Los hombres que miraban fijamente a las cabras

En los últimos tiempos, la comedia norteamericana parece haber descubierto un filón en forma de estilo y maneras de buscar la sonrisa del espectador. Ya no hay talento para arrancar carcajadas a base de ingeniosos diálogos o gags físicos, y la parodia que hace un par de décadas encumbraron los Zucker parece haberse perdido para siempre. El camino lo mostraron hace unos años otros hermanos, éstos sí realmente talentosos: los Coen supieron hacernos reír con sus comedias en las que los personajes se caracterizan por su ingenuidad, por su parsimonia y por su poco coeficiente intelectual. Pero ese estilo, vista en su última y divertidísima cinta, Un Tipo Serio, está en sus películas, acompañado por dignos guiones. En Los hombres que miraban fijamente a las cabras, sólo tenemos ese intento de copiar el estilo que los hermanos han patentado, pero nos falta casi todo lo demás…

Los Coen empezaron con este tipo de comedias en 2003, con esa infravalorada e incomprendida maravilla que era Crueldad Intolerable. La película estaba protagonizada por un hilarante George Clooney, y contaba como co-productor con Grant Heslov, quien debió de hacer muy buenas migas con la estrella, que le reclutó como poductor de varias de sus películas, y le dió la oportunidad de dirigir ésta, su ópera prima. Clooney ejerce esta vez como productor, además de levar el peso de la cinta con un personaje divertido que resulta ser de lo poco aprovechable de esta flojíima comedia. Y es que puedes copiar un estilo, pero no puedes copiar el talento…

Estamos ante una comedia que satiriza y parodia el tema más candente de la política internacional. La reciente guerra de Irak es el entorno en el que se desarrolla una historia absurda y surrealista, que hace aguas por demasiados flancos. Se nos cuentan las desventuras de un programa militar norteamericano desarrollado a partir de la década de los 70, cuando un veterano sobrevive a un tiroteo en pleno clonflicto del Vietnam. El personaje encarnado por el eficaz y oscarizado Jeff Bridges afirma haber descubierto la manera de convertir a los militares en super soldados, mediante un adistramiento que buscaría trabajar la mente para que fuesen capaces de influír en las decisiones del enemigo, y, ya puestos, matarles con poderes telequinéticos.

Y resulta que el mejor alumno del maestro Bridges será el propio Clooney, quien se encuentra en Kuwait con el personaje al que interpreta Ewan McGregor, un periodista que decide ir a Irak cuando su mujer le abandona. Esta trama tan original como esperpéntica se desarrolla como esas comedias de los Coen que hemos podido ver últimamente, desde Crueldad Intolerable hasta Quemar Después de Leer, y hasta podríamos retroceder a El Gran Lebowski, con quien esta película comparte a ese Jeff Bridges que se mueve en ambas como pez en el agua.

Lo mejor, sin duda, lo encontramos en el reparto. A Clooney, Bridges y McGregor hay que añadir al siempre talentoso Kevin Spacey, sin olvidarnos de dos presencias ya icónicas del cine de género que James Cameron convirtió en inolvidables: Robert Patrick, el terrorífico T-1000 de Terminator 2, y Stephen Lang, el imponente Coronel Miles Quaritch de Avatar, en dos personajes interesantes que quizás merecían mayor protagonismo.

Y fuera de ese relevante cásting, poco bueno podemos decir de la película. Toda la historia de los super-soldados no es más que una excusa para justificar el perfil idiota de unos personajes excesivos e incapaces de protagonizar escenas realmente cómicas. Hasta los guiños a Star Wars a cargo de Ewan McGregor parecen resultar redundantes, y la cinta termina por hacerse realmente pesada a pesar de durar solamente 95 minutos.

Pero no nos engañemos. La base de toda buena película debe de ser el guión, y de éste ni siquiera los Coen serían capaces de hacer una buena peli.

Mi puntuación en IMDB:5.

 //www.imdb.com/title/tt1234548/