Generator Gawl. Recomendación de la semana en El Bosque Dormido

 

Generator Gawl 

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¡Saludos!

Si os gusta el manga y el anime no dejéis de visitar El Bosque Dormido (Shaiyia). Allí encontraréis una reseña sobre una fantástica serie llamada Generator Gawl, emitida a finales de los 90 y con la inconfundible esencia de aquellas series que tanto nos gustaron por aquella época: Evangelion, Cowboy Bebop, Excel Saga, Slayers, Macross…  

¡Un saludo y gracias por adelantado!

Baalard, Relatos de Suburbia.

Mundo Literatura. NUEVA EDICIÓN.

 

 

Una pequeña introducción

 

    ¡Bienvenidos! 

Temporalmente cedida a Relatos de Suburbia, esta iniciativa que es Mundo Literatura sigue sus andadas para facilitar así la lectura de reseñas literarias y relatos, propios o universales, de la mano de los usuarios de Gamefilia.

Como muchos sabéis, nuestro compañero Lester Knight se encuentra trabajando en la que será la primera novela basada en Mundo Destierro. Desde aquí le animamos a que siga con tanta disciplina y dedicación como hasta ahora, y le deseamos la mayor de las suertes para la que será su primera novela. Aquí tenéis un pequeño avance de su contexto histórico.

Por este motivo, evidentemente Lester no dispone de tiempo suficiente para llevar la comunidad. Pero lejos de dejarla de lado, aquí nos encontramos de nuevo. Sobra decir que es todo un honor para mí continuar con esta gran tarea.

Vamos allá.

* * * 

 

Cambios y novedades 

 

    Debido a la cantidad de relatos que hay repartidos por toda Gamefilia, y para una mejor y más rápida búsqueda de contenidos en la entrada principal, se ha establecido una ordenación por géneros. Esta forma de colocar los relatos evita que algunos autores o textos destaquen más que otros al poner a los autores por orden alfabético o por fecha de publicación.

En la entrada principal, que será publicada durante esta semana, recopilaremos los relatos que actualmente forman parte de esta iniciativa, los más antiguos y los más modernos, e iremos sumando los nuevos textos que han ido apareciendo desde la última actualización.

Echemos un vistazo a los pequeños cambios e ideas que surgen con esta nueva edición:

  *La nueva dirección para la publicación de Reseñas Literarias y Relatos Extraordinarios (dos secciones que detallaremos en la entrada principal) es relatos.de.suburbia@gmail.com. Para el envío de relatos propios se dispone, como siempre, de dicha dirección.

 *Se ha añadio un Índice por géneros.

 *Se ha añadido una nueva sección, Poesía.

 *Cada cración contará con una pequeña ficha técnica, donde se podrá leer una pequeña sinopsis y se presentarán algunos datos de interés.

 *Los autores nombrados en la entrada principal del nuevo Mundo Literatura serán avisados mediante MP o comentarios en sus libros de visitas, y siempre se respetará el hecho de que alguno no desee que su relato aparezca representado en esta iniciativa.

 *Con el previo permiso de sus autores, se añadirán entradas de ayuda y refuerzo, como las estupendas entradas sobre ortografía y elaboración de relatos de mano de Desmodius.

 * * *

 

    Desde Relatos de Suburbia buscamos que esta divetida iniciativa sea facilmente reconocible y accesible, por ello estamos desarrollando nuevos y pequeños banners para que, si así lo queréis, coloquéis en vuestros bloques laterales y podamos aumentar así la participación en esta gran idea surgida de la mente de Lester Knight.

 


Sin nada más que añadir, me despido y, a la vez, os doy la bienvenida a esta nueva etapa de la genial iniciativa recopilatoria de Lester Knight, Mundo Literatura. Recordad que podéis visitar esta sección desde los bloques laterales.

¡Un saludo y recordad que esperamos esos comentarios e ideas que puedan mejorar esta nueva etapa!

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"Nulla dies sine linea"

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Baalard, Relatos de Suburbia.

 

ObsCure: TS. Capítulo IV. Cobayas, por M4rk09

¡Saludos!

M4rk09 abandona los dominios de †Fallen† para traernos un nuevo y apasionante capítulo de su relato Obscure: The Sickness.

En apenas unas horas, Josh y Ashley han contemplado como la peor de sus pesadillas se volvía a hacer realidad. Los hechos ocurridos en Leafmore High parecen estar a punto de repetirse.

Alison ha desaparecido, y la historia por sufrir un giro tan radical y oscuro como la mismísima mortifilia…

¡Adelante!


 

Capítulo IV

Cobayas

Lo que tiempo atrás fue su recobijo hoy día no era más que un montón de escombros.

El instituto iba a ser demolido por deterioro, o al menos esa era la impresión que daba la obra asentada y su función allí.

– Parece ser que la obra se paró algún tiempo. – se percató Ashley.

Imagino que si la hermandad tiene suficiente poder como para retirar todas las medicinas de un hospital también podrá conseguir permisos así. Sin duda no mentían cuando nos hablaban de una comunidad científica muy respetada por la sociedad. Su influencia parece extenderse más allá de Fallcreek. – señaló Josh.

Espera, creo que viene alguien.

A través de la ventanilla del vehículo vieron como varios hombres, también vestidos con trajes antirradiación, se bajaban del furgón aparcado al lado del suyo y descargaban consigo otra caja con logotipo en el frontal.Un científico más se bajó tras ellos, y a su vez se les unió el mismo hombre calvo al que habían dado esquinazo minutos antes.

– Un momento Josh… Si ese de ahí es Richard James, ¿el que le acompaña quién es?

– Será tan sólo un lunático más. – vaciló Josh.

 

* * *

 

– No lo sé Richard, no lo acabo de ver claro…

– ¿Dudas?

– ¡No! Bueno, se suponía que nuestro propósito desde el principio era eliminar a los que sobrevivieron a Leafmore High de la ecuación. Pero tú no les estás matando, ¡les estás ayudando! Dime, ¿qué sentido tiene darles armas?

– No querrás ensuciarte tus manos con su sangre y que las pruebas te incriminen. Hay que dejarles margen para que las criaturas acaben con ellos.

– Dándoles armas lo único que se consiguen son más supervivientes, no bajas accidentales.

– Los resultados inmediatos no existen, Howard. Con las medicinas en nuestro poder, la Mortifilia que porta Kenny en su interior no tardará en consumirle. Es solo cuestión de tiempo que nuestro amigo acabe con el resto de sujetos.

– Un alto porcentaje en el que te basas para que la simulación tenga éxito es en el azar. ¡Necesitamos algo más que preveer los sucesos, es de vital importancia controlar la situación!

– ¿Y en que se basa si no la simulación, Howard? Debemos recrear un escenario parecido al de hace dos años y hacerles creer que lo que sucede es real, no premeditado. Te aseguro que gracias a ellos encontraremos, y nos desharemos, del brote original. Es la única alternativa que nos queda por probar; ir de su mano.

– Precisamente por eso, siendo como lo es el proyecto de importante para nuestra investigación, no deberíamos trabajar bajo meras probabilidades. Si la Mortifilia sigue impune su avance, pronto su existencia saldrá a la luz, con todo lo que eso conlleva…

– A veces hay que hacer sacrificios.

– No de este tipo.

– ¿Identificaste ya al cadáver?

– Acertamos. Colin Doyle, estudiante matriculado en Cherrilty. Tanto él como Alison iban a la misma aula.

– Ya veo…

– Tal y como te advertí Richard, han aparecido factores externos que podrían poner en peligro la simulación. He revisado las listas de alumnos, y en ellas he encontrado también inscritos a Ashley Thompson y Josh Carter, los dos últimos estudiantes de Leafmore High a los que les perdimos el rastro.

– Interesante. Tú ocúpate de Colin que ahora Alison y los otros dos quedan bajo mi responsabilidad.

– Un momento. ¡Me prometiste no tocar a Alison!

– Cambio de planes.

– ¡Ni se te ocurra apartarme en todo esto, Richard!

Richard James cerró las puertas del furgón en las narices de Howard y se encerró dentro. El conductor pisó a fondo el acelerador y sacó a Richard del lugar…

– Es hora de largarnos nosotros también Ashley. ¡Corre!

Josh le abrió la puerta y Ashley se bajó del vehículo. Howard les atisbo y ordenó a sus hombres ir tras ellos. Los trajes antirradiación eran pesados como para correr con ellos puestos. Pronto, Ashley y Josh les sacaron ventaja y buscaron refugio en el instituto.

El lugar se encontraba cercado por vallas, probablemente para alejar al personal no autorizado que quisiera husmear. Una vez saltada la valla, Leafmore High les abría de nuevo sus puertas, a pesar de no recibirlos como estudiantes ésta vez.

– ¡Dios mío, tengo que grabar esto! Josh se sacó del bolsillo su cámara de vídeo que siempre llevaba consigo. Comprobó el estado de la cinta y empezó a grabar.

Leafmore High estaba irreconocible, a pesar de irónicamente resultarles todo muy familiar.

– Ashley, ¿crees que estaremos seguros aquí? – No lo sé Josh. ¡Y deja de enfocarme! – Parece como si últimamente alguien de por aquí con conocimientos de botánica se hubiese dedicado a la jardinería. Mira todas esas flores… – …la Mortifilia.

Josh siguió filmando los alrededores, trasladándole cada mísera farola un agrio recuerdo en su mente. Encaminaron sus pasos directos al vestíbulo principal. Por suerte, la puerta de éste seguía abierta, la cual trabaron tras pasar por tal de que no les siguieran.

Los rayos de luz que se filtraban en el interior mostraban las gigantescas nubes de polvo producto del abandono y dejadez del edificio. La humedad del averiado sistema de tuberías era notorio en el lugar, y en la lejanía se avecinaba un fuerte hedor.

– Josh, mira. Si parece que era ayer cuando pasábamos por esos pasillos. – Todo Leafmore High ha quedado reducido en ruinas. – Y ni rastro de Kenny, Shannon, o los demás. La cosa se nos ha ido de las manos, lo que planean hacer Richard y Howard es más grande de lo que nunca hubiéramos imaginado. – Ahora ya es demasiado tarde como para dar media vuelta. Estamos metidos en esto, y juntos… ¿Ashley?

Ashley corrió a esconderse en una taquilla dejándose llevar por el miedo, asustada por el estrepitoso ruido que se escuchó a lo lejos del pasillo. Josh, atónito, empezó a desesperarse y trataba de localizarla en vano. Un ser deforme que apareció de la nada golpeó a Josh en la cabeza propiciándole una herida mortal en la cabeza que le produjo una fuerte brecha en la frente y parte del cráneo.

Ashley observaba aterrorizada la escena, mientras el curioso monstruo se enfocaba a si mismo con la cámara tratando de entender qué era aquello que tenía sujetado en sus manos. Decepcionado, lanzó la cámara al suelo y recogió el cuerpo tullido de Josh, lo metió en un saco, y se lo llevó a rastras.

Ashley salió de su escondite alarmada; acababa de dejar morir a su mejor amigo, Josh, con quién había compartido toda su vida tras lo de Leafmore High. Ni los llantos, ni tan siquiera las lágrimas se daban cabida bajo el telón de aquella escena.

Ashley cayó de rodillas, en la vida se llegó a sentir así de mal. Su boca no alcanzaba a pronunciar otra cosa que no fuese “Josh, perdóname”.

En el peor de los momentos, cuando ya no pudo sentirse más hundida, una mano sobre su hombro la despertó del trance. Volteó la mirada y reparó en que la persona que esperaba allí de pié, no era otra que Alison…

* * *

"Las siguientes imágenes fueron las únicas que conseguimos recuperar de la cinta grabada por Josh"

* * *


¡Menudo final!

Kenny, Shannon, Alison… Todos desaparecidos. Pero entonces, cuando las cosas no podían ir peor para Josh y Ashley, ocurre la tragedia. Leafmore High yace en ruinas, y de sus lúgubres y tenebrosos pasillos surge una bestia que ataca a Josh y deja a Ashley completamente sóla e indefensa…

Recordad que ObsCure: The Sickness, creada íntegramente por M4rk09, tiene su propio bloque lateral, así como un completo Índice en el que podréis acceder a todos los capítulos publicados hasta la fecha.

¡Una vez más, muchísimas gracias a su autor, M4rk, por elegir Suburbia para publicar esta estupenda historia! (Espero que esos exámenes hayan ido muy bien ;P)

¡Permaneced atentos a los siguientes capítulos!

Baalard, Relatos de Suburbia.

NOTA: En breve colocaré los enlaces hacia el blog de M4rk09 y el Índice de la historia. Sigo teniendo problemas al colocarlos…

Siente el Odio: CARMINE (y familia) de Gears Of War.

Siguiendo con la iniciativa del señor Ellolo17, "Siente el Odio… ", voy a dar rienda suelta a mis impuslos y descargar mi estrés sobre la familia más gafe de la historia de los videojuegos… y de todo el entretenimiento digital, qué coño.

Está claro amiwos… Hablamos de la Familia Carmine (GoW). ¡Adelante!

La Familia Carmine antes de la guerra.

 

Cuando el señor y la señora Carmine empezaron a traer criaturas al mundo no eran conscientes del mal que le estaban haciendo a la CGO… y al resto de la humanidad. Si se hubiesen dedicado a criar cerdos habrían salido ganando (Cuantas veces me habrá dicho eso mi padre…) y esque su prole estaba destinada a ser carne de cañón. Uno putos gafes y horriblemente feos (de ahí los cascos) seres bípedos cuya razón de ser en este universo y en todos los universos es la de rellenar hueco en el cutre argumento de cualquier juego de acción.

Los hermanos Carmine, ya en el colegio, dieron síntomas de su "gafísmo" y mala suerte (hechos relacionados claramente con su bajo coeficiente mental). Uno de los hermanos fue atropellado por un coche que estaba aparcado. Otro de ellos murió apuñalado durante un tiroteo… Tras diversos sucesos similares, y con la pérdida de un 70% de sus primogénitos, papá y mamá Carmine empiezan a sospechar que son seria y jodidamente gafes. Además de feos.

Entonces, en la adolescencia y afectados por la edad del pavo, los mini Carmines restantes deciden alistarse en las CGO, también conocida como la Coalición de Gafes Onanistas. Es decir, de todos los oficios disponibles y bien remunerados, como por ejemplo:

Panadero

Cantante

Dejé la cara del poli-sado… no me digáis que no es genial xD

 –

 Redactor de Meristation

 

 

…ellos deciden alistarse e ir a la guerra. Almas de cántaro…

Bien… Todos sabíamos cual iba a ser el resultado. Hagamos un breve repaso:

 

Carmine I (GoW) (Spoiler :D)

Tras los primeros compases de Gears Of War podíamos observar esta exquisíta escena:

¿Cuántas y cuántas veces hemos visto lo mismo en películas?

Salvar al Soldado Ryan o Starship Troopers son sólo dos ejemplos claros… NUNCA TE PARES A ARREGLAR EL ARMA/CASCO/APARATO DENTAL/TANGA en medio de una batalla. NO LO HAGAS.

Pero, por lo visto, el "guapo" de Carmine I no pilla la idea y, en medio de un tiroteo chungo se pone a menear el rifle porque se le ha encasquillado. Pero nene… ponte a cubierto tontolculo hijo mío. El resultado es un headshot! que ni en un Counter Strike con GIANT HEAD mode.

La secuencia de escenas tras la muerte de Carmine se registró en todos los hogares de la misma forma:

Marcus: ¬¬

Dom: ¬¬

Tío Calvo: ¬¬

Jugador: Owned xD!

Pero especie de criatura…  No te quitas el casco ni pa giñar y encima no te sirve para nada? A dónde hemos llegado? Y… Qué clase de armaduras reparten en las CGO’s? En fin, sigamos…

Carmine II (GoW2) (Más spoilers :D)

Cuando pensabamos que un personaje no podía caer más bajo ni perpetrar un owned de mayores dimensiones, aparece en escena otro de los hermanos de la familia Carmine (sí, aún hay más!), al que llamaremos Carmine II (como veis no me complico xD)

Ya en sus primeras escenas lo primero que pensé (y creo que este fue un pensamiento universal) fue "amigo… vas a morir… no sé cómo ni cuando, pero vas a morir". Ya nos lo presentan como el típico novato patoso y preguntón al deseas con toda tu alma que una bala perdida pulverice el cráneo y continúe con la tradición familiar.

Pero el juego avanza, y parece que el chaval espabila (extrañamente obsesionado con la cobertura.. porqué será xD), el tío pega sus tiros y hace algunos comentarios graciosos y tú dices: Hostia pues está durando! Pero es mera ilusión… Es un Carmine, está hecho para caducar…

Tío… Si has sobrevivido al asalto en las montañas, sí has sobrevivido a un pueblo infestado de bichos, si has descendido a la mismisima casa de los Locust y has sobrevivido… NO PUEDES MORIR DENTRO DE UN GUSANO.

Os juro que intenté que me diera pena su muerte, pero sólo pude pensarOwned again! XD. Carmine II muere lleno de mocos, es decir, fallece moqueado a causa de un limo verde que le consume y podemos verle hasta los pelillos de las ingles. Puto gafe.

Pero, cual investigación de Friker Jiménez intentaremos averiguar cuál es el origen de tal desdicha sufrida por esta familia de mamertos. 

La culpa no es del tito Cliff (se habrán basado en él?) y su equipo de guionistas. Está claro que los genes Carmine estan malditos, y si no esperad a la tercera entrega. Tras un estudio llevado a cabo por tres monos y un hamster ebrio se ha conseguido concretar el árbol genealógico de estos personajes: Jesucristo Carmine, Julio Iglesias Padre Carmine,  Aerith Carmine… Son sólo unos cuantos personajes conocidos que han sucumbido al gen gafe (y feo) de los Carmines.

A mí ya me recuerdan a alguien…

En fin… Deseando estoy que llegue la tercera parte para ver cómo se supera el próximo Carmine (un hermano, una hermana, un perro). Un saludo!
Baalard, Relatos de Suburbia.

Valeria Victrix II. Aqua et Cruor

 

Valeria Victrix II.

Aqua et Cruor

 

 

    La brisa procedente del norte traía consigo el inconfundible y agradable aroma de la fresca lluvia de verano. A pesar de ello, las nubes aún parecían lejanas, avanzando de forma lenta y parsimoniosa sobre los verdes y rocosos campos del sur de Britania.

La centuria al completo, unos ochenta soldados, estaba descansando en la zanja junto un pequeño riachuelo rodeado por unos delgados y jóvenes abetos. Tras veinte kilómetros de marcha, el contingente formado por las diez cohortes de la vigésima legión descansaba a lo largo de tres kilómetros en dirección norte. Debían llegar a la orilla sur del Medwey en unos días para reunirse con el resto de legiones, que aguardaban un fuerte enfrentamiento contra las fuerzas de Carataco, situadas al otro lado del río. 

Aquel cautuvellano había conseguido formar una fuerte coalición entre los clanes britanos y ahora contaban con un poderoso ejército que aguardaba a la otra orilla del enorme e imponente río.

Pero la vigésima aún estaban de camino y el honor de entrar en combate directo había sido concedido a la novena, la Hispana, que recibiría apoyo de las tropas auxiliares, de la decimocuarta legión y de la segunda legión a cargo del legado Vespasiano.

Ahora, en la retaguardia del grueso romano formada por la vigésima, los hombres de la quinta centuria, cuarta cohorte, permanecían en grupos, bromeando o jugando a los dados, sentados o tumbados sobre la húmeda hierba que colindaba con la pequeña corriente de agua. Tras la marcha del día, ninguno de ellos había osado quejarse o flaquear, ya que aquello habría sido motivo suficiente para que Lucio Bramo, el centurión al mando de la unidad, hiciese una desagradable visita a sus costillas con su robusta vara de vid.

Un kilómetro más adelante, el resto de las cohortes descansaba de igual forma, mientras la centuria de Bramo ejercía las funciones de cierre de marcha.

El optio Sexto, segundo al mando de Bramo, alzó la vista con la barbilla aún mojada. Había llenado su cantimplora antes de tomar un largo y complaciente trago, mientras el riachuelo bajaba veloz y brillante, iluminado tímidamente por la pálida luz que se filtraba a través de los abetos sobre la pequeña corriente de agua.

Miró con una mezcla de descontento y desprecio a un grupo de tres soldados que parecían entretenidos intentando atrapar unos escurridizos peces entre gritos y risas. Por si el escándalo que estaban formando fuera poco, uno de ellos se había quitado el casco.

Sin dudarlo, se incorporó y avanzó con decisión, entró en el riachuelo y al llegar frente al legionario le asestó un fugaz puñetazo que lo derribó sobre el agua. Los otros dos soldados no se molestaron siquiera en ayudarlo a ponerse en pie y ya se habían cuadrado firmemente y mirando al frente.

 –Maldito idiota…- murmuró el optio.- ¿Prefieres que sea Bramo el que te vea sin el casco? Póntelo ahora mismo o me encargaré personalmente de que te crucifiquen.

El legionario se levantó aturdido y con el labio partido, y tras recuperar la compostura tomó posición de firmes al igual que sus compañeros.

 -Lo siento, señor…-dijo casi en un susurro, temblando más por la figura del oficial que por el dolor intenso que le nacía en la boca.

 -No te he oído, soldado…- el tono gélido de Sexto resultaba amenazador.

 -¡He dicho que lo siento, señor!

 –Presentaré cargos contra ti.-le espetó el optio mientras se limpiaba la sangre de la mano.- Y ahora ponte el casco antes de que te vea el centurión.

Se dio la vuelta lanzando una mirada severa a los otros dos legionarios y salió del agua, haciendo caso omiso del dolor en los nudillos y casi agradecido por el reconfortante frescor que le ofrecía el riachuelo en sus fatigados pies tras la marcha.

No faltaba mucho para la noche, así que dedujo que unos pocos kilómetros más adelante comenzarían a preparar el campamento. Afortunadamente, esa pesada carga ya no estaba entre sus tareas. Tras la accidentada muerte del anterior optio, un veterano que no había llegado a más tras veinte años de servicio, Sexto se había hecho con el puesto gracias a su tenacidad y dureza.

Bramo lo había elegido personalmente, y no estaba dispuesto a observar tal falta de disciplina sin actuar. Además, pensó con una sonrisa, disfrutaba machacando a esos cabrones.

Recorrió la zanja lentamente, con mirada inquisitiva mientras el resto de soldados que habían presenciado la escena simplemente le saludaban con un “señor” al pasar.

 

    Dacio había observado el rapapolvo desde la orilla. De pronto se dio cuenta de que estaba ajustando la correa del casco de forma casi involuntaria. Maldijo a aquel bastardo de Sexto, una serpiente trepadora de la peor calaña, mientras ataba la cantimplora recién llenada al resto del equipo. En secreto, Dacio temía más al optio que al propio centurión.

Bramo era duro y seco, pero llevaba años ejerciendo y su concepto de mando y poder estaba regulado y resultaba justo. Pero Sexto… Aquel era diferente. Su ascenso no se había producido hacía mucho y disfrutaba presionando, abusando de su rango de forma constante. Ahí residía su peligro.

 -Ese cabrón llegará a centurión muy pronto.- inquirió alguien tras Dacio.

 –Creo que no pasa de cabrón.- susurró este para sí.

Se sentó pesadamente sobre la húmeda hierba que cubría la zanja. Junto a él, Craso, el enorme legionario con el que había entablado amistad durante la instrucción en la Galia, parecía dormido a pesar de su comentario.

Permanecía tumbado sobre el blando lecho. Era simplemente gigante. Dacio conocía hasta donde era capaz de llegar un legionario. La determinación, la fuerza y la absoluta confianza en la victoria eran una de las muchas cualidades de un soldado de Roma, pero sumado a todo lo anterior, Décimo Craso era una masa de músculos descomunal que nunca querría tener frente a él como enemigo.

 –Va a llover, jabato. No me gusta la lluvia.-dijo repentinamente, aún tumbado y con los ojos cerrados.

“Jabato”.

Al principio Dacio rehusaba del mote que sus compañeros de tienda le habían colocado por ser el más joven de ellos, pero poco a poco comenzaba a acostumbrase. El jabalí era el símbolo de la legión, y había comenzado a sentir un orgullo que mantenía en secreto cada vez que lo llamaban de aquella forma.

 –Creo que no falta mucho para montar el campamento, esperemos que no empiece antes…-dijo Dacio distraído.

 –Es mala señal, sólo digo eso.

Dacio asintió.

Gigante, sí. Pero también supersticioso.

Craso no era el único al que aquella tierra perturbaba de forma visible. La moral de las legiones estaba baja, y es que los rumores acerca de aquella misteriosa isla se anteponían a las promesas de saqueo y riquezas que normalmente acompañaban a una campaña de conquista.

El secretario del emperador Claudio, un liberto pretencioso y con múltiples contactos llamado Narciso, había conseguido frenar un motín en las costas del norte de la Galia, donde las cuatro legiones asignadas a la invasión preparaban el viaje.

Mediante palabras, sobornos y otras artimañas, Narciso había devuelto la confianza a las legiones, cuyos componentes ahora veían en la misteriosa isla una fuente de riquezas y saqueos suficientemente atractiva como para continuar con la campaña.

Tras cuatro meses desde el inicio de la invasión, los oficiales mantenían la estricta norma de castigar con dureza todo atisbo de duda en los hombres.

A pesar de las incursiones romanas al interior de Britania antes de la invasión, y a pesar de que algunas aldeas y tribus habían comenzado a comerciar con las provincias romanas más cercanas, aquella tierra alejada de la civilización conocida aún estaba envuelta por un oscuro manto de incertidumbre y negras creencias.

Sólo los dioses sabían que había tierra adentro, en el interior de los gigantescos y oscuros bosques, en las colinas y bajo las montañas.

Dacio se llevó la mano a la empuñadura de su espada y la apretó con fuerza. Se estremeció cuando una bandada de grajos negros como el azabache echó a volar al unísono desde el árbol más cercano. Aquello le devolvió a la realidad.

A la luz del atardecer junto aquella zanja atravesada por el pequeño riachuelo, parecía que la brisa ahora soplaba más fuerte, con más insistencia.

 -¡Esperemos que no diluvie! -dijo animado.

 -¿Diluviar? ¿Qué significa eso?- preguntó Craso.

Su latín sonaba forzado y contundente, algo que evidenciaba su procedencia hispana. El legionario a penas había comenzado a aprender a escribir, y se le podía considerar analfabeto.

 –Llover mucho… Diluviar significa que llueve mucho. –dijo Dacio en un tono casi paternal.

Pero Craso no contestó.

En apenas unos segundos, varios gritos de alerta se escucharon a lo largo de la línea de hombres, que comenzaron a retomar su equipo y subir de la zanja a toda prisa.

Craso se levantó ágilmente, más rápido de lo que Dacio podría esperar de él.

 -¡Te lo dije, jabato! -espetó Craso mientras recogía su equipo.- ¡Malos augurios!

Dacio no medio palabra, ya estaba subiendo por la zanja. Una flecha le pasó rozando la pierna con un silbido amenazador y otra se vino a clavar en un pequeño tronco junto a él.

 -¡Arriba y en formación!- gritó Sexto, recorriendo la línea mientras ayudaba a los hombres mediante empujones.

Algunos habían caído muertos o se retorcían de dolor, agujereados por los mortales proyectiles.

    El centurión Bramo ya había comenzado a rugir ordenes a todos y cada uno de ellos mientras las flechas volaban silbando de forma amenazante. Un turba de soldados britanos, armados con hachas, espadas largas y extrañas armas similares a hoces, bajan en tropel, aullando y maldiciendo, surgidos de la maleza y los troncos situados al otro lado del riachuelo.

El centurión se acercó dando unas enormes zancadas hacia el oficial de enlace, que se encontraba montado sobre una oscura y nerviosa yegua cerca del portaestandarte.

 -¡Avisa al resto, maldita sea!-gritó el centurión.- ¡La retaguardia está siendo emboscada!

 -¡Sí, señor!-respondió el enlace, y acto seguido espoleó al animal, el cual salió disparado en dirección noroeste.

Bramo giró y alzó su vara de vid. Se llevó un silbato a la boca y lo hizo sonar dos veces de forma prolongada.

 -¡Formación en línea! ¡Ocho en fondo!-ordenó tras los pitidos

Los legionarios, una vez superada la sorpresa inicial, reaccionaron como una máquina perfectamente engrasada. A pesar de los heridos y la perdida de iniciativa, una sólida formación de escudos comenzaba a formarse.

Bramo se colocó a la derecha, gritando y maldiciendo mientras emitió otro sonoro pitido con el silbato.

 -¡Testudo! ¡Testudo y avanzad!

Los legionarios actuaron de forma automática, alzando los escudos mientras la primera línea los mantenía hacia el frente. La compacta figura formada por la centuria avanzó lentamente.

En la segunda línea, la formación resultaba agobiante y difícil de mantener. El peso del escudo se hacía notar y le costaba mantener el paso sin tropezarse con el legionario situado frente a él. A su derecha uno de los hombres gritó de dolor tras recibir un golpe seco. Un proyectil de honda había atravesado el escudo y se le había clavado en el antebrazo, destrozándole los huesos.

Más golpes secos siguieron al primero, como si les estuviesen sepultando bajo miles de diminutas piedras. Piedras de plomo.

 -¡Aguantad! -gritó Bramo.-¡Ya llegamos, aguantad he dicho!

El centurión se llevó el pequeño silbato a la boca y esperó pacientemente a que la distancia fuese la correcta. Los bárbaros gritaban y maldecían en esa lengua tan complicada a medida que bajaban en tropel hacia el lecho del río, entre los árboles y la maleza, cubiertos por los honderos tras ellos. Superaban en número a la centuria, y Bramo rezó a Júpiter por que el oficial de enlace ya hubiera llegado al resto de las cohortes.

Diez metros más a la izquierda, Craso sujetó fuertemente a Dacio, manteniendo los escudos juntos mientras la lluvia de flechas y plomo agujereaba todo a su alrededor. Avanzaron sobre el riachuelo, junto con el resto de hombres, hasta llegar a la línea de britanos al otro lado de la corriente de agua.

Detrás de la formación, el optio Sexto forcejeaba con las últimas líneas de hombres, procurando que el avance no se viera truncado y que la línea no se rompiera.

Un legionario tropezó con el siguiente y los dos cayeron al suelo de forma estrepitosa. Sexto corrió hacia ellos y tiró de los correajes del primero con rabia.

 -¡Arriba inútil!-bramó.

Al segundo le asestó una patada y lo hizo volver a la formación. En el fondo de su ser, Sexto estaba deseando que a alguno de los novatos legionarios se le ocurriera la brillante idea de huir al ver la superioridad de la masa enemiga. Así tendría motivos para ensartarlo con su espada sin tener que dar demasiadas explicaciones en un pesado y aburrido informe.

A la cabeza de la formación, que casi había superado el ancho del riachuelo, Bramo emitió otro sonoro pitido con el silbato y gritó con fuerza.

 -¡Ahora! ¡Acero y sangre!-rugió.

Con las piernas y los faldones de la toga empapados, la primera línea de legionarios se abrió repentinamente, dejando el hueco justo entre los escudos para poder usar la mortífera espada que era el gladius.

En el extremo derecho de la primera línea, Bramo descargó un contundente puñetazo al primero de los britanos. Después desenvainó su puñal con una velocidad pasmosa y se lo hundió en el vientre varias veces, sin dejar de sujetar al bárbaro por el hombro. Guardó el puñal, un pugio meticulosamente ornamentado, y extrajo la espada de la falca con la misma medida rapidez.

Un segundo britano se lanzó sobre él, blandiendo un hacha rudimentaria que en esos instantes se dirigía a la cabeza del centurión.

Bramo rompió la iniciativa de su atacante y avanzó rápidamente para acortar la distancia. Alzó la espada y detuvo el hacha golpeando con fuerza en el mango. Acto seguido asestó una fuerte patada en la descubierta entrepierna del britano, que sólo pudo caer de rodillas vomitando por el dolor.

Bramo le sujetó la cabeza y volvió a golpearle, esta vez con la rodilla. Los huesos y dientes de aquel desgraciado crujieron de forma sonora y quedó tumbado en el suelo para no volver a levantarse más. El centurión retrocedió de nuevo y observó con rapidez para asegurarse que la formación mantenía su cohesión.

De repente, en la lejanía y sobre los gritos de los heridos y el fragor de la encarnizada escaramuza, le pareció escuchar las trompetas que anunciaban la llamada a la carga. Las cohortes se aproximaban. Al parecer el enlace había cumplido su misión con éxito. La trompeta se hizo más audible y los soldados romanos rugieron con fuerzas renovadas.

Los britanos se sorprendieron y sus rostros se vieron truncados por el terror y la sorpresa. Lo que parecía una emboscada exitosa por su superioridad numérica se había torcido, y ahora se veían obligados a retirarse ante la inminente llegada del grueso de la vigésima legión, que ya cargaba furiosa desde el norte, con la caballería a la cabeza y siguiendo el curso del pequeño riachuelo.

La formación inicial de la centuria había quedado dispersa y la lucha se había reducido a una pequeña escaramuza entre los árboles, la zanja y el mismo lecho del riachuelo.

Con el rostro y la armadura ensangrentados, Dacio se topó con un gigantesco britano que, para su vergüenza, le pilló desprevenido tras hundir la espada en el vientre de otro de aquellos guerreros.

Era demasiado tarde para detener el corte descendente de la espada larga.

El impacto de la hoja hizo que la protección del hombro se doblara hacia dentro. Notó como el propio acero de la armadura se le hundió en la carne bajo la toga y un dolor lacerante le invadió el brazo y sintió que la sangre comenzaba a filtrarse por las ropas.

Blanco de dolor, se contuvo para no gritar ante su enemigo.

El golpe le obligó a flexionar la rodilla derecha y posarla violentamente contra la hierba mojada, mientras el bárbaro alzó de nuevo la espada con intención de dirigir el siguiente barrido al cuello de su oponente. Dacio, con una rodilla en el suelo y el brazo entumecido, impulsó el escudo con fuerza. El borde reforzado del enorme bloque de madera golpeó la pierna de su atacante, quebrándole la espinilla. Aún de pie, el britano comenzó a chillar.

En apenas un parpadeo, Craso apareció desde su izquierda y atravesó la garganta de lado a lado con la espada y el alarido del britano se convirtió en un gemido casi ridículo.

Ya en el suelo, el enorme legionario extrajo con dificultad la hoja del cuello del guerrero, que aún boqueaba moribundo. Craso limpió el arma teñida de un carmesí vivo en la hierba y le tendió una mano a Dacio, que aún permanecía de rodillas y apoyado en el escudo.

 -No te puedo dejar sólo, jabato -dijo dibujando una socarrona sonrisa en su rostro.

Dacio no contestó. Sujetó el antebrazo de su compañero con fuerza y se elevó dibujando una desagradable mueca debida al dolor punzante que le nacía en el hombro.

 -Necesito quitarme esto, ayúdame.-gimió entre dientes.

 -No hemos terminado, y Bramo presentará cargos contra ti si te quitas la armadura.

 -Se me está clavando en la carne, no puedo usar la espada así, joder.

Craso le miró con preocupación. Tenía lógica. Observó a su alredor y comprobó que la escaramuza estaba llegando a su fin y podían bajar la guardia. Por todas partes los britanos se desperdigaban, huyendo en pequeños grupos y perseguidos por la imponente caballería.

Desajustó los correajes de la espalda y los laterales y retiró con cuidado la armadura segmentada de Dacio. El acero incrustado en el hombro salio de manera costosa y tuvo que tirar varias veces de él para separarlo de la carne. Dacio apretó los dientes, rezando por que la herida no se infectara en los días venideros.

 -Llamaré a un enfermero.-dijo distraído mientras observaba a unos soldados que se habían amontonado no muy lejos de ellos.-¿Qué pasa ahí?

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    El grupo de legionarios parecían observar algo con interés. Los dos soldados se acercaron lentamente tras recoger la maltrecha armadura. El grupo se estaba convirtiendo en algo más que unos pocos legionarios, y en unos momentos toda la centuria al completo estaba reunida.

Dacio se abrió paso entre sus compañeros. En el centro de la escena, un britano ataviado con una lustrosa armadura permanecía arrodillado frente al centurión Bramo. Estaba atado de pies y manos, y aún así era sumamente imponente. Tenía el pelo blanquecino, cubierto por una especie de cal, y por su cara, cuello y pecho unas intrincadas espirales azules parecían dibujadas o tatuadas.

Dacio dedujo que era el cabecilla del grupo, algo así como el primer centurión de aquellos desgraciados.

 -Estás muy lejos de tu señor Carataco, guerrero.–espetó fríamente Bramo.-¿Cual es tu cometido en estas tierras? Tus fuerzas son insignificantes. ¿Qué demonios pretendías?

El traductor de la centuria habló en celta, y la dulce y armoniosa lengua de los britanos se hizo audible entre todos aquellos hombres.

Tras escuchar al traductor, el jefe de la incursión britana habló pausadamente, sin apartar la vista de los ojos del centurión. Cuando acabó, Bramo miró a su traductor esperando la traducción y observó el miedo en los ojos del soldado.

 -¿A que coño esperas? ¿Qué ha dicho este perro?- gritó Sexto, que se encontraba junto a Bramo.

 –Señor… Dice que Carataco no manda sobre ellos. Forman parte de las decenas de clanes independentistas que pueblan estas tierras.-hizo una pausa, visiblemente preocupado.-Ha dicho que cuando el sol vuelva a su punto más alto, los cuervos aún se hallaran picando los ojos de nuestros hombres, señor. Que así hablaron los druidas.

Un murmullo de preocupación se distinguió entre los soldados. Varios de ellos escupieron con desprecio hacia el suelo. Dacio sintió un espeluznante escalofrío que le recorrió la espalda y sujetó con fuerza su pequeño amuleto personal, una rudimentaria águila de madera que le colgaba del cuello. De una manera que no pudo explicar, la herida recién abierta en el hombro se hizo notar más aún. Druidas. Brujos y videntes, poderosos hechiceros según sus gentes.

Hubo una pausa. Una fría brisa agitó la hierba y las ramas de los árboles desde el norte. Cuando el sol comenzaba a ocultarse moribundo, unas oscuras nubes ensombrecieron el riachuelo y los campos de alrededor. Una lluvia ligera comenzó a caer suavemente.

 –Has luchado con honor.-dijo Bramo.-Reza a tus dioses, britano. Puede que te encuentres con ellos allí donde vas.

Bramo giró sobre el bárbaro, aún arrodillado y con el semblante inexpresivo. Los hombres observaban la escena con caras sombrías. Sucios, cansados, heridos. Las armaduras, brillantes y lustrosas al principio del día, ahora estaban melladas y cubiertas de barro y sangre.

El centurión alzo la espada y sin apenas detenerse la hundió con fuerza tras la clavícula del guerrero. Éste exhaló, como alguien al que sorprenden de improvisto.

Mientras su cuerpo aún seguía convulsionándose en el suelo. Dacio lo observó impasible, mientras que el resto de la centuria contemplaba la escena en un sepulcral silencio. Las piernas de aquel desgraciado pataleaban nerviosas, incluso después de muerto.

Bramo alzó la espada mientras señalaba el cuerpo que aún se agitaba.

 -¡Mirad! Toda Britania temblará moribunda. ¡Esta tierra será de Roma, con nuestra sangre o la de ellos! ¡Roma victoriosa!

Los hombres rugieron al unísono, cubiertos de sangre y suciedad, alzando las armas y vitoreando al centurión.

Dacio miró a Craso con preocupación, que alzaba su puño sonriente. En el fondo de su corazón, mientras todos gritaban emocionados, sintió que, de alguna forma u otra, aquel lugar se llevaría más sangre romana que britana.

 


 
¡Saludos!

 
Después de un tiempo de inactividad por el trabajo (semana santa y fiestas regionales) os presentamos el segundo capítulo de Valeria Victrix.
 
Pido disculpas por la tardanza y por la poca actividad en otras iniciativas, como el concurso de relatos o el nuevo proyecto de fabrimuch, pero me ha sido imposible dedicar más tiempo a gamefilia. ¡Tengo que ponerme al día con algunos blogs!
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Referente al texto, he de agradecer a RikkuInTheMiddle sus aportaciones sobre los nombres y clanes romanos, aunque aún no domino demasiado el tema y es muy posible que algunos nombres no sean los corectos (tanto de la época como de la posición social), por eso pido que me paséis por alto esto fallos hasta que consiga informarme mejor y nombrar a los personajes con exactitud. ¡Me parece que te seguiré molestando, Rikku Depressed!
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Como comentó Ivanete, ahora todas las palabras que puedan resultar desconocidas para el lector tienen un enlace exterior para que se pueda entender mejor la narración. Había pensado en aclararlas después del texto, pero creo que la información es más exacta en los enlaces. Esperemos que no corte mucho la lectura.
Sin nada más que añadir os recuerdo que en unos poco días publicaremos el cuarto capítulo de ObsCure: The Sickness,escrito por M4rk_09.
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¡Permaneced atentos!
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Baalard, Relatos de Suburbia.