Sherlock Holmes

Tanto miedo me daba el Sherlock Holmes de Guy Ritchie que me temo que he sufrido el síndrome opuesto al que normalmente se suele tener cuando te esperas mucho de una película: que no era para tanto. En este caso se aplica esa conclusión, para afirmar que los temores eran quizás, desmedidos. Pero que nadie se engañe. No es éste el Holmes definitivo en el cine, ni por fidelidad en la adaptación, ni por virtudes meramente cinematográficas. Tiene cosas muy buenas y otras francamente rechazables. Lo mejor, sin duda, es que Conan Doyle se ha impuesto, aunque por la mínima, a Guy Ritchie, y ése es un triunfo inesperado y disfrutable…

Lo peor es, quizás, que otro nombre propio sí se impone, y claramente, al célebre escritor británico. Y es que el productor Joel Silver era el tapado, el que finalmente ha impuesto su sello y ha salpicado la historia protagonizada por el sagaz detective de todo lo que abunda en su cine, ése que tan buenos momentos nos hizo pasar en los 80 y 90, con sus Junglas de Cristal, Armas Letales y Matrix. Con el exitoso productor al mando, Holmes deambula por Londres mientras escapa de explosiones, fugas imposibles, saltos acrobáticos y demás escenas de acción espectaculares. Ritchie maneja la cámara, pero Silver deja su sello.

Efectivamente no tenemos todos esos clichés del cine del director que, a mi al menos, tanto me cargan. No hay una voz en off macarra que nos cuenta cosas sobre lo que sucede en las urbes en donde suelen desarrollarse las historias de Ricthie, y afortunadamente, los personajes aquí no representan esos arquetipos pseudo-tarantinianos que hemos visto en Snatch o Rockanrolla. El director no es la estrella, y eso, tratándose de Guy Ritchie dirigiendo una peli sobre Sherlock Holmes es de agradecer.

Las virtudes de esta adaptación se intuían desde su concepción. Como blockbuster palomitero que se aprovecha de un par de nombres míticos para refundar una franquicia rentable está muy bien. Cuenta, además, con un reparto extraordinario, con dos actores que son capaces de meterse en la piel de dos personajes muy trillados desde el punto de vista cinematográfico, con tantas y tantas adaptaciones (recordemos que Holmes es el personaje más representado en toda la historia del cine). Pero Robert Downey Jr. y Jude Law podrían, en mi opinión, pasar como los perfectos Holmes y Watson en aquellas antiguas producciones que, a modo de estupendo serial, protagonizaban Basil Rathbone y Nigel Bruce, aunque, evidentemente, el enfoque estilístico de aquéllas distaba mucho del de ésta. Y, para redondear la función, tenemos a una interesante Rachel McAdams y a un genial Mark Strong, uno de los actores con más carisma y presencia del panorama actual, cuyo trabajo se ve lastrado por lo poco aprovechado de su personaje.

Lo que falla es, sin duda, la historia. Parece que tenemos un nuevo mal perennne en todo superproducción de aventuras que se precie. Como en la última de Indy, como en Ángeles y Demonios, nuestros héroes avanzan a velocidad de crucero en sus pesquisas, para resolver una trama que hace aguas por muchos flancos. Sin que ello suponga despreciar las innegables y demostradas dotes de Holmes como investigador, a la película le falta pausa, le falta sosiego, le falta una pipa que el maestro de la deducción pueda fumarse tranquilamente en ese 221 de Baker Street, mientras informa a Watson del cómo y el por qué. Quizás ése sea el aspecto básico en el que la película falla como adaptación. Y uno no pude dejar de preguntarse cómo demonios Watson se cura tan pronto de las heridas provocadas por la enorme explosión, o cómo Holmes, Lord Blackwood e Irene Adler pasan de estar en el Parlamento a esa obra llena de andamios en donde transcurre el frenético desenlace. En la filmografía de los guionistas encontramos cosas como Jumper o la secuela de xXx, y quizás ahí encontremos la respuesta.

Lo pasamos bien con este Holmes, aunque los puristas del personaje, evidentemente, huirán de él como de la peste. Yo, teniendo en cuenta la poca estima que le tengo a Guy Ritchie, he salido contento, aunque no es mi Holmes favorito. Ése lo encuentro en El Secreto de la Pirámide, en la maravilosa adaptación que la Hammer produjo de El Perro de los Baskerville (con unos soberbios Peter Cushing y Christopher Lee), en Basil Rathbone y, cómo no, en el ratoncito sabueso de Disney al que también dieron en llamar Basil. Por algo sería.

Mi puntuación en IMDB:6.

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