EURET: Capítulo IX, por Zollkron

Cada vez el final de esta serie de entradas, destinadas a revivir el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, está más cerca… es hora de publicar la entrada del capítulo IX, escrito por zollkron. Éste fue posteado originalmente el 07 de abril de 2007, 12 días después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Sin mayores preámbulos, aquí el capítulo.


El Retorno del Ángel Abismado

La noche se cernía cerrada sobre Pulgaris y susalrededores, pero de ningún modo amedrentó esto la gran determinaciónde Dariem, que resuelto, fue a buscar a Malakian, sin más dilación.Felas y Pit secundaban a Dariem en su camino mientras escoltabancuidadosamente el cuerpo de Ishari, el cual yacía sin vida sobre sucaballo. Siguiendo las indicaciones de los guardias de Pulgaris,llegaron a una casa incrustada sobre la ya desgastada roca de la laderamontañosa de Sonam, el monte de la ciudad. Las inclemencias de loselementos erosionaron con fuerza el que en otrora fuera un grandiosomonte, en el que desde su cima, aún podía divisarse en la lejanía losnegros y oscuros horizontes del Mar Avernal.

– ¿Quién anda ahí? -gritó la fuerte voz de un anciano, la cual procedía desde dentro de la casa.

– Soy Dariem, Capitán de las tropas de la reina Trisha de Dloun, yvengo con mis amigos Pit, Felas e Ishari, el cual acaba de morir haceunos minutos. Necesito ver a Malakian para que me lleve hasta Yoah-respondió Dariem, alzando su voz totalmente resuelto.

– No tengo nada que ver con vos, ni con la reina de Dloun. Largaostodos de aquí y dejadme dormir en paz ¡Que no son horas de molestar!

– ¡El asunto es importante señor! ¡Necesitamos de los servicios deYoah, le pagaremos bien! -gritó Dariem un tanto airado, a la vez quecontrariado. Todos esperaban ansiosos la respuesta del anciano, sinembargo, este guardó silencio y no quiso decir más nada.

– ¡Maldito seais, señor! ¡Mal hombre y mal amigo! -gritó el jovenPit olvidando toda compostura-. ¿Acaso vos no haríais nada por Yoah siestuviese en la misma situación que Ishari, nuestro amigo?

– ¿Maldito? -preguntó el anciano, mientras salía por la puerta-.Malditos estamos todos en Pulgaris, desde que Yoah utilizó esos poderespara utilizar los cuerpos de nuestros muertos para luchar contra esasmalvadas bestias.

– ¡Ya lo sabemos! -replicó Pit.

– ¡No me interrumpas, y muestra más respeto, joven! -dijo airadoel anciano, Pit quiso replicar una vez más, pero Dariem le hizo unaindicación, y Pit asintió de mala gana-. Mi nombre es Malakian, y sí,soy amigo de Yoah desde nuestra más tierna juventud. Sé donde el mora,pero ¿Porqué habríamos de nuevo de desafiar a Dios? Vivimos en rocas,como ratas, por culpa de nuestra osadía. Dadme una buena razón para queos lleve hasta a él.

– La vida de nuestro amigo, nuestro oro… -dijo Felas.

– ¿La vida de vuestro amigo? ¿Vuestro oro? -Malakian, hace unapausa y mira a su alrededor-. Observad a vuestro alrededor, vuestroamigo yace muerto y Pulgaris es una ciudad devastada donde el polvo yla arena pasean a sus anchas por las calles, mientras nosotros tenemosque confinarnos en cuevas para evitar la maldición. ¿De verdad creéisque un puñado de oro hará algo en nuestra situación? ¿Quién ha sugeridotal cosa?

– El guardia que está apostado en el camino, antes de entrar a la ciudad.

– ¿Eso os dijo? -Malakian empezó a reír. Dariem y los demás lomiraban con extrañeza-. No quiero oro, quiero una razón, una razónpoderosa. Dadme esa razón y os llevaré hasta Yoah.

– Señor, discúlpenos unos segundos, por favor -inquirió Dariem conprofundo respeto y cuidado, mientras se retiraba junto con Pit y Felasunos metros para debatir-. ¿Tenéis alguna idea de la razón que podríaconvencer a este hombre, ya que ni oro ni un hombre que acaba de morirno es suficiente razón para él?

– Yo le haría hablar a ese vejestorio por las buenas o por lasmalas, pero vos decidís, mi capitán -dijo Pit aún enfadado por haberlomandado a callar.

– Ahórrate las formalidades para otro día Pit. Tenemos que hacer algo por Ishari, y tenemos que hacerlo pronto.

– Creo que este viejo sabe más de lo que parece. Sabe que no es solo lo de Ishari lo que nos ha traído hasta aquí.

– ¿A dónde quieres llegar a parar, Felas?

– ¿No os parecería raro que un capitán de las tropas de un reinocomo el de Dloun irrumpa de pronto llamando a vuestra casa pasada másde la medianoche sin más? Está claro, este hombre nos dará lo quequeremos, si antes nosotros le damos lo que él quiere saber, ¿o másbien debería de decir “ver”?

– ¡Ni hablar! ¡De eso nada! ¡No lo haré! -gritó Dariem enfadado.

– ¡Capitán! ¡Capitán! -inquirió Felas-. ¿Qué mayor razón que esa, para salvar a nuestro amigo, o lo que queda de él?

– Está bien, de acuerdo. Lo haré por la memoria de Ishari y por elbien mayor de nuestra causa -asintió Dariem un tanto resignado,mientras los tres, junto con el cuerpo de Ishari, ya se disponían denuevo a hablar con el anciano Malakian.

– ¿Qué, por fin, os habéis decidido ya? He estado a punto de sacar un taburete y sentarme. La noche ya refresca ¿sabéis?

– Prométame anciano Malakian, que la razón que le voy a mostraresta noche no la comentará a nadie, excepto al mismo Yoah, ni siquieraa su mujer, o hijos, o nietos, a nadie ¡Júremelo por el dios vivo!

– Lo juro -respondió Malakian solemne.

– He aquí los objetos por el que Ishari ha dado su vida, y por losque día y noche arriesgamos las nuestras -dijo Dariem mientras mostrabael mango y el trozo de la hoja de la Espada Sagrada.

– ¡Dios santo, entonces es verdad! -exclamó Malakian-. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Seguidme! ¡Por aquí!

El anciano Malakian, corrió deprisa hacia su caballo, lo montó sindilación y salió al galope, tan rápido como si el mismo Aleluya loestuviese persiguiendo. Dariem lo seguía con presteza desde el suyo,mientras que Pit y Felas hacían grandes esfuerzos por seguirlos a lavez que asían fuertemente las riendas del caballo donde estaba elcuerpo sin vida de Ishari. Salieron pronto de la ciudad devastada dePulgaris, y prosiguieron su camino hasta el sur hasta que llegaron auna de las desembocaduras del Río Viejo. A partir, de ahí el camino eraescarpado y los acantilados sustituyeron a las suaves arenas que habíajunto a la orilla del mar. Por lo que tuvieron que girar hacia el oesterío arriba, hasta que pudieron avistar el gran Árbol Sagrado, el cualse elevaba majestuoso en el horizonte. Cruzaron el río, y siguieron sucamino hacia el sur, en la lejanía podía ya entreverse lossobrecogedores árboles del Bosque de Hierro, con sus puntas afiladascomo sables.

– ¿Porqué nos aproximamos tanto al Bosque del Hierro? ¡Es demasiado peligroso! -gritó Dariem a Malakian.

– ¿Queréis ver a Joah, ¡sí o no!? -replico Malakian-. Seguidme,pues, y avanzad sin temor, porque a donde vamos, ni el mismísimo señorde la sombra conoce.

Raudos y veloces calbagaron hasta llegar a la Colina de los SietePicos, un monte cercano a La Barrera, maldito para hombres y demoniospor igual, símbolo del Gehena, la Muerte Segunda, la Destrucción Eternade donde no hay retorno ni fin. Los caballos relincharon fuertemente yse negaron a continuar.

– Mi trabajo ha concluido aquí -apostilló Malakian-. Desmontar loscaballos y seguid el sendero, a pie, hasta llegar a la cumbre de lamontaña. Yoah estará por allí. Espero que tengáis suerte vosotros yvuestro amigo, la necesitaréis. y ahora si me disculpáis, he de volvera Pulgaris -concluyó Malakian que dando una voz a su caballo dio mediavuelta perdiéndose en la oscuridad de aquel lugar.

– He de admitirlo, no me gusta nada este lugar -dijo Felas mirando a su alrededor.

– A mi lo que no me gusta nada es esa colina tan amenazadora -dijo Pit algo acongojado.

– Dejad a un lado vuestros miedos y vuestras dudas. Tenemos quehacerlo por Ishari. Subiremos esta misma noche, es más, subiremos ahoramismo -concluyó Dariem, que una vez más resuelto, desmontó su caballo yavanzó sin temor alguno por el sendero. Pit y Felas lo secundaron, nosin antes sujetar bien a los caballos en un árbol cercano mientrasasían el cuerpo de Ishari entre ambos.

Anduvieron por un rato por el sendero hasta que este se hizo mássinuoso y abrupto. La roca viva de la colina era tan afilada que eracapaz de cortar si uno no se andaba con cuidado. Conforme ascendíannotaban como las piernas empezaban a pesarles y el aire se hacía cadavez más difícil de respirar, además Pit y Felas tenían que transportarel cuerpo de Ishari, el cual era muy voluminoso, pero aún así nocejaron en su empeño por seguir adelante. De repente, unas rocas sedesprendieron frente a ellos, Dariem las evitó haciendo un saltoacrobático hacia atrás en un acto reflejo, eso le salvó de una muertesegura. Enseguida notaron que detrás de ellos se erguía una figurablanca, casi resplandeciente, sus alas plateadas no dejaba lugar adudas era…

– ¿¡Saeri!? -gritaron los tres al unísono.

– ¡El mismo! -exclamó Saeri con autoridad-. ¿Qué habéis venido ahacer a esta colina? ¿Por qué no seguís con vuestra misión? ¡Hablad!

– Necesitamos a Ishari, no podremos conseguirlo sin él -alegó Dariem.

– Ishari está muerto. Dio su vida para salvar a la niña enTormouth, su gesto fue loable y será recompensado por nuestro Señor, nopermitiré que corrompáis el cuerpo de Ishari con la magia de Yoah.

– ¡Es por un buen propósito! -gritó Pit.

– Por un buen propósito fue devastada la ciudad de Pulgaris-apostilló otro arcángel con autoridad. Era Rozeik, el cual se hallabamás arriba, pues fue él quien lanzó las rocas al paso de Dariem y susamigos.

De repente, el cielo se nubló y empezó a tronar y a caer rayoscerca de donde todos se hallaban. El ruido era ensordecedor y la escenapavorosa, todos se arrojaron al suelo, el cual también empezó a temblarbajo sus pies, hasta los mismo arcángeles cedieron en su temor. Una vozprocedente de cielo empezó a clamar y a decir:

“Dejen al hombre mortal seguir su camino.
Dejen al hombre mortal buscar su destino
¿Quiénes son ustedes para decidir por ellos?
Vayan, no obstante, y ayúdenlos en cuanto les pidan,
esta es ahora la misión de la Cuarta Espada Blanca”

Los arcángeles se arrodillaron y asintieron con un contundente“Amén”. Tras esto ayudaron a los hombres a erguirse, y a proseguir sucamino hacia la cima de la montaña. Allí encontraron a Yoah, el cuallos recibió algo sorprendido pues no solía tener visitas con asiduidad,y menos de esta índole, pero esta noche era muy especial, porque estanoche se decidiría buena parte del destino de los hombres.

– Yoah, hemos venido a ti, para que obres en el cuerpo de Ishari,y le devuelvas su vitalidad de modo que luche de nuevo a nuestro lado-dijo Dariem.

– Sabed que no será realmente vuestro amigo, sino un cuerpo vacíosin alma, sin sentimientos, solo un arma sedienta de sangre de aquellosque fueron sus enemigos.

– ¿Alguno de vosotros teníais algo contra él? -dijo Pit, al fin, sonriente y féliz.

– Está decidido -dijo Dariem-. Queremos que sea con Ishari justamente así.

– Entonces que comience el ritual. Dejad su cuerpo en el altar que hay en lo alto de la cumbre más alta.

Entonces subieron el cuerpo de Ishari a la cumbre más alta, y lopusieron en el altar tal y como dijo Yoah. Sin más dilación, Yoahempezó a conjurar, en un lenguaje antiguo, los conjuros que devolveríanla vitalidad al cuerpo de Ishari, hasta que algo, o más bien, alguienle interrumpió.

– ¡Alto! -exclamo una fuerte voz descendiendo de los cielos, unaestela dorada seguía tras de sí-. No es la voluntad de Dios que estecuerpo obre sin alma.

– ¿¡Cómo!? -preguntaron Pit y Felas contrariados-. Entonces la voz de antes…

– ¡No, no, no puede ser que seas tú! ¡Angeloaquím! ¿¡Qué haces túaquí!? -Preguntó Saeri con estupor a la vez que con indignación.

– ¡Eso! ¿¡Como has podido escapar del abismo!? ¡Maldito asesino! -exclamó Rozeik.

– No he escapado del abismo. He sido liberado del Tartarus, por orden expresa de nuestro Señor.

– ¡No puede ser! -gritó Saeri-. Tú fuiste el que ajusticiaste a laciudad de Pulgaris por orden de Dios, sin embargo, Dios no te dijo quematases a hombres, mujeres y niños inocentes sin piedad. Te excedisteen el castigo matando a gente inocente ¿¡Cómo que has sido liberado delTartarus!?

– Los años en el Tartarus dan para pensar, y para que alguien comoyo se arrepienta de sus acciones. He me aquí, precisamente paraenmendar mis errores y para evitar que algo como lo de Pulgaris vuelvaa ocurrir.

– ¿De verdad piensas Angeloaquím que vamos a creerte? ¡Saeri! ¿¡Deverdad vas a creer las falacias del hermano de Aleluya!? -dijo Rozeik-.¡Antes prefiero el Gehena que creerle! ¡Apresémosle!

Ambos arcángeles se abalanzaron sobre el ángel de luz, cuyas alaseran doradas, y su mirada firme. Angeloaquím sólo tuvo que extender lapalma de la mano contra ellos para que estos saliesen despedidos haciaatrás, y no pudieran ni alcanzarlo.

– ¡Maldito seas, Angeloaquím! -gritó Saeri.

– Sí, yo soy Angeloaquím, hermano de Aleluya, pero tambiénQuerubín de la Corte Celestial, Lugarteniente del Señor, su manosiniestra, el ejecutor de sus sentencias, más conocido como el Ángel dela Muerte, El Destructor. Antes abismado y ahora de nuevo al serviciode Aquel que es Uno y Verdadero. ¡Vuestro superior! ¡Así que unrespeto! No seréis vosotros quienes tuerzan la voluntad de Dios. Muchasvidas he segado a los hombres, es hora de que empiece a devolverlas dealguna manera en compensación por mis males. Verdaderamente, estehombre que yace muerto sobre el altar, volverá a la vida, es lavoluntad del Señor. Recobrará su alma y luchará para vengar la muertede esa niña que le atormentaba día y noche en vida. Sí, él será quienacabe con la vida de Pargon el Furiah que asesinó a aquella niña y aotra mucha gente inocente. Que sea justamente así. Amén.

– ¡Amén! -gritaron los arcángeles a regañadientes.

Entonces Angeloaquím extendió sus brazos hacia el cielo y este seabrió dejando pasar un haz de luz dorado tan potente que todos lospresentes, excepto Angeloaquím y los arcángeles quedaron cegados. Elcuerpo de Ishari, empezó a reaccionar a la luz, sus heridas se sanaron,sus pulmones se volvieron a llenar de aire, y su corazón volvió aimpulsar la sangre que aún ardía por sus venas. Pronto el rostro deIshari recobró de nuevo el color de sus mejillas, y sus ojos nuevamentecomenzaron a abrirse.

– ¿umm? -balbuceó Ishari aún un tanto desconcertado.

– ¡Ishari! -gritó Pit de alegría mientras lo abrazaba con lágrimasen los ojos. Dariem y Felas a duras penas podían contener su emoción.

– ¡Ummrrgggggg! -gruñó Ishari, pues tenía a Pit encima.

– ¡Alabado sea el señor! ¡Ishari está vivo! Es el de siempre -gritó Felas.

– Sí, pero por desgracia aún no puede hablar ¿Por qué? -preguntó Dariem a Angeloaquím.

– ¡Escuchadme todos! ¡Sobre todo tú Ishari! -exclamó el ángeldorado con solemnidad-. Te ocuparás de la niña de Tormouth como sifuera tu propia hija, ella llenará el vacio que hay en tí y aliviará tudolor, no obstante, no hablarás hasta que hayas acabado con Pargon elFuriah. En cuanto a Dariem y los demás, debéis de adentraros con Isharien el Bosque del Hierro y recuperar el objeto que andáis buscando. Unode los tres trozos de la Hoja Sagrada ha caído en manos de Pargon elFuriah. Pero no os entristezcáis por ello, al contrario, este hecholejos de ser un éxito para los demonios será el motivo de sus disputas.Debéis recuperar el tesoro divino, y provocar la guerra entre losFuriah y el resto de la horda.

– ¿¡Pero cómo lo haremos!? ¡Es demasiado arriesgado! -preguntó Dariem por primera vez escéptico.

– Os adentraréis esta misma noche. Os adelantaréis a la enviada deAleluya, Ishari matará a Pargon el Furiah justo antes de que éstallegue, recuperaréis el trozo sagrado, y haréis saltar las alarmas delos Furiah de modo que la descubran y capturen. La guerra estallará enese mismo momento. Cuando todo esto suceda, podréis aprovechar laconfusión para escapar del lugar.

– ¿Y porqué no nos ayudas tú directamente? -preguntó Pit con algo de impertinencia.

– ¿Acaso no habéis oído antes al Señor decir “Dejen al hombreseguir su camino… y buscar su destino”? Vayan, por tanto, y continúen,la Cuarta Espada Blanca os ayudará en esta misión también. Sea la pazde Dios con todos ustedes -concluyó Angeloaquím, y después de estaspalabras, se marchó y se fue dejando su estela dorada tras de sí.

– Bien muchachos -dijo Dariem-. Ya sabéis lo que tenemos quehacer. No perdamos el tiempo, recuperemos ese trozo sagrado yprovoquemos esa guerra. Ánimo Ishari, por fin, podrás vengar a esaniña. Ten fe en el Señor, si Él lo ha dicho, seguro que lo harás.

– ¡Hum! -exclamó Ishari totalmente resuelto asiendo de nuevo su gran hacha.


Aquí un comentario del autor original, después de haber posteado este capítulo:

Bueno ya he terminado de escribir el capitulo IX, espero que os guste. He intentado respetar al máximo el hilo de la historia, aunque he querido introducir algunas cosas nuevas (como el personaje de Angeloaquím, espero que sea de vuestro agrado, y la Colina de los Siete Picos, entre otras cosas). Bueno la verdad, es que si pudiera y me dejarais me gustaría repetir, la historia me ha encantado, bravo por todos los autores anteriores. Me ha enganchado.

Un detalle curioso de este capítulo es que la presencia de Felas estuvo en duda por un tiempo, dado un fallo de antigüedad producido en el capítulo anterior; sin embargo, ambos autores (skunkdf y Zollkron) decidieron dejar sus capítulos con la inclusión del susodicho personaje.