EURET: Capítulo V, por Bonoman

Es tiempo de continuar con las entradas sobre el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, con el capítulo V, escrito por Bonoman. Éste fue posteado originalmente el 11 de febrero de 2007, un día después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Los datos adicionales acerca del capítulo están incluidos al final del texto. Y he aquí el siguiente capítulo de este proyecto literario.


Secretos de ultratumba

-Son demasiados mi señor. Bueno, rectifico; son demasiados para Ishari -el grandullón volvió a responder con sus respectivos gruñidos. Dariem parecía preocupado, siempre se preocupaba cuando una batalla planteaba dificultades, quizás no tanto por él, pero sí por sus hombres; sus hombres eran como hermanos, hijos y padres al mismo tiempo, sangre de su sangre. La pérdida de alguno de ellos sería un golpe demasiado bajo.

-Pit tiene razón, debemos planear una estrategia para estos casos, ¿no querréis que estos demonios celebren la victoria mientras nuestros cadáveres cuelgan de alguna cuerda en sus campamentos, verdad?
-Por supuesto señor, deseo ver a mi hija, pero aún es pronto para que llegue el día -respondió Felas
-grrump urrrmp -Ishari parecía querer consolar a su amigo Felas, su gruñido era afable y cariñoso, y su fuerte mano aterrizó en el hombro del padre sin hija
-Me gustan las mujeres, aún así, mi querido Felas, acepta este abrazo que te doy y ten por seguro que el nombre de tu hija quedará marcado en los cuerpos malolientes de estos demonios -remató Pit abrazando a su compañero
-Bien muchachos, tendremos que actuar como auténticos dramaturgos e idear una obra perfecta. Seremos los autores y actores a la vez. Recuerdo la batalla en la ciudad de Karnath, eramos unos trescientos hombres frente a casi mil demonios. Nuestro general era el inolvidable Jaunt Drum´ri y resolvió esa batalla de forma magistral sin apenas recibir unos cuantos roces inofensivos.
-Adelante señor, le escuchamos -inquirió Pit
-Para empezar quiero que alguno de vosotros avise a Hok. -Hok era la mano derecha de Dariem, un hombre adulto de carácter taciturno que siempre ha estado junto a su general, ahora capitán. Mataría por su señor al mismísimo Aleluya en el mismísimo infierno y eso emocionaba a Dariem, él cual lo respetaba y le tenía en misma estima.

Pit retrasó su posición e intercambió unas pocas palabras con Hok, éste se acercó y escuchó lo que su capitán tenía que decir-. Mi querido amigo y hermano, quiero que cojas a la mitad de los hombres y los lleves al claro que está a unos doscientos metros de aquí, hazlo cuando la batalla esté a punto de comenzar, no antes -el resto de hombres quedaron atónitos mirando a Dariem, ¿se había vuelto loco?, ¿quería dejar al ejército sin la mitad de sus miembros?

-Señor, está seg…. -Dariem interrumpió las palabras de Pit- . Silencio Pit, aún no he terminado de hablar. Hok, una vez que hagas esto que te pido esperarás un cuarto de Luna e inmediatamente darás un rodeo con tu ejército para alcanzar por retaguardia a los Demonios, que confiados y arrogantes habrán enviado todas sus tropas contra nosotros. Es de importancia vital que hagas todo el plan simulando una retirada
-Entendido señor -Hok obedeció y lo que es más importante; parece que conocía la estrategia de su capitán, ya que en ningún momento dio muestras de duda o preocupación frente a las palabras de su superior.
-Bien, empecemos. Felas, ordena a los hombres que se preparen -Felas gruñó un rotundo "en posición" que seguramente llegó a oídos del propio Aleluya, que estaba a varios kilómetros de allí.

-Nos van a masacrar señor -Pit siempre mostrándose pesimista, aunque seguramente era el que más ganas tenía de iniciar la batalla- pues si lo hacen espero que te corten la lengua antes, no creo que pudiesen soportar ese pedazo de carne que tienes en la boca, ¿estás seguro de que no fue un regalo de Lucifer?
-No señor, Lucifer me regaló mi extraordinaria belleza y mi "larga espada" -dijo esto último mirándose la entrepierna- por eso manda este ejército, tiene envidia por mi éxito de con las mujeres -Dariem soltó una carcajada poco común en él y cariñosamente acarició la cabeza de Pit.
-Bien muchachos, a mi señal: cargad contra ellos…

El Kreige homónimo de Dariem no tardó en sonreír ante la decisión de los locos humanos; imbéciles, esa noche cenaría muchas tripas de hombres hasta saciarse por completo. El satisfecho Kreige hizo un gesto típico en el arte de la guerra: mandó a la mitad de sus hombres contra el inminente ataque de los humanos; eran unos trescientos demonios, suficientes contra los doscientos humanos. El resto de su ejército, unos doscientos demonios, quedó atrasado como medio de ayuda en caso de que los humanos planteasen resistencia.

Dariem levantó la espada y disimuladamente hizo un gesto muy sutil con su brazo derecho, Hok no tardó en interpretar esa señal críptica y ordenó a los cien hombres de un ejército de doscientos que desertaran; la retirada simulada funcionó a la perfección; Pit, Felas, Ishari y el resto de hombres aún presentes miraron extrañados y con aire "teatrero" el desplante de sus compañeros.

El Kreige celebró el cobarde gesto con una sonrisa soez y casi salaz. -Pobres idiotas, son pocos y encima la mitad de ellos se retira, al menos la mitad que se marcha es más lista que la otra suicida que se mantiene.
Dariem, seguro de su decisión abrió la caja de los truenos, el interruptor de la batalla…… el grito de guerra. Su "atacad" encendió a cien hombres dispuestos a todo, la tierra tembló ante el golpeteo de los caballos y los gritos intimidatorios de esos cien guerreros sedientos de sangre demoniaca.

El Kreige, en forma de respuesta, mandó a sus trescientos demonios, confiados y excesivamente tranquilos.

La batalla empezó, Dariem se encontró enfrente a varios demonios montados en Krull, una especie de cerdos con múltiples colmillos sobresaliendo de su babosa boca y con el cuerpo y patas ligeramente más estilizadas, lo que les permitía correr con cierta velocidad. No había ningún problema, Dariem manejaba la espada como el bailarín que maneja a la bella dama pareja de danza. Movimientos suaves y perfectos seccionaban los cuellos de Demonios que apenas vieron llegar el reflejo de la espada, la sangre salía a presión de sus mortales heridas y mancha el rostro de Dariem que se transformaba y se convertía en un Demonio mucho peor que sus rivales. Felas, con un pesado martillo de ébano, masacraba cráneos como si fuese nueces, la rapidez con la que movía esa pesada arma resultaba a todas luces bella. De Felas siempre se dijo que mataba a sus rivales porque éstos quedaban hipnotizados y enamorados ante el dominio que tenía sobre el martillo. Pit compensaba su falta de fuerza con una agilidad felina, su daga "palo" extraordinariamente delgada y peligrosamente afilada cortaba carne de Demonio a la velocidad de la luz, se movía entre decenas de Demonios como si fuese el centro de un remolino furioso, sus rivales no podían hacer otra cosa que caer rendidos. Ishari era falto de palabras, pero su hacha de hierro hablaba por él; a pesar de su enorme tamaño y de lo pesado de su arma, se movía de una manera increíblemente ágil y certera, un zig zag mortal que hacía dudar a los rivales antes de poder ver el hacha partiendo su carne y huesos como si fuesen ramas secas. El resto de hombres no eran tan hábiles, pero su valentía y compenetración estaban provocando serios problemas a los Demonios, que caían por decenas a cada minuto.

Todos debían resistir, el éxito de la batalla dependía de ello, tenían que conseguir que el Kreige líder mandase al resto de Demonios. La situación comenzó a ser un tanto peligrosa para los Demonios como para los hombres; los primeros estaban sufriendo demasiadas bajas y ya eran menos que los propios hombres, y los últimos aunque con menos bajas, eran relativamente pocos y en cualquier momento podían quedar peligrosamente reducidos. El Kreige líder dudó durante varios minutos, sabía que la solución era sencilla y antes de dirigirse al resto de sus demonios dijo: -No lo hacen mal, pero para desgracia de ellos no es suficiente. Avancemos y acabemos con ésto. Ya.

Hok estaba preocupado y deseoso de mostrar sus dotes guerreras al resto de hombres, mantenía una especie de "pique" con Pit por ver quién mataba a más Demonios, pero era posible que al llegar al campo de batalla Pit estuviese sin cabeza deborado por algún Krull hambriento. Supo del avance del resto del ejército Demoniaco al escuchar el tremor de la jauría de Krulls. No esperó más, indicó a sus hombres el camino y logró contemplar como los idiotas de los Demonios habían caído en la trampa.

La batalla empezaba a ser desigual, muchos hombres habían caído ya y tanto Dariem como como el resto de sus tres hombres de confianza empezaban a estar cansados, pero claro, estar "cansados" significaba matar a cinco Demonios por minuto en vez de los diez comunes. El líder Kreige quiso celebrar la victoria antes de tiempo, pero pronto se percató de que había firmado su sentencia de muerte. Hok cortaba el viento y su espada brillaba en contacto con el sol, el resto de hombres avanzaba de igual manera y algunos Demonios ni siquiera se dieron cuenta de que pronto sus cadáveres iban a quedar inundados de moscas y calentados por el burlón sol. Hok fue directamente al lider Kreige -Naid agradecerá ésto bastardo. -La cabeza del lider Kreige cayó como una pelota de trapo a los pies del caballo de Hok, el resto de Demonios al ver que su líder había desaparecido quedaron huérfanos de razón, e intentaron escapar por cualquier sitio. No hubo piedad, al final todos murieron y sus cadáveres se amontonaron y quemaron en el mismo lugar de batalla. Perdieron unos cincuenta hombres que fueron enterrados con todos los honores.

Aquella noche descansaron y recordaron a sus amigos caídos. Mañana el destino sería la ciudad de Tormouth, el Rey Deward tendría que darles algo importante para el destino de la batalla final.

 

-¿Crees que ha sido la mejor opción?
-Sin duda alguna mi señor, si mis hombres no me respetan tampoco lo harán mis enemigos -Averak se dirigió a todos los demonios presentes-. Y ésto va por todos, con mi señor aquí a mi lado juro que si algún otro vuelve a injuriarme o poner en duda mi autoridad será masacrado sin dilación; da igual si tengo que acabar con todos vosotros, lo haré aunque para ello tenga que perder mi oscura alma. Me he enfrentado y derrotado a hombres mucho más honorables y poderosos que vosotros.
-Averak, tengo que hablarte de la nueva misión, acompáñame hasta el precipicio de Ornor. -Ambos demonios pasearon tranquilamente ante las miradas curiosas del resto de Demonios menores. Se preguntaban de qué hablarían. -Creo que ya sé dónde se van a dirigir esos insensatos, y parece que están liderados por Dariem, ¿lo conoces?.-Averak se paró de inmediato ante la pregunta de su señor- Dariem…. sí, fue uno de los grandes guerreros de Dloun, hay rumores que indicaban que seguía vivo e incluso que había vuelto a su antiguo reino, pero nunca pensé que fuesen ciertos.
-Pues lo son, puedo oler su sangre desde aquí, cálida y burbujeante como el fuego de nuestra casa
-Bien señor, ¿cuál es el destino de esos hombres?
-Tormouth, la ciudad del Rey Deward
-Bien mi señor, mañana mismo avanzaremos hacia Tormouth
-No, aún no; Tormouth está maldita, siento la presencia de una fuerza terriblemente maligna, tan maligna que se escapa a mi conocimiento, una fuerza que debemos respetar
-¿Entonces?
-Entonces sólo nos toca esperar, esperar a que ese mal incipiente haga el trabajo por nosotros, esperar y acechar a nuestros enemigos en caso de que logren vencer. Esperar y acechar
-Bien mi señor, mandaré a algunos Demonios de mi confianza para que vigilen Tormouth día y noche, sin descanso
-Perfecto Averak. Sólo una cosa más. No me gusta que siempre te refieras a los humanos como ejemplo de honor y maestría; recuerda lo que eras y en lo que yo te convertí, te di el don del infierno, tú antes sólo eras un vulgar hombre, carne y huesos frágiles destinados a un existencia corta y poco productiva; yo te he dado la vida, si tengo indicios de que sientes lástima por los hombres o que hechas de menos tu anterior estado, yo mismo te llevaré ante Lucifer. Recuérdalo
-Sí mi señor, soy consciente de ello. -Averak sintió en su interior una lucha encarnizada, el hombre que fue y el Demonio que es. Por primera vez en su nueva vida de Demonio tenía dudas.

Hacía un día maravilloso. Un sol agradecido daba calor a los cansados huesos de los guerreros. Pit charlaba con Hok sobre los enemigos abatidos en la anterior batalla. Hok insistía en que el haber matado al lider Kreige multiplicaba el valor de los puntos por 10. Felas e Ishari estaban preparados para iniciar el viaje hacia Tormouth, al igual que Dariem, que afilaba su espada y vigilaba de forma obsesiva la empuñadora del arma forjada por Dios.

-Venga, cuanto antes partamos antes llegaremos. No podemos pararnos más. Hemos dormido nuestro sueño y saciada nuestra hambre, es el momento de empezar nuestro trabajo -Dariem se mostraba seguro, el reino de Tormouth ya era visible, un par de horas de caminata y ya estarían en las puertas del mismísimo rey Deward.
Exactamente, un par de horas después ya estaban frente a las colosales puertas del castillo del rey Deward. Dariem golpeó los portones. Era extraño que en las torres del castillo no hubiese hombres vigilando, tampoco encontraron a nadie por el reino de Tormouth, algo arriesgado teniendo en cuenta la amenaza que suponían los Demonios; tener hombres acampados en los alrededores era vital para que, en caso de peligro, se pudiese avisar al rey, en este caso al rey Deward.

Las puertas se abrieron. Nadie preguntó, nadie parecía salir de aquel castillo. Nada. Dariem se dirigió a sus hombres: -un momento, no podemos entrar todos, si ven todo un ejército adentrarse en la ciudad se sentirán amenazados -los hombres asintieron-. Felas, quiero que te quedes aquí con los guerreros; Hok, Pit e Ishari acompañarme. -Hok quiso añadir algo- señor, creo que no es prudente que Felas se quede aquí, el conoce mejor que nadie al rey Deward -Dariem se mostró sorprendido- ¿es eso cierto Felas? -Felas no tardó en responder- Sí mi señor, tan cierto como que mi hija esta esperándome en el cielo, yo estuve al servicio del rey Deward hace muchos años, antes de conocerle a usted.

Dariem dudó por un momento, le extrañaba que Felas no contase tal acontecimiento antes.

-¿Cómo es posible que no tuviese conocimiento de ésto antes?, ¿ocultas algo?, sabías perfectamente que nos encaminábamos hacia Tormouth.
-Lo sé señor y lo siento, pero no me siento especialmente orgulloso de mi tiempo aquí, el rey Deward es un tirano obsesionado con el poder y el más allá.
-Comprendo, pero eso no impide que me pudieses avisar antes. Que no vuelva a ocurrir Felas, las dudas entre nosotros son más peligrosas que los Demonios. Hok, te quedarás aquí mientras nosotros hablamos con Deward, si tardamos demasiado no dudes en entrar por todos los medios.

Hok asintió y Dariem se adentró junto al resto de hombres en el castillo de Tormouth. La ciudad de Tormouth estaba desolada; las pocas personas que por allí rondaban se escondían como animales asustados, no había rastro de ganado, tampoco había movimiento en la plaza y ni siquiera había guardia vigilando las calles de la ciudad. ¿Quién les había abierto la puerta? no tenían la más remota idea y eso intranquilizó a todos los hombres, incluído Dariem.

-Demonios Ishari, sabemos que eres Feo, pero esto es demasiado, la gente escapa de tu cara
-ummmmrrrrrr -el mudo de buen corazón aceptaba de buen grado los ataques inocentes de su joven amigo.
-Felas, ¿por qué está ésto tan vacío? -preguntó Dariem.
-No lo sé señor, es muy raro, será mejor que no quitemos ojo de nuestras armas. Lo único bueno de todo ésto es que tenemos vía libre hacia el corazón del castillo.

Los cuatro hombres avanzaron hacia el interior del reino. Todo desprendía un olor a añejo, incluso a muerte. Las pocas personas presentes seguían escondiéndose, pero ahora no lo hacían tan apresuradamente, mantenían con la mirada el andar de aquellos hombres. Pit afirmó que aquella gente tenía un pinta extraña; cabezas excesivamente alargadas y ojos a punto de salir de sus cuencas para acabar rodando por la mampostería del suelo.

Finalmente llegaron al castillo. Al fin un caballero salió al paso. Pit tenía razón. Feo no era la palabra, tampoco deforme, ¿maldito quizás? el rostro de aquel caballero era poco humano; mantenía las facciones típicas de cualquier persona: ojos, pómulos, boca, labios, nariz…. pero había algo extraño, maligno.

-¿Qué es lo que quieren?
-Soy Dariem, capitán de estos hombres y representante del reino de Dloun. Vengo a hablar con vuestro rey, Deward
-¿Deward?… ah sí, Deward. Un momento.
Pasaron apenas 5 minutos hasta que aquel extraño hombre regresó por donde había venido. Su pasividad a la hora de hablar no cambió apenas nada.
-Deward está esperando en su trono. Sigan todo recto hasta el final. No tiene pérdida.

Avanzaron y la desolación era mucho peor que antes. Las paredes del castillo se caían a pedazos y la suciedad y el polvo se acumulaban en las esquinas. Todo tipo de insectos andaban a sus anchas por los abandonados suelos.

El trono del rey no tenía nada de glorioso y su aspecto era ridículo. Un hombre pequeño y estrecho de hombros cuya cara seguía siendo igual de maldita que la del caballero anterior. Sus ropajes eran también viejos y descuidados y en sus uñas y dientes aparecía el negro típico de la suciedad y falta de higiene.

-¿Qué es lo que quieren? -el rey se mostró poco amable, sus ojos parecían inyectados en sangre.
-Rey Deward, tengo algo serio que decirle. Nuestro reino Dloun y en general todo nuestro mundo se encuentra en peligro. Necesito cierto tesoro real que guardan en sus cámaras.
-¿Dloun eh?……….. je, ¿por qué debería ayudar al reino de Dloun? que han hecho ellos por mi; yo se lo diré: nada. Además…..mi reino no tiene ninguna vinculación con el resto del mundo valiente caballero, estamos en otro nivel por encima del bien y del mal. Vuestras absurdas peleas entre hombres y Demonios no atañen a este reino. Los tesoros de la cámara real seguirán cogiendo polvo durante muchos siglos.
Felas estaba terriblemente extrañado, su rostro era la personificación de la duda. No tardó en dirigirse hacia aquel rey.
-Usted no es Deward, ¿Dónde está el rey Deward?, ¿qué clase de broma es ésta?
-Cómo se atreve a dirigirse con tanta grosería hacia mi persona. ¿Quién Demonios se cree qué es?
-Soy Felas, antaño serví al verdadero rey Deward -Antes de que el Rey pudiese contestar uno de sus sirvientes le susurró algo al oído, el Rey asintió y dirigió una sonrisilla burlona hacia Felas.
-Ah sí, Felas…jejeje; me han dicho que tu hija fue desvirgada antes de morir despedazada por los Demonios y echada como comida a los Krulls. Al menos se fue de este mundo gimiendo como una perra.
Dariem no tardó en responder, su tono de voz era grave y amenazante, y sintió furia al ver que su gran amigo Felas no podía evitar soltar algunas lágrimas.
-Cuidado rey Deward, acabamos de derrotar a un ejercito de Demonios a pocos Kilómetros de aquí, si no muestra el suficiente respeto hacia mis hombres no tendré problemas en arrancarle esa cabeza de bastardo que sujetan sus escuetos hombros de mujer. Tengo un ejército esperando a sus puertas y si entran aquí arrasarán con todo.
-Veo que su valentía es directamente proporcional a su estupidez. Pero vale, le daré una oportunidad. Si realmente quiere conseguir ese tesoro sólo tiene que dirigirse a las tumbas reales justo detrás de las paredes de este castillo. El "otro rey Deward" les recibirá encantado, tendrán que bajar hasta el subsuelo. Otra cosa, dígale al afeminado de su hombre que se seque esas lágrimas, su hija sufrió mucho más que él antes de morir y no derramó ni una lágrima, eso me contaron los demonios que la penetraron jajajaja. -Ishari no pudo aguantar aquello, no podía dejar que su amigo sufriese de esa manera, así que lo arregló. Un movimiento de su hacha hizo rodar la cabeza de aquel rey de la pobreza y absolutamente nadie dijo nada, ni siquiera los sirvientes de Deward. Sólo se escucharon los botes del cráneo al caer escaleras abajo.
-Vámonos, aquí tienen mucha mierda de Krull que limpiar -Dariem se mostró irónico y satisfecho, Ishari había hecho lo correcto.

Los hombres se dirigieron hasta el cementerio del reino. Una necrópolis con más vida que los barrios de la ciudad. Felas conocía el lugar de la tumba real y no tardaron en adentrarse en ella. Una incrispción decía "Rex Deward XV" y unas escaleras llevaban a un lugar desconocido. Felas estaba desconcertado, no entendía como el verdadero rey Deward pudo fallecer y nadie ajeno al reino de Tormouth enterarse; la muerte de un rey siempre es un acontecimiento importante, que se traslada de punta a punta del mundo.

-Entremos. Sacar las armas, creo escuchar unos ruidos provenientes del fondo -advirtió Darem a sus hombres. Pero antes de poder entrar una sombra les habló y sólo dijo dos palabras: REX CABEZACRUDA. Los hombres se asustaron y recordaron aquellas palabras.

Dariem fue el primero en entrar, seguido de Pit, Ishari y Felas. A medida que se adentraban más en aquella oscuridad insondable, lo que parecían rumores o sollozos se hacían cada vez más fuertes. Al principio agarraron sus armas como si fuesen extensiones de su propio cuerpo hasta que se percataron de que aquellos lamentos eran de un niño, quizás una niña. Aligeraron el paso por si alguien estuviese en peligro hasta que llegaron a una cámara bastante amplia y circular. En el centro de aquella sala apareció encadenada una chiquilla, morena como el zafiro y de ojos almendrados que desprendían una ternura irresistible. Lloraba desconsoladamente y al ver a los hombres no dudó en pedir ayuda. Pero sus lloros se cortaron de forma tajante cuando la muchacha dirigió la mirada hacia una figura. Al principio era imperceptible debido al gran tamaño de la sala y la poca iluminación que las antorchas reportaba a las zonas más alejadas del centro de la circunferencia. Dariem sacó su espada.

-¿Quién eres?, ¿qué haces aquí?
-Mi querido y antaño general Dariem; en tus pesadillas yo me aparezco, soy la sombra de la muerte y el amante de la sangre. -La figura se deshizo de su túnica y mostró su cuerpo y rostro. Nunca antes aquellos hombres sintieron tanto miedo, nunca jamás, ni siquiera frente a Aleluya o el mismísimo Lucifer, lo que estaba ante ellos era la depravación del hombre, incluso del Demonio. Medía más de dos metros y su cuerpo estaba musculado más allá de lo imaginable. Pero lo que infundía miedo era su aspecto totalmente carente de piel; toda la carne, cartílagos, ligamentos, fibras y venas estaban a la vista y ni una sola gota de sangre, lo que no impedía que el rojo de su carne fuera más intenso que el rojo de una rosa. Sus ojos eran circunferencias perfectas y enormes, exentas de párpados, y su mandíbula era cuadrada y poderosa, sus dientes eran más imponentes que los de un Krull: blancos como la leche, numerosos y muy afilados, recorrían la mandíbula como un ejército ordenado y listo para la batalla.
-Dios mío, por la sangre de los Arcángeles; es el rey Deward -intervino alarmado Felas
-Sí mi traidor amigo, soy Deward, pero más grande e invencible. Lo único que retengo de mi anterior yo es su deseo de poder y conocimiento de lo oscuro, aparte de las facciones de su rostro mortal. Esa niña que aparece aquí encadenada es mi alimento, el precio que mi reino debe pagar si no quieren que mi furia sesgue sus vidas. Estoy deseando abrirla en canal y sumergirme en sus tripas mientras su virginal sangre pasa a formar parte de mis poderosos músculos. Aunque creo que no va a ser lo único que cene hoy, ¿verdad?

Por primera vez en mucho tiempo el simpático Pit no sabía qué decir, su rostro estaba pálido como el de un muerto; Ishari era mudo, pero el horror de sus ojos compensaban su defecto; Felas no apartaba la mirada de la niña, le recordaba mucho a su hija asesinada; Dariem mantuvo el tipo y se dirigió ante aquel Dios de carne y huesos.

-Venimos por uno de los fragmentos de la espada de Dios. Sabemos que era el gran tesoro de este reino y que podría ser requerido en caso de urgencia, fue un trato divino formulado hace siglos.
-Dios no tiene mucho que hacer aquí me temo, ni siquiera Lucifer. Estáis muy equivocados al pensar que todo es blanco o negro, el bien o el mal, cielo o infierno; lo que hay en el centro es el verdadero poder, el mundo que vigila ambos mundos, y yo soy su líder. Los hombres me temen y los Demonios también. Tenéis muchas agallas al acercaros aquí.
-Seas quien seas, tendrás que morir -Dariem cargó contra la criatura sin pensárselo dos veces, Rex Cabezacruda paró el golpe de la espada con la palma de la mano, con un golpe seco y sin apenas esfuerzo estampó al valiente capitán contra la pared. Felas fue el siguiente en atacar, su martillo golpeó el torso de la criatura y apenas lo movió un par de milimetros. Rex le sacó el martillo de las manos y golpeó el rostro de Felas con la empuñadura del arma, el gran hombre se apartó con una gran brecha en la frente y Rex tiró el martillo al suelo esperando el siguiente ataque: Ishari y Pit.

Ambos hombres atacaron a la vez; Pit realizó sus mismos e impredecibles movimientos, pero Rex logró adivinar dónde iba a rematar la estocada. De nuevo paró el golpe del joven guerrero y lo levantó dos palmos del suelo. Abrió su enorme boca de una forma grotesca, casi anormal hasta que Ishari se la cerró de un hachazo en el costado, por primera vez Rex mostró signos de dolor, pero no era suficiente; aquel golpe habría partido a un hombre por la mitad pero a Rex sólo le hizo un pequeño rasguño. Soltó a Pit y golpeó con su brazo el cuerpo del barbudo guerrero, y éste salió despedido como gotas de sangre expulsadas a presión de una vena.

Cuando todo parecía perdido la chiquilla gritó – ¡Su pecho caballeros, su pecho, mirad lo que tiene en el corazón¡ – Rex mandó callar a la joven muchacha. Dariem, algo aturdido, pudo fijarse en uno de los pectorales de Rex, una pequeña púa de metal sobresalía débilmente. Entonces lo vio claro; lo que le daba un poder tan impresionante a aquel engendro era uno de los fragmentos de la hoja de la espada de Dios, si lograba quitársela del pecho tendrían una oportunidad para vencerle y de paso conseguir aquel preciado objeto. Dariem se concentró como nunca, si fallaba Rex le mataría y remataría al resto de sus hombres, sin mencionar a la chiquilla que le había prestado la valiosa información.

Giraba en torno a Rex, decidió esperar a que Cabezacruda atacase. Tras un par de minutos Rex se cansó y lanzó un puñetazo que Dariem pudo esquivar fácilmente; Rex era mejor luchador defendiendo que atacando. El momento en el que vio el camino libre fue aprovechado al máximo; Dariem introdujo con todas sus fuerzas la espada en el pecho de Rex, cerca del lugar donde estaba enterrado el fragmento de la espada divina, el monstruo gritó de dolor y Dariem empezó a hurgar con sus dedos en la carne desgarrada de Rex. Felas ayudó a Dariem y logró inmovilizar por un momento a Rex, agarrando como buenamente pudo sus musculados brazos duros como piedras. Dariem se manchó manos y rostro hurgando en la carne y al final logró el cometido; el fragmento salió acompañado de un desagradable ruido de carne desgarrada. Rex había perdido su mayor aliado, pero eso no le impedía defenderse. Volvió a golpear a Felas y esta vez Rex mostraba una fiereza fuera de lo normal, tensionó sus músculos que por momentos parecieron crecer aún más. Levantó a Felas y volvió a abrir la boca, sólo pudo ver el agujero negro que salía su rostro sin piel, pero Pit apareció en escena, clavó su espada palo en la espalda de Rex, esta vez su carne cedió con mucha más facilidad. Dariem aprovechó el dolor de Rex para clavar el fragmento de la espada divina en el cerebro de aquel engendro -lo que te da vida también te la puede quitar -dijo Dariem mientras hundía el pedazo de espada en la cabeza de Rex.

Cabezacruda se derrumbó en el suelo y pasó a formar parte del otro mundo. Los hombres habían vencido, Felas liberó a la niña de sus cadenas y juró protegerla el tiempo que fuese necesario. Pit se percató de que Ishari estaba inconsciente en el suelo con un fuerte golpe en la cabeza; estaba muy malherido.


Cabe destacar que la rapidez de la publicación de este capítulo se dio a causa de la poca disponibilidad que tendría el autor posteriormente, por lo que decidió publicarlo antes de verse obligado a retrasarlo demasiado. Y aquí un amplio comentario (en primicia) del autor original acerca de este capítulo:

Debo reconocer, que para la la realización de este texto acudí a fuentes poco originales, y las más evidentes: para la gran batalla, El Señor de los Anillos; y para el "monstruo del final", el señor Clive Barker.

Tomé la decisión de dar un trato bastante previsible al capítulo, ya que considero que las buenas historias en multitud de momentos apelan a nuestros sentimientos para engancharnos, o en el mejor de los casos, establecer vínculos con los personajes. Es vital dibujar un pasado bien definido, dar a todos los elementos de la historia "vida" más allá de las páginas del libro; sí, todos los personajes luchan contra los demonios, pero antes de eso, tuvieron una vida que debe ser tenida en cuenta.

Recuerdo que en uno de los capítulos, uno de los participantes del relato compartido se "cargó" gran parte de los elementos que todos nosotros habíamos creado anteriormente. Se formó una pequeña discusión a raíz de eso, ya que esta persona nos acusaba de "poco originales", y decidió hacer el relato suyo, con todas la consecuencias. No le guardo rencor por ello, ya que es uno de los daños colaterales de este tipo de relatos compartidos, y la prueba evidente de que es muy difícil que leguen a salir bien. Sea como fuere, algunas de mis ideas se fueron al traste tras la participación de este escritor.

Hablando del relato en sí, la batalla principal es en la que se muestra el valor infinito de los hombres y su inteligencia para afrontarla con garantías de éxito; es una batalla épica, que al final da la victoria a los que preparan una estrategia, y que se aprovecha, hasta cierto punto, del exceso de confianza de los Demonios a la hora de luchar.

RexCabezaCruda es, como ya dije antes, un "monstruo" salido de la mente del gran Clive Barker, en uno de los volúmenes de sus "libros de sangre". En la historia de Barker se trata de un antiguo dios que tenía como principal hobby devorar niños, algo que también introduzco en el relato. Su forma también coincide con el relato de Clive Barker: se trata de una especie de gigante sin piel, muy musculado y con una boca exageradamente grande. Resulta impactante concebir un ser de tales características en nuestra cabeza, y así quise mostrarlo en el relato.

Por último, y como aportación personal, el personaje de Hok. Me gustó la idea de introducir un personaje así, que aporte un poco de cordura a un grupo lleno de demasiados "pasionarios", y que siga a su líder Dariem ciegamente, con decisión. Ahora que lo pienso, creo que debí darle un poco más de trasfondo a sus orígenes o motivaciones.

Un saludo a todos.