Amelia

Mira Nair es esa directora india que logró relevancia internacional en 1989 cuando su película Salaam Bombay logró una nominación al Óscar a la mejor cinta en lengua no inglesa. Amelia supone su primer compromiso total con un gran estudio de Hollywood, aunque la película haya sido financiada por Fox Searchlight, la división de cine (supuestamente) independiente de la todopoderosa Fox. Y quizás esa contención presupuestaria, que sin duda ha provocado la contratación de Mira Nair como directora, es lo que ha provocado que esta historia sobre la famosa mujer piloto se haya quedado en un soso acercamiento a la figura de un icono estadounidense que a priori merecería mayor despliegue.

Amelia Earhart saltó a la fama en la década de los 30, cuando se convirtió en una pionera en lo que a vuelos individuales se refiere. Batió récords de distancia y fue capaz de completar travesías consideradas como imposibles para un único piloto, y más aún si tenemos en cuenta que por aquel entonces todavía había gente que dudaba de esas hazañas por el simple hecho de tratarse de una mujer. Pero Amelia trascendió como mucho más que una simple piloto, terminó siendo un emblema americano, capaz de aparecer en la segunda parte de Noche en el Museo como una figura de cera con los rostros de una pizpireta Amy Adams…

Por ello uno se esperaba que su historia fuese contada por Hollywood en un proyecto de mucha más enjundia. De sobras es conocida la capacidad del cine americano para volcarse con sus mitos, produciendo biopics, nunca mejor dicho, de altos vuelos. Cada poco tiempo se cuela en los Óscars una película con un destacado número de nominaciones que nos cuenta la vida y obra de una destacada personalidad norteamericana. Ahí están, en los últimos tiempos, obras como Mi Nombre es Harvey Milk, Alí, Huracán Carter, Capote o Ray, todas ellas con la característica común de la ambición, el rigor y la falta de reparos a la hora de gastar dólares para poner en la pantalla las vidas de semejantes personajes. Y, además de esto, los responsables de esas obras lograron, en mayor o menor medida, algo de lo que carece Amelia: conmover al espectador, que se ve inmerso en una sucesión de emociones desatadas contemplando las vivencias de estos hombres.

Mira Nair no lo logra con esta película. Su Amelia carece de alma, de capacidad de emocionar. Y ello es debido, en mi opinión, a un guión que pasa de puntillas por momentos clave en la vida de una mujer que sin duda merecía mejor suerte cinematográfica. Quizás el intento por condensar en 111 minutos dos libros biográficos haya pesado a la hora de componer un guión que hace aguas por muchos sitios. En ese metraje todo ocurre rápido, pasamos de una Amelia niña que descubre en Kansas su gran pasión a la mujer que planea el gran vuelo que finalmente le costará la vida. Entre esos dos momentos, retales de su vida, de su obra, de sus relaciones amorosas…

Hilary Swank no logra tampoco encandilarnos con su interpretación, demasiado encorsetada en tics, sonrisas y poses. La actriz, que ejerce también como productora ejecutiva, probablemente escogió este proyecto con la esperanza de obtener su tercer Óscar, pero me da que se va a quedar con las ganas. Quienes sí están correctos son Richard Gere, como el sufrido marido George Putnam, auténtico motor del éxito de Amelia, e Ewan McGregor, como Jim Vidal, un ingeniero aeronáutico con quien la protagonista mantiene una relación extraconyugal, y padre del que posteriormente sería un famoso escritor, Gore Vidal, quien también aparece en la película con muy temprana edad.

Con todo, probablemente sea éste el más interesante acercamiento cinematográfico a la figura de Amelia Earhart, quien ya había sido retratada en el telefilm Amelia Earhart: The Final Flight, con los rasgos de la competente Diane Keaton. Pero uno echa de menos la emoción por volar que desprendían títulos como El Héroe Solitario, en donde James Stewart interpretaba a Charles Lindbergh, otro mito volador americano con quien se comparaba frecuentemente a Amelia, o, yéndonos más atrás, Alas, la primera película ganadora del Óscar de la Academia en 1929.

Feliz fin de semana…

Mi puntuación en IMDB:5.

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Kobe Doin’ Work

Spike Lee y yo tenemos algo en común: el cine y el baloncesto son nuestras dos grandes pasiones, claro que él es multimillonario gracias a una de ellas y yo no…El caso es que, tras haber dado la oportunidad a alguna estrella de la NBA de aparecer en varias de sus películas, el pasado mes de mayo estrenó en la televisión americana un documental centrado en el que posiblemente, y con el permiso de LeBron James, sea el mejor jugador del mundo en la actualidad. Kobe Doin’ Work es algo así como "un día en la oficina" de Kobe Bryant, un seguimiento del jugador de los Lakers en un día de trabajo, en un partido. Pero con matices…

Lo que hace Spike Lee es montar un gran hermano alrededor de la mega-estrella antes, durante y después de un decisivo partido que enfrentó a Los Angeles Lakers con los San Antonio Spurs a finales de la temporada 2007-2008. El vencedor de aquel encuentro se situaría por delante en la clasificación de cara a los play-offs, con la ventaja de disfrutar del factor cancha en las eliminatorias.

Pero este puntilloso y sistemático acercamiento a Kobe, no es, en mi opinión, otra cosa que un nuevo intento por lavar la imagen de un tipo con un talento descomunal para el baloncesto que siempre ha estado en el ojo del huracán. Sobre todo desde la acusación por violación de la que fue objeto hace varios años, que provocó que ninguna marca comercial quisiera contar con él y que le llevó a perder definitivamente la batalla con Michael Jordan por ser su sucesor. Es cierto que ninguna estrella de este calibre suele tener una imagen inmaculada, pero la de Kobe quedó especialmente dañada.

El motivo de esta conclusión tan particular que yo extraigo tras ver el documental de Spike Lee es lo empalagoso que resulta, lo falso y teatral que me parece el comportamiento de Kobe a lo largo de todo el metraje. En la hora y veinte que dura vemos a alguien que se presenta como un padre cariñoso, un compañero ejemplar, un deportista perfecto y educado con árbitros y rivales. Es evidente que Kobe no ignora que se le está grabando en todo momento, y actúa buscando siempre la perfección en su comportamiento, en qué hace, cómo lo hace, qué dice y cómo lo dice. Todo resulta tan cantoso que hasta algún jugador de los Spurs, como Kurt Thomas, pone cara de sorpresa ante lo empalagoso del comportamiento de Kobe durante el partido.

Personalmente, hubiese preferido que semejante experimento se hubiese realizado sin que el protagonista lo supiera, registrando todas y cada una de las acciones de Kobe sin que él fuese consciente de ello. Así veríamos al auténtico Kobe, quien no niego que tenga actuaciones parecidas frecuentemente, pero del que sospecho, no suele ser tan ejemplar como de forma empalagosa muestra este Kobe Doin’ Work.

Con todo, siempre resulta atractivo meterse de lleno en todo lo que se cuece alrededor de un partido de la mejor competición del mundo. El hecho de que las cámaras se metan en el aparcamiento del Staples Center, en el vestuario, en el banquillo, y, por supuesto, en la cancha, es ya de por sí interesante.

Parece que Spike Lee está trabajando en otro documental, centrado en la figura de Michael Jordan, el mejor baloncestita de la historia, sin discusión. Supongo que la versión que ofrecerá del astro será también amable y benévola, pero estaremos atentos porque seguro que merece la pena verlo.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt1261843/

2012

Sólo fueron tres días de cines cerrados, ojalá no vengan más…

Una idea me revoloteaba por la cabeza cuando salí del cine tras ver 2012: necesitamos a Emmerich. Es cierto que es algo que uno se plantea de forma mucho más inmediata cuando sale de ver algo tan estimable y entretenido como esta película, ya que en absoluto uno se plantea la existencia de semejante necesidad tras ver 10.000 o El Día de Mañana, anteriores trabajos del director alemán, mucho más plúmbeos y flojos que esta 2012.

Y creo que le necesitamos porque yo, al menos, tengo muy claro que cuando a Hollywood le da por destruír el mundo, el resultado suele ser medianamente divertido. Y Roland Emmerich parece tener una especie de obsesión por mandarlo todo a freír espárragos, dada la abundancia de cine catastrófico en su filmografía. Cierto es que muchos críticos emplearían el término "catastrófico" con otra acepción, no precisamente amable, a la hora de referirse a la filmografía de un tipo que, pese a quien pese, proporciona momentos de lo más grato a quienes frecuentamos los cines. Y además lo dice abiertamente, sin ocultar sus pretensiones frívolas.

Porque, en mi opinión, un adjetivo caracteriza a 2012 mejor que ningún otro: honesta. 2012 da lo que promete, ni más ni menos, y quien salga del cine poniéndola de vuelta y media no debería de haberse metido en la sala. No hay más que echar un vistazo al tráiler que se proyectaba unos días antes del estreno para comprender qué nos ofrecería la cinta, algo que hubiésemos intuído con un simple teaser que rezase: 2012, la nueva superproducción de Roland Emmerich. Vamos, que aquí ya nos conocemos todos…

Pero claro, siempre hay gente que acude a los cines sin saber qué se va a encontrar. Recuerdo cuando vi Watchmen, en una sesión repleta de padres con sus niños pequeños, a quienes habían llevado pensando que iban a disfrutar con una peli más de superhéroes y efectos especiales, y que veían cómo esos mismos papis les tapaban el rostro para que no viesen las mutilaciones y escenas de sexo que la película copiaba directamente de la obra de Alan Moore. No está de más informarse antes…

Efectivamente, en 2012 el mundo, tal y como lo conocemos, se acaba, y lo hace a lo grande, con un espectáculo de efectos visuales de primer nivel. En ese aspecto es en el que, evidentemente, mejor encaja el objetivo de "honesta", ya que sabemos de qué son capaces los técnicos de efectos especiales en la actualidad. Y además sigue siendo honesta porque cuando la destrucción no se apodera de la pantalla, los diálogos que pronuncian los personajes no están escritos precisamente por un David Mamet  o por un Paul Haggis. Esto es otra cosa.

Lo que menos me gusta es, quizás, esa manía de incrustar en este tipo de cine esas relaciones paterno-filiales conflictivas, algo que parece ser ya un cliché instaurado en el cine de catástrofes, y del que no nos libró ni el propio Spielberg en su remake de La Guerra de los Mundos. A ver cuándo podemos ver a un padre y a su hijo, felices, cómplices, luchar por sobrevivir a un cataclismo. Y qué decir de esa obsesión de Emmerich por salvar en el último instante a un perrito, calcando la escena que ya habíamos visto en Independence Day.

Refiriéndome a lo bueno, me quedo, además de con el esperado despliegue técnico, con el competente reparto. John Cusack es casi un seguro de vida, independientemente del proyecto en el que se meta, y me alegra especialmente la presencia del gran Danny Glover, icono ochentero felizmente recuperado aquí. Woody Harrelson encarna al típico freak visionario, quizás más cargante de lo preciso.

Supongo que multitud de científicos, geólogos, físicos e historiadores destacarán la carencia de rigor del guión de la película, llamando la atención sobre mil y un fallos. Y los críticos más sesudos la pondrán a la altura del betún. Yo no pertenezco a ninguno de esos colectivos, y simplemente fui al cine a pasar un buen rato. Lo logré.

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt1190080/

Radio Encubierta

Estamos en los 60, y el rock ‘n roll no gusta a todos…El gobierno británico, empujado por un absurdo azote de conservadurismo, inicia una cruzada para cerrar las numerosas radios piratas que emiten esa música satánica compulsivamente. Una de esas radios emite desde un barco, y cada vez tiene más oyentes. Ésta es la historia de un grupo de chiflados que desafiaron al poder establecido por unos ideales en los que muchísima gente creía, a pesar de que la estupidez humana los despreciaba por miedo a que se desatasen las más bajas pasiones…Es una historia de ficción, que ocurre en un apasionante momento histórico desde el punto de vista de la creación musical. Los 60 marcaron el destino de la música, y los nuevos ritmos se vieron inmersos en una lucha que, afortunadamente, ganaron.

Todo empezó en 1994, con aquella estupenda comedia titulada Cuatro Bodas y un Funeral. La película fue un rotundo éxito de crítica y público, y descubrió a un guionista llamado Richard Curtis, quien gracias a su portentoso libreto eclipsó la labor en la dirección de un Mike Newell que se limitó a poner en imágenes una divertida historia, y la de un reparto absolutamente genial, encabezado por la pareja Hugh Grant-Andie MacDowell, que desprendía química en cada escena, sin olvidar al excelente grupo de secundarios, todos ellos intérpretes de la mejor tradición de la escena británica.

Pero Curtis, nominado al Óscar al mejor guión original, se había reivindicado como el excelente contador de historias corales que era. Tras aprovechar el éxito de Cuatro Bodas…escribió Notting Hill, otra comedia romántica que, al contar con Julia Roberts como protagonista, no podía desarrrollar un guión en el que tuvieran cabida tantos personajes, por lo que terminó siendo una comedia romántica amable y típica. Tras adaptar a Bridget Jones para el cine, Richard Curtis dio el salto a la dirección en 2003 con Love Actually, con la que volvió a demostrar que es uno de los mejores guionistas de la actualidad. Ésta es, para mi, una de las mejores comedias románticas de los últimos tiempos, distinta, coral, con un reparto genial repleto de actores y actrices en estado de gracia, y con una pizca de mala leche y de gags políticamente incorrectos que impiden que se imponga el almíbar y lo empalagoso en la historia.

Y volvió a la dirección con Radio Encubierta, que mantiene muchas de las virtudes de su debut como director, aunque con un contexto y unas premisas argumentales radicalmente diferentes. Tenemos de nuevo un nutrido grupo de personajes a los que Curtis nos presenta con rápidas pinceladas que sirven para hacernos una idea del perfil de cada uno. No necesita pesadas escenas ni flashbacks que aporten información. El guión, y los grandes actores que ponen rostro a los interesantes personajes, son suficientes.

Como en Love Actually, Radio Encubierta desprende optimismo por los cuatro costados. Si en aquélla el amor era la excusa para hacernos reír, en Love Actually la música es el hilo conductor de una historia que no nos quita la sonrisa en todo el metraje. Curtis imprime a sus comedias esa energía y vitalidad que sólo los buenos musicales desprenden, por eso creo que sería un excelente director de musicales, aunque en Radio Encubierta la música sea un elemento decisivo. Cada canción que suena está perfectamente integrada, y el excelente repertorio musical de la época hace que la película cuente con una banda sonora excepcional.

Y como director de actores, el director-guionista demuestra, una vez más, ser uno de los mejores. Si bien es cierto que con tipos como Philp Seymour-Hoffman, Bill Nighy o Kenneth Branagh todo es mucho más fácil, sin olvidarnos de ese freak carismático que es Rhys Ifans, auténtico descubrimiento de Curtis a quien nos presentó en Notting Hill. Cada uno de ellos está soberbio en su papel, es especial Branagh, quien compone al típico personaje malo de la historia, con ese aura entre patética y ridícula que sólo los más grandes saben transmitir.

Radio Encubierta es una comedia que encierra lo que podría haber sido una enorme tragedia. ¿Os imagináis que hubiese ocurrido si aquellos postulados despóticos y anacrónicos se hubiesen impuesto? Pero afortunadamente la música triunfó, y el rock ‘n  roll encontró su lugar. Richard Curtis nos los cuenta de forma simpática, pero aquello pudo haber sido una tragedia. Y es que es sólo rock’n roll, pero nos gusta…

Mi puntuación en IMDB:7.

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eriag Top: Mis 10 bares de cine

Hoy tocaba en el blog hablar sobre 2012, pero como las circunstancias lo han impedido, he pensado que un top podría hacerme olvidar por un momento el cabreo que tengo por vivir en una ciudad en la que, al menos por el momento, no se puede ir al cine. Los tops son entretenidos, y siempre provocan apasionados debates, lo que ayudará a que el finde semana se nos eche encima de mejor manera.

 Bares, o cafeterías, o restaurantes, o discotecas…cuántos momentos hemos pasado en esos sitios. Hemos bebido, comido, bailado, ligado, reído…El cine también nos ha enseñado lugares míticos, en donde los protagonistas de algunas de nuestras historias favoritas han vivido experiencias que finalmente resultaron decisivas para que las cosas sucediesen tal y como nosotros las vimos. Éstos son mis 10 locales favoritos del cine:

10.  QUICK STOP AND RST VIDEO (CLERKS)

En el Quick Stop de la fotografía trabajaba Dante, el protagonista de Clerks, la primera y genial peli de Kevin Smith. Justo pegado a él está el RST Video, un videoclub. Es quizás el local más peculiar del top, ya que no es ni un bar, ni una cafetería ni una discoteca, pero aceptamos pulpo…Situado en New Jersey, si alguna vez pasáis por allí, no os sorprendáis si escucháis conversaciones acerca del salario de los trabajadores que construyeron la Estrella de la Muerte, o si de repente un empleado le pregunta a su novia cuántas pollas ha mamado…

9.  STUDIO 54 (54)

El único local que realmente existió. El Studio 54 abrió sus puertas en Nueva York en 1977 para cerrarlas en 1986, período en el que míticas celebridades se dejaron llevar por el aura de libertad y provocación que la discoteca poseía. La peli se estrenó en 1998, y contaba con un reparto desastroso, encabezado por Ryan Philippe, y con un patético Mike Myers como Steve Rubell, el propietario del local. Gentes como Mick Jagger, Salvador Dalí, David Bowie o Donald Trump se dejaron ver con frecuencia por el Studio 54.

8.  EL CAFÉ DE RICK (CASABLANCA)

 

De todos los bares del mundo, tuvo que venir al mío…Así recibe el sarcástico Rick la llegada a su local de su amada Ilsa. El Café de Rick es mucho más que un café, y Casablanca, desde luego, es mucho más que una película…

7.  EL PONEY PISADOR (EL SEÑOR DE LOS ANILLOS; LA COMUNIDAD DEL ANILLO)

En Bree, en la Tierra Media, se encuentra la posada del Poney Pisador, el lugar en donde Frodo, creyendo encontrarse con Gandalf, conoció a Aragorn, empezando para ellos una misión que cambiaría sus vidas para siempre…

6.  LA TABERNA DE MARION EN NEPAL (EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA)

A finales de los años 30, un intrépido arqueólogo, volvió a un lugar que ya conocía, una taberna regentada por un antiguo amor. En Nepal, Marion desafiaba a sus clientes a duelos de chupitos de los que siempre salía vencedora. Un lugar mítico.

5.  LA TETA ENRROSCADA (ABIERTO HASTA EL AMANECER)

En la frontera entre los Estados Unidos y México hay un sitio que merece la pena visitar. Eso sí, hay que irse antes de que llegue el cierre que, como todo el mundo sabe, es cuando amanece. Y si ese momento te pilla dentro de la Teta Enrroscada…

4.  LA CANTINA DE MOS EISLEY (LA GUERRA DE LAS GALAXIAS)

En este lugar de la cosmopolita Mos Eisley se dan cita seres de todas las galaxias conocidas, y aquí fue donde se conocieron Luke Skywalker y Han Solo, tras un encuentro que forjaría una amistad decisiva para que un maléfico Impero fuese derrotado. Y, por cierto, la cantina cuenta con una banda de músicos muy buena…

3.  JACK RABBIT SLIM (PULP FICTION)

Si alguna vez os dedicáis a asuntos turbios y vuestro jefe os pide que saquéis a su chica a divertirse, llevadla al Jack Rabbit Slim. Le gustará, y os pedirá que bailéis con ella. Por supuesto, aceptad…

2. EL CAFÉ DE LOS 80 (REGRESO AL FUTUTO, PARTE II)

Menudo sitio más molón éste. Cómo me gustaría que en mi ciudad abriesen uno, aunque puede que para ello tengamos que esperar aún unos años…En Hill Valley, el Café de los 80 es un sitio ideal para tomarse algo antes o después, por ejemplo, de ir al cine a ver Tiburón 19…

1.  CLUB OBI-WAN (INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO)

Mi favorito. En este local, cuyo nomnre nos remite a otro de nuestros héroes favoritos, Indy las pasó canutas por culpa de unos chinos cabrones que le drogan y tiran por los suelos el antídoto, en el que es uno de los mejores comienzos de película que yo he visto nunca. Ojalá pudiese ir algún día y disfrutar con esa versión del Anything Goes de Cole Porter, cantada por la sensual Willie Scott…

Pues éstos son mis 10 locales favoritos del cine. Este finde visitaremos otros, frecuentados por otro tipo de seres, y pasaremos otros buenos momentos. Feliz fin de semana a todos…

Una de las peores noticias que me han dado en los últimos tiempos…

La mañana transcurría con normalidad. Un poco de trabajo, actualizo el blog, me paso por varias de las webs que suelo frecuentar, y en un momento aburrido, me paso por el foro de cine de Meristation, y un forero, paisano, afirma en un post que han cerrado el único cine que disponía a día de hoy mi ciudad, unos multicines con 8 salas pertenecientes a la cadena Cinebox.

Ha sido un problema de accesos para minusválidos, algo que llevaba coleando varios meses, aunque, la verdad, nunca llegué a pensar que de verdad lo podrían cerrar. Lo indignante es que el mismo ayuntamiento que ha cerrado el cine se aprovechó del mismo cuando hace sólo un mes se celebró aquí un Festival de cine que no hace más que derrochar el dinero que quienes vivimos aquí aportamos con nuestros impuestos. El cine debió de ponerse las pilas con lo de los accesos, sí, pero me resulta asquerosa la hipocresía de una corporación que, cuando le fue conveniente, no puso ninguna pega a que las pelis del Festival se proyectasen allí. Me da asco.

Estoy bloqueado, triste y desolado. No sé lo que durará la situación, pero, lo cierto, es que a día de hoy, la ciudad en la que nací y crecí, con más de cien mil habitantes en la capital y más de trescientos mil en toda la provincia, no dispone de ningún cine.

Hoy tenía planeado ir a ver 2012, y mañana esperaba colgar aquí mi opinión. No podrá ser. Me han quitado una parte de mi vida.

Stardust

La historia es conocida por todos. Peter Jackson se apuntó un éxito descomunal a principios del siglo XXI con su trilogía de El Señor de los Anillos, y al rebufo surgieron fórmulas que trataron de aprovecharse de esa cresta de la ola en la que quedó instalado el cine de fantasía y mundos imaginarios. Pero con poco éxito, en la mayoría de los casos. Yo ya dije alguna vez en este blog que sólo la primera de las Crónicas de Narnia me parece mínimamente presentable, mucho más desde luego que cosas como Eragon o ésta, Stardust, un despropósito de magnitudes bíblicas…

Matthew Vaughn ese ese joven director que a todos cautivó con su debut, aquel thriller policíaco titulado Layer Cake, que a mi me aburrió soberanamente. Estuvo a punto de ser elegido para ser responsable de la peli de Thor, pero finalmente el elegido fue Kenneth Branagh. Y entre medias, se puso tras la cámara para adaptar una novela de Neil Gaiman, que, quiero pensar, se aparta bastante de lo que Vaughn nos mostró en el cine…

Lo más triste en estos casos es pensar en lo que ha costado semejante disparate. Efectos especiales, escenarios suntuosos y un reparto de campanillas. Para nada. O, mejor, para indignar a quien en su momento pasase por taquilla. Ian McKellen (a quien sólo podremos escuchar en la versión original, ya que es el encargado de la voz en off), Michelle Pfeiffer, Claire Danes, Sienna Miller, Mark Strong, Peter O’Toole, Jason Flemyng, Rupert Everett y algún rostro conocido más, figuran en el reparto. Y me he dejado para el final a Robert de Niro, porque mención especial merece quien ha sido uno de los mejores actores del planeta en su momento, y que con estos papeles no hace otra cosa que mandarlo todo a la mierda…

Respecto a la historia, pues tenemos a un muchacho londinense que, intrépido él, decide cruzar un muro que delimita una misteriosa frontera entre la ciudad británica y un mundo de fantasía poblado por un sinfín de seres estrafalarios…A partir de ahí, brujas, un rey moribundo que deja un montón de hijos con nombres cardinales, un barco volador capitaneado por una locaza interpretada por De Niro…En definitiva, que a uno se le abren los ojos como platos para comprobar que semejante dislate está ocurriendo ante su mirada.

Hay películas que nunca debieron de haberse rodado. Stardust es una de ellas.

Mi puntuación en IMDB:2.

 //www.imdb.com/title/tt0486655/

Cuento de Navidad

Robert Zemeckis parece instalado definitivamente en el campo de la animación digital, ésa que inauguró hace un lustro con Polar Express, y que tras Beowulf, le ha llevado a adaptar la famosa obra de Charles Dickens, permitiendo a Jim Carrey forzar sus rasgos faciales para que los ordenadores le capturen sus movimientos permitiéndole interpretar hasta a ocho personajes diferentes. No vamos a negarle a Zemeckis la indudable evolución de esa técnica animada, que en Cuento de Navidad luce mucho más que en Polar Express, aunque, en mi opinión, esos seres tan bruscamente animados que el consagrado director nos ofrece están muy lejos de lograr lo que sí conseguía la tradicional animación en 2D: emocionarnos y ganarnos para su causa.

Puede que el fallo resida en lo ambicioso de la propuesta. Cuento de Navidad, versión Robert Zemeckis, peca de excesiva, llegando a abrumar al espectador con esos constantes efectos visuales, que, unidos a lo grotesco de los rostros de los personajes, provoca cierta desazón en quien añora los gloriosos tiempos de Disney en el campo de la animación tradicional. Yo lo tengo muy claro. En mi opinión, Zemeckis, quien lleva desde Náufrago sin rodar una película en imagen real, debería de usar esta técnica para contar historias en donde el peso de la acción no resida en humanos, cuyos rasgos resultan realmente distorsionados tras ese método de captura en movimiento usado. Tom Hanks no resultaba tan artificial en Polar Express, quizás porque sus personajes no eran tan expresivos. Pero en Beowulf, y sobre todo en este Cuento de Navidad, yo al menos no hago otra cosa que ver a actores conocidos deformados. Ya puestos, ojalá hubiese rodado Zemeckis la obra de Dickens en imagen real, con Carrey, Gary Oldman, Bob Hoskins y Colin Firth asumiendo esos papeles.

Porque a mi me cuesta creerme a esos personajes, algunos de ellos ciertamente estrafalarios, con los rasgos faciales estirados hasta la extenuación y con evidentes desproporciones. Y si ya van tres películas, quizás deberían de tirar la toalla. Pixar lo tiene mucho más claro. Ha descartado la animación tradicional en favor de una técnica no tan excesiva, que le permite mostrar en pantalla a seres humanos animados que no chirrían, aunque también hay que señalar que han mejorado ostensiblemente desde Toy Story, y ahí están Los Increíbles o Up para demostrarlo.

Lo que no se puede negar es que la historia es estupenda, como lo eran las de Polar Express y Beowulf. Dickens escribió en el siglo XIX una historia atemporal, entrañable y convenientemente aleccionadora, y Robert Zemeckis la ha adaptado con sentido y ajustándola a los parámetros de las producciones Disney. Y, como la historia es lo más importante en una película, Cuento de Navidad se salva por la extraordinaria historia que nos cuenta.

Respecto a la técnica empleada para contar esa historia, quizás los avances tecnológicos patinen. Yo disfruto exactamente igual con el King Kong de 1933 que con Jurassic Park, pero, en el campo de la animación, echo de menos Blancanieves, La Bella y La Bestia o El Rey León, con las bondades de esa animación tradicional, mientras que los experimentos de Zemeckis me dejan bastante frío…

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt1067106/

Edward Woodward (1930-2009)

Breve necrológica. El 16 de noviembre fallecía Edward Woodward, un actor que aquí no nos dice nada, pero que saltó a la fama en 1973 al protagonizar The Wicker Man, una inquietante película policíaca dirigida por Robert Hardy y que ha terminado por convertirse en un título de culto, por su angustiosa atmósfera y el perturbador guión de Anthony Shaffer, responsable del libreto de La Huella, Frenesí o Asesinato en el Orient Express. En The Wicker Man, Woodward compartió reparto con Christopher Lee y Britt Ekland, en una película que fue objeto de un remake no hace mucho, protagonizado por Nicolas Cage.

Edward Woodward logró asimismo fama gracias a su papel en la serie The Equalizer, en donde interpretó al agente secreto Robert McCall, con enorme éxito en su país.

Pudimos verle, por última vez en el cine, en Arma Fatal, la parodia de la mítica saga ochentera dirigida por Edgar Wright. Descanse en paz, Edward Woodward.

//www.imdb.com/name/nm0940919/

Pandorum

El cine americano siempre se ha caracterizado por bautizar géneros, o, mejor dicho, sub-géneros, que nacen a partir del éxito monumental de una película adscrita a reglas más o menos convencionales. Ocurrió con Alien, la estupenda película de Ridley Scott que originó multitud de cintas de argumento semejante. Un nuevo sub-género nació con Alien: ese que, englobado en los géneros más amplios del terror o la ciencia-ficción, se basa en las peripecias de un grupete de intrépidos hombres y/o mujeres que se adentran en una misteriosa nave (o barco o casa o…) en donde algo ha sucedido. Y bajo esa premisa, tenemos el miedo, la acción, los aliens, o lo que proceda…

Y, no vamos a negarlo, en ocasiones el resultado está muy bien. No es el caso de Pandorum, y así aprovecho ya para advertir que es una película realmente floja, pero a uno le vienen a la mente cosas tan estimables como Deep Rising, aquella peli de Stephen Sommers que rezumaba serie B por los cuatro costados y en la que el objeto de investigación de los héroes era un tétrico barco, u Horizonte Final, de la que bebe indudablemente Pandorum, con esa nave (supuestamente) abandonada en la que han ocurrido mil y una incidencias, y con la que comparte nombre propio: Paul W.S. Anderson, director de aquélla y productor de ésta.

El problema de Pandorum es lo farragoso de su propuesta. Se pretende dosificar la información ofrecida al espectador, no ya sobre los inquietantes sucesos acaecidos en la nave, sino sobre la propia naturaleza de la misma, su misión, su tripulación e incluso su ubicación. Y, lógicamente, es necesario también ir dando pistas sobre qué narices ha ocurrido en ella, y por qué nuestros protagonistas se encuentran en ese estado de indefensión y amnesia. Y cuando todo eso se explica mal, y la información se da de forma torpe, la peli no puede ser buena.

Ni siquiera se aprovechan esos seres malignos de aspecto tan desagradable, de los que poco o nada sabemos, salvo que chillan y corren de forma desatada y que se mueven como pez en el agua en esos planos brevísimos en los que el director Christian Alvart mueve la cámara compulsivamente, siguiendo la nefasta escuela que en su día abrió el inefable Michael Bay, y que provoca que el espectador no se entere absolutamente de nada.

Horizonte Final no era una maravilla, pero a partir de su premisa mil veces vista y contada, tenía varias virtudes que, desgraciadamente, no encontramos en Pandorum. En primer lugar, su guión, muy semejante a éste desde el punto de vista argumental, pero mucho más directo y comprensible para un espectador medio que no entra en una sala de cine a ver un Solaris versión cutre. Y después estaba Sam Neill, auténtico motor de una nave que a partir de la evolución de su personaje surcaba el hiperespacio ofreciendo escenas inquietantes y terroríficas. En Pandorum ese papel trata de asumirlo un Dennis Quaid desastroso, desganado y perdido, que sin embargo ofrece mucha más solvencia que ese Ben Foster (el Ángel de X-Men 3), un actor limitadísimo a quien resulta imposible creerse en ningún papel medianamente importante.

Falla el guión, fallan los actores…así que muy buen cineasta hay que ser para salvar la nave, nunca mejor dicho. Y no es el caso del tal Christian Alvart. Anderson, quizás aburrido de rodar siempre películas iguales y encuadradas en este sub-género (Horizonte Final, Resident Evil…¿qué diablos ha ocurrido aquí?) cede el testigo y se limita a figurar como productor. Chico listo, porque ni siquiera él, que tampoco es precisamente Orson Welles, hubiese sido capaz de hacer de Pandorum una buena película…

Mi puntuación en IMDB:3

//www.imdb.com/title/tt1188729/