El Desafío, Frost contra Nixon

Da gusto ir al cine en estos meses pre-Óscars. Si bien es cierto que algún año la cosecha de pelis nominadas es floja, llevamos unos cuantos en los que entre enero y febrero uno casi no da hecho y no encuentra días para ir a verlas todas. Y si entre las posibles premiadas del próximo día 22 se cuelan cosas como Valkiria, ausente en las nominaciones pero potencial vencedora ante casi todas, pues mejor que mejor. Y aún tienen que llegar Slumdog Millionaire, El Lector o Gran Torino, entre otras.

El Desafío, Frost contra Nixon, aprovecha la fiebre política-electoral desatada este año con el fenómeno Obama, y nos cuenta todo lo acontecido antes y durante la famosa entrevista que el periodista británico David Frost realizó al ex-presidente Richard Nixon, meses después de su renuncia al cargo tras el escándalo Watergate.

Algunas lenguas malévolas se han apresurado a afirmar que al fin, menos mal, Ron Howard ha hecho una buena película. Más bien yo diría que ha hecho su mejor película, ya que Howard nos ha brindado varias cosas destacables. Cocoon, Willow, Dulce Hogar a Veces, Llamaradas o The Paper son películas correctas, al tiempo que productos inofensivos destinados a complacer al gran público sin poner mucho en juego. Con Frost/Nixon Howard llega, esta vez sí, a su madurez como director, tras haber sido (justamente) estigmatizado por ganar el Óscar con la mediocre Una Mente Maravillosa.

La cinta adapta la obra teatral de Peter Morgan, en la que ya Frank Langella encarnaba a Richard Nixon. Langella lo que hace es lo que lleva haciendo los últimos cuarenta años, actuar de manera sublime, a pesar de que algún crítico le descubra ahora y afirme que quién ha visto al tipo que hacía Drácula y demás papeles menores y quién le ve ahora haciendo de Nixon…La grandeza de alguien como Frank Langella es que es capaz de hacer un Drácula recordable o un Perry White solvente, y, claro, cuando le llega un papel acorde con su capacidad, encandilarnos a todos. Pero es el mismo gran actor de siempre. Su encarnación del ex-presidente es impresionante, sobre todo lo que hace con la voz, de ahí que sea muy recomendable ver la peli en versión original (algo que yo he podido hacer gracias a que los dueños de los cines de mi ciudad han decidido no estrenarla…). A su lado, otro buenísimo intérprete, Michael Sheen, quien nos brindó un convincente Tony Blair en The Queen y que está genial como Frost, un periodista ambicioso, playboy, quien no se deja amedrentar por la dialéctica de Nixon y termina acorralándole y confesando su responsabilidad en los escándalos.

Junto a la pareja de actores, destaca su director. Ron Howard pone siempre la cámara en donde debe, tanto en la primera parte de la película, antes de la entrevista, como en el mismo cara a cara. Y tiene además el acierto de impregnar a la cinta de un tono casi de documental, con breves declaraciones de los "secundarios" a la cámara, supuestamente realizadas tras la emisión de la entrevista por televisión.

Algo tiene la política norteamericana que fascina. Y las películas realizadas en torno a sucesos reales suelen recoger esa fascinación, gracias a sus grandes actores y eficientes directores. Aún no he visto The Wrestler, en la que Mickey Rourke, dicen, está espectacular, y aunque Sean Penn lo borda en Milk, lo que hace Frank Langella aquí es, sencillamente, de Óscar…

Mi puntuación en IMDB:8.

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