Bienvenidos a Zombieland

Teniendo en cuenta que el de los zombies es ya un género en si mismo, dada la proliferación de películas que abundan en estos muertos vivientes, uno no deja de agradecer que de vez en cuando se intente dar una vuelta de tuerca a esas historias de humanos que escapan de putrefactos come-cerebros, y que, como es lógico, terminan cayendo en los mismos estereotipos una y otra vez. Ruben Fleischer (cinéfilo apellido el suyo) demuestra que con un poco de imaginación es suficiente para ganarse a todos los adictos a un género que suele dar una de cal y muchas de arena. No es una maravilla, pero entretiene, que no es poco.

Con una premisa que recuerda a la estupenda El Amanecer de los Muertos, de Zack Snyder, Fleischer nos cuenta las peripecias de un chico solitario cuya condición se ve multiplicada por el hecho de que la mayor parte de la población de los Estados Unidos se ha convertido en zombie. Está más sólo que nunca, y logra sobrevivir gracias a una serie de reglas inquebrantables de cosecha propia, reglas que se convertirán en uno de los motores de la historia, gracias a la original idea de utilizar esos créditos recordatorios de las reglas como elemento importante de la acción.

A partir de ahí, con el personaje interpretado por el solvente Jesse Eisenberg (casi un clon de Michael Cera), asistimos a una divertida mezcla entre Zombies Party e Infectados, la pequeña película que hace unos meses estrenaron los hermanos Pastor. Pero Fleischer apuesta claramente por el humor, desarrollando una road movie que desafortunadamente patina en el tramo final, con un guión torpemente rematado.

Pero ello no impide disfrutar antes con un ácido Woody Harrelson y una estupenda Abigail Breslin, la niña de Little Miss Sunshine, decidida a convertirse en la Dakota Fanning del cine indie. Diálogos mordaces se alternan con ataques de zombies, a los que Harrelson manda al mundo de los no vivos definitivamente.

Y, a medio metraje, lo mejor sin duda de la película, con esa autointerpretación de un Bill Murray que parece cada vez más decidido a convertirse en cómico de culto, y a quien no le importa reírse un rato de si mismo, convirtiéndose en la estrella invitada que terminará por ser el más recordado de la película.

Como he dicho antes, quizás con un final más lógico y bien desarrollado, la película podría haber sido una de las mejores propuestas del cine de género de los últimos tiempos. Pero aún así, es muy disfrutable y permite pasar hora y media de risas y zombies. Y yo a eso siempre me apuntaré.

Mi puntuación en IMDB:6.

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