El mejor final

Queridos lectores, en esta ocasión publicaré una historia que terminé hace alrededor de dos años, una breve historia que he estado detallando durante aproximadamente tres años y comencé cuando alguien dijo que no escribía bien, necesitaba mucha práctica antes de poder escribir algo decente.

Realmente, ya había decidido publicarla antes en este tema de Zona Foro, pero bajo el nombre de Una mente perversa y siguiendo una línea argumental diferente, además de estar narrada por el propio protagonista. La que les ofrezco hoy, estimados lectores, es la "versión final" del escrito. Espero que sea de su agrado.


El mejor final

Primera parte

El bien y el mal, influencias opuestas, poderes adversos, fuerzas enemigas; pero que curiosamente no pueden existir la una sin la otra, de acuerdo al principio del maniqueísmo, en cual un sabio persa manifestó la dualidad de las fuerzas de luz del Ormuz y de las tinieblas del Ahrimán; ambas esencias son tan opuestas e indiscutiblemente inherentes como el anverso y reverso de una hoja en blanco esperando ser usada para escribir una inocente plegaria o una pecaminosa maldición.

Augusto, un virtuoso escritor, sabía, mejor que cualquiera, que eso era completamente cierto; cada libro que él terminaba de escribir y publicar, generaba en su mente un demonio, una tentación, un oscuro deseo que lo exhortaba a crear una diabólica historia sobre los peores temas de la corrupta sociedad en la que él vivía: pederastia, vicios, matanzas, etc. Augusto había materializado ya varios de esos malévolos anhelos, claramente ninguno de estos había sido publicado, pues él escribía cuentos infantiles, fábulas y no tenía intención de que la gente conociera las más profundas inmundicias de su mente.

Gradualmente, dejó de publicar las obras que escribía, pues éstas eran cada vez más perversas; se sentía mal, débil, vulnerable si no cristalizaba las degeneradas anécdotas que los demonios dentro de su psique le dictaban. Cada pérfida historia a la cual él negaba el acceso al mundo terrenal plasmándola en papel, se convertía en una pesada condena e insoportable tentación. En poco tiempo, Augusto abandonó la vida pública y se alejó de su esposa e hija, dedicándose por completo a complacer a los nefastos demonios que lo martirizaban día y noche; veía sus mezquinas obras: inmoralidad en cada palabra y cada letra, profunda lujuria en cada verso, olvido en cada una de ellas.

Tiempo después de retirarse de la vida pública, los demoníacos verdugos dentro de la cabeza de Augusto lo obligaron a cometer los inmorales delitos que plasmaba en sus prohibidas creaciones, para que de esa forma, él viviera lo que relataba en sus maliciosas obras y creara mejores historias, según las infernales influencias; de noche robaba, violaba, se dedicaba a la mala vida por completo y en el día se consagraba a escribir las inmorales crónicas, cuales los demonios le dictaban. En poco tiempo, sucumbió por completo a los malsanos vicios a los que lo incitaban los quiméricos demonios de su mente, hundiéndose en lo más profundo de las adicciones corrompedoras del alma.

Caminaba sin destino específico, cegado a la tortuosa guía de sus mefistofélicos amos. Los días pasaban, las semanas transcurrían, pero él había olvidado ya cómo se cuantificaba el tiempo. Llovía en las frías noches en las que vagaba exiliado, observaba su ruin reflejo en la sucia agua de los charcos: no reconocía a aquel sujeto andrajoso, demacrado y de aspecto cadavérico que le devolvía la sombría mirada a través de ese oscuro cristal en el suelo.

Frente a su reflejo, en esa extraña dualidad entre el bien y el mal, el abatido escritor se cuestionó sobre la verdadera identidad de tan desdichada figura: ¿un rebelde pecador que gozaba del libertinaje sin pudor ni censura o un abnegado escritor incapaz de cometer crimen alguno? Se respondió a sí mismo, susurrando: “más de mil libros con infinita cantidad de páginas podría redactar al respecto y aún así, no habría decidido quién es el verdadero ente que deambula en este mundo reprimido tras las falsas apariencias de la maldita sociedad; mas si ahora desisto de mi cometido, no habrá cura en este Mundo para sosegar mi dolor y eterno arrepentimiento”.

Continuará…


Esta es la primera parte del texto, estimados lectores, el martes o miércoles publicaré la segunda (y última) parte con el desenlace de esta nueva versión de la historia; espero que sea de su agrado. Y, por supuesto les agradezco enormemente por las 75,000 visitas a mi blog. Para celebrar, he terminado de aplicar todos los cambios a mi blog (skin y cabecera nuevos, emblemas cambiados, un nuevo bloque lateral y otros pequeños detalles).

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Nota importante: No publicaré comentarios en mis propias entradas, la razón aquí.

Saludos,
Desmodius.