Roy Ward Baker (1916-2010)

Se me escapó en su momento la noticia, pero navegando por varias webs me he enterado. El pasado día 5 de octubre nos dejó Roy Ward Baker, director de cine, artesano, creador de fantasías y aventuras y máximo responsable de un puñado de buenos momentos cinematográficos. Su muerte me remite a multitud de buenas películas, probablemente ninguna de ellas con la entidad suficiente como para ser considerada una obra maestra, pero muchas con la virtud de entretener, de situarnos en escenarios de ensueño, de buenos y malos, de serie B maravillosamente adictiva…

Fue, ante todo, un director de cine de género, que logró especial relevancia con su espléndida revisión de La Última Noche del Titanic, mucho antes de que James Cameron nos contase, con todo lujo de detalles, lo ocurrido. Dirigió mucha televisión, en series míticas como El Santo o Los Vengadores. Y yo siempre le recordaré por pequeños divertimentos carentes de toda pretensión distinta a la de entretener, como Kung Fú Contra los 7 Vampiros de Oro, con el icono Peter Cushing.

Descanse en paz, Roy Ward Baker…

//www.imdb.com/name/nm0001928/

Two lovers

Estrenada en nuestro país en mayo de este año, a pesar de ser de 2008, Two lovers fue el último trabajo que hizo Joaquin Phoenix antes de embarcarse en esa espiral de esquizofrenia estrafalaria que le llevó a dejarse barba y amenazar con la retirada, para afirmar después que todo había sido fruto de un papel interpretado para el rodaje de un documental. El caso es que esta película se ganó el interés de buena parte de la crítica, en otra de esas consideraciones que a uno no dejan de sorprender. Ignoro las razones de esa benevolencia hacia una película que, sin ser una soberana mierda, ni está tan bien dirigida ni tan bien interpretada como en su día alguno escribió. Aunque, como siempre digo, será que el raro soy yo…

Y no es porque la cosa empiece mal. Se nos cuenta la historia de un peculiar chico que en la primera escena se tira por un puente al mar, como consecuencia de un problema mental que, por cierto, se va diluyendo a lo largo del metraje como si los guionistas se hubiesen olvidado de semejante detalle. Pronto sabemos que se trata del típico personaje cinematográfico, que se nos quiere vender como interesante, inadaptado, deprimido y de frágil personalidad. Joaquin Phoenix alterna escenas correctas con alguna otra francamente mejorable, y la sensación global es que se queda a años luz del excelente intérprete de Gladiator o Asesinato en 8 mm. Su historia es la de un trío amoroso, completado con una desastrosa Gwyneth Paltrow y una correctita Vinessa Shaw.

La historia tiene su interés, aunque la manera en la que se nos cuenta lo reduce. James Gray es ese director nifúnifá, responsable de títulos tan inofensivos y carentes de fuerza como La noche es nuestra o La otra cara del crimen. Su estilo es tosco, rutinario y por momentos, de una pesadez difícil de llevar. Y, como he dicho antes, no parece saber sacar lo mejor de sus actores.

Junto a los tres protagonistas destaca el genial Elias Koteas, el único de un plantel de secundarios que encarnan papeles poco desarrollados, lo mismo que alguna de las historias paralelas que al cineasta no parecen importarle, como la familia del personaje de Phoenix, e incluso algún detalle más acerca de la vida de esa chica desubicada a la que interpreta Paltrow.

Pasó desapercibida este verano en la cartelera, y yo encuentro sobradas razones. Y es que, además, su final es insoportablemente previsible…

Mi puntuación en IMDB:5.

//www.imdb.com/title/tt1103275/

Batman

En mi blog de la web de la revista Acción he publicado un artículo sobre una de mis pelis favoritas de siempre, una de esas que marcan tu infancia y que terminas sabiéndote de memoria. Ahora que Chris Nolan se ha convertido en el salvador de la causa a favor de Batman en el cine, no está de más recordar la maravilla que Tim Burton dirigió en 1989. Os dejo el link:

//www.accioncine.net/blogs/flying/638-batman-ihas-bailado-alguna-vez-con-el-diablo-a-la-luz-de-la-luna.html

Espero que guste…

Declaradme culpable

Cuando hay un buen director, se nota. Ésa es la principal conclusión que se deriva tras ver una película como Declaradme culpable, no especialmente maravillosa, sin un guión mayúsculo y con interpretaciones solventes y correctas. Con pocos mimbres, fiándolo todo a la experiencia de un cineasta competente como pocos, tenemos una película que pronto se aparta de tantas y tantas producciones engendradas en despachos, carentes de alma y espíritu cinéfilos, eso que sólo saben imprimir tipos como Sidney Lumet. Y es que llega un momento en el que ciertos resortes se activan y se bastan para hacer cine, buen cine. Es lo que les pasa a los directores buenos y veteranos.

La película está basada en hechos reales, que son tratados, quizás, con demasiada condescendencia, aspecto éste que quizás sí podría ser criticable. Se nos cuenta la historia del juício más largo de la historia de los Estados Unidos, en que sentó en los banquillos a toda una familia de mafiosos, los Lucchese, que salieron absueltos a pesar de los desesperados (y no siempre lícitos) intentos del fiscal. Lo relevante del caso, además del amplio abanico de sujetos juzgados, fue la autodefensa que hizo uno de los imputados, Jackie DiNorscio, un maleante que tras muchos juícios decidió defenderse él mismo prescindiendo de su abogado. El personaje, interpretado por un sorprendente Vin Diesel, carga con todo el peso de una película divertida, en la que se nota la mano de Lumet, como cineasta capaz de imponer un ritmo ágil y dotar a la historia de interés. Eso sí, como decía antes, molesta un poco el gentil tratamiento hacia tipos que no eran otra cosa que delincuentes, por mucho que se muestren en la cinta como preocupados padres de familia. Incluso el happy end llega a ser incómodamente feliz para toda la pandilla de gángsters.

Lo mejor, es, sin duda, la capacidad del director para imponerse. Lumet, ya octogenario, parece no necesitar mucho para dominar las claves del oficio. Saca lo mejor de un Vin Diesel que probablemente no interprete nunca un papel así, conteniendo las ganas del actor por copiar a los grandes del género, un DeNiro o un Joe Pesci, por ejemplo. Y dota a la película de un aroma de clasicismo poco frecuente en estos días, como si quisiese demostrar que puede llevar a otro nivel el proyecto más inofensivo. La película demuestra, ante todo, que estamos tan acostumbrados al cine actual, que nos olvidamos de que hace unas décadas el séptimo arte transitaba por los designios marcados por los directores, y no por los ejecutivos. Es como si Sidney Lumet afirmase: "dadme una historia y dejadme dirigirla. Y apartaos…".

No es, claro, la mejor de sus películas. Porque estamos hablando del responsable de maravillas como Doce Hombres sin Piedad (con la que declaradme culpable está significativamente emparentada), Veredicto Final o La Trampa de la Muerte. Pero es una buena película de alguien que lleva muchísimos años haciendo precisamente eso, buenas películas.

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt0419749/

Tom Bosley (1927-2010)

Hay rostros que nunca se olvidan, sobre todo cuando forman parte de recuerdos relacionados con épocas inolvidables de tu vida. En mi caso, el actor de la foto es uno de esos rostros. Su nombre es Tom Bosley, y saltó a la fama en los 70 gracias a su participación en la serie Happy Days, una creación de Garry Marshall, el director de Pretty Woman. Yo nunca vi esa serie, pero conocí a Tom gracias a su papel del sheriff Amos Tupper en una de las producciones televisivas que más he seguido desde crío: Se ha escrito un crimen.

Amos Tupper era la ley en la pequeña villa de Cabot Cove, en donde viviía la entrañable Jessica Fletcher. No seré yo quien sostenga que Se ha escrito un crimen era una obra maestra de la televisión, pero el cine, y las series, tienen siempre un importante componente personal que provoca que tengamos preferencia y predilección por cosas que, objetivamente, no son especialmente destacables. Pero qué más da que la presencia de mi admirada Jessica Fletcher en cualquier sitio implicase que alguien estirase la pata, si gracias a ello tenías casi una hora de entretenimiento televisivo a la hora de la merienda…

Y si el crimen se cometía en Cabot Cove, ahí estaba Amos Tupper, para secundar a la sagaz anciana en sus pesquisas y detener finalmente al asesino de turno…El sheriff Tupper era bonachón, algo torpe, el típico sheriff de un pequeño pueblo norteamericano, uno más de la familia…

Pude verle por última vez el pasado mes de mayo, gracias a su pequeño papel en la comedia protagonizada por Jennifer López, El Plan B.

Descanse en paz, Sheriff Amos Tupper, descanse en paz, Tom Bosley…

//www.imdb.com/name/nm0098014/

La red social

David Fincher, uno de los grandes del cine actual en mi opinión, se ha caracterizado siempre por la originalidad de las historias que cuenta. Es, probablemente, el cineasta con mayor capacidad de sorprender con su cine desde el punto de vista meramente argumental (sobre todo teniendo en cuenta que el pobre M. Night Shyamalan se nos ha desinflado). The Game, El Club de la Lucha, La Habitación del Pánico, Zodiac y Benjamin Button podrán gustar más o menos, pero es indudable que se trata de historias nuevas, originales, que, en mayor o menor medida calaron por ello. Y la historia sobre la formación de facebook era una buena historia, tanto que se merecía ser llevada al cine por un tipo como Fincher…

Y, hay que señalarlo, se merecía ser escrita por alguien como Aaron Sorkin, uno de los talentos más importantes de la actual ficción cinematográfica y televisiva. Sorkin es el guionista insobornable de la actualidad, un genio que sólo sabe escribir diálogos, situaciones y personajes. Él mismo afirmaba en una reciente entrevista que si la productora quería una película sensacionalista y de cierto impacto visual, tenían que haber buscado a otro. La red social no es más que la traslación al cine de un hecho que cambió la vida de mucha gente, la historia de una creación, que ha sido reconstruída, en palabras del propio guionista, sin una fisura en su credibilidad, hasta el punto de que el poderoso equipo de abogados de quienes aparecen (en especial, y como no podía ser de otra manera, los de Mark Zuckerberg) no han encontrado manera de meterle mano.

Semejante rigor no hace otra cosa que beneficiar a una película perfecta en muchos aspectos, y en casi todos los que, para mi al menos, determinan si ha de ser buena o mala. El guión es, como digo, soberbio, y perfectamente ajustado a lo que se supone que en realidad ocurrió. Y David Fincher se encarga de narrarnos la historia de manera ejemplar, manejando al sorprendente reparto hasta lograr interpretaciones geniales, teniendo en cuenta que hablamos de chicos de escasa relevancia en el panorama cinematográfico. Pero además la película cuenta con un ritmo vertiginoso, a lo que sin duda contribuye esa manera de contar los hechos, alternando secuencias del proceso judicial con los hechos reales que allí se juzgan.

Cuando ese avispado chico inventó facebook, hubo una historia tremendamente atractiva para ser plasmada en una película. Y aunque la cosa hubiese sido distinta, sin tanto litigio ni circunstancias peculiares, Hollywood hubiese encontrado la manera de hacerla apetecible, probablemente con un guionista distinto a Sorkin y un director que no fuese Fincher. Hubiese sido la típica historia de bombillita iluminada de repente en la mente de alguien, que genera un invento que le hace multimillonario antes de cumplir los 30. Lo mejor de La red social es su condición de documento, de plasmación en imágenes de un suceso apasionante.

Puede que determinadas situaciones estén exageradas, pero estaríamos hablando de meras hipótesis. Es de dominio público que el meollo de lo que se ve en la cinta es lo que ocurrió, y los créditos finales, que nos revelan parte de lo ocurrido después, encajan a la perfección. El resto es simplemente el buen hacer de unos tipos que forman parte de la élite de sus gremios.

No tengo facebook, pero no puedo asegurar que no lo tendré nunca. Y tampoco soy de los que reniegan de cualquier producto de éxito por el mero hecho de ir a contracorriente. La historia de la creación de esta red social es un ejemplo de lo que tanto ansiamos encontrar en las salas de cine: historias interesantes contadas por directores competentes. De hecho, estoy convencido de que mi madre, que apenas sabe encender un ordenador, disfrutará con esta genial película.

Mi puntuación en IMDB:8.

//www.imdb.com/title/tt1285016/

Machete

El origen del proyecto Machete ha impregnado finalmente todo el resultado final, quizás en mayores dosis de las recomendables. La película que surgió a partir de aquel tráiler falso de Grindhouse no es sino un apéndice obligado del díptico con el que Rodríguez y Tarantino homenajearon a todo ese cine que devoraron como cosacos en sus años mozos. Pero quizás el director mexicano se haya excedido. Puede que, ya fuera de aquel compromiso moral que en su momento demostró con ese cine entrañable de serie Z, fuese el momento, en este 2010, de suavizar el tono y el contexto para crear un producto menos duro, no tan excesivo. Pero tampoco debemos de olvidar que cuando cineastas como Robert Rodríguez van por libre y se desmarcan de convencionalismos, reciben el aplauso de todos. Yo les prefiero así, directores de un estilo innegociable, aunque Machete, siendo divertidísima, peque quizás de falta de pretensiones.

En mi planteamiento reside el temor de que buena parte de los espectadores potenciales de la película, y muchos de los que ya han pasado por taquilla, salgan horrorizados de verla, o rechacen hacerlo tras contrastar opiniones. En 2007 Grindhouse se presentó como lo que era, y sus responsables se hartaron de señalar las evidentes intenciones de homenaje a un cine ya desaparecido. Hoy, Machete se ve atada por esa continuidad en el homenaje. Y lo que todos los espectadores se encuentran es una sucesión de mutilaciones, sangre, visceras y sexo desatado, que a mi me ha hecho pasar un rato de cine, pero que a muchos espantará, poniendo en peligro la continuidad de estas gamberradas. Porque a mi, Machete, me ha gustado muchísimo, y desde luego pagaría lo que fuera por poder ver en el cine Machete Kills y Machete Kills Again, las dos secuelas que se anuncian al final del metraje. Y no sé si será posible…

Porque, insisto, más allá de que la cinta sea considerada como no apta para todos los públicos, mi admirado Robert Rodriguez se ha atado tanto a su ideario que quizás le sea imposible levantar las secuelas. Quien no comprenda la condición de la obra de hija de Grindhouse, o quien simplemente se divirtiese con aquélla sin otra pretensión, encontrará demasiada serie B en Machete, demasiada cutrez…Y, lo que es peor, un tufillo panfletario derivado de esa intención de denuncia de la película, referida a la situación de los inmigrantes mexicanos en la frontera. Yo, y quienes nos empapamos de cine de todo tipo, disfrutamos con la propuesta.

A Rodriguez todo le da igual. Si hay que empezar cortando cabezas en la primera secuencia, se hace. Y es incluso capaz de ser el único cineasta en juntar en un mismo reparto a dos tipos como Robert DeNiro y Steven Seagal. El primero parece pasárselo bomba en cada escena, como si asumiese definitivamente su incapacidad de regresar al oropel de los 70 y 80. Seagal, por su parte, se mete en la película como la última oportunidad de sacar la cabeza en una sala de cine. Y con ellos, freaks, cada uno a su manera, intérpretes que por diferentes circunstancias ya no están en disposición de decir no a un proyecto tan peculiar. Y no me refiero a Jessica Alba ni a Michelle Rodríguez, quizás los fichajes de lujo de la función, sino a Lindsay Lohan, Don Johnson o Jeff Fahey. Y, por supuesto, a un Danny Trejo que parece haber estrado calentando durante todos estos años hasta jugar el partido de su vida como Machete, papel que, sencillamente, le va como anillo al dedo.

Hay dos formas de enfrentarse a Machete. Una, entendiéndola como una gamberrada más de un Robert Rodríguez que siempre sabe ganarse a un público de corte juvenil y palomitero, pero que quizás aquí se vea sobrepasado. Otra, asumiendo que estamos ante puritito cine de autor, de un tipo al que le da igual lo que se diga de su cine siempre y cuando éste refleje exactamente lo que él quiere. Yo me lo he pasado teta…

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt0985694/

 

Wall Street: El dinero nunca duerme

Casi nunca son bien recibidas las secuelas por esos paladares exigentes que se hacen llamar críticos. Cierto es que estas segundas partes reflejan una triste realidad, como es la falta de originalidad en el cine americano actual. Pero si una secuela nos brinda la posibilidad de seguir disfrutando de personajes interesantes, y además éstos tienen detrás una historia atractiva, la secuela ha de ser bienvenida. No es Oliver Stone el típico director de secuelas, y la tan manida frase de "hice una segunda parte porque había un buen guión" es aquí una verdad absoluta. Gordon Gekko fue uno de nuestros favoritos en la década de los 80. Démosle ahora la bienvenida que se merece.

Se ha dicho siempre: Oliver Stone ha sido el gran cronista americano de los últimos treinta años. Lo ha reflejado todo en su cine, unas veces con más acierto que otras. Y la actual crisis económica, iniciada hace un par de años precisamente en los Estados Unidos con aquellas asquerosas hipotecas basura, es un fenómeno que merecía su atención. No se yo si con tanta relevancia como la guerra de Vietnam, el asesinato de Kennedy o la presidencia de Nixon. Pero la crisis está marcando, en mayor o menor medida, nuestras vidas, y las históricas medidas que la administración norteamericana llevó a cabo en su día para paliar las consecuencias constituyen un hecho sin precedentes del que el cineasta tomó nota, valiéndose de un icono que nació en el lejano 1987 y que hoy tiene más vigencia que nunca.

La habilidad de Stone es infinita. Ha sido capaz de matar varios pájaros de un tiro. Por un lado, y esto es en mi opinión lo más importante, ha sido capaz de volver a rodar una película estupenda más de una década después (concretamente desde la infravalorada Un Domingo Cualquiera, de 1999). Pero consigue, además, retomar esa condición de director de cabecera de la historia de su país, con una película que probablemente nos informe de manera más certera sobre este fenómeno económico que la gran parte de telediarios internacionales. Y seguimos: como ya hizo en 1987, rueda una película extraordinaria ambientada en un contexto especialmente farragoso para el espectador medio, porque, reconózcamoslo, no resulta entretenido a quien no sea un estudioso en la materia todo el tema de las finanzas, la economía y los vaivenes bursátiles. De hecho, yo, que me licencié en económicas, no recibí en cinco años unas clases tan educativas como estas dos películas. Y es que el cine tiene estas cosas, que aprendes divirtiéndote (a veces, claro). Y de propina, Gordon Gekko.

Porque si todos vuelven, también tienen que hacerlo los que merecen la pena. Stone lo ha traído de vuelta y el muy cabrón nos la ha metido doblada. La presencia de un ser tan angelical como esa Carey Mulligan en el papel de su hija parecía indicarnos un sometimiento del tiburón, una repentina bondad de aquel ser mezquino y ambicioso, quizás domesticado por su estancia en prisión o simplemente por cuestiones de edad. Michael Douglas está, una vez más, soberbio, aprovechando los diversos perfiles que ahora presenta su inolvidable personaje. El papel de joven broker recae ahora en un Shia LaBeouf que en mi opinión compone el mejor personaje de su carrera. Y secundarios como Josh Brolin, el legendario Eli Wallach y, sobre todo, ese genio que es Frank Langella, completan un reparto sensacional. Y no quiero olvidarme del cameo oportuno de Charlie Sheen, que imprime una entrañable complicidad con su anteriormente admirado Gekko.

Oliver Stone situó su primera película en 1985, dos años antes del año en el que se estrenó. Aquí ha vuelto a hacer lo mismo, situando la acción en ese 2008 de infausto recuerdo, cuando se empezó a gestar toda esta desgracia. Y vuelve a poner sus cámaras en la historia, esta vez en los pasillos de Wall Street, en los despachos de la Reserva Federal, en los consejos de administración de aquellas empresas especuladoras que hiceron explotar una burbuja que nos ha empapado a todos. Rueda de manera excepcional, moviendo la cámara de forma ejemplar cuando de muchos personajes en pantalla se trata, sobre todo en esas reuniones de peces gordos (genial la secuencia en la que se decide la multimillonaria ayuda pública a los conglomerados responsables). Y demuestra, una vez más, que es uno de los mejores directores de actores de los últimos tiempos, sacando lo mejor de un reparto al que, por otra parte, no le falta talento.

Su biopic sobre Bush tenía cosas buenas, pero se perdía por las intenciones caricaturescas del director hacia el protagonista. Esos documentales sobre los revolucionarios presidentes comunistas son quizás productos tan personales como poco interesantes, y cosas como Alejandro Magno es mejor olvidarlas. Pero ha vuelto el mejor Oliver Stone, ése que cuenta historias apasionantes. Y ha vuelto Gordon Gekko, el mejor reflejo de una situación como la actual, en la que pagan (pagamos) justos por pecadores, cuyos pecados no son precisamente veniales…

Mi puntuación en IMDB:8.

//www.imdb.com/title/tt1027718/

 

Sherlock (1ª temporada)

Como sólo hay un cine en mi ciudad y a veces algunas de sus salas son ocupadas por eventos supuestamente culturales destinados a que se forren unos pocos, me he quedado sin ver Machete y Enterrado. Espero arreglarlo pronto. Afortunadamente quedarse en casita permite disfrutar con cosas como las que hoy comento. No descubro nada nuevo si digo que los grandes guionistas, los creadores de historias apetecibles están, hoy, en la tele. La que ya no puede ser considerada como caja tonta lleva varios años ofreciendo series de un nivel legendario, aportando tramas e historias nuevas, y, en ocasiones, permitiendo vuletas de tuerca a personajes sobradamente conocidos. Hoy me toca hablar de una de las sorpresas de la temporada, una maravilla con un único problema que espero (parece que sí) se solucione en breve: sólo cuenta con tres capítulos. Pero todo parece indicar que la renovarán para una segunda temporada. Y es que cuando algo tiene éxito, merece continuar. Elemental…

Sherlock Holmes ha sido el personaje de ficción más representado en el cine. El mítico detective apareció por vez primera en 1905, en un largometraje titulado, oportunamente, Sherlock Holmes. Desde entonces, hemos acudido a la sagacidad del inquilino del 221 de Baker Street una y otra vez, en el cine y el la tele, en dibujos o en imagen real, en clave de drama, suspense o comedia…Estamos en el siglo XXI, y no hace mucho conocimos al Holmes de Guy Ritchie, con el rostro de Robert Downey Jr., que desarrollaba sus pesquisas en el mismo contexto histórico en el que lo concebió Arthur Conan Doyle. Ahora, la BBC, sinónimo de calidad, nos lo sitúa en la actualidad, en el Londres de 2009. Y, lo que es más importante, le enfrenta a unos casos de una complejidad maravillosa…

Da gusto sentarse a disfrutar con un producto como Sherlock. Tenemos lo mejor del personaje que hemos conocido, adaptado a la perfección a los tiempos que nos han tocado vivir. De hecho, podríamos disfrazar al protagonista con el atuendo típicamente holmesiano, con la lupa y el sombrerito, y rodar con él una maravillosa versión de El Perro de los Baskerville. Benedict Cumberbatch es, sencillamente, el mejor Sherlock Holmes posible. Y lo mismo ocurre con Watson, encarnado por un estupendo Martin freeman. El cásting es, sencillamente, perfecto. Son dos sabuesos de nuestra centuria, que se sirven de internet y las nuevas tecnologías sin olvidar esa lógica deductiva tan característica del personaje que por otro lado tan bien desarrolló Ritchie en su película. Este Holmes es altivo, faltón, adicto a determinadas sustancias, hábil en la pelea y…magnéticamente listo, una mente privilegiada que sólo encuentra el aburrimiento entre tanto caso rutinario. Y Watson es…Watson, el sufrido compañero de fatigas que no deja de asombrarse ante el talento de su colega.

Sólo son tres episodios, eso sí, de 90 minutos de duración cada uno. Empezamos con un caso que permite la presentación de personajes, un capítulo espectacular que nos introduce en un mundo apasionante, con un asesino sanguinario que provoca el suicidio de sus víctimas, en el Londres actual. Seguimos con una segunda entrega que baja algo el nivel, sirviendo como transición a un tercer caso que nos remite directamente al primero y que nos deja con una última escena antológica. Holmes investiga, lucha, se conecta a internet cuando su privilegiado cerebro no logra llegar a donde quiere, se sirve del teléfono móvil, elemento fundamental, para establecer comunicaciones…Le tenemos a él, a Watson, a Lestrade, tenemos el 221B de Baker Street y al hermano Mycroft, y le tenemos a él, al antagonista cuyo nombre sus súbditos prefieren no pronunciar…

Sherlock es una maravilla, un regalo para quienes hemos disfrutado con el personaje, en los libros, el cine y, ahora, la tele. Para mi, a falta de ver cómo evoluciona la serie en la segunda temporada, éste es el mejor Sherlock Holmes hecho nunca en el ámbito audiovisual. Y está al nivel de la estupenda adaptación de la Hammer de El Perro de los Baskerville, y de las entrañables películas protagonizadas por Basil Rathbone, o de El Secreto de la Pirámide…Es éste un Holmes increíblemente bueno…

La dirección corre a cargo de Paul McGuigan, un tipo que hasta ahora había hecho películas tan poco estimulantes como Obsesión o Push, pero que aquí ofrece tres sesiones de hora y media de duración que se pasan en un suspiro. Y todo ello con la competencia de una BBC que cuando se mete a producir algo no deja que la medianía le alcance.

Hay que verla, porque casi nunca hemos visto un Sherlock Holmes así…Aunque, tras ver la última escena del tercer capítulo, nos quedemos con unas desesperadas ganas de más…

//www.imdb.com/title/tt1475582/