El Ojo de la Aguja

Richard Marquand es ese cineasta al que los aficionados de la saga Star Wars discuten su competencia en esto de hacer películas, ya que fue el responsable de que la trilogía original de la famosa space opera sufriese un bajón importante en su nivel. Marquand, como todo el mundo sabe, fue el elegido por George Lucas para culminar esa trilogía primeriza, y pasó a la historia como el director que dirigió la peor de las tres (aunque, siendo justos, habría que decir "la menos buena"), o sea, El Retorno del Jedi, con sus ositos de peluche y demás inconvenientes.

Pero Marquand, cineasta fallecido joven, y que nos dejó una corta filmografía, nos brindó además del Episodio VI una película excepcional, sin duda su mejor obra, El Ojo de la Aguja, un thriller basado en la novela de Ken Follet que narra la historia de un espía nazi en la Inglaterra de los años 40. Una película vertiginosa, inquietante y angustiosa en algunos momentos, que merece que Richard Marquand sea considerado algo más que el asalariado de Lucas para su tercera peli galáctica.

El Ojo de la Aguja va directamente al grano. Nos presenta desde la primera escena a Heinrich Faber, intepretado de forma magistral por Donald Shuterland, en el que sin duda es uno de sus mejores trabajos. Le vemos perfectamente integrado en la sociedad británica, pero más concretamente en el ejército, precisamente en unos tiempos en los que se estaba formando la gran coalición aliada que acabaría por tumbar los maléficos planes del Tercer Reich. Pronto descubrimos las verdaderas intenciones de Faber, que no son otras que obtener información sobre los planes de ataque de los aliados, que tratará de abortar suministrando los datos a los alemanes.

Cada escena de Shuterland resulta inquietante, por la frialdad con la que comete sus crímenes (todos con el mismo modus operandi: cuchillo que atraviesa cruelmente los cuerpos de las víctimas) y por la capacidad de ocultar su siniestra y verdadera personalidad. En su intento por ser devuelto a Alemania su embarcación no resiste la fuerza de un enorme temporal y termina llegando a la Isla de las Tormentas, un enclave estratégico en donde reside un matrimonio compuesto por un antiguo militar británico que quedó paralítico en un accidente de coche el día de su boda. Allí, en la isla, el villano Faber caerá redido a los encantos de la mujer, hastiada de su vida aislada con un marido que no la quiere y que se desprecia a sí mismo por su incapacidad.

Pero la pasión inicial durará hasta que la verdad salga a la luz y se desencadene la lucha entre el nazi que desea ser rescatado por los suyos y la mujer que tratará de impedirlo. El guionista Stanley Mann compone una trama sencilla pero magníficamente rodada, de forma explícita en cuanto al sexo y la violencia, descarnada en su resutado global.

El Ojo de la Aguja merece ser recordada como la mejor obra de un cineasta competente que sólo es recordado como un instrumento manejado en su día por el famoso barbudo para ponerle tras la cámara mientras él empezaba a contar los dólares que ya había ganado por el éxito de sus dos enormes pelis anteriores (en la consideración final hacia el trabajo de Richard Marquand pesó también el increíble trabajo realizado por Irvin Kershner en El Imperio Contraataca, una obra sin duda insuperable para quien dirigiese la siguiente, fuese Marquand o cualquier otro).

Pero mirando más allá encontramos esta maravilla, que sólo podría haber sido filmada por alguien que de verdad conociese el oficio, como muy bien sabía Lucas cuando contrató a Richard Marquand, quien no fue culpable de que sus guionistas incluyesen en la trama a aquellos asquerosos seres llamados Ewoks…

Mi puntuación en IMDB:8.

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