El Libro de Eli

Resulta curioso ver que hay numerosas parejas de hermanos haciendo películas en la actualidad. Tenemos a los Spierig, quienes aún mantienen en cartelera Daybreakers; están los Wachowski, todavía viviendo de rentas de Matrix; los Pang son unos chinos que ya han metido la cabeza en Hollywood con aquel espanto de Bangkok Dangerous; y, claro, tenemos a los Coen, sin duda los más talentosos. Detrás de El Libro de Eli están los Hugues, aquéllos que adaptaron en 2001 From Hell, el cómic de Alan Moore.

Desde entonces habían estado desaparecidos, y han vuelto ahora con una película mucho más cercana a From Hell de lo que en principio pudiéramos pensar. Más allá de las evidentes diferencias argumentales, los hermanos vuelven a meterse de lleno en el mainstream de los grandes estudios, añadiendo un toque personal en forma de importantes excesos visuales y estilísticos. Si en la peculiar versión de la historia de Jack el Destripador que Alan Moore ideó en forma de cómic veíamos a Johnny Depp con una exagerada afición a las sustancias alucinógenas, en esta película post-apocalíptica asistimos a un recital ultra-violento a cargo de un Denzel Washington que mutila, corta miembros y rebana cabezas con una solvencia pasmosa, aspecto éste, como el de las drogas de From Hell, no precisamente habitual en las producciones de las majors, al menos en semejantes dosis.

Y precisamente en ese festival de violencia desatada podemos encontrar uno de los principales activos de una película que se desinfla a medida que avanza la trama. Si en su primera media hora El Libro de Eli bien podría pasar por un remake encubierto de la magnífica La Carretera, a partir de entonces nos encontramos con un popurrí estilístico y argumental, con referencias que van desde el western hasta el spaguetti-western, con un desenlace absurdo y surrealista que definitivamente hace de la película un producto más que olvidable.

Washington vuelve a estar más que correcto en su papel de solitario caminante en un mundo devastado, probablemente, por una bomba nuclear. Su némesis es un Gary Oldman no muy alejado de esos papeles de villano que suele interpretar, en los que se le ha encasillado privándonos de otros registros de los que sin duda podría haber sacado mucho partido. Asistimos a un duelo entre el bien y el mal, una pelea por hacerse con ese libro, auténtico mcguffin de una función que termina por provocar más bostezos que satisfacciones.

En sus muchas fallidas intenciones residen los principales problemas de El Libro de Eli. Quiere ser un Mad Max de nueva generación pero se asemeja más a El Bueno, el Feo y el Malo. Y con ese problema que ya teníamos en From Hell: los Hughes filman sin alma, fríos, ruedan planos y escenas con buenos encuadres y disponiendo de medios ingentes, pero no perduran. Yo vi From Hell en 2001, y hasta ahora…Y vi Eli en 2010 y…Por no hablar de ese final, tan inverosímil como ridículo, con un Malcol McDowell que provoca unas carcajadas me temo no deseadas…

Lo mejor, sin duda, poder disfrutar otra vez de Jennifer Beals, la chica de Flashdance, una excelente actriz a quien cada vez cuesta más ver en el cine.

Mi puntuación en IMDB:5.

//www.imdb.com/title/tt1037705/