El Ala Oeste de la Casablanca (4ª temporada)

Continúa la presidencia de Jed Bartlet en la cuarta temporada de El Ala Oeste de la Casablanca, una serie muy diferente a las que estamos disfrutando en este edad dorada de la ficción televisiva estadounidense. Alejada de la concepción como serial aventurero de Lost, de las rebosantes de adrenalina 24 y Prison Break, de la fantasía de Heroes o de otras de temática muy concreta como True Blood, Los Soprano o Supernatural. The West Wing es el día a día de la Casablanca, en donde ejerce la mayor y más importante Administración del mundo, en donde una persona tiene la capacidad para decidir el devenir del planeta…

Ya he señalado en más de una ocasión que no es ésta una serie digerible por cualquier tipo de público. Estamos ante un tratado de alta política, enormemente educativa, que permite al espectador comprender aspectos fundamentales de la democracia norteamericana. Comprendemos la distribución de competencias, las jerarquías, los protocolos de seguridad, al tiempo que se nos cuentan aspectos personales e interesantes de personajes de ficción que bien podrían representar fielmente a cada uno de los que actualmente cerca del despacho oval que ocupa Barack Obama.

La característica principal de El Ala Oeste es su tremenda regularidad, temática y de calidad. Esta cuarta temporada ha sido exactamente igual de buena que las tres anteriores, con guiones excelsos, y con la ya típica tensión de los últimos capítulos, que permiten un final de show apasionante, mucho más en el caso de esta cuarta temporada, en la que ocurren al final sucesos apasionantes que no desvelaré para no destripársela a quien esté siguiendo la serie.

La principal novedad en esta cuarta temporada es la menor presencia de Sam Seaborn, el asesor interpretado por Rob Lowe, en el que es sin duda el mejor papel de su carrera. Sam deja la Casablanca para ocupar un puesto de congresista en el condado de Orange. Hemos tenido episodios entrañables, como ése en el que conocemos al padre de C.J. (Allison Janney), aquejado de alzheimer, o el 19, en el que se produce un ataque a la Casablanca en un fin de semana, cuando varios de los asesores presidenciales, y el propio Presidente están disfrutando de una partida de póker.

Hemos tenido interesantes apariciones. En el episodio que mencioné en el que C.J. visitaba a su padre pudimos ver al últimamente desaparecido Matthew Modine, aquel guaperas que encandiló en los 90 pero que vio truncada su carrera por el fracaso de la ambiciosa La Isla de los Cabezas Cortadas. Vimos también a Mathew Perry, en un papel muy alejado del Chandler de Friends, concretamente en la piel de un abogado republicano que se entrevista con Josh (Bradley Whitford) para intentar entrar a trabajar en la Casablanca. Pero, para mi, la aparición más recordada es la de Danica McKellar, un nombre que probablemente no nos diga nada, pero que responde a la identidad de la actriz que en los 80 interpretaba a la dulce Winnie Cooper en Aquellos Maravillosos Años, serie mítica para los de mi generación.

En esta cuarta temporada Jed Bartlet ha sido reelegido Presidente de los Estados Unidos, e inicia una legislatura marcada por importantes problemas, muchos de ellos relacionados con su propia familia. Pero en cada capítulo admiramos el carisma, la integridad y la honestidad de un tipo que ojalá pudiese reencarnarse algún día en el inquilino real de la Casablanca. Ese tipo es interpretado, una vez más, por ese actor tan increíble que es Martin Sheen. Seguiremos informando.

//www.imdb.com/title/tt0200276/