Los Abrazos Rotos

La nueva película de Pedro Almodóvar está siendo machacada por la crítica, que la ha vapuleado sin remisión; incluso Carlos Boyero, el veterano crítico de El País, quien a pesar de trabajar en el diario que más sale en la película (o, mejor dicho, el único que sale), la ha puesto a la altura del betún. No es la mejor del director manchego ni por asomo, pero podría haber sido una película excelente. Pero hay varios problemas que la lastran.

Los Abrazos Rotos es víctima de la fuerte personalidad de su propio creador. Una idea genial de la que podría haber salido una obra maestra que acaba por consumirse en el exceso del cineasta que la concibió. Siempre ha sido Almodóvar un director excesivo, de eso no hay duda, pero cuando ha logrado contener ese gusto por la provocación y lo redundante, el resultado ha sido excelente, como demuestra Hable con Ella, la definitiva obra de madurez de un cineasta de indudable talento. Esta nueva película suya empieza bien, como una historia de suspense plagada de flashbacks, pero termina por diluirse como un azucarillo, entre sub-tramas superfluas, cameos de estrellas televisivas y otros problemas.

Lluís Homar es un actor excelente, y realiza una interpretación excelente. Pero no es un galán. No es José Coronado, quien carece del enorme talento de Homar, pero quizás encajaría mejor en el papel de Mateo Blanco, aunque también es cierto que no ofrecería ese derroche de calidad. A Homar le meten en la película como con calzador, aclarándole (y creo que añadiéndole) pelo, azulándole los ojos…pero no hay quien se crea que es alguien capaz de perdirle a una rubia cañón que le ayude a cruzar la calle para acabar tirándosela en su casa, práctica que según la reacción de Blanca Portillo es bastante habitual…Cuesta creerlo.

Portillo está muy bien, como Tamar Novas. No así Rubén Ochandiano, quien resulta cargante y falso. El mejor, con Portillo, es José Luís Gómez, en ese papel de empresario poderoso y sin escrúpulos. Y Penélope tiene tiempo para todo, para estar bien y para estar mal, aunque la balanza termina inclinándose por lo segundo. Los Abrazos Rotos es un compendio del cine de Almodóvar, en lo que al cásting se refiere: actores mal escogidos, bien dirigidos, con resultados desiguales. Lo más criticable es, en mi opinión, el exceso de rostros televisivos que terminan por desvirtuar el resultado: Kira Miró, Alejo Sauras, Ochandiano, Carmen Machi y Dani Martín pululan por la cinta en un ir y venir que no ayuda al despegue definitivo de la historia.

Una historia que empieza atrapando al espectador. Se nos cuenta la experiencia vital de un director de cine (Homar), que se ha quedado ciego, y tiene que reciclarse como guionista, siendo ayudado por un joven (Novas), hijo de su representante (Portillo). La primera hora de película fluye con ritmo y aciertos, con flashbacks y una atmósfera de cine negro excelente. No sabemos por dónde va a discurrir ni qué va a suceder. Sabemos que Harry Caine (Homar también…) fue antes Mateo Blanco, ese cineasta de talento que conoció a su musa (Penélope Cruz).

Rubén Ochandiano es el hilo conductor. Se presenta como un director potentado que quiere dirigir un guión sobre la indiferencia de un padre hacia su hijo. El padre resulta ser Ernesto Martel (José Luís Gómez, el más solvente del reparto), y la reacción de Judit (Blanca Portillo) al escuchar ese nombre es tan reveladora como importante. El interesante comienzo de la película, con continuos saltos en el tiempo que proporcionan datos de forma correcta y adecuada da lugar a un extenso flashback que termina por contarlo todo y acaba con el interés del espectador.

La densa y atractiva trama que poco a poco se desarrolla tiene su punto de inflexión en el momento en el que el personaje de Blanca Portillo deja sólos a Lluis Homar y Tamar Novas. En ese momento las revelaciones del ciego al joven dan lugar a la parte más aburrida de la película, y en la que los defectos se acentúan. Es cierto que la parte de comedia funciona, con la impagable Lola Dueñas protagonizando dos escenas hilarantes, pero toda la atmósfera de cine negro que, a mi al menos me había atrapado, se diluye.

Asistimos a un popurrí de géneros y de rostros conocidos que se cargan la magia y el interés. Es cierto que el puzzle, ese rompecabezas que Almodóvar ha creado con cariño, se completa, pero a costa de que la película no funcione. Es como si de Perdición (salvando la sideral distancia) pasásemos a Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, con esa concejala de asuntos sociales que no pega ni pinta nada en la conclusión de la historia. Una pena.

Los Abrazos Rotos es una fallida película de un gran director. Dos horas de cine claramente diferenciadas, una excelente, que te atrapa y no te deja. Otra, mucho peor, que responde a las múltiples preguntas de forma previsible y aburrida. Pero quien diga que es la peor de Almodóvar que se repase Kika o La Mala Educación.

Mi puntuación en IMDB:6.

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