Cazadores de Sangre

Steven Seagal se merece un huequecito en este humilde blog, porque es un tipo al que yo le tengo cariño. Porque a finales de los 80 y a lo largo de los 90, él y Jean-Claude Van Damme conformaron un tipo de cine muy peculiar, casi un subgénero en si mismo, marcado por la personalidad y las innegables limitaciones interpretativas de sus protagonistas. Pero yo, al menos, las veía casi todas, y en muchas ocasiones me lo pasaba bien.

Eran películas cuidadas, muchas veces dirigidas por directores hábiles y de cierto prestigio. En el caso de Seagal, irrumpió en el 88 con Por Encima de la Ley, que supuso un enorme éxito en taquilla. Le siguieron Difícil de Matar y Señalado por la Muerte, conformando una trío de cintas de acción divertidas, violentas, con malos muy malos siempre sometidos por Seagal, quien representaba una renovación en ese tipo de cine de ostias y poco más. Su careto hierático, ipertérrito, sorprendió y gustó. Siguió haciendo pelis y hasta se dirigió a si mismo en En Tierra Peligrosa, con un Michael Caine como villano imposible en una historia con trasfondo ecológico. El exito de Seagal duró hasta la llegada del nuevo siglo, y desde 2003 sus pelis se estrenan directamente en dvd. Yo de su filmografía me quedo con una de 1996, titulada The Glimmer Man, en donde tenía como villano a Bob Gunton, el cabrón alcaide de la prisión en Cadena Perpetua, una peli divertidísima.

Pasado su mejor momento, Seagal se limita a hacer y producir pelis para el dvd. Cazadores de Sangre es una historia de vampiros bastante flojilla, con un desarrollo en plan videojuego, como un survival horror. La humanidad se ha visto sacudida por un virus que transforma a los hombres en criaturas que sólo buscan alimentarse de carne humana,algo así como un cruce entre vampiros y zombis. Seagal defrauda, porque cede mucho protagonismo, y su aspecto es el de un Elvis con katana, gordo, paseando por los pasillos del centro médico en donde se desarrolla casi toda la película. Supongo que el bueno de Seagal es consciente de que su momento ha pasado, e intenta hacer el máximo dinero posible. Unas patadas por aquí, cuatro espadazos por allá, el mismo careto de siempre y muchos (bastantes) kilos de más.

No es que fuera yo un fanático de Steven Seagal, pero me lo pasé bien con su cine en su momento. Daba lo que nos esperábamos y ojo, que en su día era una de las bazas de una major como Warner de cara a la taquilla. Evidentemente los méritos artísticos eran pocos, pero siempre resultaba atractivo verle repartir ostias.

Su tiempo ha pasado, pero sirva esta reseña de una de sus últimas pelis para rendirle un pequeño tributo a uno de los peores actores de la historia que mejores galletas repartía.

Mi puntuación en IMDB:4.

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