Daños y Perjuícios (3ª temporada, y balance final…)

Vuelvo tras unos días de asueto, para comentar el final de una de las series más injustamente tratadas del actual panorama televisivo. Es cierto que la tercera y última temporada ha bajado el nivel, pero Daños y Perjuícios se va tras tres años estupendos, de un resultado global notable, y permitiendo la reivindicación de una de las mejores actrices de las últimas tres décadas, una Glenn Close que encontró en el papel de Patty Hewes todo aquello que el cine le negó en los últimos lustros. Esa abogada cabrona es ya, sin duda, uno de mis personajes televisivos de referencia.

La tercera temporada ha seguido el patrón de las geniales dos temporadas anteriores. Conocemos parte del desenlace a través de inquietantes escenas que adelantan hechos futuros, aunque, evidentemente, no sabemos cuáles han sido los sucesos que han propiciado lo que vemos. Todo lo desencadena un mediático caso judicial, en el que Patty Hewes surge como defensora de una causa débil, pero ya tenemos claro que la exitosa abogada es un personaje perverso, cruel y manipulador…Es mala, aunque su maldad difiere enormemente de la que mostraba su personaje en Atracción Fatal. Patty Hewes es refinada, ambiciosa, manipuladora y desesperadamente asquerosa.

En la tercera temporada el caso que ocupa toda la trama es algo menos interesante que en las temporadas precedentes. Intenta ser reflejo de la crisis económica mundial, y Louis Tobin aparece como una especie de Madoff, ese estafador que arruinó a miles de familias con sus trapicheos de alto standing.

Daños y Perjuícios ha sido sin duda un perfecto vehículo de lucimiento para varios intérpretes que vivieron del éxito en los 80, pero que habían desaparecido a partir del último lustro de la década de los 90. Empezando por la propia Glenn Close, siguiendo por Ted Danson en la primera temporada, William Hurt en la segunda y un sorprendente Martin Short en la tercera. Y con ellos, nuevos valores que no desentonan, liderados por una Rose Byrne de un magnetismo enorme, siempre lidiando con la pérfida Patty.

Lo mejor de la serie ha sido, además de su reparto, la capacidad para enganchar al espectador con un ritmo pausado, sin la adrenalina que desprenden series como 24, Lost y tantas otras. Aquí asistimos a los acontecimientos de una manera mucho más reposada, disfrutando de tramas sencillas pero interesantes, en las que no faltan la corrupción, el asesinato y la ambición de unos personajes inolvidables.

Patty Hewes será siempre un referente, aunque esta tercera temporada no haya sido tan buena como las otras dos. No habrá una cuarta entrega, y es que si no estás en HBO no es fácil que te dejen ofrecer calidad con un formato como éste.

Pero ha merecido la pena.

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