Superman

"Usted creerá que un hombre puede volar". Con ese rotundo eslogan se nos presentó en 1978 la que indiscutiblemente es la mejor película rodada sobre el famosísimo personaje de DC Comics. Los estudios Warner lo apostaron todo a caballo ganador con esta superproducción en la que todo parecía, y realmente era, tremendamente caro. Al coste que supuso hacer volar a Kal-El hubo que sumar los altísimos salarios de las estrellas presentes en el reparto, sobre todo el de Marlon Brando, que enseñó el camino a Jack Nicholson a la hora de tirarse años y años cobrando rentas por el taquillaje de una peli. Pero a Warner Bros. le mereció la pena, y a nosotros…a nosotros también.

Dos años antes de estrenarse la película, es decir, en 1976, Warner Communications había comprado DC Comics, en una operación decisiva para que los millones de fans de los míticos personajes de la editorial vieran sus aventuras trasladadas a la gran pantalla. En el estudio lo vieron claro: para comenzar a rentabilizar la compra lo mejor era empezar por el personaje embrionario, ése que todo el mundo reconoce, el primer superhéroe, el creado por Jerry Siegel y Joel Shuster en 1938, y que había sido adaptado décadas antes en varios seriales y algún largometraje, con Bud Collyer, Kirk Alyn y George Reeves poniendo rostro al mito.

Pero aquellas producciones estaban inevitablemente lastradas por la imposibilidad de mostrar a Superman haciendo lo que más le caracteriza: volar. En Warner tuvieron claro que los espectadores tenían que creerse que un hombre podía volar, y pusieron toda la carne en el asador. Pero todo resultó ser absolutamente real en Superman: su poder de volar, pero también la superfuerza, los rayos X en los ojos y su capacidad para ocultarse bajo la identidad del periodista Clark Kent. Porque, admitámoslo, cuando vimos a este Superman ninguno advirtió que si Lois Lane, Perry White o Jimmy Olsen no eran capaces de descubrir el secreto de Clark es que eran lelos. Pero había un motivo, o mejor, un responsable: él:

  

Christopher Reeve mostró una habilidad primorosa para componer dos personajes radicalmente distintos. Fue capaz de ser bobo, ingenuo y bonachón como Clark, al tiempo que se mostraba enorme, imponente y seguro de si mismo como Superman. Reeve tapó muchas bocas, las de quienes no confiaban en un actor relativamente desconocido para encarnar al personaje. Demostró ser un gran actor, y ha pasado a la historia como el mejor Superman posible.

Pero la elección de Christopher Reeve fue sólo un acierto más de un cásting repleto de talento, que dejaba claro que los responsables se habían preocupado ante todo por encontrar intérpretes solventes más allá de su fama o de su belleza. Porque hemos de reconocer que Lois Lane, guapa no era…

 

Vale, tampoco era un espanto, pero desde luego ninguno nos imaginamos hoy en día a una chica con este físico en una superproducción del calibre de ésta (basta recordar que Bryan Singer escogió a Kate Bosworth para interpretar a Lois en Superman Returns, una chica cuya única virtud es precisamente su belleza…). La cuestión es que Margot Kidder fue la elegida, una actriz que por entonces tenía treinta años y cuyo único trabajo destacado era Hermanas, un thriller de Brian de Palma. Kidder lo bordó, y sobre todo consiguió que cada escena con Reeve supurase eso tan escaso y que todos los directores de cásting ansían: química.

Lex Luthor fue Gene Hackman, otra estrella contrastada que contaba ya en su filmografía con títulos imprescindibles como French Connection, El Jovencito Frankenstein, La Conversación o La Aventura del Poseidón. Si Christopher Reeve ha pasado a la historia como el mejor Kal-El que hemos visto en una pantalla, Gene Hackman es, indiscutiblemente, el mejor Luthor, tan cabronazo como socarrón, y curiosamente alejado del perfil que la mayoría de guionistas del cómic han ideado para el personaje, al que casi siempre han mostrado como un hombre misterioso y malévolo sin pizca de sentido del humor.

Antes de referirme al plato fuerte del reparto, justo es recordar al gran olvidado. Glenn Ford fue el entrañable Jonathan Kent, el papá adoptivo de Clark, y quien le aconseja que use sus poderes en beneficio de los inocentes. Quizás un personaje típico y tópico en toda historia de superhéroes que se precie, el de ése sabio de buen corazón que guía al protagonista, el Obi-Wan de Star Wars, el Tío Ben de Spiderman…Glenn Ford llegó a Superman como una leyenda de Hollywood, un actor respetado y querido, protagonista de innumerables películas en la época dorada.

10 minutos pudimos ver a Marlon Brando en pantalla, sobre un total de 143 que la peli tenía como duración. Por esa breve participación Brando se llevó 4 millones de dólares, además de un suculento porcentaje de los ingresos por taquilla. ¿Os suena?. Jack Nicholson se embolsó una cantidad mayor, pero semejante a la de Brando teniendo en cuenta que el Batman de Tim Burton se estrenó once años más tarde y que podíamos ver al Joker mucho más tiempo en pantalla. Pero Marlon Brando no defraudó, a pesar de que las malas lenguas sostienen que se enfrentó a su personaje con una desgana mayúscula, y que llegaba al set de rodaje sin saberse el guión. Pero sus diez minutos son recordados por todos como una nueva demostración de carisma  y de saber estar frente a una cámara. Marlon Brando fue Jor-El, el papá biológico de Superman.

Y no, no me he olvidado del director de orquesta. Warner escogió a Richard Donner, tras desestimar dicen, a Steven Spielberg, quien venía de arrasar con Tiburón y cuyas pretensiones económicas se antojaban excesivas para una producción que ya tenía presupuestada una cantidad ingente. Donner acababa de triunfar con La Profecía, además de contar con una sólida carrera televisiva. Se le escogió para rodar Superman y la secuela, aunque como todo el mundo sabe las desavenencias con los productores provocaron que fuese sustituído en la segunda parte por Richard Lester. Pero el buen trabajo de Donner no fue olvidado en los estudios Warner, que contaron con él  durante mucho tiempo, produciendo buena parte de los mayores éxitos del director, entre ellos la saga Arma Letal. Donner, cineasta tremendamente irregular, dirigió Superman con eficacia y sin molestar, dejando que el buen guión (de Mario Puzo, guionista de El Padrino), los buenos intérpretes y el mucho dinero con el que contaba jugasen a su favor.

No pude ver Superman en el cine, ya que contaba con dos añitos cuando se estrenó. Tampoco la secuela, y sí las infames tercera y cuarta pelis. Pero las pude disfrutar en casa, y descubrir que el Superman de Richard Donner es una película maravillosa, de esas que puedes ver una y otra vez y seguir emocionándote con sus famosas secuencias. La del rescate de Lois cuando está a punto de caerse desde la azotea del rascacielos tras el accidente del helicóptero es espectacular, pero en mi memoria, en mi recuerdo y en mi corazón siempre estará esta escena:

Pocas veces el cine me ha provocado las sensaciones que sentí viendo a Superman y a Lois surcar los cielos. Es una escena impresionante, emocionante, a lo que colabora en especial la maravillosa música compuesta por el maestro John Williams. En esta secuencia no sonaba el mítico e insuperable leit motiv, sino los acordes de la canción Can You Red My Mind, un tema precioso que logra transmitir la emoción de ver a uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular volando junto a su amada en la gran pantalla. Aún hoy se me ponen los pelos de punta…

No sé cuántas veces habré visto Superman. No las he contado pero sí estoy seguro de que me quedan unas cuantas veces más. Es de esas pelis que resultan siendo lo que son porque los astros se alinearon de la manera precisa para que todo fuese perfecto. En 1978, el mundo creyó que un hombre podía volar…

  

//spanish.imdb.com/title/tt0078346/