Agora

La quinta película de Alejandro Amenábar ha contado con un presupuesto de 50 millones de euros, tiene como protagonista a una actriz reconocida a nivel mundial y ganadora de un Óscar, cuenta en el resto del reparto con un plantel de actores internacionales y refleja la vida en la decadente ciudad de Alejandría durante el siglo IV d.c., que ha tenido que ser fielmente reproducida. Y ha resultado ser la peor. La más ambiciosa (por presupuesto al menos mucho más que Los Otros), la más novedosa en la filmografía de su director, pero fallida.

Resulta realmente sorprendente la evolución de Amenábar como cineasta. De un cine de género modesto pero tremendamente eficaz e interesante dio el salto, lógico por otra parte, a una producción de más calado y apadrinado por Tom Cruise (quien previamente había comprado los derechos de Abre los Ojos para perpetrar aquello…) para posteriormente sorprender con Mar Adentro, un drama muy alejado de sus anteriores trabajos. Y ahora Agora, un peplum contenido más centrado en la lucha de religiones que en los tópicos del género.

El problema de Agora es la incapacidad del guión para explicar la idea fundamental que Amenábar y su co-guionista Mateo Gil quieren transmitir. Queda claro el mensaje: la intolerancia, el fundamentalismo de quienes quieren imponer sus ideas mediante las armas y la violencia, frente a la mesura de la ciencia, representada en esa Hypatia magnificamente interpretada por Rachel weisz. Pero para ese viaje no eran necesarias estas alforjas. Para exponer esa idea la película transcurre por más de dos horas de planos preciosos de la histórica ciudad, escenas milimétricamente rodadas que no llegan, no transmiten, todo ello filmado con pericia y aprovechando una puesta en escena soberbia, gracias a un diseño de producción perfectamente fiel a la época en la que transcurre la acción.

No hay en Agora escenas que calen en el espectador. Nos solidarizamos con esa Hypatia víctima de una sociedad cruel e intolerante, cegada por la incapacidad de las religiones para vivir y dejar vivir. Pero la película transcurre sin que nos emocionemos, sin que veamos a esa heroína como lo que fue, un mártir que ponía su conocimiento al servicio de su pueblo, el mismo que le quitó la vida en nombre un dios que ni entendían ni eran capaces de comprender. Agora no emociona, no transmite, no cala en un espectador deseoso de que el cine le atrape. Aunque sí pone el acento en una idea que yo tengo muy clara, y es que la humanidad nunca ha matado tanto como cuando ha pretendido "demostrar" que un dios es mejor que otro…

Quizás Amenábar, sin duda uno de nuestros mejores directores, necesite volver al cine que le dio fama y con el que fue capaz de alcanzar estos presupuestos gigantescos. Yo, de Agora, sólo obtengo dos conclusiones positivas: la recuperación de un actor genial como Michael Lonsdale (Munich, Ronin, Moonraker…), y la buena noticia que supondrá el hecho de que un bodrio del calibre de Mentiras y Gordas sea superada como película española más taquillera del año. Que así sea.

Mi puntuación en IMDB:5.

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