Sobre el 3-D

Hoy se estrena en nuestro país Alicia en el País de las Maravillas, probablemente la segunda película más importante de la nueva ola de producciones en 3-D, después de Avatar, que se estrenó el pasado mes de diciembre y con la que pudimos disfrutar antes del tráiler de esta nueva película de Tim Burton. Yo, que me hice más de 100 kilómetros para disfrutar de la película de James Cameron en todo su esplendor, me estrené con lo de las gafas precisamente con ese tráiler de Alicia, que me puso los dientes largos en un festín visual de primer nivel que tuvo sus momentos álgidos con ese apasionante viaje a Pandora. El 3-D ha llegado para quedarse, pero a mi me asaltan dudas…

Es evidente el plus de espectacularidad que suponen las tres dimensiones en el cine, pero tristemente tenemos indicios de que Hollywood está derrochando la herramienta con el único objetivo de aprovechar el tirón de Avatar y llevar a la gente a las salas 3-D, sin importar lo que la nueva tecnología pueda aportar. Cameron concibió su película en 3-D, la rodó en 3-D, y, aunque no la he visto, casi puedo asegurar que la versión en 2-D no lograba reflejar el auténtico espíritu de la obra. Pero la película se convirtió en la más taquillera de la historia del cine, y de repente los encorbatados ejecutivos de los grandes estudios vieron una manera de ingresar unos dólares de más con un uso más bien cutre de las gafas.

Y me refiero al reciente estreno de Furia de Titanes. Estamos ante una espectacular película concebida, rodada y planificada en dos dimensiones, un jugoso desparrame de efectos visuales de primer orden, un entretenimiento frívolo y palomitero que a mi, al menos, me hizo pasar un buen rato. Y hablo de la versión que vi, la 2-D, la misma que a Warner no convenció y que le hizo tener dudas acerca de la rentabilidad de la producción. Y no encontraron mejor solución que convertir la película a las tres dimensiones, con un resultado que ha sido fuertemente criticado por quienes la han visto. Si la cinta se concibió en 2-D, así debería de ser vista, ya que dudo mucho que una película mediocre en dos dimensiones se convierta en buena en su paso a las tres, y menos si se hace de la manera chapucera con la que parece haberse hecho ésta.

El 3-D debe de ser una herramienta al servicio de los directores, y no una técnica de maquillaje que justifique un mayor precio de la entrada. El pasado verano disfrutamos de una de las mejores películas de los últimos años, la maravillosa Up, que yo, como tanta gente, vi en 2-D. Otros pagaron más por ver la misma película en 3-D, y alguno con quien he heblado afirma que se sintió estafado por la cutre sensación que le provocaron aquellas supuestas tres dimensiones. Up, como Furia de Titanes, son películas hechas en dos dimensiones, y la conversión sólo afecta a los bolsillos del espectador, que cargan durante la proyección con unas gafas que poco o nada aportan a la experiencia cinematográfica.

El panorama es sombrío. Por un lado tenemos proyectos anunciados en 3-D que hacen ilusionarse a quienes disfrutamos con Avatar. Cosas como el reseteo de Spiderman podrían hacernos pasar momentos mágicos, y uno sueña con esos vuelos de Peter Parker entre los edificios vistos en el esplendor del 3-D. pero al mismo tiempo se anuncian reestrenos de clásicos con un dudoso lavado de cara que les adaptaría a las tres dimensiones. Toy Story, La Bella y la Bestia, Tiburón (recordemos que en su momento aquel Tiburón 3-D resultó fundamental para que la técnica cayese en el olvido…). Hollywood huele los dólares, pero con los míos que no cuente.

En cambio pasaré gustoso por taquilla con proyectos ambiciosos que hagan del 3-D una manera de experimentar cosas hasta ahora imposibles de sentir en las salas. Y creo que el señor Cameron debería de salir al paso de ese uso cutre e indebido de la tecnología que él ha popularizado contribuyendo a que el hecho de ir al cine suponga una experiencia visual inolvidable. Hollywood debería de recordar que aquel horrible experimento de colorear clásicos en blanco y negro tuvo como resultado la indiferencia y el rechazo de todos los cinéfilos. Hasta George Lucas tuvo que sufrir las iras de muchos fans que le recriminaron sus "modificaciones digitales" en las tres primeras películas de su saga galáctica. Las maravillas que disfrutamos en 2-D deberían de quedarse así, porque así lograron ganarse el corazón cinéfilo de todos quienes disfrutamos con esta manera de contar historias. Historias extraordinarias sin aditivos de última hora.

Feliz fin de semana…