Mataharis

Mataharis es la última peli hasta hoy de Icíar Bollaín, una directora que logró enorme relevancia en 2003 con Te Doy Mis Ojos, la gran triunfadora de aquel año en la gala de los Goya en la que se alzó con siete galardones. Lejos de aquélla, Mataharis, que logró cinco nominaciones en 2007 aunque no se llevó premio alguno, es una interesante historia con un planteamiento original, que nos cuenta las vicisitudes de tres mujeres que se dedican a un oficio poco habitual, el de investigadoras privadas. La lástima es que Bollaín es una cineasta que gusta de profundizar en sus personajes y en sus relaciones, cuando en este caso su película partía de una idea que, en manos de directores como Enrique Urbizu o, ya puestos, un Alex de La Iglesia, se hubiese convertido en un producto de género de primer nivel.

Icíar Bollaín lleva el trasfondo de las agencias de investigación a su terreno, el que ella mejor conoce. Ese cine sobrio, de emociones y sentimientos, termina por imponerse frente a las tramas abiertas en el día a día de la agencia, historias susceptibles de ser narradas mediante escenas de acción, suspense o sexo. Pero la directora utiliza esa profesión de sus chicas protagonistas como excusa para contarnos tres historias sobre relaciones personales, sobre la dificultad de combinar la vida personal con un trabajo que requiere una dedicación casi exclusiva. Mataharis termina hablando sobre el amor, sobre la incomunicación…

En el reparto, tres actrices solventes. Najwa Nimri, María Vázquez y Nuria González componen tres personajes interesantes, mucho más para las tres actrices que si el proyecto se hubiese deslizado por los derroteros del cine de género que antes comentaba. El enfoque de Icíar Bollaín les permite desarrollar tres personajes que sienten, sufren y padecen, y las tres chicas están soberbias, en especial Najwa Nimri, una actriz de la que yo nunca he sido fan y que aquí está realmente bien. El reparto se completa con esos secundarios estupendos siempre presentes en nuestro cine, como Antonio de la Torre o Fernando Cayo, sin olvidarnos de Tristán Ulloa, otro que a mi nunca me ha convencido pero que en Mataharis da la talla.

Lo mejor de Mataharis es, sin duda, esa sensación de novedad que supone para el cine español. Un guión interesante, diferente, que habla sobre temas universales pero desde un punto de vista y con un trasfondo novedosos. Mejor que tanta comedia zafia o que historias sobre la Guerra Civil, el cine patrio necesita cosas como Mataharis, películas que tienen mucho de inédito en nuestro cine.

Y más novedosa hubiese sido con un director que se hubiese interesando más por las vicisitudes de esa agencia de investigación, con sus tramas, sus gadgets, sus detectives privadas, sus historias sobre corrupción empresarial, sus casos de adulterio…Porque si el cine español está necesitado de aire fresco, también lo está de un cine de género de calidad. Bollaín apostó por otro enfoque, el suyo, y, aunque no sea una de mis cineastas favoritas, Mataharis es una peli muy interesante.

Mi puntuación en IMDB:6.

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