Sobre la piratería…

Hace ya bastantes meses dediqué una entrada a hablar sobre la piratería, y lo cierto es que es ahora cuando me ha dado por pensar más en el asunto, con todo el barullo que se ha montado con el supuesto proyecto de ley y las masivas protestas de diversos sectores de artistas ante lo que consideran la falta de rotundidad gubernamental para frenar prácticas que ellos consideran ilegales e ilegítimas. Yo tengo mi propia opinión, sobre un asunto que indiscutiblemente es difícil y está provocando múltiples quebraderos de cabeza a todas las partes implicadas. Igual me enrrollo demasiado, pero, qué coño, para eso es mi blog…

Considero que ante todo, a la hora de hablar sobre este tema hay que dejar muy claro a qué nos referimos. La piratería afecta a todo tipo de obras. Cine, música, videojuegos, programas informáticos y obras literarias. Por motivos obvios mi interés se centra en el cine, aunque lo que exponga a partir de ahora se puede extrapolar a cualquier otro sector, y de hecho usaré ejemplos relacionados básicamente, con el sector de la música.

Cuando la mayor parte de la gente piensa en piratería lo relaciona con dos cosas que creo son radicalmente diferentes entre sí: el top manta y las descargas ilegales. Son los dos caballos de batalla de los colectivos de artistas que en los últimos tiempos están protagonizando aireadas protestas y manifestaciones. Pero estos dos fenómenos requieren un análisis totalmente distintos, ya que la naturaleza de la actividad y su supuesta legalidad hacen que sean, en mi opinión, temas de discusión distintos.

El top manta debe de ser perseguido. Yo al menos considero una aberración que alguien esté en plena calle vendiendo copias de obras cuyo autor o responsable no recibe nada a cambio, como sí ocurre cuando esa obra se vende en los canales de distribución adecuados y legales. Nadie puede instalar un puesto más o menos mantero para vender a bajísimo precio copias de originales, básicamente por una razón: se está beneficiando económicamente, es decir, HAY ÁNIMO DE LUCRO. Es cierto que detrás del africano o árabe que vende películas o discos en la manta está toda una mafia que probablemente sea la misma que se esconde tras otras actividades tan ilícitas pero más censurables, como las drogas y otras cosas. Persíganse esas mafias. Y, por supuesto, no estoy a favor de la pena de cárcel para esas pobres gentes que sólo buscan alimento cuando instalan una manta. No hay que ser un experto en derecho, creo, para compartir esto que acabo de exponer sobre el top manta.

Pero lo de las descargas por internet es un tema distinto. Yo, que estoy ya por encima de la treintena, me remonto a los 80 y primeros 90, cuando todos escuchábamos música grabada en cintas de casettes, aquellas cintas de 60, 90 o 120 minutos, que llenábamos de canciones grabadas de discos de vinilo, o de la radio. Y muchas de aquellas cintas eran a su vez grabadas para que nuestros amigos o familiares escuchasen la misma música que nosotros. Y por supuesto recuerdo cuando me hartaba de grabar películas de la tele, aquellos maravilosos ciclos que TVE dedicaba a Hitchcock o a Fritz Lang, con estupendas películas que yo grababa en cintas VHS que aún conservo, para poder disfrutarlas siempre que quisiera. Y, cómo no, muchas veces hacía copias de esas cintas para prestar a los míos, de la misma forma que a veces hacía copias (cuando se podía, que lo de grabar con dos vídeos no resultaba sencillo) de películas originales alquiladas en los videoclubs. Y todo aquello se podía hacer, se hacía, sin que los artistas clamasen, porque todo aquello se hacía SIN ÁNIMO DE LUCRO.

Y este viaje al pasado lo hago porque yo al menos tengo muy claro que los programas de intercambio de archivo P2P son el equivalente a aquello. Lo que ha hecho internet ha sido, básicamente, globalizar un fenómeno que antes se producía a escalas más pequeñas. Internet nos ha puesto en contacto a todos, y ahora el que hace una copia privada de una película la puede compartir con mucha más gente que antes, porque el emule y sus semejantes así lo permite. Y como no nos demos cuenta de que ese intercambio de archivos es lícito, porque se realiza SIN ÁNIMO DE LUCRO, estaremos poniéndole puertas a un campo que terminará por abrirse sin remisión.

El P2P me ha permitido descubrir películas que no estaban disponibles en España en ningún formato, y que ninguna televisión de aquí emitía. Y a mi,que voy al cine dos o tres vece por semana y que sigo comprándome películas en dvd (más de 2500 originales tengo), me permite acceder a obra a las que mi acceso sería imposible de otro modo. Y ello sin beneficiarme económicamente, como tampoco lo hizo, por ejemplo, quien puso a disposición en su día en emule la película Los Inocentes, una obra maestra del cine de terror dirigida por Jack Clayton en 1961 que no se estrenó en nuestros cines y que ninguna compañia editora de dvd o vídeo consideró rentable editar aquí.

Es evidente que el intercambio de archivos afecta a los artistas, como en su día lo hacían las cintas de casette grabadas. Pero eso no quiere decir que sea ilegal. Lo que tienen que hacer los creadores es adaptarse a los nuevos tiempos, porque su industria ha cambiado, como lo hicieron tantas y tantas industrias en la historia de la humanidad. Y criminalizar a quienes comparten archivos es, en mi opinión, una locura, como lo hubiese sido perseguir a quienes escuchaban en una cinta de casette los discos de Mecano en el radiocasette del Seat Ibiza en los 80.