí no muráis hasta que yo lo diga! ¿Está claro? ¡Si yo caigo, nadie se va! ¡Estad seguros de que os agarraré por los testículos si os veo correr aunque mis tripas se estén derramando por el suelo, joder!

Un grito tras otro, su boca fue escupiendo toda clase de injurias aberrantes sobre madres, hermanas, tías y abuelas.

Dacio lo seguía con la mirada desde la segunda fila de la centuria, rezando a los dioses para que el oficial no descargara esa vieja vara de vid sobre él. No dudó en que ese animal podría agarrarle de los testículos aunque se estuviese muriendo mil y una veces, ya que el centurión Lucio Bramo tenía para eso y para mucho más.

Para la desgracia de los legionarios, los centuriones tenían la sana y entusiasta costumbre de corregir los fallos a base de golpes de bastón bien calculados, los cuales no rompían hueso ni impedían al afectado pero sí proporcionaban un dolor indescriptible y desagradablemente duradero.

Dacio volvió la cabeza al frente y sujetó con fuerza los dos pilums que apoyaba en el hombro derecho, como si aquel pequeño gesto le proporcionara seguridad. Por fin había llegado el día.

Tenía dieciocho años y el último lo había pasado sirviendo en la Legio XX, la que más tarde sería conocida como Valeria Victrix, lejos de su anterior vida en el lejano sur de la Galia.

Tras la muerte de sus padres durante el duro invierno anterior, su tío, alegando que no podía mantenerle, le instó a alistarse en el ejercito.

 –Sabes que no puedo mantener una boca más. Eres joven y fuerte, Dacio. Hay otra vías…

 –Eres el hermano de mi padre, me viste nacer. ¿Ahora me niegas un plato?

 -¡Maldito egoísta!.-el hombre le propino un sonoro guantazo al chico, que no se atrevió a replicar.-¡Mis campos no producen, mi esposa se muere y mis hijos apenas tienen para vestir!-suspiró y la ira inicial pareció desvanecerse.- Tienes la oportunidad de ver mundo. El ejercito es duro, pero se gana dinero. Piénsatelo y ven a verme, hablaré con un amigo en el centro de reclutamiento y podras ejercer de legionario, evitando los puestos auxiliares. Todo saldrá bien, sobrino.

Al principio el joven rehusó de tal idea. ¿A cuántos veteranos lisiados había visto pedir por las calles? ¿Ése era el destino que sus padres habían deseado para su primogénito? El orgullo, por aquel entonces, era superior a la lógica y abandonó su hogar durante un tiempo, perdido en sus propios pensamientos.

Después de mendigar y robar durante meses para poder aliementarse, Dacio finalmente había recurrido a su tío y a la única vida que le aseguraba una paga y comida caliente: Las legiones del emperador Claudio. Sacrificar gran parte de su vida y morir por el Imperio no era su idea de prosperar, pero ya no habían demasiadas opciones.

Tras todos aquellos dias oscuros y ya adaptado a la vida en la legión, lo cierto es que por aquel entonces Dacio sólo pensaba única y exclusivamente en fornicar, beber vino y aspirar hierbas de las provincias de Macedonia. Era un joven agraciado, con los ojos de color cobrizo, los labios gruesos y un mentón marcado. Antes de alistarse llevaba el pelo tonsurado, pero ahora le habían rapado al igual que a sus compañeros, en parte para evitar los piojos y las infecciones, en parte, según su compañero Craso, por que si tenían pelo y perdían el casco los bárbaros les agarrarían de las greñas colocándolos en desventaja.

Durante los meses de invierno y otoño siguientes tras el alistamiento, Dacio había aprendido que ciertas costumbres que él consideraba divertidas bien podrían valerle una costilla o un diente roto. Y aquello era lo de menos a la hora de asegurar la obediencia en el ejército.

No hacía mucho, uno de cada diez soldados de una centuria había sido ejecutado por desobedecer una orden directa del legado en persona, el cual había procurado que lo contemplara el resto de soldados sin ninguna excepción por rango o especialidad. Aquella era una medida disciplinaria tan brutal como la mentalidad de sus superiores, que hacían la guerra sin miramientos, impulsada por una superioridad en técnicas de combate y basada en la disciplina. Si los legionarios mostraban desobediencia alguna, eran castigados. Si trabajaban y progresaban entonces eran recompensados.

El los primeros meses en el campamento de la Galia había conseguido olvidarse de los penosos meses anteriores a base de esfuerzo y palos. Les enseñaron a marchar, a construir, a cavar y después a marchar de nuevo. Habían aprendido a cuidar y respetar sus bienes, ya que muchos de los reclutas habrían de pagarlos poco a poco durante sus años de servicio. Dentro de la centuria estaban distribuidos en pequeñas escuadras de ocho hombres, los cuales compartían el día a día. Las tiendas en los numerosos campamentos, las guardias, las marchas, las borracheras… Habían llegado a convivir y llevarse bien, y Dacio y su grupo habían comenzado a llamarse "hermanos".

Más tarde les enseñaron a matar… Con espadas de madera y escudos de esparto.

Pero también a usar el pilum. A controlar su peso y arrojarlo con eficacia, clavándolo en el pecho del enemigo o en su escudo, provocando que el contrapeso de la lanza partiera el bloque de madera y lo inutilizara. La espada y el escudo de la instrucción pesaban el doble que los verdaderos y aquello sin duda beneficiaba a la hora de entablar combate real. Cuando Dacio recibió su gladius le pareció tan ligero como una pluma. Les enseñaron a apuñalar una y otra vez, al vientre, testículos o ingles, a la cara y al cuello.

Pero ya no eran reclutas, eran legionarios, y ahora estaban formando en una verde explanada que quedaba en la cara noroeste del emplazamiento portuario de Rutapiae, con el mar a sus espaldas y el mundo civilizado tras él. Diez cohortes completas se estaban preparando para ir a la batalla, lo que sumaban unos cinco mil quinentos legionarios, sus correspondientes oficiales y personal administrativo, además de tropas auxiliares de caballería y tácticas ligeras.

El precioso estandarte de la vigésima ondeaba no muy lejos de las posiciones de Dacio y su centuria. El legionario se quedó mirándolo fijamente, suplicándole entre dientes fuerza y vigor para el combate.

El legado, ataviado con una reluciente armadura y cuya capa estaba bordada con finos hilos dorados, apareció a caballo entre los hombres, escoltado por diez oficiales de élite, todos a caballo. Dacio no recordaba haberlo visto a menos de veinte metros de distancia. La vez que más cerca tuvo al señor de la vigésima legión fue el día en el que los nombraron legionarios, y apenas pudo distinguir su rostro.

-¡En marcha!.-gritó el ordenanza del legado mientras cabalgaban.-¡Adelante y al Norte!

Las trompetas rugieron al unísono y tocaron avance provocando que en los árboles circundantes a la explanada una bandada de cientos de aves locales echasen a volar presas del pánico y la confusión. Los portaestandartes levantaron las gruesas varas y la columna de legionarios se puso en marcha, provocando toda clase de ruidos contundentes y tintineantes que envolvieron la extensa pradera.


¡Saludos!

Hace unos meses, Lester Knight publicó el prólogo de esta historia en ese poderoso estandarte de la literatura que es Mundo Destierro. Hoy os traemos el primer capítulo a Relatos de Suburbia.

Este relato es el reflejo de mi pasión por la historia de Roma en toda su extensión y, particularmente, en la época en la que el comenzó la invasión de Britania.

En este tiempo, las tierras al norte de las fronteras de las provincias romanas eran un completo misterio, plagadas de brumas y ciénagas, leyendas, mitos y fieros guerreros. Me resulta tremendamente interesante imaginar que es lo que tuvieron que sentir todos aquellos soldados al adentrarse en unas tierras tan desconocidas y peligrosas.

Sobre la Legio XX me gustaria puntualizar que fue una de las legiones más condecoradas y activas de la historia de Roma, participando en numerosas invasiones y refriegas.

Espero que disfrutéis de su historia tanto como yo lo he hecho al escribirla.

¡Roma Vincit!

Baalard, Relatos de Suburbia.

Kobayashi, Serpientes en la Noche.

    Apuntó al pecho. La cabeza era un objetivo arriesgado a ciertas distancias, un blanco demasiado pequeño y muchos factores que podían provocar que errase el tiro. El torso era la opción más segura, ya que con un proyectil de aquel calibre las posibildades de alcanzar un organo vital eran sumamente altas.

El asesino, tumbado sobre la gravilla que cubría la azotea del edificio, ajustó la culata del rifle al hombro y colocó la mejilla sobre la parte trasera del arma. Era importante posicionar bien la cara. Con el pómulo separado de la culata en el momento del disparo, el retroceso provocaría que el arma golpease el rostro del tirador de la misma forma que lo haría un puñetazo directo y certero. Tras afianzar la posición, cerró el ojo izquierdo y observó silencioso a través del arma.

La mujer seguía ahí de pie, totalmente distraída, con la mirada perdida a través de la gran ventana que dominaba la habitación. Vestía una camisa larga medio desabrochada. Y nada más.

Kobayashi chasqueó la lengua molesto consigo mismo.

Ella era sumamente atractiva, pero aquello no era una cuestión sexual. Sus labios carnosos, esos ojos preciosos y almendrados y esa piel que parecía tan suave a una distancia tan amplia… Agitó la cabeza casi sonriendo. No, estaba seguro de que ella no era para nada su tipo de mujer.

Deslizó el dedo sobre el gatillo y aspiró profundamente, contando los segundos y manteniendo la cruz de la mira en el pecho de su objetivo.

  
   La sargento de policía Jane Kaneda apartó la vista del enorme ventanal que gobernaba su estudio, un ático situado en el centro de la ciudad que había alquilado tan solo unos meses atrás.

Observar la ciudad durante la noche producía en ella una sensación de relax casi adormilante. Podía pasarse horas mirando las luces, la gente, el ajetrero… Todo ello silenciado por la distancia y el grueso cristal. Se dio la vuelta y anduvo despacio hacia el escritorio situado frente al ventanal, mientras se recogía el pelo y se pasaba la mano por el cuello, cansada.

Odiaba reconocerlo, pero finalmente aquel caso estaba pudiendo con ella. Logicamente no se lo había insinuado a nadie, ya que hacerlo habría significado mostrar debilidad por su parte y eso era algo que no se podía permitir en su puesto.

Tras tres años de investigaciones, tan sólo dos días antes habían consegido intervenir con éxito en un traspaso de drogas de suma importante en los muelles de Tokyo. La redada había sido un éxito total ya que tres importantes familias de la yakuza participaban en el negocio. Cuarenta y dos personas fueron detenidas en el mismo momento o en horas posteriores a la operación. Tras los interrogatorios habían obtenido direcciones, nombres, situaciones de casas francas… Y, lo que era más importante, suficiente información como para relacionar a poderosas empresas en negocios nada respetables.

Pero todo éxito tenía su cara amarga y las amenazas no tardaron en llegar. La prensa se había hecho eco de la operación y ahora la cara de Kaneda aparecía en todos los informativos relacionados con la "profesional y existosa operación policial" en los muelles de la ciudad. Gracias a la televisión, todos y cada uno de los miembros de las mafias implicadas en las detenciones sabían su nombre y su aspecto, y aquello era algo muy peligroso.

En apenas unas horas, Kaneda se había ganado más enemigos que en sus siete años de servicio. En el cuerpo habían insistido en asignarle protección las veinticuatro horas, pero ella había rechazado tal idea. Reconocer que tenía miedo no era su estilo. No lo había sido nunca, y no iba a empezar a serlo a ahora, pero el estrés comenzaba a consumirla poco a poco.

Se sentó pesadamente en el grueso sillón de cuero frente al escritorio mientras se encendía uno de aquellos cigarrillos americanos. Sobre la mesa había una marea de informes y documentos que casi devoraban un pequeño pero moderno portatil situado en el centro. Entrecerró los ojos a medida que el humo se expandía, envolviéndola pesadamente hasta perderse sobre el pequeño haz de luz que proporcionaba la pequeña lámpara del escritorio, y comenzó a repasar por enésima vez los documentos y las declaraciones tomadas en los días anteriores.

Un crujido sumamente descarado llamó su a atención.

Giró sobre si misma lo más rapido que pudo, mientras su mano derecha se dirigía de forma instintiva hacia dónde debería estar su arma. Pero la glock descansaba junto al resto de su ropa sobre la cama, en le habitación contigua. El asaltante, vestido completamente de negro, la estaba a apuntando directamente a la cabeza con una pequeña automática.

Era de eseperar. Había sido demasiado imprudente y temeraria. Aquellas poderosas organizaciones buscaban eliminar los problemas, y ahora ella representaba el problema más molesto de toda la maldita ciudad.

La Yamaguchi-gumi te envía recuerdos… .-dijo la sombra en apenas un susurro tras afianzar el arma con ambas manos.

Kaneda no abrió la boca. Flexionó las piernas y colocó los brazos en posición defensiva. Se dispuso a girar al rededor de su atacante, paso a paso, dispuesta a abalanzarse e intentar luchar por su vida en un angustiosos combate cuerpo a cuerpo. El hombre giró en el mismo sentido que ella, lentamente y apuntándola firmemente con el brazo extendido. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos a medida que sus cuerpos describían un circulo perfecto, como dos serpientes buscando el momento preciso para lanzarse y hundir los colmillos profundamente. Kaneda se preparó para actuar, pues el disparo a quemarropa era inminente.

En apenas una milésima de segundo, el hombre se dobló sobre si mismo y salió despedido a tres metros de distancia con un agujero del tamaño de un puño sobre el vientre. La sangre salpicó repentinamente la cara y la camisa de Kaneda, que apenas tuvo tiempo de parpadear. Antes de que el cuerpo sin vida de su atacante tocase el suelo, el ventanal estalló en miles de diminutos y brillantes pedazos.

La mujer saltó agilmente tras el escritorio. Sujetó la mesa con fuerza y tiró de ella hacia abajo de forma que el grueso tablón de la mesa se interpuso entre ella y el amplio marco del ventanal. Los papeles que descansaban sobre la mesa se esparcieron caóticamente por toda la habitación, ayudados por la brisa que provenía del exerior.

Se limpió la cara con energía y comprobó que la sangre aún estaba caliente. Resopló entre dientes, furiosa consigo misma por no tener su arma cerca, y, con la esplada pegada a la mesa, se asomó cuidadosamente por uno de los extremos para mirar hacia el exterior e identificar al tirador.

¿Había fallado y el disparo y aquel proyectil tenía como destino su cabeza? En ese instante se encontraba completamente indefensa… ¿Por qué no volvía a actuar? ¿Por qué un francotirador tras haber enviado a alguien dentro de la misma habitación? Decenas de preguntas comenzaron a agolparse repentinamente en el interior de su confundida cabeza, mientras intentaba controlar el pequeño temblor involuntario que recorría sus piernas de arriba abajo.

Las cortinas se agitaban con una ululante canción, mecidas por la suave corriente de aire que llegaba a través del ventanal.

    Kobayashi retiró la cara del arma. Habída sido un blanco perfecto. Durante aproximadamente una hora, había tenido tiempo de identificar al objetivo, un hombre vestido completamente de negro, dentro de la habitación. El cazador cazado, pensó. Ahora, tras la satisfacción que aquello le había producido, se sentía molesto por haber destrozado un cristal que parecia tan caro.

Observó a la atractiva mujer detenidamente, mientras se repetía una y otra vez que no era su tipo. Su rápida reacción resultaba sorprendente. Había saltado tras el escritorio en busca de cobertura con una rapidez admirable. Sin duda alguna, otro disparo de aquel calibre habría atravesado diez mesas como aquella abatiendo al blanco tras ellas, pero no por ello su reacción dejaba de ser lógica e inteligente. Guapa, dura y con cabeza. Quizás si que era su tipo.

-Esta noche no, sargento.-susurró mientras cerraba ambas partes de la mira.

Recogió el casquillo del proyectil, aún humeante, y retiró el rifle de la cornisa del edificio, plegando el bípode que sostenía el cañón. Tras esto, sujetó el arma contra el pecho y comenzó a arrastrarse por la gravilla lentamente, en dirección a la puerta que daba a las escaleras de servicio.

_______

 

   El sonido producido por la vibración del teléfono móvil sobre la mesa resultaba sumamente desagradable. Kobayashi alargó el brazo lentamente, con la cara aún hundida en las mantas.

La habitación estaba sumida en una suave penumbra, rota de vez en cuando por la suave iluminación que producia la televisión, encendida y con el volumen al mínimo.

En un esfuerzo casi titánico, abrió un ojo para leer el contenido de la bandeja de entrada.

De: Corporación Kaizen Suru [ ????]

Asunto: Frustrar intento de asesinato. Sargento de policía especial Kaneda, Jane. Entre las 20:00 y las 02:00. Resto de datos adjuntos. 8.375.000 yenes.

El asesino frunció el ceño extrañado. Los asuntos de la corporación no eran problema suyo, pero resultaba curioso que quisieran proteger a un agente de policia. Los últimos trabajos habían consistido en eliminar a importantes nombres dentro de la yakuza. Y ahora esto… El trabajo era el trabajo, pero quizás había llegado el momento de investigar un poco por cuenta propia.

Hundió de nuevo la cara en la almohada, murmurando palabras incomprensibles y dispuesto a aprovechar las últimas horas de sueño antes de volver a su aburrida vida cotidiana.

Tiró el teléfono sobre la mesa y el aparato se deslizó para caer por el otro lado, golpeando el suelo de forma contundente. En la televisión, junto con las imágenes de unas detenciones, emitían un noticiario con la cara de una atractiva y joven mujer.

"Jane Kaneda, responsable de la exitosa redada en los muelles, se niega a prestar declaraciones…"


"Kobayashi tiene clase, es profesional y está loco. ¿Quieres saber más?"

Hasta aquí la tercera entrega sobre las andanzas de este peculiar personaje. Como los anteriores capítulos, Serpientes en la Noche queda añadido a los bloques laterales.

A pesar de que, muy probablemente, en el siguiente capítulo no se mencionen, la Corporación Kaizen Zuru y la sargento Jane Kaneda cobrarán más importancia en un futuro próximo.

Espero que hayáis disfrutado de éste último capítulo. Recordad que durante la próxima semana comenzaremos con una nueva colaboración de manos de M4rk09. ¡Permaneced atentos!

Baalard, Relatos de Suburbia.

Jill Valentine, The True Story: Capítulo IX, FINAL. Por fabrimuch.

¡Bienvenidos!

Jill Valentine, The True Story llega a su fin. Tras el capítulo final dedicaremos unas palabras a esta genial colaboración y a las teorías creadas por fabrimuch, su autor. Pero vamos directos al grano:

Toda historia tiene su final, y este es más oscuro del que podríamos haber imaginado…

Comencemos


 

Capítulo IX. Final

Decisiones

    Jill despertó en una habitación oscura, estaba atada a una silla, y era incapaz de moverse. Frente a ella, estaba parada una mujer vestida de blanco. Ella no tardó en notar su presencia, y entonces comenzó a hablarle en un tono calmado y despacio, y si no supiera que ella era parte de Tricell, hasta hubiera podido decir dulce.

-Por fin despiertas, Jill –comenzó a decirle la mujer de blanco -. Estuviste más de tres días dormida. Llegaste aquí en muy mal estado… Pero no te preocupes, ya estás mejor

-Si, y estoy encadenada a una silla –le respondió fríamente Jill

-Siempre fuiste un poco precipitada Jill –intentó calmarla-, no podíamos correr riesgos.

-¿Para qué me quieren? –le contestó Jill.- Wesker dijo que me querían… ¿Para qué?

-Tranquila Jill, cada cosa a su tiempo

Jill escupió a la mujer de blanco en la cara, pero esta siguió tan calmada como siempre.

-Jill, me decepcionas –le dijo la mujer de blanco

-Cállate y escúchame –la interrumpió Jill- ¿Cómo te llamas y para qué me quieres aquí?

-Mi nombre, Jill, es Excella –le dijo Excella-, y nosotros te queremos para detener a Spencer y a la B.S.A.A.

Preferiría morir antes que estar con ustedes y traicionar a los B.S.A.A.

-Vamos Jill –le respondió Excella entre risas-. Tú no confías en ellos, no confías en Spencer.

Confío menos en ustedes.

-Ellos quieren matarte, y lo sabes.

-¿Y qué hay de ustedes? Wesker casi me mata a golpes, además de que me abandonó a mi suerte en un edificio explotando.

-Wesker tenía órdenes que seguir.

-¿Por qué debería confiar en ti, Excella?

-Porque ellos intentan traer a Umbrella otra vez.

-¿Y cuál es la diferencia con ustedes? Yo vi los experimentos que hacían allí, debajo de la fábrica.

-Jill, ¿aún no lo entiendes? –le preguntó Excella-, en este mundo no hay nada perfectamente bueno ni definitivamente malo. Sólo es una escala de grises que se acercan más al blanco o al negro dependiendo de quien lo mire. Tu amigo Chris ya entendió eso y escogió su lugar. Él decidió que era más importante acabar con Wesker, aunque eso implique el retorno de Umbrella. Yo, en cambio, pienso que el retorno de Umbrella sería mucho peor. Después de todo, Wesker es solo una persona, pero Umbrella… Umbrella podría destruir ciudades enteras con tan sólo pulsar un botón. ¿Te suena familiar… Raccoon City?

-Yo…

-Decide Jill, estás con nosotros o con ellos.

-Yo… estoy con ustedes. Umbrella es demasiado peligrosa.

-Bien hecho Jill…

Entonces Excella comenzó a desatar a Jill. Y le dijo que la acompañara, que le ensañaría las instalaciones, y le explicaría su nueva misión.

Pero Jill no estaba cómoda con lo que debía hacer. Iba a traicionar a Chris, el hombre con el que tantas aventuras había compartido. Jill intentaba pensar que realmente estaba haciendo lo correcto, pero no podía. Simplemente no podía compartir objetivos con Wesker, con Excella, o con Tricell. Entonces decidió lo que iba a hacer. Iba a estar con ellos hasta que Spencer cayera, y con él la posibilidad de una nueva Umbrella. Mientras tanto, buscaría toda la información que pudiera sobre Tricell, y cuando llegara el momento, los traicionaría y los haría caer.

Pero algo la sacó de su ensimismamiento. Frente a ella estaba un tanque de experimentación, como los que estaban bajo la fábrica. Excella no siguió recorriendo el resto del complejo, sino que se había detenido allí.

-¿No deberíamos seguir viendo el complejo? –le preguntó Jill

-Esto es todo lo que necesitas ver Jill –le respondió Excella-. Y es lo único que verás en estos meses.

Jill apenas tuvo tiempo a reaccionar, Excella la tomó y la puso dentro del tanque y cerró la puerta. Pronto, éste comenzó a llenarse de agua, y ella, a perder la conciencia. Sabía que cuando despertara, ya no sería la misma, sería un monstruo más al servicio de Tricell. Todas sus esperanzas de acabar con Wesker se desvanecieron. Y sólo quedó ella, atrapada en un tanque, junto a muchas otras criaturas que habían corrido su misma suerte. Jill se rindió ante su destino y entró en un sueño profundo…


"Descubre la verdad. Teme las respuestas"

 

Hay que aclarar ciertos puntos.

Esto es una versión particular planteada por un fan de la saga, en este caso fabrimuch, y, evidentemente, no deja de ser una teoría y una historia entretenida que nos sirve para comprender un poco más sobre el supuesto pasado de Jill después de su desaparición y antes de los hechos acontecides en Resident Evil 5.

Haciendo un poco de memoria.

Toda la polémica estalló debido a la siguiente imagen, que se mostraba casi oculta en uno de los trailers de la próxima entrega de la saga:

 
Fecha de la defunción: año 2006.
– 
Las preguntas comenzaron a formularse y las teorías más descabelladas se dieron a conocer.
– 
Su tumba parece estar situada en algún lugar de África (¿Oriente Medio?), por lo tanto, las únicas preguntas que figuran en la cabeza de los seguidores de la saga son las siguientes: donde estuvo todo este tiempo, y sobre todo, como murió la ex-perteneciente a los S.T.A.R.S.
Fabrimuch le ha dedica mucho tiempo a realizar una serie de investigaciones muy interesantes y no del todo desencaminadas, si tenemos en cuenta la poca información de la que aún se dispone.

Para más información recopilada por fabrimuch sobre la misteriosa aparición (aún por confirmar) de Jill Valentine en Resident Evil 5 está recogida, principalmente, en estas dos entradas:

Repetimos, no dejan de ser teorías, pero bien fundamentadas y documentadas, que es lo importante. Pronto llegaremos a África y descubriremos el misterio…

(Señaladme cualquier fallo en la información, será corregido de inmediato)

Agradecimientos

Para finalizar, y como ya he hecho anteriormente en otros capítulos, quiero agradecerle a fabrimuch a pedazo de colaboración con la que ha contribuído a Relatos de Suburbia. No exagero cuando digo que muchas de las visitas en estas últimas semanas han sido debido a su relato, ya que, salvo la genial historia de Desmodius (El Legado de un Héroe) no ha habido más entradas en este blog.

Visitas, comentarios y votaciones han sido posibles gracias a su historia, y yo estoy más que orgulloso de haber podido contar con esta aportación tan interesante.

Desde aquí le animo a que este vínculo que hemos creado por medio de su historia siga activo y podamos relizar otras colaboraciones en un futuro, tanto en Inframundo como en RdS.

¡Felicidades por esta pedazo de historia y muchísimas gracias, fabri!


Nada más por hoy… Salvo daros un avance sobre la siguiente colaboración:

M4rk09 pronto nos brindará una suculenta colaboración basada en un conocido y original survival horror… Resuelto el misterio de Jill, la “osbcuridad” se abre paso…

¡Atentos a siguientes entradas!

Baalard, Relatos de Suburbia.

Se acerca el final…

¡Saludos!

Tras una semana de "inactividad" hoy completamos un ciclo.

Durante ocho semanas, fabrimuch nos ha brindado una historia estupenda que, a pesar de no tratarse de capítulos muy extensos, conseguía de sobra mantenernos hasta el final y hacernos esperar impacientes a la siguiente entrega.

Pero se acabaron las esperas… Estamos preparando la última entrada. El último capítulo de Jill Valentine, The True Story, las líneas donde por fín sabremos que le ocurrió a Jill…

En unas horas sabremos la verdad


¡Si aún no estás al día con esta particular versión creada por fabrimuch visita los siguientes enlaces!

¡Atentos a la siguiente entrada!

Baalard, Relatos de Suburbia.