¡QUE GRANDE ES SER GRANDE!

La vida de un lagarto es de lo mejor, ya que si estás cansado no está mal visto que te tumbes a la bartola y te pongas a tomar el sol. Además, si eres más grande, del tamaño de un cocodrilo, es que no tienes ni que lavarte, abres la boca y ya tienes a dos o tres pájaros a tu servicio quitándote la caries de los dientes. Y si te entra hambre, pues cierras la boca y punto.
El caso es que siempre me han fascinado los reptiles, mucho antes de la serie ‘V’, porque yo al ser un duende tan pequeño siempre los veo como dragones, y pienso ‘quién fuera dragón’ o al menos, ‘quién pudiera volar sobre uno de ellos’.

Videojuegos donde aparezcan dragones hay miles, y donde tengas que acabar con ellos hay cientos de miles, pero donde el protagonista sea un dragón, o maneje a uno de ellos, los puedes contar con los dedos de las manos… de los pies… y algo más. No obstante, sorprende que uno de los primeros juegos en ser protagonizado por un dragón siga siendo también uno de los mejores de todos los tiempos, original e irrepetible.
Para la gente que se acaba de incorporar a esta apasionante forma de ocio que son los videojuegos les diré que antes de los polígonos existían los sprites o gráficos 2D creados a partir de píxeles que eran los puntitos que aparecían en pantalla. Pues bien, debido a la baja resolución de los equipos, estos sprites no solían ser muy grandes, y de serlo, se reservaban para los enemigos de final de fase. Thanatos te ponía al mando de un enorme dragón que ocupaba más de un cuarto de la pantalla de juego, tamaño inimaginable para los equipos de 8 bits de aquella época.

En 1986, Durell Software, creadores de otro de mis juegos preferidos (Saboteur), saca al mercado un juego donde un guerrero es transformado en dragón a causa de un hechizo (y encima le coge en época de exámenes), por lo que tiene que penetrar en tres castillos para rescatar a una bruja (no, no es Elvira), un libro de hechizos (no, no es el de las Embrujadas), y un caldero mágico (no, no se refiere a una olla a presión), para poder recuperar su apariencia humana. Durante su aventura nuestro dragón se tendrá que enfrentar a unos minúsculos humanos que le arrojan de todo menos pipas, a gigantescas abejas o arañas, y a dragones de dos cabezas. Para combatirlos nuestro héroe dispone de su contundente aliento (ya que además de tener halitosis posee una potente llamarada), y de sus garras, pues gracias a no cortarse las uñas en siglos puede capturar a sus enemigos y arrojarlos al suelo, o sostener piedras y lanzárselas para demostrarles lo importante que es salir a la calle con casco.

Pero no os creáis que vivir como un dragón es tarea fácil, porque aparte de no encontrar ropa interior de tu talla, cualquier roce o daño hace que nuestro corazón vaya más rápido que el acelerador ese de partículas que está tan de moda. Por suerte, si nos quedábamos sin fuego, como no teníamos un mechero cerca, bastaba con devorar a unas doncellas que permanecían atadas y custodiadas por un caballero (la gente es muy rara). El caso es que era terriblemente divertido y difícil el velar por la vida de nuestro dragón y el de la bruja, pues si está se caía de nuestro lomo y perdía la vida, nuestra partida terminaba irremediablemente al no poder recuperar nuestra forma humana (aunque si el guerrero se parecía al Pozi, mejor era no terminar el juego).

Desde entonces ningún otro título supo reflejar el vuelo de un dragón de esa manera, aunque pronto empezaron a proliferar múltiples shoot ‘em up (matamata de toda la vida) de scroll o desplazamiento vertical u horizontal que tras aparecer en las máquinas recreativas o arcade fueron en su mayoría convertidos a los ordenadores.
Dragon Spirit fue una máquina arcade lanzada con bastante éxito en 1987. No era más que otro mata marcianos de movimiento vertical creado por Namco, pero tenía la ‘originalidad’ de manejar a un dragón en vez de a una nave espacial. Sobra decir que los proyectiles en forma de misiles eran sustituidos aquí por llamaradas y las bombas por cagadas de dragón (bueno, creo que esto último no llego a implementarse). Tuvo una segunda parte en 1990 llamada Dragon Saber que permitía la participación en cooperativo de dos jugadores (aunque siguieron sin implementar lo de la cagada del dragón).

En 1989 y a la estela del magnífico R-Type salen dos mata marcianos arcade de scroll horizontal: Saint Dragon y Dragon Breed. En ambos manejamos un dragón cuyo cuerpo es invencible, sin embargo en el primero manejamos a un dragón de metal, y en el segundo a un dragón chino manejado por un humano (ni idea de la nacionalidad). Dragon Breed es sin duda un clásico y el mejor arcade sobre dragones que existe, ya que como Thanatos hay que cuidar del personaje que monta al dragón y encima en ocasiones este puede bajarse dando paso a un juego de estilo plataformas. Ambos tuvieron sus respectivas conversiones a los 8 bits.

Ese mismo año sale Dragon Scape para Amiga, otro shoot ‘em up que nos ponía en manos de un dragón con la única novedad de tener un desplazamiento multidireccional. Un juego muy recomendable para dejar a tus amigos porque tampoco pasaría nada si llegaran a perdértelo.

Al año siguiente aparece Dragon Strike en el Amiga, cuya versión NES era muy similar gráficamente al Dragon Spirit, pero que al estar basado en el Dungeons & Dragons incluía elementos de rol y el dragón podía ser mejorado. Aunque nunca llegué a probar la versión de NES, de la del Amiga tan sólo puedo decir que me trae recuerdos muy agradables ya que utilizaba el disquete a modo de posavasos.

También para la NES sale en ese mismo año el juego Dragon Figther, que no hubiera pasado de ser otro mata marcianos más de desplazamiento horizontal si no hubiera sido porque la protagonista tenía la habilidad de convertirse en dragón una vez conseguía rellenar la barra correspondiente (hay que ver lo mal que llevan algunas los cambios hormonales).

Pero hubo que esperar a las 32 bits para disfrutar de los mejores juegos de dragones. Aunque sin duda, quién mejor supo combinar el vuelo de un dragón con la acción y las excelencias técnicas de una consola ese fue el Panzer Dragoon de la Sega Saturn, que vio la luz en 1995. Por desgracia, el nefasto destino de esta videoconsola no hizo justicia a muchos de sus títulos, muy por encima de la media mostrada en aquellos tiempos. Sin embargo, los buenos jugadores no se olvidan de este increíble juego y de su precuela, sobretodo después de que tanto Xbox como PS2 tuvieran posteriormente sus respectivas versiones.

El tercer título de la Saturn, con sus cuatro discos en los que se reparten las 12 horas de juego, se ha convertido en todo un clásico. Tras la introducción, de diez minutos de duración (los videos del MSG4 son largometrajes al lado de esto), el jugador se ve rodeado por multitud de efectos de luz, transparencias, y morphing que se acompañan de magníficas melodías mientras se disfruta de la influencia en el diseño del francés Moebius. Si te estás leyendo está entrada un poco por encima aburrido ya de tanto dragón, y dando gracias porque no me dio por hablar de los dinosaurios, te diré que este juego es un MUST HAVE en toda regla.

Posteriormente fue la PSX quién recogió el testigo (que no testículo) del dragón como protagonista de un videojuego, con el soberbio Spyro de 1998. El juego nos ponía en las manos a una cría de dragón que se movía de forma fascinante por un amplio mundo en 3D. El protagonista hacía de todo (como el perro del anuncio de la once), corría, volaba, nadaba, y hasta le quedaba tiempo para pasarse por su página web personal. La calidad del mismo y su infantil diseño hicieron que pudiera ser disfrutado por un amplio abanico de jugadores. Y aunque poligonalmente no estuvieran definidos, Spyro los debía de tener bien grandes, porque pronto confundieron sus huevos con los de la gallina de oro. De Spyro se han llegado a hacer hasta siete juegos diferentes para las consolas de SONY, de los cuales personalmente me quedo tan sólo con los dos primeros. Se trata de una saga que sin duda merece ser remozada y que a buen seguro daría mucho juego en las consolas de esta generación.

Ese mismo año sale también una nueva recreativa de desplazamiento vertical que consigue dejar en evidencia (y no digo en bragas porque prácticamente hoy en día ya sólo se usa el tanga) a los títulos anteriores del mismo estilo, Cyvern. El lado negativo es que no tiene conversión para consolas (al menos que yo sepa), pero el positivo es que siempre puedes emularlo si encuentras la ROM, lo cual es altamente recomendable ya que de seguro disfrutarás con está joya gráficamente sobresaliente, de sonido trepidante, y una dificultad que ríete tu de las pruebas físicas para ser bombero.

En 2000 aparece la última arcade que yo conozca hasta la fecha en la que haya un dragón por protagonista. En Dragon Blaze, creada por Psikyo, son hasta cuatro los héroes con su correspondiente montura a los que se pueden seleccionar para enfrentarse a esta máquina de scroll vertical que admite el modo cooperativo para dos jugadores. Aunque en 2004 salió una versión para la PS2, y a pesar de tener una pinta exquisita, como no he jugado a este título el único comentario que puedo realizar es que tengo que cambiarle las pilas a mi ratón inalámbrico porque ya tiene el led de carga en rojo.

Pero también la PS2 recibió títulos donde los dragones tenían el papel protagonista. Lamentablemente ninguno de los tres permitía el uso del dragón durante toda la aventura, y aunque eso le otorgaba una mayor variedad al título, también lo convertían en un mero co-protagonista del personaje humano. Lo que si está claro es que en todos ellos, las fases en las que manejas al dragón son lo mejor del juego, y que se nota la influencia ejercida años antes por Panzer Dragoon.
Drakan: Order of flame sale en 1999 de la mano de Surreal Software para PC, y combina lo mejor de las aventuras de Tomb Raider, con una protagonista semejante a Lara, y elementos de otros géneros como los RPG. Gráficamente lucía muy bien, con cambios climáticos, y el hecho de que pudieras llamar y montarte al dragón en cualquier momento (en el buen sentido de la palabra), y atacar a los enemigos de tierra desde el aire lo convertían en un juego impresionante. Drakan es uno de esos juegos que pese a no tratarse de obras maestras si que merecen la pena ser disfrutados y ocupar un hueco en nuestra ludoteca, y prueba de su éxito fue su versión en 2002 para la PS2, DraKan: The ancient’s gate, que si bien no sorprendió a nadie en ningún aspecto, al menos se mantuvo a un nivel aceptable que lo convierte en el mejor título protagonizado por dragones de esta consola.

Reign of Fire para PS2 y XBOX estaba basada en la película de su mismo nombre aparecida en 2002, y a pesar de la mediocridad del film (nótese que mediocridad aquí significa ‘malo de cojones’), el juego se tomó algunas libertades para hacerlo mucho más jugable y divertido. Sin embargo, no destacaba en nada, salvo por unos gráficos correctos y una buena ambientación, y lo mejor que ofrecía era la campaña con los dragones a la que sólo se accedía tras finalizar la campaña con los humanos (si lo hubieran hecho al revés la mayoría de la gente sólo se hubiera pasado la primera parte del juego).

Drakengard sale para la PS2 en 2003 de la mano de Square Enix por lo que a priori, vistos los trabajos de este estudio, el título prometía. Pero ya lo dice el refranero ‘cría fama y tócate la rama’ (es que el refrán original no rima), porque por desgracia no tuvo nada que ver con otros títulos de la compañía, su mezcla de géneros al estilo Dinasty Warriors y Panzer Dragoon no llegó a convencer a nadie (ni siquiera su segunda parte editada en 2005), y la longitud de los niveles, junto a la simplicidad y monotonía lo convertían en mi opinión en un juego más aburrido que el discurso del Rey el día de Nochebuena.

Pero lo peor estaba aún por llegar, porque en 2007 SONY anunció con bombo y platillos (por no decir con una orquesta entera) la llegada de Lair, no como el juego de dragones definitivo sino como un juego capaz de demostrar la ‘superior capacidad’ de su consola PS3. Lamentablemente con lo de ‘superior capacidad’ se estarían refiriendo al tamaño de la consola en sí, ya que el juego se diluyó en sus propias expectativas, pues una implementación nefasta del sixasis (eso que trae incorporado el mando, que según SONY es más importante que la vibración, pero que pocos juegos lo usan, y por eso los nuevos mandos vibran), junto con una más que cuestionable tasa de framerate, dieron al traste con un más que buen apartado gráfico y sonoro.

Tras esta decepción, el duende que os escribe espera impaciente que alguien se tome el suficiente interés como para despertar a un verdadero dragón del letargo de su cueva, y nos deje tomar las riendas de su montura con una brillante puesta en escena digna de un ser de semejantes proporciones. Hasta entonces, los fanáticos de los dragones seguiremos soñando con el regreso de Thanatos, o la aparición de Smaug ‘El Dorado’ en el mundo de los videojuegos.
¿Y TU QUE OPINAS?, ¿CUAL ES TU JUEGO DE DRAGONES FAVORITO?
(CONTIENE SPOILERS: los del ‘Bubble Bobble’ son dinosaurios)