Avatar

La vuelta de James Cameron a la dirección cinematográfica era por si misma un acontecimiento. La manera en la que lo ha hecho, no hace otra cosa que confirmar que estamos ante el mayor cineasta independiente de la historia del cine. Si por independencia entendemos el control absoluto de la obra, en todos sus aspectos, y, en lo que es más determinante, en todas sus pretensiones, Avatar refleja a la perfección la manera de entender el cine de un tipo que lleva desde sus comienzos llegando exactamente a donde quería llegar en cada momento, y, por supuesto, a su manera. James Cameron ha vuelto, y con él, una nueva revolución…

Avatar no está seduciendo precisamente a la crítica mundial. Pero no debe de sorprendernos. Uno, cuando piensa en un crítico cinematográfico, dirige su mente hacia los típicos cinéfilos veteranos para quienes la historia está por encima de todo. Y es cierto. No hay nada más importante en una película que la historia. Esos críticos probablemente tengan entre sus preferencias el cine más clásico del Hollywood de las décadas de los 30, 40, 50 y 60, películas que se ganaban el beneplácito de todos gracias a unas tramas interesantes, historias prolíficas en emociones y personajes soberbios. Y es indiscutible que el mejor cine hecho jamás se sitúa en esas décadas prodigiosas. Pero Avatar llega con otras pretensiones, que, al haberse alcanzado, la sitúan a un nivel de trascendencia semejante al de las mejores películas de la historia.

Porque el cine es imagen, el cine es capacidad de seducir a través de lo visual. Y en ese aspecto Cameron, con su última obra, lo logra con creces. En 2001 Kubrick mostraba esa elipsis de forma sublime, pero la historia no era precisamente impactante, e incluso aún hoy muchos son incapaces de contar con precisión de qué narices va la película. En Star Wars teníamos un refrito de géneros, desde el western a los seriales a lo Buck Rogers o Flash Gordon, y la historia, sin ser mala (y contando además con personajes antológicos), quedaba muy por debajo de la trascendencia que tuvieron sus imponentes efectos visuales. Avatar, es cierto, no nos cuenta una historia novedosa ni grandiosa, pero a quién le importa cuando uno se pone las gafas…

Porque eso también es cine, también es parte del cine. Y que nadie se deje engañar por quienes sostienen que, según mis argumentaciones, cosas como la reciente 2012 o cualquier blockbuster repleto de FX podrían estar al nivel de Avatar. Avatar compite en otra liga, la de películas que revolucionan por completo la concepción del cine como espectáculo de primer nivel, capaz de ganarnos gracias a imágenes impagables. Eso es, en definitiva, lo que lleva buscando el director canadiense desde sus inicios: abrirnos los ojos desde el primer minuto de proyección hasta el último. Es lo que hizo en los dos Terminators, en Abyss y en Titanic, y es lo que ha hecho en esta nueva película, en la que ha llevado el concepto del 3D a otro nivel.

Pero ojo, que aunque sin duda la revolución que James Cameron ha buscado con Avatar se impone, que nadie piense, como han sostenido algunos críticos, que nos cuenta una historia patatera. No es nueva, es cierto, pero es interesante, entretenida, y cuenta con personajes de lo más seductores como esa Grace Augustine interpretada por una enorme Sigourney Weaver. En Avatar se nos cuenta una historia muy de nuestro tiempo, con esa suplantación de personalidades y la posibilidad de controlar otro cuerpo con nuestra mente, algo que con la reciente revolución tecnológica e internet está más de actualidad que nunca. Las recientes Los Sustitutos o Gamer trataban también el tema, aunque no sea mi intención comparar estas dos vacuas películas con la maravilla que tenemos hoy en los cines.

Respecto al 3D, la sensación es realmente impresionante. Y no concibo que se vea la película sin esas gafas que nos introducen en ese planeta Pandora que Cameron ha diseñado. Nunca nadie nos había metido tan de lleno en una historia de cine, en unos escenarios tan idílicos, poéticos y maravillosos. Sentimos a cada criatura, tocamos cada planta o partícula, saltamos entre los robustos tallos y raíces con esos nav’i azulones de figura tan poderosa.

La revolución ha llegado al cine. Y, cómo no, lo ha hecho, una vez más, de la mano de James Cameron. Bienvenidos a una nueva era, bienvenidos al futuro.

Mi puntuación en IMDB:8.

//www.imdb.com/title/tt0499549/