Un Ciudadano Ejemplar

Los recovecos de la justicia, los fallos del sistema judicial que dan lugar a situaciones profundamente y paradójicamente injustas, han estado desde siempre presentes en el cine americano. Y han estado acompañados muchas veces, como en esta ocasión, por la venganza, ese tema que tiene en Clint Eastwood a su verdadero maestro, y que cuando se toca en un cine más comercial y palomitero, puede proporcionar momentos realmente entretenidos. Un Ciudadano Ejemplar es un oasis entre tanta mediocridad presente en la cartelera, una película trepidante, que logra disimular las lagunas de su guión con un ritmo eficaz y un reparto magnífico, encabezado por uno de los más polifacéticos y contundentes rostros del cine actual, ese Gerard Butler que lograba no resultar ridículo en esa tontería de Exposados, y que encuentra en el thriller su contexto adecuado para mostrar todas sus habilidades.

Estamos ante una película de suspense capaz de engatusarnos sin que nos indignemos. No se trata de mostrar al espectador cosas irreales bajo el pretexto de que el protagonista tenía una doble personalidad de la que sólo se nos mostraba una, o porque sufría de paranoia a lo Shutter Island. Nuestro protagonista es, sencillamente, un hombre voluble a las terribles circunstancias que le han tocado vivir, sin que el guión pretenda justificarle ni compadecerle. F. Gary Gray debe de ser considerado desde ya como un competente cineasta, efectivo contador de historias interesantes y excelente director de actores. Así lo eemostró en dos de las películas más injustamente ninguneadas de la pasada década: el remake de The Italian Job y la adaptación de Elmore Leonard Be Cool. Con su nueva película no alcanza el excelente nivel de aquéllas, pero sirve para complacer a quienes buscábamos desesperadamente un entretenimiento digno.

La justicia siempre ha dado mucho juego. El pasado verano vimos en los cines la nueva versión de la película de Frank Capra Más allá de la duda, cinta que nos remite ineludiblemente a ésta. No sólo se nos muestra lo difícil que resulta juzgar a un tipo al que se lo han arrebatado todo, sino que pone el dedo en la llaga denunciando la fragilidad de ese sistema judicial que a veces parece beneficiar al más cruel de los asesinos.

Todo ese contexto se ve inmerso en una historia, francamente, difícil de creer, por mucho que se trate de justificar todo y de dar una explicación verosímil a tanto hecho de difícil asunción. Y es de agradecer que se intente que nada quede en el limbo, pero me da que la película no aguantaría un segundo visionado. Ni falta que le hace. El trepidante ritmo narrativo y un Gerard Butler arrebatador contribuyen a que no nos asalten las dudas acerca de por qué y cómo ocurren ciertas cosas. O a lo mejor, soy yo, que me conformo con muy poco para pasar un buen rato. Más irregular está un Jamie Foxx que tiene complicado alcanzar los altísimos niveles que logró en Ray, la película que le permitió alzarse con el Óscar.

Me gusta F. Gary Gray, y me interesan las historias escritas por Kurt Winner, guionista de cosas como Equilibrium, aunque también de bodrios como Ultraviolet. Aquí nos ha regalado un producto tramposo, pero tremendamente estimulante. Ya firmaba yo que cada vez que voy al cine la historia fluyera como aquí lo hace.

Mi puntuación en IMDB:7.

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