Che: Guerrilla

En la segunda parte de su díptico sobre el Che, Steven Soderbergh nos cuenta los avatares de Ernesto Guevara tras el triunfo de la Revolución Cubana, su firme decisión de abandonar el puesto en el partido y su cargo como Ministro de Industria de Cuba, para llevar la Revolución al resto de América, empezando por Bolivia, en una utópica fantasía de socialización de sus ideales. No le fue bien, y el Che forjó su leyenda muriendo a manos del ejército boliviano. Che: Guerrilla es una película algo menos digerible que su primera parte, debido esencialmente a lo farragoso que resultaron aquellos tiempos para el propio protagonista, inmerso en esa cruzada por las selvas bolivianas, mucho más inaccesibles que las cubanas en donde sí logró triunfar la Revolución.

Tras un comienzo impecable, cuando Fidel Castro lee una carta del Che en donde renuncia a todos sus cargos para anunciar sutilmente sus intenciones, la película pronto se inserta en una dinámica plomiza en la que Soderbergh vuelve a meter las cámaras en la Revolución, en las penalidades de un grupo de revolucionarios conscientes en todo momento de que lo que sí triunfó en Cuba no triunfará en Bolivia. No contribuye a que la película despegue la ausencia de imágenes flashback que sí había en la primera parte, cuando se alternaban las escenas en la selva cubana con las del discurso del Che en Naciones Unidas. Aquí todo es jungla, todo es selva, todo es revolución…

Sí se mantiene el tono buenista hacia la figura de un hombre cuya figura ha trascendido más allá de su importancia como bandera de unos ideales más utópicos que reales. El guionista Peter Buchman vuelve a ofrecer una imagen quizás demasiado edulcorada sobre un tipo que, según otras fuentes, no era ni tan dialogante ni tan mesurado en sus decisiones. Benicio Del Toro vuelve a ser, indiscutiblemente, el Che, componiendo una interpretación simplemente perfecta. Y a su lado pulula un reparto internacional con amplia presencia española, con pequeños papeles para Jordi Molla, Oscar Jaenada o Carlos Bardem. Y quien vuelve a estar legendario es, una vez más, Démian Bichir, casi más Fidel que el actual y achacoso Fidel.

Todo el cine de Soderbergh vuelve a estar presente en Che: Guerrilla, con sus planos concretos y breves, su montaje preciso y su magnífica dirección de actores, aunque en esta ocasión el pasaje que nos cuenta no sea excesivamente apasionante, o, al menos, no tanto como el que nos contaba en Che: El Argentino. Pero lo que es indudable es que ambas películas componen el mejor acercamiento que el cine ha hecho hacia una figura emblemática.

Mi puntuación en IMDB:6.

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