Cuento de Navidad

Robert Zemeckis parece instalado definitivamente en el campo de la animación digital, ésa que inauguró hace un lustro con Polar Express, y que tras Beowulf, le ha llevado a adaptar la famosa obra de Charles Dickens, permitiendo a Jim Carrey forzar sus rasgos faciales para que los ordenadores le capturen sus movimientos permitiéndole interpretar hasta a ocho personajes diferentes. No vamos a negarle a Zemeckis la indudable evolución de esa técnica animada, que en Cuento de Navidad luce mucho más que en Polar Express, aunque, en mi opinión, esos seres tan bruscamente animados que el consagrado director nos ofrece están muy lejos de lograr lo que sí conseguía la tradicional animación en 2D: emocionarnos y ganarnos para su causa.

Puede que el fallo resida en lo ambicioso de la propuesta. Cuento de Navidad, versión Robert Zemeckis, peca de excesiva, llegando a abrumar al espectador con esos constantes efectos visuales, que, unidos a lo grotesco de los rostros de los personajes, provoca cierta desazón en quien añora los gloriosos tiempos de Disney en el campo de la animación tradicional. Yo lo tengo muy claro. En mi opinión, Zemeckis, quien lleva desde Náufrago sin rodar una película en imagen real, debería de usar esta técnica para contar historias en donde el peso de la acción no resida en humanos, cuyos rasgos resultan realmente distorsionados tras ese método de captura en movimiento usado. Tom Hanks no resultaba tan artificial en Polar Express, quizás porque sus personajes no eran tan expresivos. Pero en Beowulf, y sobre todo en este Cuento de Navidad, yo al menos no hago otra cosa que ver a actores conocidos deformados. Ya puestos, ojalá hubiese rodado Zemeckis la obra de Dickens en imagen real, con Carrey, Gary Oldman, Bob Hoskins y Colin Firth asumiendo esos papeles.

Porque a mi me cuesta creerme a esos personajes, algunos de ellos ciertamente estrafalarios, con los rasgos faciales estirados hasta la extenuación y con evidentes desproporciones. Y si ya van tres películas, quizás deberían de tirar la toalla. Pixar lo tiene mucho más claro. Ha descartado la animación tradicional en favor de una técnica no tan excesiva, que le permite mostrar en pantalla a seres humanos animados que no chirrían, aunque también hay que señalar que han mejorado ostensiblemente desde Toy Story, y ahí están Los Increíbles o Up para demostrarlo.

Lo que no se puede negar es que la historia es estupenda, como lo eran las de Polar Express y Beowulf. Dickens escribió en el siglo XIX una historia atemporal, entrañable y convenientemente aleccionadora, y Robert Zemeckis la ha adaptado con sentido y ajustándola a los parámetros de las producciones Disney. Y, como la historia es lo más importante en una película, Cuento de Navidad se salva por la extraordinaria historia que nos cuenta.

Respecto a la técnica empleada para contar esa historia, quizás los avances tecnológicos patinen. Yo disfruto exactamente igual con el King Kong de 1933 que con Jurassic Park, pero, en el campo de la animación, echo de menos Blancanieves, La Bella y La Bestia o El Rey León, con las bondades de esa animación tradicional, mientras que los experimentos de Zemeckis me dejan bastante frío…

Mi puntuación en IMDB:6.

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