El mejor final (3ra parte)

Queridos lectores, he aquí la tercera y última parte de esta breve historia sobre los crímenes de Augusto, un escritor obligado a delinquir por las voces que escucha en su mente.

Espero que el final sea de su agrado, ya que en base a ello derivarán muchos más historias que publicaré en algunos meses. Por fin, la conclusión de este breve relato de suspenso:


El mejor final

Tercera parte

Augusto, habituado a no recordar los eventos suscitados durante sus desdenes nocturnos, despertó pesadamente en el suelo, aun bajo los efectos del alcohol ingerido… todo era confuso. Extendió el brazo izquierdo: un indefenso bulto yacía a su lado, inerte, sumiso, frugal, ajeno al tiempo… vio su cara inocente, descubrió su cuerpo sin vida, aun con los ojos abiertos, pero inexpresivos… la imagen de su mayor  tesoro perdido lo hizo proferir el más amargo y lacerante grito de su alma; haber finiquitado tan corta vida: un hecho infame, acto imperdonable… justicia del hado.

Quizá Augusto no soportaba el martirio de las condenas impuestas por los nefastos demonios en su mente, pero ningún suplicio tan grande como aquel con el que él mismo se había estigmatizado. Injusticia por justicia; los demonios lo martirizaban para obligarlo a escribir sus obscenos textos, pero él sólo podía pensar en el atroz crimen que había realizado; crimen imperdonable: castigo redentor; al anochecer, el olor a combustible inundaba toda la bodega. Él tenía una hoja en blanco frente a sí mismo, una pluma en una mano rogando por crear maldad y escribir una historia prohibida más en el Mundo; una pistola en la otra, clamando justicia… soltó ambas cosas, no escribiría otra obra prohibida y para qué matarse sólo a sí mismo, los perversos demonios dentro de los confines de su mente habrían cumplido su cometido entonces.

Sacó un cigarrillo. “No fumes; es dañino para tu salud, corazón” le decía cuando era joven, su sabia madre, pero Augusto encontraba irresistible la ocasión para fumar estando rodeado de litros de combustible envenenando la pulcra escritura de todas y cada una de sus inmorales historias. Los enfurecidos demonios le ordenaban escribir a Augusto, pero éste comenzó a fumar tranquilamente, tiró el cigarrillo al suelo y la morada de sus vástagos retóricos explotó en llamas; fuego destructor, exterminador, redentor de culpas. Un último instante vio Augusto los rostros de los demonios consumiéndose en el fuego del perdón, pensó: “Entre todos los finales que escribí para mis historias, mi propio fin es el mejor de todos ellos”.


En la primera versión que publiqué de esta historia, puede observarse de mejor forma cómo servirá de nexo entre los demás relatos. Será Augusto quien, en penitencia por sus crímenes, deba escribir la historia de las almas atormentadas que halle en su camino. De este modo, crearé la colección "Historias de una mente perversa", tal y como ya había mencionado en esta entrada.

De momento, tengo planeados los siguientes relatos para incluir en dicha colección:

  • El velo de las ilusiones
  • Herne el Cazador
  • La mansión Aguilar
  • El monasterio
  • En búsqueda del retrato negro
  • La huella roja

Y quizá alguna otra que se me ocurra en los próximos meses. Bueno, este tema ya lo trataré de forma más amplia cuando sea oportuno, no deseo adelantar hechos y no poder cumplir con mis objetivos posteriormente. Aprovecho la ocasión para comunicarles que ahora, estimados lectores, pueden seguirme a través de Twitter:

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Desmodius.