El Luchador

Lo primero que pensé tras ver El Luchador, es lo que puede ganar el cine si alguien que demuestra conocer el oficio como Aronofsky (porque eso demuestra tras ver esta película) se decide finalmente por contar historias y deja de preocuparse por innovar y dirigir guiones pretenciosos y supuestamente rompedores.

Pi y Réquiem por un Sueño tuvieron un pase, aunque a mi ninguna de las dos me guste. Pero lo de The Fountain fue, desde mi punto de vista y asumiendo que probablemente muchos me pongáis a caldo en los comentarios, un despropósito inmenso, una película estúpida, un intento pretencioso de hacer una obra maestra…

El Luchador en cambio es, sencillamente, una gran película. Y lo es porque Darren Aronofsky ha seguido los cánones clásicos, los del gran cine. Un buen guión, unos personajes interesantes y una sabia dirección. Y con esos ingredientes, el buen resultado final está asegurado. Una película genial, contada con pericia, interpretada con maestría, una historia de perdedores coherente, lejos de los experimentos ininteligibles que eran los anteriores trabajos de su director.

Se nos cuenta la historia de Randy "The Ram" Robinson, un veterano luchador de wrestling, incapaz de aceptar que el paso de los años va haciendo mella y que su cuerpo ya no es apto para someterlo a semejantes desafíos. Su vida personal ha sido un desastre, y se refugia sólo en la gloria pasada, la de alguien que sí triunfó en algo, en la lucha libre, un negocio que no le hizo millonario, y que dejó incontables secuelas en su cuerpo. Mickey Rourke, en un papel con indudables referentes de su propia vida, está inmenso, poderoso, tanto en las impactantes escenas de lucha como en aquellas en las que necesita los recursos de un buen actor, más allá de movimientos y peleas coreografiadas.

No sabría por quien inclinarme a la hora del Óscar, porque lo cierto es que Sean Penn también está increíble en Milk, pero la verdad es que el papel de Rourke tiene el añadido de la impresión que produce ver a un actor hacer casi de si mismo, y sin embargo reconocer que nos está regalando una interpretación memorable. Junto a él, Marisa Tomei, también nominada con todo merecimiento, ya que está impagable en ese papel de stripper desgraciada en quien trata de refugiarse el protagonista.

Una historia dura, contada durante muchos minutos mediante una cámara situada en el cogote de Rourke, un recurso acertado con el que Aronosky parece querer recordarnos todo lo que El Luchador ha dejado detrás: un pasado glorioso, combates legendarios, muñecos basados en su figura, videojuegos de Nintendo NES con él como guerrero manejable…pero cuando la cámara sobrepasa su nuca y se pone delante, el presente es desolador. Tiene que ganarse la vida en un hipermercado, su corazón le empieza a fallar y su hija no quiere saber nada de él…Un drama que nos devuelve a un actor que resurge definitivamente (tras Sin City), y a un director, que, esta vez sí, demuestra que sabe contar historias. Y que se deje de experimentos.

Mi puntuación en IMDB:8.

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