La Herencia Valdemar

Como muchas veces os recuerdo, llevo algunos meses colaborando en la web de la revista Acción, con un blog, y, desde hace unos días, con alguna que otra crítica. Una de las que me han publicado es la de La Herencia Valdemar, una ambiciosa producción de género que se convirtió en el trabajo póstumo del gran Paul Naschy. Si queréis leer ésta u otras críticas, o si os queréis pasar por mi blog Flying (o por alguna otra sección de las muchas interesantes que tiene la web de Acción), recordad:   www.accioncine.net.

De momento, copio y pego de allí:

El cine de terror de los últimos años configura un desolador paisaje en el que, frecuentemente, los árboles no nos dejan ver el bosque. Cualquier producción de género decente, mínimamente presentable, tiene que lidiar con los prejuícios y las sospechas de quienes constantemente tenemos que tragarnos toneladas de cine basura adscrito al terror o a la ciencia ficción. Y si se trata de una producción española, entonces tendrá que enfrentarse además con todos los males inherentes al cine patrio: el desinterés de los espectadores, la consideración de “españolada”…en definitiva, más y más prejuícios. 

Con semejante panorama, difícil lo tenía La Herencia Valdemar para hacerse un hueco en la cartelera y disputar la taquilla hasta cumplir con unos mínimos propósitos que le permitieran, ya no rentabilizar su enorme inversión (se habla de más de 12 millones de euros), sino ganarse a un público que esperase con ansia el estreno de una segunda parte, previsto para finales de año. Visto el resultado, puede que José Luís Alemán, director, guionista y máximo responsable de la obra a través de su compañía La Cruzada Entertainment, se quede con las ganas. Y es que la taquilla, en su primer fin de semana, no ha sido mala, pero las opiniones de quienes ya la hemos visto puede que frenen la asistencia a las salas. Porque La Herencia Valdemar es una honesta, sincera y bienintencionada propuesta de cine de género que hace aguas por demasiados frentes, lo que, me temo, terminará por lastrar su carrera comercial.  

Alemán ha pretendido adaptar a Lovecraft, y para ello no ha reparado en medios. Ya desde los logrados títulos de crédito se intuye el deseo por ser fiel a un estilo, a una atmósfera, al universo de un autor maldito cuya obra raras veces se ha adaptado con fortuna en la gran pantalla. Las primeras escenas, en una agencia inmobiliaria, nos hacen pensar en una típica película de casa encantada, una de tantas desde que el gran Robert Wise estrenase su versión de The Haunting en 1963. Se nos habla de la mansión Valdemar, cuya tasación se ha complicado por la desaparición del primer perito cuando se disponía a hacerla. En esos primeros minutos de metraje, la película nos mantiene interesados, con la sucesiva aparición de los siempre competentes Silvia Abascal, Rodolfo Sancho, Óscar Jaenada o Eusebio Poncela. Y, a partir de ahí, llega el desconcierto. 

Una escena entre el detective interpretado por Jaenada y la directora de la Fundación Valdemar (Ana Risueño) en un tren, da paso a un larguísimo flashback que conforma finalmente el noventa por ciento del metraje. En él se nos cuenta la historia de esa familia Valdemar que habitó la mansión en el siglo XIX y el origen de la supuesta maldición. Estamos entonces ante un drama de época, con un cásting desconcertante en el que un potentado español es interpretado por el italiano Daniele Liotti, quien no oculta su acento, mientras que un personaje real como Aleister Crowley, británico, es interpretado por nuestro Paco Maestre, quien, como no podía ser de otra manera, se expresa en un perfecto y pulcro castellano. ¿No eran subsanables estos problemas en una producción de semejante enjundia? 

Aunque ello no es más que una nimiedad ante el desastroso guión que la película desarrolla. Ese enorme flashback no sólo hace que nos olvidemos de la interesante trama inicial, sino que se convierte en un cajón desastre en el que todo parece tener cabida: Lovecraft, Poe, Henry James, la Hammer…aderezado todo ello con la presencia de personajes reales como ese Aleister Crowley (un misterioso poeta de principios del siglo XX acusado de prácticas de magia negra), Lizzie Borden (sospechosa de los asesinatos de su padre y madrastra en un caso de enorme relevancia en los Estados Unidos en 1892)  o el mismísimo Bram Stoker. Tanta referencia termina por despistar a un espectador que se esperaba otra cosa cuando al principio veía a Rodolfo Sancho trajeado en su despacho de la inmobiliaria… 

La excusa, dicen, es que el proyecto se rodó con la intención de hacer un tríptico, de manera que la trama inicial sería ampliamente desarrollada en la segunda parte, mientras que esta primera película tendría como objetivo acercarnos a los precedentes de la historia de la mansión con toda la acción desarrollada en el flashback. Pero no está la cosa en nuestro país para semejantes experimentos… 

Quedándonos con lo bueno, es de destacar la cuidada ambientación y los buenos efectos visuales, obra, cómo no, del maestro Reyes Abades. Y, por supuesto, las buenas intenciones que se intuyen desde el principio, las ganas de agradar, de no caer en errores persistentes en nuestro cine de género, y de homenajear a tantas referencias entrañables. Pero la concepción del proyecto, el diseño y la planificación han sido, en mi opinión, erróneas desde el principio.

Algo ocurre en España con el cine de género. Se podrá decir que aquí y allá, porque no vamos a contar ahora los bodrios de terror que nos traen desde el otro lado del charco. Pero aquí, salvo excepciones como Jaume Balagueró, no hay forma de encontrar cierta solvencia y regularidad a la hora de hacernos pasar miedo en los cines. Amenábar lo logró en su momento, y cosas como El Orfanato siguieron esa senda, pero parece que falta talento a la hora de rematar las historias. La Fantastic Factory, un atrevido y por momentos rentable intento de potenciar la industria, también se presentó en su día con loables intenciones, aunque sus Dagon, Romasanta, Rottweiler o Faust no eran precisamente para tirar cohetes… 

Y no quiero olvidarme de un nombre. La Herencia Valdemar nos da la oportunidad de ver por última vez en el cine al recientemente fallecido Paul Naschy, auténtico precursor del cine de género en nuestro país, y referencia ineludible para los que nos gusta pasar miedo con las películas. 

Lástima de proyecto. Dudo que podamos ver la segunda parte, aunque ojalá me equivoque, porque, aunque con intenciones no basta, no está de más señalar que aquí eran buenas. Y además, estamos ante una película producida sin subvención oficial (cuya legitimidad yo no discuto), que ha sido parida porque alguien con valentía y ambición se ha jugado su dinero, y al que yo espero que la vaya francamente bien. 

Mi puntuación en IMDB:3.

//www.imdb.com/title/tt1242744/

Feliz fin de semana a todos…

Zelda Rubinstein (1933-2010)

No paramos con las malditas necrológicas…Esta vez nos toca despedir a Zelda Rubinstein, un nombre que probablemente no nos sugiera ningún rostro, pero que se corresponde con la actriz que interpretó a la médium en el mítico título de terror Poltergeist. Ese papel, el de Tangina Barrons, fue sin duda el más destacado de su filmografía, y lo retomaría en las dos inefables secuelas que tuvo la estupenda película de Tobe Hooper.

Al margen de esas producciones, su carrera cinematográfica tuvo poca repercusión y participó en títulos como Under the Rainbow , Sixteen Candles, Teen Witch o más recientemente Southland Tales.

En la pequeña pantalla fue parte de la serie de los 90 Picket Fences, ganadora de los premios Emmy al mejor drama de televisión en 1993 y 1994, y fue narradora de los documentales The Scariest Places on Earth.

Rubinstein nació el 28 de mayo de 1933 en Pittsburgh, Pensilvania (EE.UU.), fue la menor de tres hermanos y la única persona en su familia con problema de crecimiento (medía tan sólo 130 centímetros)

Fuera del mundo del espectáculo Rubinstein fue una activista en campañas contra el sida, enfermedad que causó la muerte a alguna de sus amistades.

Descanse en paz, Zelda Rubinstein…

//www.imdb.com/name/nm0748289/

Up in the Air

Lo mejor que tiene este mes de enero, además del final de las empalagosas fiestas navideñas, es que supone el comienzo de ese trimestre mágico que este mes compone junto a febrero y marzo, en los que nos van llegando las películas que progresivamente van copando premios y nominaciones en las más destacadas galas y festivales. El pasado año, en esos tres meses, pudimos disfrutar de un exagerado número de películas estupendas, y este año, la cosa no ha empezado precisamente mal.

Jason Reitman es el director de Juno y, antes, de Gracias por Fumar, dos películas interesantes que recibieron elogiosas críticas, especialmente esa historia de adolescente embarazada que se ganó a todos hace un par de temporadas. Las dos cintas, interesantes, correctas, palidecen ante la maravilla que Reitman acaba de estrenar ante nosotros. Up in the Air es sin duda su obra más redonda, y una de las más redondas que yo he podido ver en los últimos tiempos en el cine, lo cual es ya mucho decir, porque, como muy bien he expresado aquí muchas veces, 2009 fue un año repleto de cine de gran calidad. Pero esta historia sobre un hombre solitario es, sencillamente, prodigiosa.

Clooney es ese tipo que reniega de los compromisos y de las ataduras, y cuyo hogar es el mundo, esa bola rodante que se dedica a recorrer en los aviones mientras cumple con su trabajo: despedir a gente. Si obviamos esto último, no nos costará mucho ver a George Clooney como el galán que se resiste al matrimonio y a los lazos inquebrantables, así que estamos ante un personaje inequívocamente escrito para él, casi una posibilidad de autointerpretarse. Y lo hace de fábula. Resulta una gozada ver al actor disfrutar de su libertad, la que le da la posibilidad de pasarse toda su existencia viajando en primerísima clase, gracias a las enormes ventajas que las compañías aéreas conceden a quienes sobrepasan un (gigantesco) número de horas de vuelo. Y entre aeropuerto y aeropuerto, lo que hace nuestro protagonista es dar malas noticias a gente que no conoce de nada, en forma de despidos que los responsables de las empresas no se atreven a hacer. Clooney pasa del gozo de sus viajes a la enorme responsabilidad con la que realiza su trabajo, respetando a los inminentes desempleados y tratando de que lleven el mal trago lo mejor posible.

Es pronto todavía, pero este trabajo de Clooney bien podría ser considerado como una de las mejores interpretaciones del año. Sonríe, vuela, despide, come, bebe, baila y, cómo no, termina sucumbiendo a ese sentimiento que hasta a los más duros atrapa: el amor. La bella y espléndida Vera Farmiga es la causa de que nuestro hombre corra como nunca lo había hecho por una terminal para alcanzar el vuelo que le lleve hasta su amada.

Up in the Air se distingue pronto como lo que realmente es: cine de calidad,  ése que se aparta de todos los tópicos y registros que en las salas suele abundar y de los que yo soy el primero en no renegar. Pero ni tenemos aquí un blockbuster ni una pequeña película independiente exenta de calidad. Jason Reitman es capaz de ganarnos con dos elementos clave y definitorios, historia y personajes, dos aspectos tan difíciles de asumir para un joven cineasta como él.

No encuentro en Up in the Air puntos débiles, y mira que se los buscaba mientras veía la película. Todo está bien y todos están bien. Es comedia y es drama a partes iguales, pero con las dosis perfectamente encajadas. Habla sobre la soledad, sobre el desarraigo, sobre el drama del desempleo (muy de actualidad en estos tiempos, desgraciadamente) y sobre los fracasados proyectos vitales. Y, como muy bien aconsejan a esa Natalie tan bien interpretada por Anna Kendrick, habla sobre lo absurdo de planificar nuestra existencia a edades más proclives a vivir sin planificar. Estamos ante una película absolutamente redonda, que nos confirma a Jason Retiman como un cineasta importante capaz con sólo tres películas de demostrar más talento que su papi Ivan, que nos regaló Los Cazafantasmas pero cuya filmografía carece de títulos que se puedan comparar con la maravilla que es Up in the Air, que mi además me ha hecho recordar recientes pasajes de mi vida (premio para quienes siguen el blog con asiduidad y sepan encontrar el motivo de mi recuerdo, presente en esta genial obra viajera…)

Enero ha llegado y con él el buen cine, el de los Óscars. Preparémonos a disfrutar porque estos meses son los mejores del año. Y mañana, Nine. Cine, cine, cine cine, más cine por favor…

Mi puntuación en IMDB:9.

//www.imdb.com/title/tt1193138/

Nueva York Para Principiantes

El Diablo se Viste de Prada puso en el punto de mira del cine esos ambientes de lujo, glamour, famosos y ambiciones desmesuradas en los que se mueven los responsables de las revistas de moda y tendencias, directores y reporteros, hombres y mujeres, que tratan de imponer un determinado estilo de moda y vida a través de unas páginas, admitámoslo, un tanto pretenciosas. Lo bueno que tiene el cine es que se puede usar como una buena arma arrojadiza contra todas esas miserias que surgen en éste, y en cualquier ambiente, y, cuando además se hace en clave de comedia, duelen menos prendas en ridiculizar.

Lo mejor, sin duda, de Nueva York Para Principiantes, es su primera mitad de metraje, en los que el excelente reparto ofrece momentos impagables, en los que se ponen de manifiesto todos esos aspectos comentados anteriormente. La frivolidad, la competitividad y la importancia exagerada del aspecto físico, que hace que una tía buenorra como Megan Fox alcance el más alto escalafón de la jerarquía astral a pesar de ser incapaz casi de sumar y restar (ojo, me refiero a su personaje, no a ella misma, aunque la presencia de Brian Austin Green interpretando a su pareja puede hacernos confundir…), aparecen reflejados con una impagable verosimilitud.

Por contra, la pena es que ese tono crítico y casi de denuncia no se mantiene en la segunda mitad de la película, cuando la cosa deriva hacia los aspectos más convencionales de la comedia romántica, lo cual empeora además si tenemos en cuenta que, a mi al menos, me resulta casi imposible de creer un romance entre los personajes de Simon Pegg y Kirsten Dunst.

Pero, afortunadamente, la sensación general una vez vista la película es que se impone lo bueno, y que, a pesar de los personajes estereotipados, esas primeras intenciones de los guionistas nos permiten pasar un rato de lo más entretenido. El cásting es estupendo, con un hilarante Simon Pegg poniendo el contrapunto al estirado director Jeff Bridges. Y con ellos, una Megan Fox que demuestra ser capaz de reírse de si misma, y ese Danny Huston que gana enteros como uno de los mejores malos que el cine puede ofrecer. Dejo para el final a esa extraordinaria actriz que es Kirsten Dunst, una chica capaz de reír y llorar en la misma escena con idéntica solvencia.

Nueva York Para Principiantes es una divertida comedia, que cuenta una historia convencional aunque instalada en un contexto no tan frecuente, como es el del periodismo de moda y tendencias. Yo me lo he pasado muy bien, mejor incluso de lo esperado, gracias a un puñado de actores capaces de hacer reír y emocionarnos al mismo tiempo. Eso sí, más que nunca, se reomienda encarecidamente la versión original…

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt0455538/

 

Jean Simmons (1929-2010)

Una necrológica más de esas que últimamente tanto abundan, por desgracia, en el blog, ya que los fallecimientos de gentes relacionadas con el cine parece que se agolpan en las últimas fechas. Esta vez, la triste noticia es que se nos ha ido la maravillosa Jean Simmons.

Nació en Londres el 31 de enero de 1929. Tras iniciarse la Segunda Guerra Mundial se trasladó a la ciudad de Somerset y, a su vuelta, en 1941, ingresó en la escuela de danza de Aida Foster. Obtuvo el título de danza en 1945 y recibió clases de arte dramático de Sir Laurence Olivier, obteniendo su primer papel en el filme Give us the moon, de 1944, película para la que fue elegida entre 200 candidatas.

Su primer trabajo interpretativo como protagonista fue en la obra de teatro Uncle Silas, de 1946, y seis años después fue contratada por Hollywood En ese tiempo tuvo gran éxito en 1949 con el film Ofelia, interpretación por la que fue premiada en el Festival de Venecia de ese año. No obstante, las dos primeras películas por las que dio el salto a la popularidad fueron La laguna azul y Cadenas rotas.

Los años 50 le aportaron sus mayores éxitos, de los que destacaron los conseguidos con los filmes La túnica sagrada, de 1953, Sinuhé el egipcio y Desirée, aunque más tarde también destacó en El fuego y la palabra. La superproducción de Stanley Kubrick Espartaco la consagró definitivamente a la fama.

Destacan igualmente sus interpretaciones en películas como Adán y ella, de 1949, Extraño suceso, de 1950, o Cara de ángel, de 1953. Este último año fue especialmente prolífico para la actriz, pues rodó también La reina virgen junto al actor Stewart Granger, con el que se había casado tres años antes, y La actriz.

En Pasos en la niebla demostró una vez más su versatilidad al desempeñar el rol de mala de la película, filme al que siguen otros de gran éxito como Horizontes de grandeza, dirigida por William Wyler en 1958, o Esta tierra es mía, interpretada junto a Rock Hudson en 1959, pasando por la comedia Ellos y ellas, de 1955. a culminación de su carrera dramática se produjo con su interpretación en El fuego y la palabra, de 1959. Con su trabajo en Espartaco confirmó su presencia entre las grandes estrellas de Hollywood. Al año siguiente cambió los excesos dramáticos para respirar los de la deliciosa comedia Página en blanco, que rodó junto a Cary Grant.

Poco más cabe destacar de la década de los sesenta, en cuyos principios obtuvo su divorcio y contrajo nuevas nupcias con el director Richard Brooks, si no es mencionar uno de sus mejores trabajos en Vivir en la cumbre, de 1965, además de su intervención en Con los ojos cerrados,de 1969, que le supuso la candidatura al Oscar.

Descanse en paz, Jean Simmons. 

//www.imdb.com/name/nm0001739/ 

 

Y mañana, una opinión en el blog sobre una película extraordinaria que está en cartelera.

Él también es una estrella de cine…

Este hombre que veis en la foto se llama Ernesto Romero, y es una estrella de cine, de las más grandes, de las más rutilantes…No es actor, ni director, ni un productor de éxito, sino el dueño de un cine, pero no de una cadena de multisalas de esas que copan el negocio en las capitales de provincia, sino de uno de esos cines que antes existían en las ciudades y en las villas, un cine con una única sala en la que tan sólo caben 150 personas.

El Novocine que regenta Ernesto está en Leiro, una pequeñísima villa de la provincia de Ourense, mi provincia. Y estos últimos días ha sido noticia porque el cinéfilo dueño ha instalado en su cine un sistema de proyección 3D, que ha estrenado, como no podía ser de otra manera, con Avatar, que ha podido ser disfrutada por los vecinos de Leiro como Cameron la concibió, con las gafas…

Semejante suceso fue recogido en los informativos de varias cadenas nacionales (yo vi la noticia el pasado domingo en el informativo de Telecinco), y es que hay que tener en cuenta que Leiro cuenta con una población que no llega a los dos mil habitantes, que, eso sí, tienen la posibilidad de ver en un cine películas en 3D gracias a Ernesto. En la capital de la provincia, donde yo resido, y que cuenta con más de cien mil habitantes, no tenemos esa suerte…

Como todos os podéis imaginar, el Novocine no es rentable para Ernesto. Lo mantiene abierto por una cuestión de nostalgia, hobby y amor por el cine. Ha tenido que hipotecar su casa y presentar avales de su familia para poder instalar la tecnología que permite proyectar en 3D. Olé sus narices.

Yo mismo me hice más de cien kilómetros en coche para poder ver Avatar en 3D, antes de que en Leiro tuviese la posibilidad de verla. Pero espero acercarme hasta allí, para volver a Pandora, esta vez gracias a Ernesto y a su inmenso amor por el séptimo arte.

Ernesto es una estrella de cine. Si alguna vez os dejáis caer por mi tierra, acercaos hasta Leiro, y disfrutad del cine como antes hacíamos. Y saludad a un tipo que sigue soñando con la magia que desprenden los cines añejos…

Tenemos nueva entrada en el blog de la revista Acción, esta vez sobre adaptaciones cinematográficas de cómics y novelas. Creo que puede resultar interesante:   //www.accioncine.net/blogs/flying/402-adaptaciones-infieles-y-fidelidades-inadaptadas-hollywood-hace-y-deshace.html

Id al cine, que han empezado los estrenos pre-Óscars…Feliz fin de semana.

 

Sherlock Holmes

Tanto miedo me daba el Sherlock Holmes de Guy Ritchie que me temo que he sufrido el síndrome opuesto al que normalmente se suele tener cuando te esperas mucho de una película: que no era para tanto. En este caso se aplica esa conclusión, para afirmar que los temores eran quizás, desmedidos. Pero que nadie se engañe. No es éste el Holmes definitivo en el cine, ni por fidelidad en la adaptación, ni por virtudes meramente cinematográficas. Tiene cosas muy buenas y otras francamente rechazables. Lo mejor, sin duda, es que Conan Doyle se ha impuesto, aunque por la mínima, a Guy Ritchie, y ése es un triunfo inesperado y disfrutable…

Lo peor es, quizás, que otro nombre propio sí se impone, y claramente, al célebre escritor británico. Y es que el productor Joel Silver era el tapado, el que finalmente ha impuesto su sello y ha salpicado la historia protagonizada por el sagaz detective de todo lo que abunda en su cine, ése que tan buenos momentos nos hizo pasar en los 80 y 90, con sus Junglas de Cristal, Armas Letales y Matrix. Con el exitoso productor al mando, Holmes deambula por Londres mientras escapa de explosiones, fugas imposibles, saltos acrobáticos y demás escenas de acción espectaculares. Ritchie maneja la cámara, pero Silver deja su sello.

Efectivamente no tenemos todos esos clichés del cine del director que, a mi al menos, tanto me cargan. No hay una voz en off macarra que nos cuenta cosas sobre lo que sucede en las urbes en donde suelen desarrollarse las historias de Ricthie, y afortunadamente, los personajes aquí no representan esos arquetipos pseudo-tarantinianos que hemos visto en Snatch o Rockanrolla. El director no es la estrella, y eso, tratándose de Guy Ritchie dirigiendo una peli sobre Sherlock Holmes es de agradecer.

Las virtudes de esta adaptación se intuían desde su concepción. Como blockbuster palomitero que se aprovecha de un par de nombres míticos para refundar una franquicia rentable está muy bien. Cuenta, además, con un reparto extraordinario, con dos actores que son capaces de meterse en la piel de dos personajes muy trillados desde el punto de vista cinematográfico, con tantas y tantas adaptaciones (recordemos que Holmes es el personaje más representado en toda la historia del cine). Pero Robert Downey Jr. y Jude Law podrían, en mi opinión, pasar como los perfectos Holmes y Watson en aquellas antiguas producciones que, a modo de estupendo serial, protagonizaban Basil Rathbone y Nigel Bruce, aunque, evidentemente, el enfoque estilístico de aquéllas distaba mucho del de ésta. Y, para redondear la función, tenemos a una interesante Rachel McAdams y a un genial Mark Strong, uno de los actores con más carisma y presencia del panorama actual, cuyo trabajo se ve lastrado por lo poco aprovechado de su personaje.

Lo que falla es, sin duda, la historia. Parece que tenemos un nuevo mal perennne en todo superproducción de aventuras que se precie. Como en la última de Indy, como en Ángeles y Demonios, nuestros héroes avanzan a velocidad de crucero en sus pesquisas, para resolver una trama que hace aguas por muchos flancos. Sin que ello suponga despreciar las innegables y demostradas dotes de Holmes como investigador, a la película le falta pausa, le falta sosiego, le falta una pipa que el maestro de la deducción pueda fumarse tranquilamente en ese 221 de Baker Street, mientras informa a Watson del cómo y el por qué. Quizás ése sea el aspecto básico en el que la película falla como adaptación. Y uno no pude dejar de preguntarse cómo demonios Watson se cura tan pronto de las heridas provocadas por la enorme explosión, o cómo Holmes, Lord Blackwood e Irene Adler pasan de estar en el Parlamento a esa obra llena de andamios en donde transcurre el frenético desenlace. En la filmografía de los guionistas encontramos cosas como Jumper o la secuela de xXx, y quizás ahí encontremos la respuesta.

Lo pasamos bien con este Holmes, aunque los puristas del personaje, evidentemente, huirán de él como de la peste. Yo, teniendo en cuenta la poca estima que le tengo a Guy Ritchie, he salido contento, aunque no es mi Holmes favorito. Ése lo encuentro en El Secreto de la Pirámide, en la maravilosa adaptación que la Hammer produjo de El Perro de los Baskerville (con unos soberbios Peter Cushing y Christopher Lee), en Basil Rathbone y, cómo no, en el ratoncito sabueso de Disney al que también dieron en llamar Basil. Por algo sería.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt0988045/

 

Una Escapada Perfecta

Le tenía yo ganas a A Perfect Getaway, fundamentalmente porque David Twohy, su guionista y director, es uno de esos tipos que me ha proporcionado buenas horas de cine, aunque nunca haya tenido la relevancia que quizás mereciese. Es Twohy un artesano, alguien capaz de hacer buenas taquillas con muy pocos recursos cuando se ha puesto detrás de las cámaras, y un hábil creador de historias y atmósferas cuando ha escrito guiones para otros cineastas. Pero no es ésta su mejor creación, tristemente.

Para que podamos establecer cuáles son los méritos de David Twohy, hay que recordar que suyos son los guiones de películas tan estimables como El Fugitivo o las infravaloradas Velocidad Terminal y Waterworld, mientras que como director le debemos obras tan modestas y entretenidas como Pitch Black o Han Llegado. Una Escapada Perfecta supone un cambio en su filmografía, que como director ha estado siempre ligada al fantástico, para pasar a adentrarse en los manidos resortes del thriller, lastrado en esta ocasión por un lamentable guión…

Tenemos aquí una película que se contagia de la absurda manía puesta de moda por Shyamalan con El Sexto Sentido, de tratar de sorprender al espectador con radicales giros de guión que tiran por la borda abundantes minutos de metraje, que de nada sirven cuando la historia va por unos derroteros que para nada corresponden con lo que hasta entonces nos habían contado. Y es que cuando estamos maldiciendo al guionista porque presuntamente nos está presentando una historia convencional, pasamos a sacudirle porque hace todo lo contrario, una vuelta de tuerca sin piés ni cabeza que parece tomar por bobos a los espectadores.

Milla Jovovich vuelve por momentos a los lugares paradisíacos que había visitado en Regreso al Lago Azul, y junto a su maridito Steve Zahn se adentra en los idílicos parajes de Hawai para vivir una historia de turistas y psicópatas. Twohy sitúa a sus personajes en un entorno ideal para que el espectador se deje llevar por lo que podría haber sido una aceptable película, cuyo paranoico guión la entierra sin remisión. Ha dicho Twohy que sus personajes actúan como actuaría cualquier pareja en su luna de miel, hablando con extraños de forma desinhibida, contando más de lo que contarían a sus allegados, y dejando que las vacaciones fluyan sin  cortapisas. Y así, claro, se justifican los absurdos e increíbles giros de la historia. Si algo tenían Pitch Black y Han Llegado eran sus libretos directos y eficaces, pero coherentes y bien construídos.

Seguiremos esperando más buenas películas de este eficaz cineasta, que con ésta su última obra ha manchado un poco su hasta ahora interesante filmografía. Quizás en el fantástico de serie B esté su sitio, ése del que se ha apartado para componer un thriller tan trillado como lamentable.

Mi puntuación en IMDB:3.

//www.imdb.com/title/tt0971209/

Y mañana, una crítica elemental, queridos lectores…

¿Cuál es tu película de terror favorita…?

Antes de nada, que nadie haga click en "Leer más…", porque esta entrada se lee enterita desde la portada del blog. No es una encuesta, sino una burda manera de autopromocionarme, avisando a quien se pase por aquí que en mi otro blog, el que tengo en la web de la revista Acción, he publicado un artículo sobre el cine slasher, ése que surgió décadas atrás y que en los 90 se revitalizó gracias a Wes Craven y su estupenda Scream.

Os dejo el link:   //www.accioncine.net/blogs/flying/395-cine-slasher-icual-es-tu-pelicula-de-terror-favorita.html

Gracias por leerme, y feliz fin de semana. Sherlock Holmes está en los cines, miedo me da…la semana entrante la comentaremos.

Solomon Kane

Las películas de espada y brujería tienen la ventaja de combinar elementos propios de muchos géneros que generalmente las convierten en sabrosos cocktails de fácil y amena digestión. Obras como Willow, Lady Halcón, las dos películas de Conan, y, por supuesto, El Señor de los Anillos, presentan, en mayor o menor medida, aventuras, acción, humor, romance y esa amplia gama de recursos narrativos y argumentales que ofrece la magia, como ingrediente que permite que existan criaturas llamativas o demonios temibles. Muchos alicientes encontramos entonces en un género que desgraciadamente no se prodiga mucho en la cartelera.

Solomon Kane es la adaptación que el cine ha hecho de un personaje de Robert E. Howard, el creador de Conan, icono del género con el que Kane guarda muchos aspectos en común. Michael J. Bassett, director de aquella película de hombres lobo que adquirió cierta relevancia en 2002, Deathwatch, ha sido el encargado de escribir el guión y dirigir la película, saliendo mejor parado del segundo encargo. Y es que tenemos en Solomon Kane un personaje muy interesante, cuya película merecía otro libreto.

A groso modo, lo que ha hecho Bassett ha sido dar un lavado de cara a la historia protagonizada por Conan en su primera película, la buena, la dirigida por John Millius. En las dos, tenemos a un héroe solitario que vaga por áridas tierras buscando no se sabe muy bien qué, hasta que las circunstancias terminan por fagocitarle y hacerle partícipe de una guerra contra un poderoso y maligno enemigo. Es de suponer que el director-guionista ha jugado la baza que implicaba el hecho de estar adaptando a un personaje cuyo creador es el mismo que el del interpretado por Schwarzenegger, dando por hecho que la coincidencia argumental sería atribuída a Robert E. Howard.

Lo cierto es que no conozco la obra de Howard, ni los cómics que sobre sus personajes se hicieron, y que fueron, no lo neguemos, los que verdaderamente les pusieron en el punto de mira. No puedo, por tanto, juzgar la película de Solomon Kane como adaptación, sino solamente como producto cinematográfico.

Es Solomon Kane una película hecha con responsabilidad, con ganas de agradar. Se intuye en cada escena, en cada plano, el deseo de su director por ofrecer un producto digno, lo más alejado posible de todas esas producciones olvidables que suelen frecuentar el cine de género. Quizás sea esa la razón por la que ha preferido no desarrollar un guión más complejo, tratando de llegar a un público masivo a través de una historia simple. Y, claro, no podemos obviar el ajustado presupuesto, que se manifiesta en la ausencia de grandes estrellas en el reparto. Michael J. Bassett sale indemne en el ritmo narrativo y en la composición de personajes, aunque sin duda uno echa de menos una historia con algo más de chicha.

El televisivo James Purefoy es un buen Solomon Kane, aunque en muchas escenas trate de copiar al Hugh Jackman de Van Helsing.  Y la ausencia de figuras de primer nivel se compensa con los siempre interesantes Pete Postlethwaite (nominado al Óscar al mejor actor de reparto en 1994 por aquella maravilla llamada En el Nombre del Padre), Max von Sydow o Jason Flemyng. No tenemos chica que se enamore del héroe, debido a la castidad del personaje.

Con otra historia, podría haber estado mejor. Pero tampoco se merece Solomon Kane que se la machaque sin piedad, que en peores plazas hemos toreado en esto del fantástico.

Mi puntuación en IMDB:5.

//www.imdb.com/title/tt0970452/