John Williams…magia para nuestros oídos

Llevar casi año y medio con el blog y no haber dedicado aún una entrada a John Williams es un sacrilegio que no se podía sostener. Toca pues, homenajear al que es, probablemente, el único asalariado de la industria del cine cuyo liderazgo y reconocimiento no pueden ser sometidos a discusión. Podríamos debatir sobre quién es el mejor director, el mejor actor, la mejor actriz o el mejor diseñador de vestuario o efectos especiales, pero, en mi opinión, no es posible comparar a John Williams con otros compositores de bandas sonoras. Porque él ha compuesto la música de nuestras vidas, y aquí sí me atrevo a hablar no sólo por mi. Quién no ha soñado alguna vez con vivir aventuras mientras suenan esos compases que el maestro compuso para acompañar muchas de las imágenes cinematográficas de nuestras vidas. John Williams compone música de cine, y magia para nuestros oídos…

Estamos en verano, tiempo de relax, de vacaciones, de playas y piscinas…Os propongo una actividad veraniega apasionante para quien, como yo, el cine es mucho más que una forma de ocio. Existen por la red varios montajes de audio que encadenan algunos de los más famosos temas de películas compuestos por John Williams. Montajes que superan la hora de duración y que incluyen todos los hits del maestro. Y si no, quien disponga de los suficientes conocimientos puede hacerlo él mismo. Nos tumbamos al sol (con protección por favor), y mientras el astro rey nos induce a ese estado de semi-inconsciencia tan relajante, podremos soñar que combatimos en una batalla inter-estelar, que buscamos una reliquia arqueológica a golpe de látigo, que tratamos de sobrevivir en una isla de dinosaurios, que surcamos los cielos en bici, que un enorme escualo amenaza las aguas o que volamos portando una capa roja…La aventura con mayúsculas.

John Williams nació en Nueva York en 1932, y ha compuesto 131 bandas sonoras, entre películas y series de televisión. Ha sido nominado al Óscar en 45 ocasiones y ha ganado 5 estauíllas. Estas cifras, apabullantes, no sirven ni para, al menos, acercarse a comprender la grandeza de este genio, un compositor cuyo talento y creatividad ha provocado que, en los últimos años, hayan aparecido muchos listos que le han acusado de autoplagiarse o de repetirse. Hay gente que no es capaz de comprender que el arte supone estilo, y que cada artista tiene su estilo. ¿O acaso no se parecen las partituras de Danny Elfman? ¿Y las de Ennio Morricone? ¿Y las de Bernard Herrmann? ¿Y no se parecen entre si los cuadros de Dalí? ¿O las novelas de Tolkien?

Lo que ha distinguido a Williams es su capacidad infinita para componer "leit motivs", es decir, temas increíbles para sagas cinematográficas imperecederas, partituras legendarias y fácilmente reconocibles por todo el mundo, puesto que sirven para acompañar a algunos de los mejores personajes que nunca han pululado por el celuloide. Star Wars, Supermán, Indiana Jones, Parque Jurásico…Cada vez que el título de una de estas pelis penetra en nuestro cerebro somos capaces de asociarlo de inmediato a una música inolvidable.

Pero, a pesar de su creatividad y de lo prolífico de su obra, el hecho de que en 1978 compusiese lo que muchos freaks denominan LA BANDA SONORA, ha provocado que legiones de fans le relacionen, antes que con cualquier otra obra suya, con Star Wars. Y es perfectamente lógico. Ni que decir tiene que Star Wars es la saga cinematográfica por excelencia, la más admirada y la más reconocida. Ese ostiazo que suena justo después de que aparezca el logo de la Fox en cada episodio de Star Wars hace que nos metamos en la película de forma inexorable. En cuanto oímos ese destello musical, ya no pertenecemos a este mundo, ni a este tiempo, sino que nos situamos hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana…

Y qué decir de su música para el que es mi personaje cinematográfico favorito de siempre. Indiana Jones es Indiana Jones porque John Williams le hizo acompañar de ese leit motiv épico, emocionante y que suena a puritita aventura. Sin olvidarnos de otros pasajes puntuales que acompañan a nuestro héroe en momentos concretos de sus películas, de entre los cuales yo me quedo con la maravillosa música que suena cuando Indy logra superar las tres últimas pruebas en La Última Cruzada, una composición emocionante y tierna a partes iguales.

Por no hablar de Supermán, otra partitura impresionante que abría la película de Richard Donner de 1978, con aquellos créditos tan molones que surcaban el espacio. Y por supuesto con la canción Can You Read My Mind, que Williams compuso para acompañar la mágica escena en la que Kal-El y Lois vuelan en una noche inolvidable.

En 1993 compuso el que puede que sea mi tema favorito. Su partitura para Jurassic Park me puso la piel de gallina las 5 veces que vi la película en el cine. Un tema melódico, épico y entrañable, que habré escuchado millones de veces en los últimos dieciséis años. Y no puedo olvidarme de otro tema inigualable, el Flying, que suena cuando Elliot y su amigo alienígena vuelan montados en una bici convenientemente mágica en busca de la libertad, y que me encogió en la butaca la primera vez que fui al cine en mi vida, y también cada vez que he vuelto a ver la maravillosa película de Spielberg.

Y Tiburón, y La Lista de Schindler, y La Aventura del Poseidón, y El Coloso en Llamas, y El Imperio del Sol  y Sólo en Casa, y Hook, y JFK, y Salvar al Soldado Ryan, y …tantas y tantas otras bandas sonoras que le convierten en el más grande, sin discusión.

Gracias, John Williams, por ser capaz de hacernos soñar con otros mundos, otras épocas y otras dimensiones, y gracias por hacernos partícipes de la aventura. Te escuchamos en los cines.

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