Revolutionary Road

Revolutionary Road es la cuarta película de Sam Mendes, uno de los mejores directores surgidos en los últimos años, quien en 1999 nos ofreció esa maravilla llamada American Beauty. Precisamente su primera película es la única que de algún modo se emparenta con ésta, dos historias sobre dos familias, de distintas épocas, que a pesar de tener todo lo que supuestamente da la felicidad, no consiguen ser felices.

Había leído y escuchado varias críticas que hablaban de esta película como "una descripción del fracaso del sueño americano". Podría ser. Es cierto que considerando a los Estados Unidos como el país de las oportunidades, la trama y la historia de la familia Wheeler podría relacionarse con el fracaso de ese "American Way of Life": una familia modelo, que vive en una preciosa casa de una preciosa zona residencial, con sus dos preciosos hijos, y que, a pesar de todo, no son felices.

Desde mi punto de vista los problemas y conflictos que aborda Sam Mendes en Revolutionary Road son mucho más universales. ¿Reside la felicidad en eso? ¿Hay que casarse, llegada una determinada edad, tener hijos y trabajar en algo que no te gusta? Mendes pone en boca de los dos protagonistas todas estas preguntas, que supongo serán las mismas que se plantean en la novela de Richard Yates en la que se basa la historia. Como muy bien se pregunta April Wheeler en un momento de la película: "¿quién ha inventado estas reglas…?".

Y ese vacío vital pueden sufrirlo familias españolas, argentinas, francesas, o una familia norteamericana de los 50, como sucede en la peli. El sueño americano también puede estar presente, pero en mi opinión, la película va mucho más allá.

La principal virtud de esta cinta reside en su pareja protagonista. Leonardo DiCaprio y Kate Winslet destilan química por los cuatro costados, toda la que no tenían, digámoslo ya, en Titanic, película maravillosa que paradójicamente contaba con unos errores de cásting brutales. Y es que a mi me resultó en su momento imposible creerme aquella historia de amor. Ahora, en Revolutionary Road, están soberbios, maduros, son mejores actores y se les nota, y como pareja son más creíbles. Y tiene mérito porque se trata de dos papeles difíciles, complicados, llenos de matices y con múltiples vaivenes sentimentales. Los dos tienen escenas románticas y otras crudas y desagradables, en las que protagonizan discusiones agrias, y de las que salen muy bien parados. Geniales los dos.

Lo peor quizás sea esa historia, intensa pero sencilla, demasiado sencilla…Enseguida entendemos la insatisfacción vital de la pareja, y la trama se alarga excesivamente explicando motivos y circunstancias que llevan a esa insatisfacción. Y como sabemos de qué va la historia y cuáles son esos motivos, la película se nos hace larga por momentos. A pesar de que Sam Mendes sabe rodar, y hace subir la intensidad de la historia para que la tregua no dure mucho.

A destacar también, aunque eso siempre se de por hecho, la fotografía, la ambientación y el vestuario, aspectos estos dos últimos por los que la película está nominada al Óscar. Y, aún más destacable, la excelente música del maestro Thomas Newman, un tema repetitivo, una especie de leit-motiv para la vida del matrimonio Wheeler, una melodía intensa, emocionante y, en los momentos más dramáticos, sobrecogedora.

Lástima de guión, de historia estirada y apurada en exceso, y previsible, salvo el final, que realmente te coge por sorpresa. Buena película, pero sin duda la peor de su magnífico director, ya que American Beauty, Camino a la Perdición y Jarhead son manifiestamente mejores.

Mi puntuación en IMDB:6.

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