Dollhouse (2ª temporada, y balance final…)

Proliferan últimamente las entradas sobre series de televisión en el blog, pero es que la cartelera cinematográfica está pasando por uno de los momentos más flojos que yo recuerdo en los últimos años. Y además no hace mucho que las principales series han cerrado temporada en los USA, por lo que estamos en época de balances…No es el caso, sin embargo, de Dollhouse, la rompedora serie de Joss Whedon que finiquitó su segunda temporada hace ya unos meses, aunque yo tenía pendiente una entrada para comentarla. Hasta aquí ha llegado esta historia de marionetas humanas, víctima de la feroz competencia por las audiencias que deja poco espacio a propuestas tan originales como ésta. Después de dos interesantes pero irregulares temporadas, Dollhouse se ha terminado…

Es evidente que esta edad de oro de la ficción televisiva exige ideas nuevas para llegar a una audiencia algo hastiada por los seriales de suspense y acción que abundan desde el fenómeno Lost. Es necesario enganchar al público, ya no sólo con un inquietante cliffhanger al final de cada capítulo, sino con una trama global original, pero suficientemente apta para cualquier espectador. Precisamente ése es, en mi opinión, el principal acierto de Fringe, con su locura argumental y sus tramas puntuales de ciencia ficción capaces de enganchar al espectador medio. Whedon urdió una historia que se apartaba de todo lo visto hasta ahora en la tele, en las antípodas de un producto tan trillado como Buffy, y aunque logró cierta atención al principio, quizás se excedió en su intento por apartarse de todo. Y, claro, las cadenas quieren, ante todo, audiencia, más allá de innovaciones formales y argumentales.

Ni el excelente trabajo de Eliza Dushku logró la renovación de la serie. Y, viéndola con perspectiva, fue una decisión lógica. Y no porque uno prefiera productos al uso como Smallville o Gossip Girl, ni sitcoms o esas series bélicas o de HBO que parecen encandilar a todo el mundo, sino porque en Dollhouse la cosa se había desmadrado. Joss Whedon empezó fuerte en sus intenciones rompedoras, con unos primeros capítulos sorprendentes, viró hacia lo convencional a partir del sexto episodio, quizás alarmado ante las decrecientes audiencias, culminó la primera temporada con más pena que gloria, y nos ofreció una segunda para atar cabos y cerrar todo el tinglado que había montado. Hubo de todo, desde episodios interesantes hasta auténticos fiascos. Lo mejor, sin duda, fue el trabajo de la protagonista y productora ejecutiva, y el de algún secundario sorprendente.

Dollhouse recurrió al manido tema de las grandes corporaciones capaces de todo para maximizar la cuenta de resultados. En este caso se trataba de vender marionetas humanas, personas a las que, mediante una increíble tecnología, se les borraba temporalmente su personalidad para introducirles otra distinta, susceptible de satisfacer las necesidades de un cliente falto de cariño, amor, sexo, seguridad o cualquier otra cosa. Mentes borradas, actores que en cada episodio interpretaban un papel distinto, dependiendo de la personalidad inserta…una dosis de originalidad quizás excesiva.

La serie fue dando tumbos desde el principio. Se introdujo la previsible trama de la marioneta que adquiere de nuevo la conciencia y trata, desde dentro, de sacar a la luz las miserias y los crímenes de la corporación. Eliza Dukshu se rebeló como una actriz estupenda, mucho más que una cara bonita. Su Echo fue sin duda lo mejor de la serie (sin desmerecer el trabajo de la soberbia Olivia Williams), y debería de abrirle las puertas a una sólida carrera en el cine, que de momento no ha llegado.

Desde que la serie mantuvo ese nudo argumental con Echo tratando de hundir poco a poco Dollhouse, los guionistas introdujeron sorpresas, malos infiltrados entre los buenos y ciertas dosis de violencia desatada. Fuimos conociendo algo más de la empresa, con tramas en otras sedes en las que trabajaban personajes interesantes, como el interpretado por Summer Glau, una de las protegidas de Whedon. Y todo desembocó en un final forzado, apocalíptico y fallido.

Dollhouse será probablemente disfrutada por quienes puedan verla ahora de un tirón, dejándose llevar por una propuesta alejada de casi todo lo que estamos acostumbrados a ver. Tiene capítulos excelentes, y bastantes ciertamente soporíferos. Pero el conjunto deja una sensación agridulce, terminando por lamentar las pocas y tardías concesiones que Joss Whedon realizó. Si hubiese sido lo suficientemente hábil como para conjugar sus intenciones con las de la cadena, sin duda la cosa hubiese distado mucho de ser lo que fue, una serie alargada y condenada a la cancelación.

Yo recordaré siempre a Echo, una chica capaz de hablar cualquier idioma, de desempeñar cualquier trabajo, de romper corazones y desatar pasiones, y, por supuesto, de desenmascarar a una ambiciosa y sanguinaria multinacional, de nombre Dollhouse

//www.imdb.com/title/tt1135300/