EURET: Capítulo XI, por Arawna11

Esta serie de entradas sobre el proyecto Escribamos un Relato entre Todos 4.0, está llegando a su fin, ya es hora de publicar la penúltima entrada con el capítulo XI, escrito por Arawna11. Éste fue posteado originalmente el 14 de mayo de 2007, alrededor de 20 días después del capítulo anterior. Si alguien desea leerlos capítulos anteriores, puede consultar el índice del proyecto.

Bueno, al fin he aquí esta nueva entrega del proyecto en curso.


Pisando fuerte

Pisando fuerte la tierra húmeda y oscura marchaban Dariem, Ishari y Felas, armas en mano. Habían entrado en el Bosque de Hierro cuando el sol había empezado a descender y ahora la oscuridad a su alrededor era casi tan densa como sangre de demonio. Pit iba unos metros por delante, silencioso y veloz. Su vista era mejor que la de sus compañeros, y en la oscuridad veía casi tan bien como durante el día más luminoso. Su madre le decía siempre cuando era pequeño que había sido bendecido por Dios al nacer. “En los tiempos más oscuros te alzarás y guiarás a los tuyos hasta el final de tortuosos caminos y hacia la libertad”, solía decirle mientras le acariciaba un mechón de pelo rubio. Ahora aquellas palabras parecían estar cobrando vida. Nunca antes habían sido tan apropiadas.
De repente un sonido a su derecha le sacó de sus pensamientos y le obligó a detenerse, cubriéndose tras el tronco de un árbol. Por unos segundos solo escuchó su propia respiración, hasta que el rumor de pasos de sus compañeros llegó hasta él. “¡Maldita sea!” pensó. Fuera lo que fuera lo que había oído permanecería oculto o se habría alejado ya tras escuchar el clamor del avance de sus amigos. Deseó con todas sus fuerzas que se tratara de un cervatillo o de la cría de un jabalí, aunque algo le decía –quizás aquel olor a azufre que le había llegado de repente, precediendo al ruido que le había alertado- que Dios no estaba hoy para recibir peticiones.
-¿Qué ocurre? –preguntó Dariem al llegar junto a él.
-Espero que nada –respondió Pit en un susurro, no muy convencido y llevándose el dedo índice a los labios, indicándoles que guardaran silencio.
El bosque a su alrededor estaba más oscuro que nunca, y pronto sintieron que algo no andaba bien. Ni un solo sonido llenaba la noche. Ni siquiera el zumbido de un mosquito.
-¿Qué ves, Pit? –preguntó Felas, inquieto.
-Nada. Nada se mueve. Hay casi demasiada calma…
Y la había. Una tranquilidad que helaba la sangre. Una calma que hedía a azufre, llenando las fosas nasales y bajando hasta los pulmones, intentando ahogarles.
-Hombro con hombro –dijo Dariem, alzando la voz, la espada y el escudo -¡Ya!
Justo en ese instante aparecieron los demonios, como si hubieran malinterpretado la órden del guerrero humano y la hubieran tomado como suya. Negras cimitarras aparecieron en la oscuridad, seguidas por dientes y garras de las que supuraba el mortal veneno del averno.
-¡Cuento más de cincuenta! –gritó Pit haciendo girar el bastón frente a él.
-Bien –dijo Dariem, tranquilo. A Pit le pareció ver por el rabillo del ojo como éste incluso sonreía –Podrían haber sido más. Me temo que nos han subestimado, o que más bien son una patrulla que se ha tropezado con nosotros por casualidad. Sea como sea, van a lamentar habernos encontrado. ¡Devolvámoslos adonde pertenecen!
El choque que se produjo a continuación fue brutal, y si hubiera habido algún testigo lo habría considerado épico.
El martillo de Ishari iba de un lado a otro, aplastando cabezas, brazos y torsos de demonio sin esfuerzo, como si fueran muñecos de barro. Lo blandía en su furia como si no pesara nada, y el mutismo del gigante junto al odio que transmitía su mirada parecía aterrar a muchos de los demonios que llegaban frente a él, dejándolos a merced del arma destructora.
A su lado, la espada de Felas cantaba una canción de muerte, sangre y venganza. Las cornudas cabezas empezaron pronto a amontonarse a sus pies.
Situado a su espalda, Dariem paraba una estocada tras otra y avanzaba, haciendo perder el equilibrio a sus enemigos para después ensartarlos.
Mientras, Pit esquivaba, saltaba y acuchillaba con la punta de su largo bastón. Aquello parecía un juego de niños. Los cuatro compañeros estaban ya cubiertos de sangre negra de los pies a la cabeza y los demonios que quedaban cada vez llegaban menos dispuestos a presentar batalla. Aquello estaba resultando demasiado fácil, pensó.
Y en ese momento, por encima de los seres demoníacos que se alzaban aún frente a él, los vió avanzar hacia ellos a través del bosque.
-¡Dariem! ¡Ishari! ¡Felas! –gritó. Ésta vez el tono de su voz mostraba preocupación, incluso miedo -¡Vienen dos escuadras hacia aquí desde el oeste! -cada escuadra demoníaca solía constar de cien guerreros y un demonio mayor que las comandaba. Una cosa era un grupo de cincuenta exploradores y otra aquello. Era una batalla que no podían ganar -¡Nos han visto! –gritó de nuevo. Calculó que llegarían hasta ellos en un par de minutos – ¡Vienennnnnnnnnn!
El grito del joven se vió apagado por el bramido de un cuerno de batalla. Los demonios se iban a dar un festín con su carne y ya lo celebraban.
Dariem se situó junto a Pit mientras Ishari y Felas enviaban de vuelta al infierno a los demonios exploradores que aún vivían.
-¿Qué hacemos, Dariem?
Dariem, Comandante Real de la Guardia de Dloun, último vástago de la familia Agila, solo acertó a decir:
-Lo que podamos, Pit. Lo que podamos.

Los cuatro guerreros esperaron en mitad del bosque, hombro con hombro, dejando a su espalda la montaña de cadáveres a la que habían prendido fuego y que ahora iluminaba la noche. Si iban a morir, que fuera viendo el rostro de sus enemigos.
Cuando tuvieron al ejército infernal más cerca, pudieron ver a los dos Garlaks comandantes, pero lo que más les sorprendió fue la presencia de un humano que avanzaba en el centro, flanqueado por las dos escuadras de demonios. Un humano de belleza imposible.
-¡El Furiah! –exclamó Felas -¡Ahora sí que estamos perdidos!¡Maldita sea…! Ahora que estábamos tan cerca…
-¡No! – le cortó Dariem. Una idea desesperada le rondaba por la cabeza -¡Aún tenemos una posibilidad! ¡Si matamos al Furiah y a los comandantes es probable que el resto de demonios salga huyendo! ¡Recordad las palabras de Angeloaquím!
Pit y Felas se miraron. Sus rostros mostraban incredulidad. Ishari gruñó a su lado, levantó el martillo, señaló al Furiah, y de repente se lanzó en dirección a la horda de demonios que ya estaban a menos de un centenar de pasos.
Dariem le siguió, alzando la espada y gritando:
-¡Vosotros dos encargaos de los comandantes! ¡Yo ayudaré al gigantón a llegar hasta el Furiah! ¡Por Dloun, ésta será una noche que pasará a los anales de la historia!
Felas y Pit vieron alejarse a sus dos amigos, se volvieron a mirar el uno al otro, se encogieron de hombros y se lanzaron con una sonrisa hacia lo que parecía una muerte segura.


Antes de la publicación original de este capítulo, ya había sido publicada la segunda recapitulación del proyecto, con los capítulos 6 al 10 del relato compartido. Igualmente, antes de la publicación de este capítulo, el autor original posteó varias críticas a los capítulos anteriores que, en su mayoría, no fueron bien recibidas.

Aquí un breve comentario del autor original sobre su capítulo:

Ale ya está, es cortito pero prefería dejarle la batalla al siguiente, que sé que os gusta relatar escabechinas Very Happy
Si quereis que lo alargue lo alargo, pero es que justamente éste capítulo estaba muy trillado. El ángel dice demasiado en el anterior capítulo  Twisted Evil
Demasiada poca libertad de acción, a menos que me dedicara a contar el pasado de otro personaje, y ahora tan seguido no era el momento creo
Razz