Furia de Titanes (2010)

Los Titanes en su versión 2010 son el más claro ejemplo de lo que es el cine actual, de los parámetros por los que se rigen las decisiones de los grandes estudios a la hora de invertir en carísimas superproducciones. Las majors buscan franquicias, sagas que garanticen jugosos dividendos, en especial esta Warner que ve concluír el filón Harry Potter. Pero no parece claro que la jugada les vaya a salir bien. <!–break–>

Furia de Titanes es un clarísimo hijo de su tiempo. Es una muestra más del predominio de la imagen, de lo visual, sobre los aspectos que hicieron grande al séptimo arte. En estos momentos de pantallas, de iPods, consolas, de la generación MTV, los personajes y las historias pasan a un segundo plano. Se trata de impresionar e impactar, de dar un lavado de cara profundo a aquella humilde película ochentera que no ofrecía una historia memorable, pero que nos conquistó con sus métodos artesanales y su condición de símbolo de la bajada del telón del stop-motion. No ha de sorprendernos que dos de los tres guionistas responsables de este libreto estén detrás de cosas como Aeon Flux, aquel bodrio que protagonizó no hace mucho Charlize Theron, una producción precisamente MTV en la que se imponía lo visual sobre todo lo demás. Ahora no han cambiado mucho la historia original, aunque el resultado sea radicalmente distinto.

Con todo, uno prefiere sin duda cosas como ésta a otros blockbusters veraniegos en los que los efectos visuales son también absolutos protagonistas, como esos Transformers que de no ser por Megan Fox me harían levantarme de la butaca. Estamos ante cine sin alma, carente de emoción y sugestión, pero que, al menos en el caso de los Titanes, sí nos sirve para pasar un rato entretenido. La lástima es que el elegido haya sido ese Louis Leterrier, que probablemente siga aquí el mismo camino que parece va a tener con su Hulk, la indiferencia absoluta. El francés lo cede todo a la pantalla azul, en la que los técnicos en FX dibujarán todo tipo de seres y criaturas, y de hecho demuestra muy poco oficio en las escenas de lucha entre humanos, con esos movimientos de cámara que no hacen otra cosa que marear al espectador.

Como he dicho antes, la historia no es muy diferente. Perseo es ese ser mitad hombre-mitad dios que ha de enfrentarse a su destino escogiendo el bando humano, combatiendo la tiranía de las divinidades. Precisamente en este aspecto se han equivocado también. Ralph Fiennes y Liam Neeson son dos actores excelentes, descomunales, a los que el diseño de producción y vestuario hacen un inmenso daño. Los dos parecen bufones, cada uno de ellos ataviado con unos trajes ridículos y patéticos, por no hablar de la voz que dobla a Fiennes, tan absurda como chirriante. Sueltan sus diálogos con convicción, la que les otorga su condición de grandes intérpretes, pero estoy convencido de que si por ellos fuera, recitarían sus frases en vaqueros.

Y es que cuando todo se basa en la imagen, mal vamos. Pero hay que hablar también de lo bueno. Porque Furia de Titanes es un destacado espectáculo pirotécnico en el que, como no podría ser de otra manera, abundan los planos épicos y arrolladores, y en el que cada criatura causa un importante impacto. En especial Medusa, que logra intimidar al espectador más valiente. Quien me provoca una sensación de desconcierto es ese Sam Worthington que acapara blockbusters, y que aquí alterna escenas de absoluta convicción con otras en las que parece el tipo más inexpresivo del mundo. Con todo, yo le veo más Perseo que el pobre Harry Hamlin.

No puede decirse que esta Furia de Titanes sea una lata. Es lo que todos sabíamos de antemano: una lujosa puesta al día de una entrañable película, que ni emociona, ni conmueve, ni perdura. Una buena excusa palomitera para ir al cine y disfrutar de una buena ración de efectos visuales. Y una última consideración. La he visto en 2D, ya que todavía no hay 3D en mi ciudad. Se dice que Warner apostó por la conversión de la película a las tres dimensiones ante el riesgo de que no lograse una taquilla decente. Pero estamos ante una obra concebida en dos dimensiones, de ahí las críticas que su proyección en 3D está recibiendo. Y es que si Hollywood utiliza el 3D para disimular defectos, mal vamos. Si se apuesta por el 3D, que se haga desde el principio, con todas las consecuencias, como hizo Cameron.

Mi puntuación en IMDB:6.

 //www.imdb.com/title/tt0800320/