Los VIDEOJUEGOS: Esa gran INJUSTICIA

Seamossinceros, lamentablemente los videojuegosson para muchos videojugadores, incluso para muchos bloguers de esta comunidad,un capricho, un artículo de lujo que deberíamos pasar por alto sino podemos permitirnos el pagar por ellos. Supongo que dirán lo mismo de unlibro, una canción, o de una película, poniéndolos tristemente a la altura deun coche, una ropa de marca, o cualquier otro bien material que no sea de primeranecesidad. Yo sin embargo me confieso raro y me siento extrañamenteestúpido por pensar en ellos como un biencultural que debe ser accesiblea todo hijo de vecino.

Quizáses porque soy tonto y no entiendo el verdadero significado de vivir en un Estado de Derecho que defiende nuestroacceso a la cultura a través de su Constitución,concretamente mediante su artículo 44.1,que dice textualmente ‘Los poderespúblicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienenderecho’, donde se reconoce que se trata de un derecho fundamental. El problema para muchos es que cuando hablamosde cultura piensan que se hace sóloen base a las letras y las artes, e inexplicablemente losvideojuegos aún no se han considerado un arte como tal. Sin embargo, aunqueesto fuera cierto, lo que es imposible obviar es que los videojuegos son un tipo de softwarelúdico que se encuentra también protegido por la leyes del copyright, ya que hace más de treinta años que los programasse consideran una construcción culturalen vez de técnica, como obras que seescriben y no como productos que se manufacturan, reconociéndose la capacidadexpresiva de los mismos. Por tanto, no cabe la menor duda de que el software, videojuegos incluidos, forma parte dela cultura a la que nuestro Estado nos debe garantizar el acceso y poner al alcance de todos.

Porotro lado, en nuestro ordenamiento jurídico el derecho de autor está reconocido como un derecho a la propiedad intelectual que recae sobreun bien inmaterial denominado obra,pero no está considerado como un derecho fundamental. Eso no quieredecir que los autores, los creadores de la obra, no merezcan ser reconocidos y recompensados por su trabajo, o incluso que la industria que loscontrola no nos imponga un ‘peaje’por el acceso al mismo, pero no a costa de comportarse como meros usureros. Y es que el único problema que existe en nuestro país noradica en la piratería, sino en quela industria audiovisual usatécnicas de mercado obsoletas yademás es la única responsable,junto al Estado, de que no exista unverdadero equilibrio entre el derecho de autor y el derecho de acceso a la cultura

"El libro, como libro, pertenece al autor,pero como pensamiento el libro pertenece al género humano. Todas lasinteligencias tienen derecho de acceder a ese pensamiento. Si uno de los dosderechos, el derecho del escritor y el derecho del espíritu humano, debiera sersacrificado, debería ser el derecho del escritor, pues el interés público esnuestra mayor preocupación, y todos, lo declaro, deben estar antes quenosotros."

Víctor Hugo

Resultacurioso como una herramienta diseñada para fines militares,  encargada por el Departamento de Defensa de EEUU paraque la intercomunicación entre sus ordenadores no dependiera de un servidor quecentralizase la información en caso de ataque nuclear, se haya convertido en elmedio de comunicación más democráticoy libre que existe. Internet ha supuesto una revolución tan grande como en su día lofue la mismísima invención de Gutenberg,pero ni las leyes ni una industria anclada en su pasado analógico han sabido adaptarse a los nuevos cambios. El copyright fue establecido tras laaparición de la imprenta en calidadde norma industrial, siendo sufinalidad la de fomentar la literatura y el arte, y no el impedir que la gente compartiera sin ánimo de lucro,pues se entregaban los derechos de copiaa una incipiente industria quedisponía de unos medios que no estaban al alcance de cualquier lector o ciudadano de la época. Se trataba pues de una regulación que establecía las condiciones de competencia entre las empresas editoriales. Y para limitar los abusos derivados decualquier monopolio dichos derechosse rescindían con el paso deltiempo, cosa que en Estados Unidosse conoce como Ley de Mickey Mouse,porque cuando el ratoncito debió formar parte del dominio público, el período de explotaciónexclusiva sorprendentemente se vió incrementado gracias a una oportuna reforma de las leyes. 

Hoy en día tanto la aplicación del derecho de autor como las industriasque lo sustentan se encuentran completamente desfasadas. Primero porque se ha convertido en un instrumento con el que las grandescorporaciones se apropian de las creaciones de los autores para asegurar su explotación mercantil, privando incluso a su autor de reproducir supropia obra. Y segundo, porquepara que el autor que crea una obrapueda obtener beneficios económicosmediante la explotación de su actividad creativa, requiere la participación demúltiples agentes, por lo que paraque dicha obra produzca rendimientos suficientes para todos los implicados, el monopolio ha de ser cada vez mayor e impedir cualquier tipo de uso que no produzca rendimientoseconómicos. Es decir, esta herramienta haconseguido la privatización de la cultura a manos de unas grandescompañías que mantienen un control total sobre el trabajo artístico desdesu origen hasta el consumidor final, decidiendo  que obras podemos disfrutar y en qué manera, ycomo todo monopolio, impidiendo la aparición de una competencia que pudiera influir en el precio que ellas mismas son lasencargadas de fijar. En definitiva, elproblema no lo ocasionan losusuarios accediendo sin pagar a las obras, sino a la ambición sin límites de los agentesque exigen la parte que les corresponde por la explotación de las obras, o sea, la cultura que antes se consideraba un bien patrimonio de la humanidad es ahora una mercancía a la que solo puedes acceder si tienes dinero, y talconcentración de poder es indeseableen cualquier tipo de industria, ymucho menos en el campo de la cultura. 

"Una democracia noestá segura si el pueblo tolera el crecimiento de un poder privado hasta talpunto que se convierte en más potente que el propio Estado democrático. Enesencia, eso es el fascismo".

 

FranklinDelano Roosevelt

La red ha roto ese monopolio y ha permitido que cualquier persona pueda tratar de tú atú a los tres oligopolios de la información, la televisión, la radio, yla prensa escrita, logrando queninguna voz pueda quedar en el silencio, permitiendo que la información y la cultura fluyan libremente.Ya no tiene sentido un aparatoindustrial para copiar textos o para producir, editar y distribuir música ocualquier obra multimedia,hoy en día la tecnología digitalpermite hacer y compartir copias muyfácilmente, y las compañías pretenden impedirlo escudándose bajo las leyes del copyright para amenazary coaccionar a los usuarios mediantedemandas o sistemas de restricción digital diseñados paraimposibilitar la copia. Antes la sociedaddelegaba un derecho que no podía ejercer, pero actualmente puede ejercerlo yademás quiere recuperarlo. Este es el motivo por el cual la industria intenta prohibir cualquier tipo de copia,por el cual intenta que sus derechossobre las obras no sean temporales sino eternos,y por el cual exige un endurecimientode las penas y de las normas.

No hay que olvidar que la industriadiscográfica y videográfica tienenigual peso o más que la petrolera, y poseenlos recursos suficientes para demonizarel intercambio de archivos y criminalizara todo aquel que se atreva a romper su monopolio,por mucho que la ley novea un delito en el uso de una copiacuando no exista ánimo de lucro. La únicaque ve algo punible es una industria que lleva tratando a la cultura como una mercancía desde tiempos inmemoriales y no como un derecho constitucional de todos que no debeencontrarse en manos de unos pocos. Para ello hacen un uso incorrecto einnecesario de la palabra ‘piratería’en referencia a las copias no autorizadaspor ellos, hasta pretenden igualar la palabra ‘copia’ con ‘robo’, comosi se trataran de lo mismo, como si fuera igual un hurto de tu propiedad a quete copien una canción, y lo peor de todo, han hecho creer que sin los derechos de autor los creadores notendrían otra forma de obtener beneficiosy de ganarse la vida. Indudablementeesa ‘piratería’ de la que hablan esun grave problema, pero sea cual sea la soluciónno debe implicar una vulneración delos derechos fundamentales. Y muchomenos, por muy difícil que resulte de controlar sin una estructura de vigilancia que pisotee derechos civiles tan elementales comola privacidad de las comunicaciones, que el intercambio de archivos siga comparándose a un acto criminal, que se tilden a los millones de personas queparticipan en esta actividad de delincuentesy ladrones, a los que asustanexigiendo absurdas y desproporcionadas penas de prisión por la descarga de una obra, mientras que su verdadero hurto en las tiendas no constituiríaningún delito sino una mera falta.

"Hoyquiero hablar de la piratería y la música. ¿Qué es la piratería?. Piratería esel acto de robar el trabajo de un artista sin intención de pagar por él. Noestoy hablando de programas como Napster. Estoy hablando de los contratosdiscográficos.”

 

Courtney Love

Asíes como pretenden ‘educar’ al pueblo,bajo la amenaza y la desinformación, como si fuéramos unosdesalmados que desde la más tierna infancia aprenden a delinquir, como si ellosno fueran realmente unos ladrones de guante blanco, como si no fuera admirable laconducta altruista de muchosusuarios que comparten sin ninguna prestación un libro, una película, unacanción, con el fin de que todos puedan tener acceso por igual a la cultura, independientemente de su nivel de adquisición. Les gustaría enseñarnosa ser más egoístas, a ser más competitivos, pero es algo que nocuadra con el espiritu natural de lagente, el cual impregna también Internet,el lugar donde grandes proyectos han nacido bajo este auspicio de colaboración mutua, como el movimiento Linux, la única alternativa libre al monopolio de Microsoft. Loque realmente hay que cambiar no es la mentalidadde los ciudadanos, sino la visión de los derechosde autor, sobretodo cuando los unicos intereses que estan protegiendo sonlos beneficios de las grandes multinacionales. Debe establecerseun justo equilibrio entre el derecho de acceso a las obras y el derecho de autor que requiere que esteúltimo sea concedido a los que verdaderamente debe proteger, al autor y a su obra

Unejemplo actual de cómo la industria vela más por el derecho a seguir sacando la misma tajada y beneficio que antaño por sus productos que por fomentar la distribución y el acceso a sus obras se encuentra en la surrealista situación en la que se encuentran los precios del sector de los videojuegos en España. Un mismo título,con los mismos idiomas y extraspuede costar 20€ más caro en nuestropaís con respecto a otros de la unión europea como UK, que cuenta además con un nivel de vida y salarios mayores alnuestro. Hablamos de un producto que nuestros vecinos anglosajones puedenadquirir como novedad al precio de 46€, cuando nosotros llegamos a pagar 65€, es decir, en nuestro territorio sepaga un 40% más por un videojuego.Esto es especialmente doloroso cuando ambas versiones son exactamente iguales salvopor el idioma que aparece en su manualy su portada. Pero incluso suponiendo,como ocurre en algunas ocasiones, que la versiónespañola cuenta con el extra de tener en exclusiva voces y textostraducidos en perfecto castellano,pagar ese porcentaje de más por cada unidad sigue resultando algo excesivo.

"¿Por qué va a pagarun chaval 25 pavos por un DVD si sabe que no cuesta eso?", "A mí lapiratería me ha hecho perder mucho dinero como productor de películas. Sinninguna duda es una lacra enorme, pero la culpa de que exista y del daño queestá haciendo no es de los que bajan películas gracias a Internet, la culpa esnuestra porque no hemos sabido organizarnos.", "La culpa no es sinode los que trabajamos en el cine y lo que no puede ser es que el creador o elproductor pierdan dinero mientras un intermediario norteamericano se lleva unmargen de beneficio amplísimo."

 

Fernando Guillén Cuervo

Esoes lo que recientemente me pasó al plantearme la adquisición de HALO REACH, un juego que en UK sevendía al precio de 45,50€,incluyendo un casco descargable, y los gastosde envío completamente gratuitos,cuando, incomprensiblemente, cualquier tienda online nacional me cobraría un mínimo de por su envió a Canarias.Sin embargo esta misma insularidadque tan poco nos beneficia a la hora de comprar en península, nos ayuda bastante en el mercado local. Aquí las cadenas de videojuegos como GAME ponen sus precios en función de sucompetencia más próxima, y ese es elmotivo por el cual varían los preciosde una tienda a otra. Dicha competencia viene de mano de varios comerciosregentados por hindúes que traencontenedores con un juego superventaspara ponerlo en el mercado con un margenmínimo que les asegure la afluencia de público y compradores en sustiendas. De esta forma, un juego en GAMEque en su web está a 64,95€ se puede encontrar a 52,95€ en una de sus tiendas gracias aque uno de los establecimientos hindúes de la zona lo vende por esa cantidad.Esto ya supone que en cadenas como GAMEalgunas de sus tiendas ya obtengan 12€netos de beneficio, pero si tenemosen cuenta que la tienda en UK quevende el juego a 45,50€ también estásacando un beneficio de la venta,por muy pequeño que sea, comprobamos que en España pago más queno sé quién se los lleva. Y estúpido de mí, he preferido comprarlo en el mercado local, porque esos euros extra asumoque compensan la tarea de doblaje y localización, aunque sea una labor que en otros lugares del mundono supongan un coste añadido. 

Noobstante no hace falta ser muy listo para darse cuenta del valor real de un videojuego. No es igual el coste de producción que supone un GTA que un Metro 2033, ysin embargo cuestan casi lo mismosegún la plataforma. No debería ser lo mismo sacar un juego para una consola enla que vas a tener perdidas por ‘piratería’que para otra donde ésta es inexistente, y sin embargo son similares los precios de la PS3y la 360. Es decir, los precios yaestán establecidos, son inamovibles, y se desconoce cuantacantidad de este dinero recae en el propietariode los derechos y que parte llega a su verdadero creador. Lo que si se conoce, es que cada cierto tiempo lasconsolas reciben una versión económicade sus éxitos, versiones completamente iguales a las que en su día salieran almercado pero al precio redondeado de 20€.Está claro que estas versiones, a pesar de su bajo precio de venta, siguenreportando un beneficio a suscreadores ya que nadie vende por amor al arte. La conclusión es que, aladquirir una novedad por 60€ realmente estamos pagando tres veces su valor monetario, y eso esun gran esfuerzo que recae en manosdel consumidor. Este valor mínimo es más que evidente cuandoobservas a compañías como EA rebajarel precio de sus novedades a 20€para impulsar las ventas de las mismas, algo que ya pasó con la segunda partedel Army of Two. Lo mismo ocurre conlos videojuegos para ordenadores como PC,más económicos al no tener que pagarpor los costosos kits de desarrolloy los royalties a las propietarias de la marca de la consola, pero excesivos si tenemos en cuenta los precios a los que compañías comoFX Interactive sacan sus articulos.¿Os suena de algo?. A los más viejosdel lugar les recordará mucho a la situación que se vivió en España en este sector allá por 1986 cuando por culpa de la lacra de lapiratería las distribuidoras se vieron obligadas a llevar a cabo una reestructuración de los precios queefectivamente acabó con el problema, ya que los juegos pasaron de valer 2500 de promedio de las antiguaspesetas a 875, es decir, se estabapagando también tres veces el precioen el que se podía vender un videojuego nuevo. En definitiva, ‘el precio lo fija el mercado’, si, peroa partir de los designios de las multinacionales.

Estaentrada ha sido creada con el fin de recordarnosa los videojugadores que discusionesaparte sobre si los videojuegos sono no un arte, forman parte de la cultura,y como tal no son un bien de lujo sino algo a cuyo acceso tenemos derecho. Está pues en nuestra mano elpermitir o no una estrategia de precios abusiva. Mientras las grandes compañíasno adecuen sus arcaicas estructuras a la situación tecnológica actual y elEstado no modifique las leyes conforme a los tiempos que corren seguiremossiendo los ciudadanos los que carguemos con el coste de otorgarles los derechosde autor a una industria que sólo los aplica para su propio beneficio. Por mucho que intenten asustarnos o controlar otros mercados que se escapan de sus manos, las ofertas, la importación, la segunda mano,e incluso las descargas digitalespara quién no puede permitirse el lujo de pagarlo, deberían ser la únicacontestación a las excesivas presunciones de estas grandes compañías que monopolizan por desgracia nuestra pasión por los juegos. 

"Creo que losvideojuegos de segunda mano ayudan a extender el mercado, y creo que losjugadores deben obtener siempre el mejor precio que puedan cuando comprancualquier cosa", "Estoy seguro de que algunas desarrolladoras son muyavariciosas y venderían a su madre a los talibanes por algo de beneficio, perootras no lo son. Sí, las distribuidoras quieren hacer dinero, mucho dinero,pero eso es sólo negocio. No avaricia."

David Jaffe