El Gran Vázquez

El Gran Vázquez es un triunfo para nuestro cine, no ya como película memorable repleta de virtudes, algo que sin duda no es, sino como consecuencia del tipo de producto que no abunda en nuestra industria, la misma que se empeña una y otra vez en caer en los mismos tópicos, en contar las mismas historias. Si por algo destaca el cine norteamericano, además de por sus ingentes medios, es por saber bucear en su historia (por otro lado muchísimo más breve que la nuestra), buscando aquellos personajes y figuras que son susceptibles de protagonizar biopics interesantes. Después, el cine, con su poder de emocionar y edulcorar, lleva al sujeto a su terreno, componiendo, en muchas ocasiones, perfiles de lo más cinéfilo y disfrutable. Vázquez, el genio creador de tantos personajes memorables de historieta, es el claro ejemplo de que también nosotros podemos nutrirnos de nuestra historia artística (y es que el cómic también es arte) para engendrar criaturas cinematográficas.

Es cierto que el tipo tenía una historia jugosa, como también lo es que nadie la había llevado al cine hasta que Oscar Aibar la ha escrito y dirigido. Mérito pues para un cineasta de poco talento, un protegido de Santiago Segura, al que ya había dirigido en un engendro olvidable titulado La Máquina de Bailar. La lástima, quizás, es que la historia del genio Vázquez no hubiese sido escrita por alguien más (se me ocurre que Alex de la Iglesia hubiese sido el ideal), y dirigida por otro.

Las carencias de detectan, ante todo, en el guión. No es que estemos ante una personalidad que requiera un libreto denso, pero la sensación que uno tiene viendo la película es que El Gran Vázquez es sólo un pequeño repaso a la vida del personaje, y que todo transcurre con una velocidad de vértigo, como si hubiese que comprimir demasiadas décadas en poco metraje. Vázquez era casi un personaje de tebeo, el protagonista de un vodevil de la España costumbrista de postguerra, y, aunque la película le describe exactamente como eso, nos quedamos con ganas de conocer más detalles sobre determinados aspectos de su increíble vida, como las relaciones con sus demás mujeres e hijos, y, sobre todo, las circunstancias que rodearon al nacimiento de todos esos personajes entrañables, un aspecto que sin duda el cine de Hollywood sabe aprovechar. Uno se imagina un hipotético biopic de Stan Lee (que estoy seguro podremos ver en poco tiempo), con una escena épica y emocionante que recoja el momento en que dio vida a Spiderman o a Hulk.

Aibar se centra en la picaresca, en las penurias existenciales que sólo la excéntrica personalidad del protagonista puede disimular. Y en ese sentido, cobra especial relevancia la interpretación de Segura, quien encaja como un guante en el personaje. Creo, sin embargo, que el actor sigue cargando con la pesada losa que supone haber creado a un tipo como Torrente, quien guarda cierta relación con Vázquez, por su condición de gamberro, caradura y genio, aunque yo hubiese preferido que ciertos tics torrentianos no estuviesen presentes en la interpretación. Mención especial merece sin duda un Alex Angulo genial, demostrando una vez más que es uno de los mejores actores de nuestro país.

Mi generación llegó algo tarde a 13 Rúe del Percebe, y apenas conoció a las Hermanas Gilda o a la Familia Cebolleta. Si disfrutamos, sin embargo, con Anacleto, y, sobre todo, con las obras de otros autores compañeros de Vázquez en Bruguera, como Escobar y sus Zipi y Zape, y, claro, Ibáñez y sus Mortadelo y Filemón. El propio Ibáñez aparece interpretado de manera magistral, protagonizando momentos memorables en compañía de Vázquez en la sede de la mítica editorial. Uno lamenta la ausencia del Ibáñez real en el prólogo de la película, todo un homenaje a dos artistas fundamentales de nuestra cultura.

Necesitamos películas como El Gran Vázquez. Porque reivindica la figura de un tipo que hizo reír a los españoles en una etapa difícil, poniendo color a un país repleto de tonalidades grises. Y además porque supone una novedad temática y argumental imprescindible para que nuestro cine abandone clichés y prejuícios. Y, claro, sin ser una maravilla, yo la he disfrutado porque soy un absoluto amante de las viñetas.

Mi puntuación en IMDB:6.