CHILLER o me RIO de la CENSURA en los VIDEOJUEGOS

CHILLER o me RIO de la CENSURA en losVIDEOJUEGOS

Todoempezó con una teta. Si, habéis leído bien, con una teta, y fue mucho antes deque tuviera una vida sexual activa y alejada del onanismo. Antes, en la épocade los ordenadores de 8 bits, el mercado de los videojuegos, era tanminoritario como machista, en el sentido de que no estaban tan generalizadoscomo hoy en día, y en su mayoría eran diseñados, jugados, y destinados alpúblico masculino, tuvieran o no pelo en el pecho.

Espor eso que el HYPE, más que las revistas, más que las noticias, se creaba abase de carátulas con tías, las cuales salían en las portadas de losvideojuegos para fomentar sus ventas, o al menos para asegurase de que llamabanla atención de la testosterona de sus posibles compradores. Fruto de aquellatensión sensual (y de que siempre he ido más cachondo que el Nacho Vidal encualquiera de sus películas, aunque lamentablemente sin su pedazo deartillería) es que aún hoy en día, cuando veo un juego con una portada como ladel Magna Carta 2 o el Oneechanbara Bikini Zombie Slayers me entran unas ganasterribles de comprarlos (de hecho caerán, tiempo al tiempo), a pesar de lo quelos expertos digan.

A cuenta de qué voy a conservar eldisco de vinilo de Sabrina si no fuera porque me sangró hasta la nariz cuandose le salió un melón en plena actuación televisiva…

Comoiba diciendo, la primera vez que me encontré con la censura en un videojuegofue sobre una teta. Una enorme, redondeada y perfecta mama a la que losingleses tuvieron a bien tapar la hermosa areola rosada de su ostentoso pezóntan sólo por salírsele unos cuantos milímetros del diminuto sostén que laacogía, como si Gremla, la malvada de la portada del juego GAMEOVER, tuviera laculpa de no encontrar un sujetador adecuado a la talla y proporciones de suestado senil (y no me refiero a que estuviera chocha). Han pasado muchos añosdesde entonces, y no sé si a Gremla ahora le llegan a la altura de lasrodillas. Lo que si sé es que ya no abundan portadas como las de antes, dondeal igual que lo acontecido con las de cine, la ilustraciones han sidosustituidas por la fotografía y la magia del Photoshop. Ni siquiera el próximoDuke Nukem Forever, un juego claramente destinado a un público masculino, hacegala de una portada en condiciones, a la antigua usanza.

Yaunque fuera de nuestras fronteras la censura se aplicaba sobre los videojuegosde una forma quizás demasiado estricta, en nuestro país brillaba por suausencia, tanto que incluso hoy en día me asombraría al encontrarme con algunostítulos del pasado y que salieron a la luz con mucha menos polémica en relacióna la brutalidad de las imágenes y jugabilidad que ofrecían. Hoy voy a hablar deuno de los títulos más sádicos y violentos que he tenido la ocasión de probar, hasta tal punto que los fatalities que se mostraban en el Mortal Kombat, queapareció 6 años más tarde, a su lado eran igual de inocentes que alguien queasegure haber visto a Campanilla matando a polvos Peter Pan (lo contrario esimposible debido a cuestiones técnicas relacionadas con el tamaño oproporciones físicas de ambos personajes).

A ver, GearBox, mucha demo con doschicas en los bajos y después ponéis una mierda de carátula con un pistolón enprimer plano y una mano femenina (o no) que no pasa de la cadera. ¡Aprended deAzpiri!, y ved como hubiera hecho la portada del Bayonetta.

Enel tiempo del Arkanoid y del Outrun, 1986, había junto al Rygar del salónrecreativo de mi barrio, una tétrica, negra, y gótica recreativa bajo el nombrede Chiller. Llamaba la atención mucho antes incluso de verla de frente porqueno paraban de oírse disparos y gemidos de dolor provenientes de aquellamáquina. Al acercarte, lleno de curiosidad por culpa de esos gritostremendamente realistas y la novedad que suponía escuchar un sonidodigitalizado, podías observar en su pantalla seres humanos desnudos yencadenados a objetos de tortura. Tu misión, sin argumento aparente y sin venira cuento (como en las pelis porno), era hacer gritar de dolor a todas aquellaspersonas de la forma más bestia posible en un límite de tiempo (si sale uncipote como el del actor Mandingo, también como en las pelis porno). Paracolmo, la maquinita incluía el uso de una llamativa ametralladora para querealizaras la macabra tarea, en vez de un pad tradicional, cuando ni siquieraarcades como Operation Wolf habían nacido. En fin, todo un alarde de tecnologíay máximo de realismo para la época.

Deeste modo podías hacerles sufrir algún que otro ‘dolorcillo’ o tirón musculardisparándoles directamente a sus vísceras, o a determinados elementos delescenario que activaban los dispositivos de tortura a los que estaban sujetossin posibilidad de escapar, ni de ellos ni de tus balas. Así que si no teníassuficiente con convertir sus cuerpos en un colador hasta que su caja toráxicaquedará totalmente expuesta, con mutilarles y ver sus extremidades y restoscercenados rodando y sangrando por el suelo, o con dispararles en la cara contal de dejar de oír sus patéticos gritos, siempre podías decapitarles disparandoa la hoja de la guillotina en la que estaban, tiroteando las espadas próximasque colgaban de la pared, o estrujarles poco a poco sus cabezas dirigiendo tusbalas hacía una prensa. Vamos, lo normal en todo buen videojuego que se precie,a ver si va a resultar que lo que hace Mario en sus plataformas, reventartortugas dentro de sus caparazones aplastándolas con el culo, es menos violentoque esto.

Imagenes de la máquina arcade encuestión. La cantidad de gore y sangre de las primeras películas de Peter Jacksonson dos botes de ketchup comparado con esto…

Muchosaños después, y todo gracias a Internet, me he enterado que esta maquina arcadeque había aparecido en aquel rincón de un salón recreativo cutre de un barriocualquiera había sido prohibida en Inglaterra, o sea, que las ‘banearon’ (leíla noticia en inglés) mucho antes de que Microsoft hiciera lo mismo con losusuarios de sus consolas piratas. También descubrí que Exidy, los culpables desemejante bizarrada de juego, fueron también los creadores de otra polémicaarcade, Death Race, donde tenías que atropellar a unos píxeles que más quemonstruos parecían peatones, como una arcaica visión de lo que mucho más tardeofrecería uno de mis videojuegos de carreras favoritos, Carmageddon, y de lo que seria una más delas posibilidades ofrecidas dentro de la saga GTA.

Supeademás que existió incluso ¡una versión NES del juego! que salió 5 añosdespués, aunque sin licencia, sin el famoso sello de calidad de Nintendo, y sinque el cartucho encajara fácilmente en la máquina. Dicha versión estaba másmaquillada, en parte por las limitaciones técnicas de la consola, y en partepor sus gráficos penosos y su sonido aún mucho peor, la cual, a pesar de haceruso de la pistola ZAPPER, no ofrecía por fortuna el realismo que tenía la máquinaarcade,

La versión NES daba el mismo auténticopavor, pero más que por el contenido del juego, por el acabado técnico delmismo…

Ynadie mató a nadie. Ningún niño de mi barrio quemó a su hermana (hablo dequemaduras graves), ni enterró vivo a su perro (que saliera en las noticias),ni se sacó fotos en bolas y las subió luego al Facebook (porque no existía), nise metió en las drogas… bueno, de esto último si, pero es que viviendo enfrentede un bloque de viviendas ‘problemático’ ya os podéis imaginar que con lo quemenos rehogaban los churros de pescado mis vecinos era con harina, y que en miaula, cuando aquellos chavales iban a clase, con tal de meterse algo en elcuerpo esnifaban hasta las tizas, y así de paso no se continuaba dando clasepor no poder seguir escribiendo en la pizarra y por el lío que se montaballevando al chico al hospital.

Perono dejo de reconocer que seguramente aquel era un material inadecuado paraestar al alcance de cualquier crío, al igual que las revistas pornográficas querulaban a las afueras de mi colegio con más fervor que los cromos de cartón deButragueño, Zubizarreta, y demás estrellas de la Liga de Fútbol, y que algunospegábamos con pegamento (los cromos, no la revistas) mientras otros les daban aeste un uso menos conveniente. Es cierto que no me gustaría ver hoy en día a unchaval con mi edad de por aquel entonces jugando a este tipo de juegos, noobstante no por ello veo mal su existencia, siempre y cuando lleguen y seandisfrutados por el público adecuado. Estoy cansado de que se trate a losvideojuegos como algo meramente infantil cuando muchos de estos productos estándestinados exclusivamente a un público adulto y maduro.

Estos de Exidy… mira que hacer un juegodonde se atropellan a peatones… si, hablo de esas cosas con dos píxeles a modode piernas… ¡gira a la izquierda que se nos escapa!…

Lamentablementeno creo que hayamos avanzado mucho en este aspecto, las máquinas arcade o los juegos descargables siguenfuera del ámbito de sistema de clasificación de videojuegos (PEGI) que se vieneaplicando desde 2003, por lo que si una arcade de este tipo aparecieranuevamente en un salón recreativo la historia volvería a repetirse. Eso, por nodecir que el PEGI, aunque sin duda se trata de un buen comienzo a la hora declasificar los juegos, tampoco resulta ser la panacea, y deberían revisarsealgunos de sus principios poco coherentes, como el que hace que un juego comoIron Man 2 tenga una distinta valoración en Wii respecto a sus versiones de PS3o 360 simplemente por el realismo de los gráficos.

SeguramenteExidy será recordada como una de las compañías más bizarras del mundo de losvideojuegos, pero a pesar de la abundante casquería y discutible temáticaofrecida en algunos de sus títulos, no dejaron de ser unos adelantados a sutiempo, al menos en lo que concierne a incluir violencia explícita en ellos.Otra cosa es que por aquel entonces cualquiera pudiera acceder a ese tipo dejuegos por la permisividad y la falta de control que existía en nuestro país y quelamentablemente en ciertos aspectos continúa existiendo.

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