Alicia en el País de las Maravillas

Si alguna historia clásica tenía pendiente Tim Burton de llevar al cine, ésa era, sin duda, la Alicia en el País de las Maravillas, el cuento onírico de un Lewis Carroll que no podría encontrar mejor adaptador de su fantasía que el director de películas de atmósferas tan íntimamente relacionadas con la que rodea a esta historia. Carroll, como Roald Dahl o el Dr. Seuss, no mantendrían su esencia literaria en la gran pantalla de no ser por un tipo que ha nacido y vivido para transformar esas páginas en películas. Y, además, esta Alicia es fundamental para Burton como excusa perfecta para volver a un lugar del que quizás sí debió de salir, pero para regresar como el hijo pródigo que nunca fue. Y es que Tim Burton, como Alicia, vuelve a un sitio que ya conocía, aunque ahora le reciban con dudas, también como a la protagonista de nuestra historia…

Y es que Alicia en el País de las Maravillas es una producción de Walt Disney, la compañía en la que Tim Burton empezó su carrera profesional y de la que tuvo que irse por sus inquietudes góticas y oscuras, alejadas del buenismo y luminosidad de las películas de la compañía del ratón Mickey. Han tenido que pasar casi treinta años para que volviera, justo cuando muchos de los clásicos Disney son ahora reconsiderados como obras no tan inocentes como la época indicaba. El regreso del cineasta es algo así como una aceptación de la compañía de que, efectivamente, la creatividad y competencia pueden desarrollarse mejor con un ligero paseo por el lado oscuro, quizás no tan marcado como el Burton de Vincent o Pesadilla Antes de Navidad, pero sí con un necesario reflejo de nuestros miedos y demonios.

Instalado por tanto en la fábrica de sueños que es Disney, Tim Burton hace lo que lleva haciendo desde que empezó su carrera. Factura una película que parte de un material ajeno, para hacerla suya y, lo que es fundamental en su consideración como director, lograr que el público pase por taquilla sin perder ni un ápice de su acentuado estilo. El material a adaptar encaja como un guante en sus inquietudes. El País de las Maravillas no es sino una jungla repleta de bichos, monstruos y freaks, que abruman a una rubita veinteañera que ya había seguido al conejo en sus años mozos aunque le cueste recordar. Nadie como el freak Burton para mostrarnos ese mundo lleno de seres que bien podrían haber surgido de su imaginario, y no de el de un Lewis Carroll que claudica frente al inevitable toque burtoniano.

La lástima es que para asegurarse esos excelentes resultados económicos que la película logrará ha tenido que ceñirse a una trama típicamente disneyniana. La llegada de Alicia a ese país maraviloso sirve para desencadenar una nueva guerra entre el bien y el mal, algo casi secundario en las páginas del original, pero que aquí debe de volverse fundamental para no salirse de los cánones que garantizan beneficios. Al menos del lado maligno tenemos a un personaje tan estupendo como la Reina Roja encarnada por esa Helena Bonham Carter que por supuesto parace haber nacido para meterse en la piel (y el cabezón) de la soberana. Y no es justo olvidarnos de un Crispin Glover que vuelve al cine de masas tras su lejana participación en Regreso al Futuro, en la que era el despistado papá de Marty McFly. Los buenos no desmerecen, aunque yo al menos esperase algo más de un Johnny Depp que parece poner el piloto automático para volver a interpretar uno de esos personajes excéntricos que se supone no dejan de ofrecerle tras el éxito de su Jack Sparrow. Anne Hathaway está muy bien, pero yo me rindo ante la competencia de Mia Wasikowska, una chica desconocida que sale indemne y con éxito de su misión de convertirse en Alicia.

Le falta pues, a la Alicia de Tim Burton, entidad propia e intenciones distintas a las que uno se cansa de ver en los cines cuando le ofrecen una película de épica y fantasía. Y, tristemente, he de decir que le sobra el 3D, ya que quitando tres o cuatro buenas escenas, no parece que las gafas sean una necesidad imperiosa para adentrarnos en el fantástico mundo que Tim Burton y Lewis Carroll nos proponen. Mal vamos si sólo nos meten las tres dimensiones para encarecer el producto y no como el recurso estilístico que Cameron sí utilizó en su viaje a Pandora.

Podía ser mejor, pero es la Alicia de Burton, y sólo por eso ya debe de ser vista.

Mi puntuación en IMDB:6.

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