EURET: Capítulo III, por Lord_Areg

Bueno, es tiempo de seguir con las 13 entradas destinadas a revivir la historia del proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, toca turno al capítulo III, escrito por Lord_Areg. Éste fue posteado originalmente el 07 de febrero de 2007, 5 díasdespués de la publicación del capítulo anterior; para este tiempo, lacolaboración de Musa_JP había sido aplazada, puesto que, en un principio, era ella laautora que debía postear este capítulo. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Sin mayores contratiempos, he aquí el tercer capítulo de la historia.


Una Presencia Inesperada

Ya eran muchos años, más de los que podía imaginar o recordar. La reina, con semblante sombrío, veía la luz de las velas que iluminaban su amplio cuarto de estar. Siempre supo que éste día llegaría, mas ignoraba cuanto tiempo duraría esta guerra. El reino de Dloun, el otrora majestuoso lugar de arcángeles y humanos estaba bajo asedio dia y noche. Ya no podía hacer memoria de cuando fue la última vez que vio el azul del cielo dibujado tras las almenas de su palacio. Ni podía describir la última vez que las aves cantaban al unísono alegrando las horas del alba. Hoy el cielo está negro. Columnas de humo suben en espirales de muerte desde los campos antes fértiles. Los montes ya pelados por las hordas de demonios que los subían y los bajaban, aullando en busca de la victoria y enfrascándose en luchas encarnizadas. La negra sangre recorría los caminos y se mezclaban con los arroyos ahora rojos y malolientes. No podía discernirse cual sangre pertenecía a cuál bando. Los cadáveres de demonios, espada y mazas aún en manos, se pudrían a la luz del sol.

Nunca fue necesario decir de donde venía la fuerza de los seres divinos, nada más saber que ahí estaba. Ella, la Reina, siempre había confiado en los arcángeles. Ciegamente seguía los consejos de los más sabios.

Los demonios sabían al igual que los arcángeles, que sus poderes eran inutilizados en la tierra. Eran simples seres mortales iguales a los humanos. No había conjuros ni hechizos. Esa era una regla de combate escrita miles de años antes y debían honrarla. Sabían que podían morir y ser expulsados al abismo eterno, donde jamás tendrían nuevamente la oportunidad de volver a la Tierra. Grandes poderes y honores estaban reservados para los vencedores y cada uno de los bandos combatientes tenía conciencia de ello.

Los Garlaks eran la especie de demonios más poderosa y de grandes conocimientos en combate cuerpo a cuerpo. Podían romper el cuello de cualquier ser de su misma estatura casi sin esfuerzo. Su fuerza es tal que sus espadas pesaban casi 3 kilogramos y eran salvajes máquinas de matar. Si tenían algún punto débil, era tarea de los arcángeles deducir cuál era éste. Muchos habían sido testigos de Garlaks partiendo los cráneos de humanos a mano limpia.

A diferencia de los Garlaks, los Kreiges eran los estrategas. Los Kreiges sabían por experiencia que una guerra debía basarse plenamente en el óptimo uso de las fuerzas de ataque durante un combate. Averak, su lider, tenía en su cuerpo las marcas y cicatrices que daban cuenta de pasadas batallas. Era un líder nato y rápidamente se convirtio en general de las hordas oscuras. De gran belleza y lealtad, era la mano derecha de Aleluya y nunca perdía tiempo a la hora de cumplir con sus órdenes. Había perdido su mano izquierda en la batalla de Saf, por lo que ya no peleaba cuerpo a cuerpo, si no que se dedicaba más a dirigir a sus tropas. Grandes hazañas y victorias se podían contar de Averak, e igual a su fama grande era su deseo de vencer en esta guerra. Fue él quien ayudo a Aleluya a escapar del poder de las Siete Espadas. Sin embargo, no pudo evitar que Fenrick clavara su acero en el corazón de su general. Aleluya era la mano derecha del mismo Lucifer, de Mefistófeles y aunque era el único general que poseía inmortalidad, la llaga abierta en su corazón lo debilitó tanto que poco pudo hacer para evitar ser encadenado en la cima de la Montaña Negra, en los confines más alejados.

Averak sabía que las heridas y bajas de los combates son cosa de todos los días y no se puede culpar a nadie, pero sigue teniendo en la mente a Saeri, el arcángel de la Cuarta Espada que le arrebató su mano y dignidad. Tiempo habrá, pensaba, en que se vuelvan a ver los rostros y cobre su merecida venganza. Muchos eran los que temían a Averak, pero más eran los que lo repetaban.

La reina de Dloun tenía un gran peso sobre sus frágiles hombros. Pertenecía a una línea de gobierno heredada desde tiempos tan atrás, que ni siquiera había historiadores que marcaran las fechas de gran trascendencia o eventos importantes. A su lado, Troth la observaba en silencio y deducía que bajo su rostro apesadumbrado la Reina debía ser realmente hermosa. La soberana había pedido a Troth que permaneciera con ella, que pronto lo necesitaría, a lo que el chico accedió de muy buena gana pese a que la cabeza le dolía.

La puerta de madera se abrió dejando entrar un vientecillo que apagó algunas velas.

-Mi señora,-la voz la sobresaltó- los siete hechiceros han abierto un nuevo portal para traer más soldados celestiales.
-¿Cuántos más?- preguntó sin cambiar de posición.
-Cincuenta mil.- contestó el hombre, uno de los tantos mortales que auxiliaban a los arcángeles.

La reina sabía que abrir un portal exigía mucho de los hechiceros. No podían arriesgarse a sufrir otra situación como aquella donde los primeros siete hechiceros habían sido asesinados por Aleluya. Los nuevos Siete, como se les conocía, eran todavía muy inexpertos pero la Reina necesitaba desesperadamente toda la ayuda que pudiera obtener. Había indicios que muchos de los más viejos morían en el intento, pero aún así, lo hacían gustosos. Dar la vida por su reina y la humanidad era una tarea divina.

-Son pocos. Muy pocos.-Contestó la reina volteando a ver a su interlocutor.- No sé si podremos aguantar hasta que la misión encomendada a Dariem sea cumplida.

En el Bosque de Hierro, en su tienda, Averak repasaba una y otra vez los datos que sus emisarios le traían del frente. En estas fechas del año, las noches caían más rápido y eran más cálidas. Los pliegos con los informes caían uno tras otro a la hoguera donde momentos antes ardió la comida para él y sus oficiales. Iba a lanzar el último pliego a las llamas, pero hubo algo que le llamó poderosamente la atención, algo totalmente inesperado y que podía dar una vuelta mortal a los acontecimientos. La Reina de Dloun ha enviado a un hombre en una misión especial, con destino desconocido. Al fin un dato que podía ser de importancia. El traidor comprado que fue infiltrado en el palacio real empezaba a dar frutos.

-"Con destino desconocido".- Se pasó los dedos por las comisuras de los labios y con el pulgar empujó el largo colmillo derecho de manera pensativa. Esto cambia las cosas, ¿pero hasta qué punto?, pensó en voz alta sin importarle que sus oficiales aún estuvieran cerca de él. Estaba a punto de ordenar una comisión para investigar el paradero de este enviado de la Reina cuando uno de sus guerreros apareció ante el umbral de la puerta de la tienda:

-Mi Señor, le viene a buscar…-Repentinamente, el soldado fue interrumpido por una voz cuyo dueño le colocó la mano sobre su hombrera.

-No importa ya, guerrero. Puedo arreglármelas desde aquí. -dijo con voz profunda el extraño personaje.

Averak se levantó de inmediato al mismo tiempo que sus demás oficiales. Todos con el puño derecho cerrado contra el pecho e inclinando la cabeza. Ninguno se atrevía a levantar los ojos con excepción de Averak. Aunque ya sabía de su futura visita, no pensó que hoy fuera el día en que fuera honrado con la presencia de su amigo de años.

-Amigo, bienvenido seas-. Atinó a decir. El ser que se encontraba parado ante él no era otro que su superior de años de batallas: Aleluya en persona. Averak dió dos pasos y abrazó a su amigo. La herida en el corazón de Aleluya sanaba lentamente.

-Mi amigo, mi hermano.-Dijo Aleluya.- Tenemos un problema…-Hizo una pausa mientras se sentaba. Averak sabía de qué se trataba. Tenía que ver con el hombre mortal y su misión.

Aleluya continuó, -Y este problema serás tú quien lo resuelva.-


Éste capítulo tuvo que ser editado 3 veces por ciertas incoherencias con el nombre del personaje "Troth" planteado por Hirashi_SOADikto.

El forero brandochdahá se quejó porque este capítulo trataba varios aspectos en los que él deseaba profundizar.

Temo comentar que, de momento, estos son todos los datos adicionales que puedo proveer sobre este capítulo; sin embargo, Lord_Areg siempre será bienvenido para comentar alguna otra curiosidad sobre su creación.