Solomon Kane

Las películas de espada y brujería tienen la ventaja de combinar elementos propios de muchos géneros que generalmente las convierten en sabrosos cocktails de fácil y amena digestión. Obras como Willow, Lady Halcón, las dos películas de Conan, y, por supuesto, El Señor de los Anillos, presentan, en mayor o menor medida, aventuras, acción, humor, romance y esa amplia gama de recursos narrativos y argumentales que ofrece la magia, como ingrediente que permite que existan criaturas llamativas o demonios temibles. Muchos alicientes encontramos entonces en un género que desgraciadamente no se prodiga mucho en la cartelera.

Solomon Kane es la adaptación que el cine ha hecho de un personaje de Robert E. Howard, el creador de Conan, icono del género con el que Kane guarda muchos aspectos en común. Michael J. Bassett, director de aquella película de hombres lobo que adquirió cierta relevancia en 2002, Deathwatch, ha sido el encargado de escribir el guión y dirigir la película, saliendo mejor parado del segundo encargo. Y es que tenemos en Solomon Kane un personaje muy interesante, cuya película merecía otro libreto.

A groso modo, lo que ha hecho Bassett ha sido dar un lavado de cara a la historia protagonizada por Conan en su primera película, la buena, la dirigida por John Millius. En las dos, tenemos a un héroe solitario que vaga por áridas tierras buscando no se sabe muy bien qué, hasta que las circunstancias terminan por fagocitarle y hacerle partícipe de una guerra contra un poderoso y maligno enemigo. Es de suponer que el director-guionista ha jugado la baza que implicaba el hecho de estar adaptando a un personaje cuyo creador es el mismo que el del interpretado por Schwarzenegger, dando por hecho que la coincidencia argumental sería atribuída a Robert E. Howard.

Lo cierto es que no conozco la obra de Howard, ni los cómics que sobre sus personajes se hicieron, y que fueron, no lo neguemos, los que verdaderamente les pusieron en el punto de mira. No puedo, por tanto, juzgar la película de Solomon Kane como adaptación, sino solamente como producto cinematográfico.

Es Solomon Kane una película hecha con responsabilidad, con ganas de agradar. Se intuye en cada escena, en cada plano, el deseo de su director por ofrecer un producto digno, lo más alejado posible de todas esas producciones olvidables que suelen frecuentar el cine de género. Quizás sea esa la razón por la que ha preferido no desarrollar un guión más complejo, tratando de llegar a un público masivo a través de una historia simple. Y, claro, no podemos obviar el ajustado presupuesto, que se manifiesta en la ausencia de grandes estrellas en el reparto. Michael J. Bassett sale indemne en el ritmo narrativo y en la composición de personajes, aunque sin duda uno echa de menos una historia con algo más de chicha.

El televisivo James Purefoy es un buen Solomon Kane, aunque en muchas escenas trate de copiar al Hugh Jackman de Van Helsing.  Y la ausencia de figuras de primer nivel se compensa con los siempre interesantes Pete Postlethwaite (nominado al Óscar al mejor actor de reparto en 1994 por aquella maravilla llamada En el Nombre del Padre), Max von Sydow o Jason Flemyng. No tenemos chica que se enamore del héroe, debido a la castidad del personaje.

Con otra historia, podría haber estado mejor. Pero tampoco se merece Solomon Kane que se la machaque sin piedad, que en peores plazas hemos toreado en esto del fantástico.

Mi puntuación en IMDB:5.

//www.imdb.com/title/tt0970452/