Dennis Hopper (1936-2010)

Sabíamos de su delicado estado de salud, y la enfermedad se lo llevó el pasado día 29 de mayo. Dennis Hopper fue Dennis Hopper hasta el último minuto, rebelde y diferente, inflexible y a contracorriente, incapaz de resistirse a tramitar el divorcio de su última mujer a pesar de ser consciente de que pocos días de vida le quedaban, y que parte del coste de esa ruptura matrimonial podría ser decisiva para pagar las facturas médicas derivadas del tratamiento de su dolencia. Pero, ante todo, tenía que ser Dennis Hopper.

Y Dennis Hopper empezó a serlo a mediados de los años 50, cuando comenzó a darse a conocer en pequeños papeles en series de televisión. Pronto le llegaron los primeros roles cinematográficos, previos a aquéllos por los que todo el mundo le recuerda y que sin duda forjaron su leyenda de icono de la contracultura. Fue la representación generacional fundamental en Easy Rider, trabajó con Coppola en Apocalypse Now y David Lynch le hizo suyo en Terciopelo Azul.

Pero yo, como siempre, le recuerdo por otras cosas. Para mi Hopper, además de resaltar en esos papeles con los que alcanzó notoriedad, fue el fiel (y alcohólico, cómo no) ayudante del entrenador Gene Hackman en esa maravilla del cine deportivo que es Hoosiers. Le recordaré además por su increíble discurso racial en la genial Amor a quemarropa; no olvidaré el cruel villano que compuso para la exitosa Speed, y, por supuesto, el que interpretó en la primera temporada de una serie fundamental de la última generación de series televisivas: 24.

Nominado al Óscar en 1970 como guionista de Easy Rider, y en 1987 como mejor actor de reparto por Hoosiers, Dennis Hopper fue un actor distinto, radicalmente apartado de convencionalismos y, ante todo, grande.

Que descanse en paz, el gran Dennis Hopper.

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Lost (Perdidos) (6ª temporada y balance final…)

Evidentemente, habrá SPOILERS….

 

Se ha terminado. Han sido 6 años intensos, desiguales e irregulares, pero han conformado uno de los hitos más importantes en la historia de la televisión. Con Lost se produjo la consecuencia fundamental que se deriva de esta maravilla de avance que es internet: la comunicación a lo bestia, las interrelaciones entre fans de distintas partes del globo, la solidaridad en forma de ripeos televisivos para que todos disfrutásemos de un producto único, diferente y trascendental. Fue, además, la serie causante de que aquí en España se produjese un fenómeno impensable, y es que a nadie se nos hubiese pasado por la cabeza la posibilidad de que un canal español emitiese el desenlace de una serie americana al mismo tiempo (o casi) que en su emisión allí. Lost lo cambió todo, y, por supuesto, fue una de las precursoras de la actual edad dorada de la ficción televisiva. Y todo por culpa de un avión, una isla y unos personajes memorables…

Habrá que empezar por el final, que tantas ampollas está levantando. A mi me ha producido la misma sensación que cada sorpresa final de temporada, añadiéndole el inevitable sabor agridulce por el hecho se saber que ya no habrá más. Habiendo seguido la serie desde el principio, al ritmo de emisión americano (con lo que ello supone de distancia temporal entre cada temporada), puedo decir que se me han escapado cosas, que no he comprendido otras y que con más tiempo o con segundos visionados probablemente la hubiese disfrutado más. Me he hecho una idea, supongo que bastante aproximada, de los aspectos fundamentales de una trama extremandamente complicada, y no me he preocupado en exceso por comprenderlo todo. Porque Lost me ha gustado mucho tal y como ha sido, con sus preguntas sin respuesta, sus líos argumentales y sus problemas irresolubles.

Sí tengo claro que, al contrario de lo que los guionistas han afirmado, no todo lo tenían planeado desde el principio. Lost nació de una idea típica en la que se nos contaban las desventuras de unos robinsones modernos y que fue abriendo interrogantes que aumentaron el desmedido interés. Visto el rotundo éxito, hubo que continuar y hacer que todo coincidiera, lo cual no era precisamente fácil…

El final ha sido coherente, relativamente esperado y ajustado a lo que hemos visto en esta sexta temporada. No ha gustado nada, aunque, francamente, no logro imaginarme cuál hubiese sido ese final deseado por los fans. Puede que el problema haya sido el camino seguido en esta última temporada, pero, una vez vistos los anteriores episodios de la misma, tampoco era fácil apartarse mucho de lo que finalmente vimos.

Me ha gustado mucho Lost. Me han gustado los personajes, todos interesantes, carismáticos y completos. Me ha gustado esa isla misteriosa de la que el final de la serie apenas da respuestas. Me ha gustado el concepto de serial de aventuras y suspense, con cada cliffhanger de final de episodio y los inmensos deseos de seguir conociendo cosas. Y me ha gustado la trascendencia universal de un producto televisivo que ya es historia.

Me ha gustado esta sexta temporada porque ha ido directamente al grano, sin episodios de relleno. Me ha gustado porque ha tenido unos últimos capítulos trepidantes. Me gustó mucho el primero, con esa supuesta realidad alternativa que terminó por convertirse en una especia de limbo o purgatorio para esas almas despistadas. Me encantó el episodio dedicado a Richard Alpert, uno de los personajes más interesantes. Me sedujo el que nos contó la historia de esos hermanos misteriosos, con la madre encarnada por Allison Janney, a la que tenía ganas de ver en otro rol distinto al de jefa de prensa de la Casablanca. Y me encantó, en fin, el doble capítulo final, que aunque sí es cierto que no completa todo, te deja un sabor de boca complaciente. Me gustó conocer a Jack, a Kate, a John Locke, a Desmond, a Benjamin Linus y, sobre todo, a Sawyer. Sigo sin entender muy bien todo el lío de los viajes temporales y creo que Dharma podría haber dado mucho más juego, pero, qué diablos…

Les echaré de menos, y, sobre todo, echaré de menos a esa isla increíble. Todavía no sé si siguió existiendo o si finalmente se hundió, pero puede que algún día alguien me lo diga. Y a ellos, espero verles en otra vida, brothas

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Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo

El productor es la estrella. Jerrry Bruckheimer lleva toda su vida sabiendo qué quiere ver el público en los cines, y como consecuencia directa de ello, amasando dólares. En esta ocasión adapta un famoso videojuego, que, ciertamente, se prestaba, por historia, ambientación y personajes, a ser convertido en un potente blockbuster veraniego. Para dar forma a sus intenciones megalómanas el avispado productor se ha juntado con Disney para tratar de repetir el enorme éxito cosechado con Piratas del Caribe. Pero va a ser que no…

Muchas cosas tienen en común las películas protagonizadas por Jack Sparrow y por el Príncipe Dastan. Ambas se encuadran en géneros realmente maltratados en la historia reciente de Hollywood. Ni los piratas ni las aventuras exóticas han tenido suerte en los últimos tiempos. Coinciden, además, en que tienen como protagonista a un actor mimado del sistema: Johnny Depp es de esos tipos que recogen críticas benévolas hagan lo que hagan, y Jake Gyllenhaal es uno más de tantos otros a los que enseguida se les considera como "el mejor de su generación". En definitiva, Disney pone rostros de prestigio a personajes aparentemente convencionales. Pero, como no podía ser de otra manera, si Depp adaptó a su personaje a su particular visión de las cosas, Gyllenhaal no es capaz de hacer lo mismo, aunque tampoco salga mal parado del asunto. O, dicho de otro modo, su Príncipe Dastan no será recordado como ese Jack Sparrow inolvidable. Tampoco el guión ayuda, puesto que todo se reduce a frases y diálogos no precisamente originales, y se echa en falta además el genial toque de humor que destilaba aquella primera aventura de los piratas.

Prince of Persia es, por tanto, un producto mucho más cercano al típico rompetaquillas. Y eso tampoco ha de ser malo, salvo que dirija Michael Bay. Aquí tenemos a Mike Newell, en su primera incursión en este tipo de cine, quien queda absolutamente eclipsado por la imponente figura del productor, algo parecido a lo que le ocurrió a Gore Verbinski, quien sí fue capaz sin embargo de hacerse un hueco. Newell se había acercado a estas tareas dirigiendo una película de Harry Potter, y como responsable de algún episodio de la serie Las Aventuras del Joven Indiana Jones, pero es más recordado por cosas como Donnie Brasco o La Sonrisa de Mona Lisa, películas muy alejadas de ésta.

La sensación que uno tiene al comienzo de la proyección es que está ante una versión frívola y comercialoide de El Reino de los Cielos, la película de Ridley Scott tan machacada por la crítica hace unos años. Unos créditos iniciales nos meten en la historia, a lo que también ayuda el interesante prólogo que nos cuenta la historia de Dastan antes de convertirse en príncipe. Llegados a ese punto, lo de siempre: acción, una historia de amor en la que Gemma Aterton parece directamente sacada de Furia de Titanes, como si hubiese empalmado un rodaje con otro, efectos visuales y poco más. Y un importante error en mi opinión, decisivo para que la cinta pierda muchos puntos: ese McGuffin en forma de daga mágica que permite viajes temporales, algo que resulta ciertamente fallido.

Me interesa Prince of Persia como producto de evasión y como recuperación de esas aventuras mitológicas olvidadas por el cine. Pero no ofrece nada que realmente merezca ser destacado. Es cine de rápido consumo y aún más rápido olvido, y es que me temo que este verano 2010 va a ser tristemente soso cinematográficamente hablando…

Mi puntuación en IMDB:6.

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Fringe (2ª temporada)

Ojo, SPOILERS…

Recién finalizada la segunda temporada en los Estados Unidos, sólo puedo empezar esta entrada afirmando con rotundidad que Fringe es ya una de mis series favoritas de siempre. Lo que apuntaba en la primera se ha ratificado en esta segunda, con una explosiva y adictiva combinación de tramas puntuales conectadas siempre con la gran historia global de la serie, todo un prodigio de originalidad que combina de la manera más hábil la ciencia con los paranormal y lo increíble. Fringe es un divertidísimo serial de ciencia-ficción, en el que precisamente ese concepto de lo científico mezclado con lo improbable tiene más sentido que nunca. Ahora que también se ha acabado Perdidos (de la que hablaré en unos días), conviene recordar que su creador, J.J. Abrams, es responsable también de esta otra maravilla que afortunadamente ha sido renovada para una tercera temporada.

Me encanta Fringe. Ya en su día, cuando hablé de la primera temporada, señalé las muchas similitudes que en principio la serie podría tener con Expediente X. Y me ratifico en la idea de que Fringe es , en mi opinión, bastante mejor. Es cierto que seguimos contando con una pareja de investigadores de fenómenos extraños a los que les cuesta darse un besito, pero sus aventuras van mucho más allá de lo que iban Mulder y Scully. Lo que se esconde detrás de cada caso raro que investiga la división Fringe, lo que oculta ese conglomerado empresarial llamado Massive Dynamics, y, sobre todo, las consecuencias del trabajo pasado de esos dos enormes personajes que son Walter Bishop y William Bell, apuntan a emociones fuertes cada temporada que tengamos la suerte de disfrutar de la serie.

Y precisamente los personajes son uno de los puntos fuertes de la serie. Los protagonistas Walter y Peter Bishop y Olivia Dunham destilan carisma a raudales, gracias al buen hacer de sus intérpretes, John Noble, Joshua Jackson y Anna Torv. Por no hablar de los imprescindibles secundarios y, sobre todo, de ese rostro icónico del fantástico que es Leonard Nimoy, a quien echaremos mucho de menos…

Porque además de ser una fantástica serie de aventuras y ciencia-ficción, Fringe se ha destacado, en esta segunda temporada, por alimentar el apetito de quienes necesitamos engullir importantes dosis de realidades alternativas, quién sabe si para evadirnos de la nuestra. Hemos podido disfrutar de guiños entrañables, tanto cinéfilos como comiqueros. El primer capítulo que se emitió tras el largo parón se desarrollaba en ese universo alternativo, en el que pudimos ver un cine en el que se emitía Regreso al Futuro, protagonizada por…Eric Stolz (de sobra es sabido que era él quien en principio iba a interpretar a Marty McFly). Por no hablar del último capítulo de la temporada, el que el se veían en un despacho portadas alternativas de cómics DC, como El Regreso de Superman (y es que precisamente si algo ha tratado bien Fringe es la existencia de universos alternativos, tan recurrente en el Universo DC y que con tan poco fortuna hemos visto desarrollado en las viñetas). Y entre estos dos episodios, multitud de divertidos guiños freaks.

La trama ha ido ganando interés en esta temporada, y esperemos que siga con la tendencia, al contrario de lo que ocurrió precisamente con Lost, que prácticamente vivió de las rentas argumentales de la primera. El final de esta segunda nos deja abierto un infinito número de posibilidades, todas con importantes dosis de suspense y sorpresas. Si alguien no se ha puesto con Fringe, que le de una oportunidad, pero que lo haga, eso sí, con la mente abierta y dispuesto a dejarse llevar por un fantástico mundo de fantasía y ciencia ficción. Yo lo hice, y espero ansioso la tercera temporada.

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Robin Hood

El agreste héroe Robin Hood, el solidario forajido que mitificó para la eternidad el pícaro Errol Flynn y se presentó a las masas con el rostro de Kevin Costner, también tenía que volver. Estamos en la era del remake, de la recuperación de fórmulas y personajes cuyos nombres garantizan la relevancia en forma de taquilla, y el estupendo bribón portador de arcos y flechas tiene el suficiente tirón como para que la gente acuda al cine. Y si le ponemos un rostro carismático del cine actual, junto a un cineasta de prestigio tras las cámaras…voilá, el Robin de la nueva generación, menos canalla y más rudo, ligeramente entretenido pero carente de valores que considerábamos inherente al personaje. Efectivamente, este Robin Hood podría haber sido algo mejor…

Los tráilers e incluso las primeras críticas apuntaban al camino seguido por Ridley Scott con su Gladiator, a lo que también contribuía, supongo, la presencia de Russell Crowe. Algo de eso hay, aunque aquí se trata de adaptar la historia introduciendo no sólo cambios estilísticos, sino meramente argumentales. En mi opinión, el guión de Brian Helgeland acierta en esos cambios, que resultan creíbles y coherentes en el conjunto de la trama. Tampoco se echa de menos ese carácter ciertamente frívolo y colorista que hizo famoso al personaje en la década de los 30. El problema en este Robin Hood de Ridley Scott es que carece de emoción, de épica y, sobre todo, de capacidad de conmovernos, de disfrutar con sus aventuras y triunfos, y de sufrir con sus penitencias.

La película resulta ciertamente sosa y plana en algunos momentos del metraje, como si se hubiese rodado con el piloto autómatico. No hay escenas memorables y hasta aquella versión de Costner contaba con el plano en forma de flecha voladora como icono representativo, que ahora se intenta acoger en el tramo final de la película. Por el contrario, tenemos un activo enorme en el reparto, enorme, sólido y competente, en especial ese Mark Strong, que se ha convertido, si es que no lo era ya, en el villano por antonomasia del cine actual. El Godfrey al que interpreta es uno de los malos más imponentes de los últimos tiempos, tomando el relevo de un Danny Huston que también hubiese perdurado si su personaje hubiese dado más de si. Cate Blanchett es, como no podía ser de otra manera, una magnífica Lady Marian, y, claro, señores como William Hurt o Max Von Sydow no podían defraudar.

Irregular ha resultado este Robin Hood, lo que nos sabe a poco, teniendo en cuenta el personaje, y, sobre todo, ese cineasta estupendo que había apostado por él en este nuevo proyecto. No sé yo si tendremos secuela, ya que la película no está pegando todo lo fuerte que en Universal desearían. Y es lógico ya que le falta, como se dice, ahora, un herbor…

Mi puntuación en IMDB:6.

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More Than a Game

El baloncesto siempre ha tenido una presencia destacada en este blog de cine, básicamente por constituír la segunda gran pasión del responsable del mismo. Algún día, cómo no, tendré que dedicar una entrada a la película considerada como "el santo grial" del cine sobre baloncesto, Hoosiers, pero hoy toca hablar sobre More Than a Game, un documental que recoge lo que en su momento se reveló como un fenómeno inigualable: la repercusión de un equipo de instituto que revolucionó el baloncesto norteamericano gracias a la presencia de un precoz astro de la canasta que respondía al nombre de LeBron James. Supongo que a todos os suena…

Estamos ante un documento que nos acerca a la que es, en mi opinión, la mejor estructura de ligas deportivas del mundo. Concretando en el mundo del baloncesto, desde el minibasket hasta el profesionalismo, las ligas de los Estados Unidos son seguidas con inusitada pasión, como un peldaño apasionante de una carrera que sólo los elegidos son capaces de finalizar. El equipo que protagoniza More Than a Game es el de una pequeña escuela de Akron, en Ohio, que se mantuvo unido hasta la llegada de la edad universitaria, marcando una época en el deporte escolar. Una época en la que, por primera vez en la historia, los pabellones acogían a más de cinco mil personas y los partidos eran retransmitidos en la modalidad de pago por visión, o, lo que es lo mismo, la gente pagaba para poder ver desde los televisores en sus hogares las habilidades baloncestísticas de un grupo de chicos de 14 y 15 años…una locura

Y el motivo fundamental de todo ese interés desmedido no era otro que LeBron. Uno ignora cuál será el devenir de su carrera, y si podrá superar el palmarés de los más grandes (sobre todo viendo la forma en la que se ha derrumbado recientemente en la eliminatoria de este año contra Boston), pero lo que es indudable es que ya ha pasado a la historia como el jugador de instituto más mediático e impactante de la historia. El documental nos permite ver a la estrella haciendo mates increíbles con apenas trece años, y mostrando una superioridad insultante para su edad.

Las principales virtudes de la película son las mismas que uno suele encontrar en los más importantes documentales. Se alternan entrevistas con los protagonistas, en especial con esos cinco chicos titulares a los que se les dió en llamar Fab5 (los cinco fabulosos), con imágenes de aquellos años inolvidables. Desde que se juntaron en una pequeñísima escuela de primaria en Akron hasta que finalizaron el instituto, como campeones del país. Se nos muestran los típicos momentos de cualquier equipo, sea de la categoría que sea, y los lazos enormes e irrompibles que se crean entre sus componentes. Y, ante todo, surge, imponente, la figura de LeBron James, capaz desde su más tierna infancia de asumir un liderazgo indiscutible.

More Than a Game es, además de un excelente documental sobre baloncesto, una nueva versión del sueño americano, del llegar al todo partiendo de la nada, el triunfo de un grupo de chavales de barrio que llegó tan arriba como nunca hubiera imaginado. Y nos regala un emocionante y entrañable final, en el que, como tantas veces hemos visto, se nos explica el "que fue de…", concretamente los destinos de esos fabulosos cinco chicos de los que sólo uno fue capaz de llegar a la NBA, aunque lo hiciera batiendo récords de precocidad e impacto en la liga. Lo último que se dice en la película es que LeBron James logró un trabajo temporal en Cleveland…

Cine y baloncesto…yo no necesito más…

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt1286821/

 

Máximo Riesgo

A la espera de ver el Robin Hood de Ridley Scott, de momento os dejo el enlace con mi artículo sobre Máximo Riesgo, la que en mi opinión, es, sin duda, la mejor peli de nuestro querido Stallone, un divertimento de primer nivel que siempre ha permanecido injustamente en el olvido, y que he publicado en mi blog de la página web de la revista Acción:

//www.accioncine.net/blogs/flying/517-maximo-riesgo-sencillamente-la-mejor-pelicula-de-stallone.html

Que guste…

 

Un Ciudadano Ejemplar

Los recovecos de la justicia, los fallos del sistema judicial que dan lugar a situaciones profundamente y paradójicamente injustas, han estado desde siempre presentes en el cine americano. Y han estado acompañados muchas veces, como en esta ocasión, por la venganza, ese tema que tiene en Clint Eastwood a su verdadero maestro, y que cuando se toca en un cine más comercial y palomitero, puede proporcionar momentos realmente entretenidos. Un Ciudadano Ejemplar es un oasis entre tanta mediocridad presente en la cartelera, una película trepidante, que logra disimular las lagunas de su guión con un ritmo eficaz y un reparto magnífico, encabezado por uno de los más polifacéticos y contundentes rostros del cine actual, ese Gerard Butler que lograba no resultar ridículo en esa tontería de Exposados, y que encuentra en el thriller su contexto adecuado para mostrar todas sus habilidades.

Estamos ante una película de suspense capaz de engatusarnos sin que nos indignemos. No se trata de mostrar al espectador cosas irreales bajo el pretexto de que el protagonista tenía una doble personalidad de la que sólo se nos mostraba una, o porque sufría de paranoia a lo Shutter Island. Nuestro protagonista es, sencillamente, un hombre voluble a las terribles circunstancias que le han tocado vivir, sin que el guión pretenda justificarle ni compadecerle. F. Gary Gray debe de ser considerado desde ya como un competente cineasta, efectivo contador de historias interesantes y excelente director de actores. Así lo eemostró en dos de las películas más injustamente ninguneadas de la pasada década: el remake de The Italian Job y la adaptación de Elmore Leonard Be Cool. Con su nueva película no alcanza el excelente nivel de aquéllas, pero sirve para complacer a quienes buscábamos desesperadamente un entretenimiento digno.

La justicia siempre ha dado mucho juego. El pasado verano vimos en los cines la nueva versión de la película de Frank Capra Más allá de la duda, cinta que nos remite ineludiblemente a ésta. No sólo se nos muestra lo difícil que resulta juzgar a un tipo al que se lo han arrebatado todo, sino que pone el dedo en la llaga denunciando la fragilidad de ese sistema judicial que a veces parece beneficiar al más cruel de los asesinos.

Todo ese contexto se ve inmerso en una historia, francamente, difícil de creer, por mucho que se trate de justificar todo y de dar una explicación verosímil a tanto hecho de difícil asunción. Y es de agradecer que se intente que nada quede en el limbo, pero me da que la película no aguantaría un segundo visionado. Ni falta que le hace. El trepidante ritmo narrativo y un Gerard Butler arrebatador contribuyen a que no nos asalten las dudas acerca de por qué y cómo ocurren ciertas cosas. O a lo mejor, soy yo, que me conformo con muy poco para pasar un buen rato. Más irregular está un Jamie Foxx que tiene complicado alcanzar los altísimos niveles que logró en Ray, la película que le permitió alzarse con el Óscar.

Me gusta F. Gary Gray, y me interesan las historias escritas por Kurt Winner, guionista de cosas como Equilibrium, aunque también de bodrios como Ultraviolet. Aquí nos ha regalado un producto tramposo, pero tremendamente estimulante. Ya firmaba yo que cada vez que voy al cine la historia fluyera como aquí lo hace.

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/name/nm0336620/

Lynn Redgrave (1943-2010)

Ocurrió hace ya algunos días, pero no había podido recogerlo aquí. El pasado 2 de mayo fallecía Lynn Redgrave, hermana de la también actriz y más conocida Vanessa Redgrave, y maravillosa dama de la escena británica y actriz de cine a la que pudimos disfrutar en Shine, Algo casi perfecto, Peter Pan o Kinsey. Yo la recuerdo por su excelente participación en la estupenda Dioses y Monstruos, el biopic sobre el director James Whale que dirigió Bill Condon, y en la que ponía rostro a Hannah, el ama de llaves.

No hace mucho fallecía su sobrina, Natasha Richardson. esperemos que la mala suerte deje de cebarse con esta familia de enormes intérpretes.

Descanse en paz, Lynn Redgrave…

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Antonio Ozores (1928-2010)

Otra necrológica para hoy, y ésta enormemente triste…Se nos ha ido una parte de nuestro cine, como no hace mucho se nos fue otra cuando perdimos a José Luís López Vázquez. Antonio Ozores forma parte del imaginario colectivo de un ingente número de espectadores que se divirtieron con alguno de sus 166 trabajos cinematográficos y televisivos.

Miembro de una excelente familia de actores y gentes relacionadas con el cine, era hermano del director mariano Ozores, y del actor, también fallecido, José Luís Ozores, y, además, padre de la actriz Emma Ozores.

Poseedor de una vis cómica inigualable, estaba trabajando estos días en una obra de teatro precisamente junto a su hija. Y sí, es cierto que protagonizó muchas películas horrendas dirigidas por su hermano Mariano, pero Antonio siempre dejaba su huella en forma de escenas impagables que provocaban la carcajada del más reacio a aquel cine.

Descanse en paz, el entrañable Antonio Ozores…

//www.imdb.com/name/nm0654843/